Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La casa es lugar donde la vida se hace posible; si es casa de Dios, es la vida de Dios la que allí se encuentra. Hemos de aprender a ser "casa" unos para otros.

Homilía blet018a, predicada en 20201109, con 11 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Nosotros seres humanos, tenemos distintas clases de construcciones, oficinas, mercados, salones de fiesta, consultorios, fábricas. Cada uno de esos sitios tiene un propósito. Así, por ejemplo, un centro comercial es para comprar y vender. Un cine es para que la gente se distraiga. Una fábrica produce algunos bienes y genera unas ganancias. Pero hay una construcción que no tiene otro propósito sino hacer posible la vida. Esa construcción, la llamamos usualmente casa. Mi casa, tu casa, nuestra casa. La casa es el lugar donde simplemente vivimos. No estamos en la casa, en primer lugar, para producir dinero, para lograr un resultado, para obtener un grado académico. Estamos en la casa para vivir. Es el lugar donde vivimos.

Casa, es una de las expresiones que viene a nuestra mente cuando pensamos en la hermosa fiesta de hoy. Estamos celebrando una casa. Estamos celebrando la casa del Papa. Estamos celebrando la causa que marcó el final de la persecución de aquellos primeros cristianos. Después de varios siglos de persecuciones. En el año Trescientos trece, viene el Edicto de Milán, que permite la libertad de culto a todos, incluyendo a los cristianos. Poco tiempo después se puede consagrar una casa que será la casa de los cristianos en Roma. Esa casa tiene como primer nombre, Casa de Jesucristo Salvador. La palabra casa está incorporada en la palabra basílica, porque basílica es una palabra que viene de dos términos griegos Basileus significa rey y Oikos significa casa. La Casa del Rey. Hay una casa para Jesús el Salvador, en Roma, después de siglos de torturas, de persecuciones, después de tanta sangre derramada. Hay una casa para los cristianos en Roma. Y esa casa es la que da origen a la Catedral del Papa.

La palabra Catedral se refiere a la cátedra, lugar desde el cual se enseña, de tal modo que la casa del Papa es el lugar de la enseñanza, es el lugar de la confirmación en la fe. Y por eso la basílica que hoy conocemos como San Juan de Letrán es símbolo de la gran casa que es la Iglesia misma, casa donde nosotros hemos sido invitados, casa donde somos bienvenidos a través del bautismo y de los demás sacramentos. Esta imagen de la casa, nos invita también a recordar lo que nos han dicho las lecturas, por ejemplo, del oficio. Nosotros somos casa, es decir, necesitamos un lugar físico. Es conveniente, en todo caso, un lugar físico para reunirnos. Pero la verdadera casa somos nosotros, nosotros mismos, en quienes vive y palpita el misterio de Cristo. La casa material nos recibe y nos enseña a hacer lo que debemos ser. Ser casa también nosotros.

Desarrollemos un poco esa idea. ¿Qué significa ser casa? Dije al principio de estas palabras, que las demás edificaciones tienen siempre un propósito. Se quiere lograr algo, se quiere lograr una producción como en una fábrica o un intercambio comercial, como en un almacén. Pero hemos dicho que en la casa simplemente se permite vivir. Es decir, que lo propio de ser casa es el hacer posible la vida, es el acoger, el recibir. Ser casa nosotros, significa que nosotros acogemos a Cristo que nos ha acogido, que nosotros lo recibimos en nuestro corazón, en nuestros horarios, en nuestros deseos, en nuestros proyectos. Lo recibimos a Él para que viva en cada uno de nosotros. Pero como somos casa unos para otros, también esto de ser casa significa, la capacidad de acoger al hermano, la capacidad de darle un espacio sin que tenga que justificar continuamente por qué debo recibirlo. Hay una palabra muy bonita, muy hermosa, que indica esa actitud de acogida. Te recibo, no porque me estés reportando un beneficio, no porque vayamos a construir algo, no porque yo tenga una utilidad. Te recibo porque Dios te recibe. ¿Eso cómo se llama? Eso en cristiano se llama gratuidad. Entonces la enseñanza de esta fiesta de cara a Dios es el júbilo, porque tenemos una casa grande que es la Iglesia. Esa es la enseñanza de cara a Dios, pero de cara a nosotros. Lo más hermoso, lo más bello, es aprender la gratuidad, aprender a acoger a la otra persona, no porque me resulta particularmente simpática o útil, sino simplemente porque estamos en la misma casa y porque yo soy imagen de esa casa para ti.

Un último pensamiento. La primera lectura del profeta Ezequiel está hacia el final de ese libro del profeta. Nos habla de un manantial que sale del centro de esta casa, un manantial de vida. Muchas veces sentimos que se nos quedan cortas las fuerzas para acoger, para perdonar, para reconciliarnos, para recibir de corazón al hermano. Si nosotros estuviéramos solamente con la fuerza de nuestros impulsos y de nuestro corazón, seguramente nuestra imposibilidad humana nos ganaría. Pero es que nosotros recibimos de ese torrente, de esas acequias que alegran la ciudad de Dios. A nosotros nos alimenta esa agua viva que salta hasta la vida eterna. Nosotros, como dice San Pablo, hemos bebido todos del mismo Espíritu. Entonces, la fuerza con la que yo te recibo, te acojo, te amo en el nombre de Cristo. No es simplemente mi fuerza humana, es el manantial que hay dentro de mí, decía Jesús: El que cree en mí, de su interior brotará agua viva. Y esa agua viva que brota en ti, porque Cristo te la da, esa agua viva es el amor en el Espíritu, es el amor genuinamente cristiano, que es el que nos permite recibirnos. No, repito, por razones de simpatía, conveniencia, gusto, lo que San Agustín llamaba carne. No, no por eso, sino porque hay dentro de mí un manantial y ese manantial que brota dentro de mí. Ese es el que me da el amor para recibirte, para servirte, para no exigirte, no exigirte que tienes que serme útil. Tú no tienes que justificar tu presencia en mi vida. Ya Dios la justificó con el amor que te ha dado.

Tiene tantos sentidos esta preciosa fiesta de la casa del pueblo cristiano. No se nos olvide hoy en particular orar por el Papa. Si usted lo piensa, hay tres días al año que son para orar, especialmente por el Papa. ¿Cuáles son esos tres días? Concéntrese. Piénselo antes de que yo responda. Tres días al año, hay que orar particularmente por el Papa. Y se da una feliz coincidencia, y es que están espaciados de tal manera que son prácticamente cada cuatro meses. Ya di suficientes pistas. Primer día para orar por el Papa. La cátedra de San Pedro, Veintidós de Febrero. Segundo día para orar por el Papa. Veintinueve de Junio, Martirio de Pedro y Pablo. Tercer día para orar por el Papa. Nueve de Noviembre, Dedicación de la Casa del Papa. La Basílica de San Juan de Letrán. La sede del Obispo de Roma. Entonces, es bello que nosotros tengamos ese ritmo también. Cada más o menos, cada cuatro meses, la Iglesia nos está diciendo que hubo, que hay que orar por el Papa, orar especialmente por el Papa. Pues eso hacemos. Este Papa Francisco con mucha frecuencia dice Oren por mí. Hoy especialmente, hacemos esa oración.

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