Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Papa Francisco necesita de nuestra oración para para que el Señor corrija lo que debe corregir y para que Jesucristo lo amoneste en su corazón.

Homilía blet016a, predicada en 20191109, con 5 min. y 30 seg.

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Transcripción:

El Nueve de Noviembre, nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán. Esta antiquísima Iglesia es propiamente la Catedral del Obispo de Roma, es decir, la Catedral del Papa. La Iglesia más conocida en el mundo católico es la Basílica de San Pedro, donde están precisamente los restos del primero entre los apóstoles. Pero el sucesor de Pedro tiene su Catedral, tiene su sede propia en la Basílica de San Juan de Letrán, y esta basílica ha sido a lo largo de los siglos un punto constante de referencia para la fe. De hecho, en ese lugar se celebraron varios Concilios que se conocen como Concilios Lateranenses. Tú has oído hablar del Concilio Vaticano, Concilio Vaticano Segundo, que se celebró por allá en los años sesenta del Siglo Veinte. Seguramente has oído también hablar del Concilio Vaticano Primero que sucedió en el Siglo Diecinueve. Pero concilios que reúnen a obispos de toda la Iglesia han sucedido a lo largo de los siglos y en muchos lugares. Nicea-constantinopla y así, por ejemplo, tenemos estos concilios llamados Lateranenses, los de la Basílica Catedral del Papa.

Esta fecha es una magnífica ocasión para que reconozcamos con sinceridad, con absoluta claridad, el Papa, nuestro Papa, es Francisco. Él es el Papa. Lo decimos con total claridad, a quienes niegan que Francisco es el Papa y empiezan con unas teorías de conspiración absolutamente insostenibles y cada vez más fantasiosas, para decir usualmente que el verdadero Papa es Benedicto, por ejemplo, a esas personas les decimos no se obstinen en el error. El Papa, nuestro Papa legítimo, es Francisco. De eso no hay duda. Pero tampoco hay duda de que cuando él dice oren por mí, es que realmente necesita mucha oración y necesita mucha oración porque su ministerio es arduo, es difícil. Y en muchas ocasiones, muchísimas ocasiones es un ministerio simplemente heroico. Necesitamos que Francisco esté a la altura de esa misión. Él mismo se da cuenta que con sus solas fuerzas no puede. Por eso oramos por él. Además, soy perfectamente consciente de que muchas personas han sentido o hemos sentido dolor o decepción con algunos aspectos de las palabras del ministerio de Francisco. Por supuesto, hemos de revisarnos nosotros mismos. Hemos de revisar cuáles son las raíces de nuestros afectos. Pero no cabe duda de que hay cosas que requieren más oración.

Esto no es tan extraño tampoco, varios de ustedes han escuchado del cuánto le debo a Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la iglesia. Bueno, esta mujer, si hay algo que me ha enseñado, es precisamente que al Papa al mismo tiempo se le ama y si es necesario se le corrige, como ella hizo con los Papas de su tiempo. Y su manera de orar por la Iglesia entera y su manera de orar por el Papa es un ejemplo para nosotros. Ella nunca dijo que todo lo que hacían los Papas de aquella época, por decir algo, un Papa Gregorio, un Papa Urbano, que eran papas de ese tiempo, que eso que ellos estaban haciendo, todo estaba bien, nunca dijo eso. Cuando tuvo que hablar con un tono fuerte y convincente, lo hizo. Y también delante del Papa y delante de los cardenales. Esa valentía también la necesitamos hoy. Pero el camino no es salir de la Iglesia. El camino no es dedicarse a insultar al Papa. El camino no es decir, como algunos dicen, el tal Bergoglio o Jorge Mario Bergoglio. No, él es el Papa y es Francisco. Pero tenemos que orar por él. Y si hay cosas que está haciendo mal, si hay cosas que está diciendo mal, el camino para nosotros nos lo muestran los santos, es lo que nosotros haremos.

Y ahora, en este preciso instante, les invito a que ofrezcamos aquí delante de Dios, todos juntos, ofrezcamos un Ave María por el Papa, especialmente para que él se corrija de lo que debe ser corregido, para que Jesucristo lo amoneste en su corazón, para que él sienta el impacto del brillo de la sangre de Cristo en la cruz. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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