Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El nuevo templo que contempló Ezequiel es imagen de lo que ha de ser la Iglesia renovada con el poder y gracia del Espíritu Santo.

Homilía blet010a, predicada en 20141109, con 39 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, en el Antiguo Testamento, Dios había dispuesto que hubiera una familia que se llamaba la familia sacerdotal. El patriarca Jacob tuvo doce hijos. Uno de esos hijos se llamaba o se llamó Levi, y Dios dispuso a través de Moisés que todos los varones de la familia, es decir, los descendientes de Levi, serían los sacerdotes. Son conocidos como los levitas. Eso quiere decir que la vocación de los sacerdotes en el Antiguo Testamento era algo muy distinto a lo que conocemos nosotros hoy, porque simplemente todos los descendientes de esa misma familia, todos los varones eran sacerdotes. Cuando nacían, ya eran, ya estaban elegidos para ese oficio sacerdotal. Por supuesto, esto significa que esos sacerdotes eran casados y tenían sus hijos, y así sucesivamente. Dentro de esas familias y dentro de esos grupos, hay un hombre que aparece en la primera lectura de hoy. Se llama Ezequiel. Él era de familia sacerdotal, es decir, de esos descendientes de Leví y dentro del grupo de los descendientes de Leví tenían una gran importancia los descendientes de Aarón, el hermano de Moisés. Ezequiel era de esos descendientes de Aarón. Era sacerdote por ser de esa familia.

Ezequiel vivió en una época muy difícil por muchas razones, y lo más doloroso fue la corrupción que había dentro del mismo pueblo de Dios. Como él era de familia sacerdotal, él tenía acceso al gran templo del templo de Jerusalén. Y de niño y de joven, él se dio cuenta lo que estaba pasando en el templo. Él se dio cuenta que había gran corrupción entre los sacerdotes. Él se dio cuenta que los sacerdotes de aquella época ofrecían sacrificios en el altar, el gigantesco altar que había mandado hacer Salomón. Pero esos mismos sacerdotes ofrecían también incienso a los ídolos paganos, a los dioses de otras naciones. Siendo un jovencito Ezequiel vio con horror que en la parte de atrás de la sacristía del templo de Jerusalén, los mismos sacerdotes que antes habían ofrecido sacrificios en el altar para Dios, se reunían y ofrecían sacrificios según los ritos de la astrología y de la magia. Ofrecían ritos a las estrellas y a deidades, a ídolos paganos.

Ezequiel, siendo un joven, se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y sintió un profundo dolor, un dolor que marcó su vida para siempre. Porque, claro, él se preguntó ¿Cómo puede estar Dios aquí? ¿Cómo puede estar la gloria de Dios aquí? ¿Cómo puede Dios habitar en este templo? Eso lo marcó profundamente. Y todo el libro de Ezequiel es la historia de lo que este hombre vivió el drama interior, porque ese drama lo hizo sensible a unas visiones que Dios le regaló. La primera de esas visiones es la visión de la gloria divina. Es algo tan majestuoso que necesitaríamos no una homilía, sino un día de retiro para explicar la visión que tuvo Ezequiel. Hasta desde el punto de vista matemático se han analizado esas visiones de Ezequiel. Porque lo que han descubierto los matemáticos cuando hablan de universos de dimensiones superiores, parece que fue algo de lo que tuvo Ezequiel. Ezequiel dice que había unas figuras que tenían rostros por todas partes y que avanzaban sin voltearse. Eso corresponde a unos modelos matemáticos de los cuales tampoco vamos a hablar ahora. Ezequiel vio ese espectáculo maravilloso, vio la gloria de Dios, vio el esplendor del Señor, pero también vio con dolor que esa gloria divina se levantaba, se iba, Dios se iba porque Dios ya no aguantaba más la corrupción de ese templo, Dios se iba de ese lugar.

Y el libro del profeta Ezequiel muestra eso, cómo Dios se fastidia, cómo Dios llega a sentir asco. Esa expresión aparece también en otros profetas. Y si uno aprende a leer el Antiguo Testamento, esas frases son como una bofetada que lo despierta a uno y le hace caer en cuenta quién es Dios y cuál es la santidad de Dios. Se fue la gloria divina abandonó ese templo. El final del profeta Ezequiel es lo contrario. El final de este libro maravilloso lo que nos cuenta es el retorno de la gloria de Dios a Jerusalén. Pero no es que Dios volvió después de que se le pasó la rabia, es que Dios vuelve porque le ha dado un corazón nuevo y un espíritu nuevo a su pueblo. Y ahí están las maravillosas visiones y profecías de los capítulos treinta y seis, treinta y siete, treinta y ocho de Ezequiel.

