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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Oremos por el Papa para que su corazón sea como un altar que va creciendo, y para que su enseñanza dé vida, frutos de conversión y sea medicina para los corazones heridos.
Homilía blet019a, predicada en 20211109, con 6 min. y 8 seg. 
Transcripción:
El Nueve de Noviembre, nosotros católicos celebramos la fiesta de la Dedicación de la Iglesia de San Juan de Letrán. La importancia de este templo, que se encuentra en Roma es que es la Catedral del obispo de Roma, es decir, del Papa. Todos identificamos al Papa, principalmente con la Basílica de San Pedro, pero si vamos a referirnos a cuál es la cátedra del Papa, es decir, el lugar propio de su sede como obispo de Roma, es esta otra basílica, la de San Juan de Letrán, que por cierto, es bastante más antigua que la Basílica de San Pedro.
¿Y por qué celebramos la dedicación de esta basílica? Pues básicamente lo que estamos celebrando es la unión que todos nosotros como cristianos católicos, tenemos con la enseñanza que nos ofrece el Papa. Esta es una de las tres ocasiones en el año en que particularmente los católicos oramos por el Papa. Están distribuidas estas tres celebraciones a lo largo del año. Efectivamente, el día Veintidós de Febrero tenemos la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Luego, el día Veintinueve de Junio, tenemos la celebración de los apóstoles Pedro y Pablo, y luego el Nueve de Noviembre tenemos esta celebración de la Catedral, de la Dedicación de la Iglesia de San Juan de Letrán. En esas tres ocasiones, todos somos llamados a orar por el Papa. En tiempos recientes, el Papa que más ha pedido públicamente oración, posiblemente sea nuestro actual Pontífice, Francisco. Y la razón por la que los Papas piden oración es porque la necesitan. Esto no debemos olvidarlo.
La primera lectura de hoy, tomada del profeta Ezequiel, nos muestra cuál es el ideal de ese templo, es decir, de esa casa de Dios, de donde tiene que brotar la enseñanza que nos ofrece el Papa. ¿A qué me refiero concretamente? En esa primera lectura se nos habla de un río, un río que brota de un altar. El altar es como la fuente. Y si nosotros, nos vamos al sentido de lo que es un altar en nuestra fe, es la fuente de la gracia. Porque precisamente en el altar se renueva el misterio del amor redentor, de la entrega sin límites de Cristo nuestro Señor. Pues ya eso lo significaba el profeta Ezequiel con esta imagen del río que brota del altar. Y hay tres características de ese río. Tres, que hemos de pedir que se hagan realidad con nuestro Papa Francisco y que se hagan realidad con todos y cada uno de los Papas. Que Dios conceda a la Iglesia, hasta el retorno de Cristo al final de los tiempos.
¿Cuáles son estas tres características de ese río? Primero, nos damos cuenta que es un río que va creciendo cada vez más. No es un río que se seca. No es un río que se disminuye, sino un río que crece, que a medida que avanza, crece. Esta es una preciosa característica de lo que es, de lo que debe ser la enseñanza del Papa. Es decir, que a medida que se va extendiendo, va creciendo en su profundidad y en su fuerza. Las últimas cifras nos hablan de más de mil trescientos millones de católicos en todo el mundo. Necesitamos que ese río purísimo de la doctrina de Cristo, brotando desde el corazón mismo del Papa, llegue a todos y cada uno de estos mil trescientos millones de católicos. Necesitamos que crezca, que sea fuerte.
Segundo. Este es un río que da vida. Es un río fecundo. Y eso hemos de pedir para la palabra y para la vida del Papa. Que sea fecunda su enseñanza, de tal manera que lo que él nos está dando, pueda dar fruto de vida eterna en nosotros. ¿En qué consiste ese fruto? Pues consiste en fruto de conversión. El primer fruto que requerimos nosotros es ser confirmados en la fe, para volvernos para darle la espalda a nuestras mentiras e ídolos, y siempre volvernos más hacia Cristo. Eso es vida.
Pero además, y esta es la tercera y última característica. Este es un río medicinal. Estos árboles que crecen a la vera del río tienen hojas que son medicinales. Y por eso necesitamos también que la palabra, el ejemplo, el ministerio del Papa, sean sanación para tantos corazones que están lastimados, heridos, escandalizados, abrumados, agobiados por los propios pecados, por los pecados de gente de Iglesia, por el daño que han recibido por el demonio, el mundo o la carne. Día para orar particularmente por nuestro Papa. Día para pedir que su corazón sea como un altar. Y que su enseñanza, pueda hacer todo esté bien en el pueblo de Dios. Así sea.

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