En ese contexto, entendemos cómo este muchacho, este joven Ezequiel, que ya para esa época era un hombre maduro, cómo este hombre llega a descubrir que la gloria de Dios no va a abandonar a su pueblo. Pero para volver al pueblo tiene que renovarlo. ¿Y qué es lo que sucede entonces? Que ese templo antiguo tiene que ser renovado. Es un nuevo templo. Y ese nuevo templo es el que responde a un pueblo renovado. Un pueblo nuevo necesita un templo nuevo. Eso es lo que enseña Ezequiel. Hermanos, ese es el contexto para la primera lectura que hemos oído hoy. El nuevo templo para el nuevo pueblo. Pero antes de describir un poco de este templo, yo quiero destacar un asunto. O tal vez dos.

Primero, Ezequiel descubrió los pecados del pueblo de Dios siendo un joven y se rebeló. Sintió esto no puede ser. Esto no puede seguir. Nosotros también. Cuando veamos nuestros propios pecados y los pecados de la iglesia, tenemos que decir: Esto no puede hacernos. Hay un elemento positivo en la rebeldía. Saber rebelarse. Saber sentir. Indignación. Saber sentir que se están profanando los derechos de Dios. Eso es propio de la acción del Espíritu en los corazones dóciles. Fíjate cómo también Jesús en el Evangelio aparece indignado. Han convertido el templo en una cueva de ladrones. Así no es. La Indignación. La ira tiene también un lugar en la vida cristiana, nos explica Santo Tomás de Aquino. En la medida en que significa sensibilidad frente a la justicia y, por consiguiente, incapacidad de negociar con la corrupción y con la injusticia. Comento esto porque algunos jóvenes, cuando piensan en la vida sacerdotal dicen: Pero es que hay corrupción en los sacerdotes. Porque yo conocí un sacerdote que era alcohólico. Porque yo conocí un sacerdote que no le gustaba sino el dinero. Porque yo he conocido escándalos afectivos y sexuales de los sacerdotes. Aprende. Ya que aprendiste de la indignación de Ezequiel.

Aprende la segunda parte. Ezequiel no se fue a fundar otra iglesia. Ezequiel no se fue a otra nación a servir a otro dios. Ezequiel se quedó adentro como testigo del Dios santo. Si Dios te concede la gracia y ojo a la expresión que estoy utilizando, si Dios te concede la gracia, el regalo de sentir indignación como lo sintió Jesucristo y como lo sintió Ezequiel, sigue los pasos de Jesucristo y los pasos de Ezequiel. Es decir, si ves esa corrupción, no es tiempo de huir, no es tiempo de decir me voy a otra parte, ¿a donde te vas a ir? Es el tiempo de quedarse limpiando la casa, es el tiempo de quedarse purificando. Es el tiempo para renovarnos interiormente y para renovar nuestros grupos, nuestras parroquias, nuestras comunidades. Ese tiene que ser un compromiso que saquemos de este día. La solución no es irse a otra parte. Hace cuatro siglos, un joven sacerdote agustino llamado Martín Lutero sintió indignación por algunas prácticas corruptas de la Iglesia Católica en ese tiempo. Qué bueno que Lutero sintió indignación, pero qué malo que Lutero no siguió el camino de Ezequiel ni siguió el camino de Jesucristo. Lo digo abiertamente. Qué bueno sentir indignación, pero qué malo apartarse del camino de Ezequiel. ¡Qué malo apartarse del camino de Jesús! ¿Qué fue lo que hizo Ezequiel? Renovar la casa de Dios desde dentro, quedándose haciendo la tarea, arremangándose y a limpiar la casa. Eso es lo que hizo. Lutero no hizo eso. Lutero cayó pronto en los encantos de las palabras bonitas que le decían los príncipes alemanes, que tenían sus propias motivaciones económicas para separarse de Roma. El protestantismo es mucho más un fenómeno económico que un fenómeno religioso. Lutero, en últimas, fue usado por esos que querían una Europa distinta desconectando el norte del sur. Lutero fue usado. Entonces supuestamente Lutero quería una iglesia que fuera fiel a la Palabra divina.

Pero tú y yo sabemos lo que ha pasado con el luteranismo. Paséate por un país que se llama Dinamarca. Paséate por las iglesias luteranas de Dinamarca. Vas a encontrar todo tipo de espectáculos bochornosos. Vas a encontrar a supuestos sacerdotes, entre comillas luteranos, celebrando entre comillas bodas entre parejas de lesbianas, parejas de homosexuales. Esa fue la gran fidelidad a la Biblia. Esa fue la gran fidelidad a la Palabra de Dios. ¿Qué saca una persona con irse de la Iglesia Católica? ¿Qué saca una persona con abandonar la Iglesia y fundar otra cosa? No solamente estás causando una herida salvaje en el cuerpo de Cristo, porque Cristo rezó por la unidad. No solamente estás desobedeciendo a Cristo, estás creando un engendro que con el tiempo va a producir peores y peores cosas. Los anglicanos se separaron de la Iglesia Católica porque la Iglesia Católica estaba muy corrupta. Y ahí tienes a los anglicanos que muy pronto van a ordenar a sus primeras obispas en contra de la voluntad clarísima de Jesucristo en la Escritura. Y sobre esto hay amplios estudios que no podemos citar en este momento.

Te das cuenta cómo todos los que se van de la iglesia, dizque, dizque para ser fieles a la Biblia, terminan desobedeciendo escandalosamente la misma palabra que se supone que iban a defender. No te dejes engañar cuando veas problemas en la iglesia, llora como Ezequiel. Cuando veas problemas en la iglesia, tienes derecho a sentir indignación como Jesucristo. Pero lo mismo que Jesucristo y lo mismo que Ezequiel. La tarea es arremangarse decimos en mi país, tomar escoba y empezar a barrer la casa y a todos nos tocan, porque la tarea de la santidad de la Iglesia, de la santidad de la Iglesia, es de todos, de todos. Ezequiel es el joven inconforme, el joven inconforme. Hay otro joven que también es de la época de Ezequiel. ¡Y Dios cómo ama a los jóvenes! Es que nosotros tenemos que amar la juventud, porque Dios en la Escritura tiene unas ternuras con los jóvenes. El otro joven contemporáneo de Ezequiel, que fue también llamado a una vida de enorme sacrificio, fue Jeremías.

Pero sigamos con Ezequiel. Ezequiel tuvo una visión del nuevo templo. Ese fue el consuelo que le dio Dios. Dios le dijo: Yo voy a hacer otro templo. Dios trató a Ezequiel como un hijo amadísimo y como consolando a ese hijo, le dijo: Espérate, te muestro el templo que yo también he soñado, porque yo comparto tu misma rabia, Ezequiel le dijo de Dios. Y le mostró el nuevo templo. Y eso fue lo que oímos en la primera lectura de hoy. De este nuevo templo. Vamos a destacar tres elementos. El primero, este es un templo que mira hacia el oriente. En los primeros siglos, los cristianos hacían siempre las iglesias mirando hacia el Oriente. Como yo estoy en un lugar que muy poco conozco. Yo no sé en este momento dónde queda el Oriente Aquí. Quizás habrá alguien que sepa. Yo no sé. El que sepa que me indique, Dígame hacia allá. Hacia allá. Alguna cosa de Oriente. Ahora ya me mostraron. Mire, dice que hacia allá y allá me dicen que hacia acá. Yo como que le voy a creer más a los locales. Querido padre. El padre me dice que hacia allá. Eso sí. Entonces usted no me confunda. Me hace el favor. ¿Qué significa mirar hacia el Oriente? La palabra Oriente en español viene de oriri. En latín, que significa surgir, nacer. Oriente es de donde nacen, donde parece nacer la luz y el templo de Ezequiel mira hacia el oriente, porque ese templo tiene que beber toda la luz que Dios le envíe. Desde que haya luz, el templo tiene que recibir esa luz, tiene que ser bañado por la luz de Dios, tiene que ser bañado por la luminaria mayor, como la llama el libro del Génesis. El templo mira hacia el oriente, y por eso los cristianos en los primeros siglos, de modo casi obligatorio, hacían todos sus templos mirando hacia el oriente. Era también la época en que la Santa Misa se celebraba por la mañana o hasta el mediodía. Y por supuesto que si la Iglesia mira hacia Oriente en la mañana se llena de luz. Todo ese vitral, esas grandes catedrales, en su gran mayoría, las catedrales de Europa miran hacia Oriente y se llenan de luz. Así tiene que ser el templo de Dios. El templo de Dios tiene que llenarse de la luz divina. Tiene que beber cada uno de los rayos del sol.

Segunda característica. Este es un templo que brota vida del que mana vida. Un torrente sale del altar. Del altar sale vida. Cosa notable porque el altar en el Antiguo Testamento es el lugar de la muerte. Es el lugar donde se sacrifican los animales. ¿Qué es lo que hacían los sacerdotes en el Antiguo Testamento? El ministerio de los sacerdotes en el Antiguo Testamento era fundamentalmente matar y matar y matar animales. Una vez me comentaba un profesor en clase me decía a qué olería ese templo en día de Pascua, con esa cantidad de animales que tenían que sacrificar los sacerdotes en aquella época eran fundamentalmente, perdón, la palabra matarifes era gente que no hacía sino matar animales. Pero Ezequiel, en su visión, se da cuenta que ese lugar, que es el lugar del sacrificio, es el lugar de la nueva vida que de la muerte sale vida. Que el altar no es el lugar de la muerte, sino es el lugar para entrar en contacto con la vida nueva. Y por eso del altar sale un torrente de agua. ¡Atención! El agua no se queda en el templo. El templo es fecundo. El templo regala su agua del templo. De la experiencia de la unión con Dios sale un torrente Y ese torrente es un torrente que va creciendo, que se va volviendo más grande y más grande.

El profeta tiene la experiencia de que ni siquiera puede cruzar esa agua en un determinado momento, porque es un torrente que no se puede vadear. Es un torrente impetuoso, es una fuerza de vida, está expresando el triunfo de Dios, está expresando que más allá de las dificultades, la oposición, la indiferencia, la burla del mundo, Dios se sale con la suya. Dios vence. Del templo sale la fuerza que vence. De ahí sale. Pero fíjate el mensaje que esto tiene. Cuando estábamos haciendo la oración por los servidores, el padre José Abraham nos dio una bendición muy bella cuando hizo la comparación con el Monte Tabor. Y acuérdate de lo que nos dijo que teníamos que salir a hacer bendición. Es lo que nos dice el texto de Ezequiel hoy. Nosotros en cierta manera somos ese torrente y tenemos que salir. No cobardes, tenemos que salir llenos de vigor y de valor y de sonrisa y sin complejos para decir hay un Dios que me ama, un Dios que me da vida, un Dios que es mi fuerza, que es mi gozo, que es mi victoria. Y el Padre Jefferson Alexander nos puso a oler la ropa y olíamos a Victoria. La victoria de Dios. Vamos oliendo a la victoria de Dios. A eso salimos, nosotros salimos del encuentro de evangelización para hacer el torrente, el torrente ¿cual es el torrente? El torrente que sale por esa puerta, porque vamos llevando la gloria de Dios.

Tercer elemento que destaco del templo que vio Ezequiel. Ezequiel se dio cuenta cuando era un joven con rabia y con lágrimas en los ojos se dio cuenta que los sacerdotes estaban mezclando la fe verdadera con la astrología. El libro de Job también nos cuenta de unas prácticas astrológicas antiquísimas, pero ese también es otro tema del que no podemos hablar ahora. No todo se puede decir en un retiro. Si me vuelven a invitar, entonces ya se podrán contar otras cosas. Ezequiel se dio cuenta de que el mal es tan arrogante, es tan prepotente que pone su inmunda pezuña en la casa de Dios. Eso fue lo que vio Ezequiel, que en la casa misma de Dios, el despreciable Satanás pone su pezuña como diciendo: Yo llego hasta donde yo quiera. Eso es propio de la soberbia del diablo. Pues bien, la visión que tiene Ezequiel en este templo es exactamente lo contrario. Es exactamente lo contrario, porque es la demostración de cómo el poder de Dios trae bondad abundante y victoria perfecta. La bondad abundante está expresada por esos árboles que crecen a orillas del torrente que salió del templo. Árboles cuyas hojas son medicinales y cuyos frutos se dan cada mes, frutos cada mes fruto abundante. ¿Dónde has oído eso? Fruto abundante. Yo he venido para que tengan vida y vida abundante. Juan, capítulo diez: Yo los he destinado a ustedes para que vayan y den fruto. Fruto abundante. Eso lo dice Jesucristo. Juan capítulo quince.

O sea que de ese torrente, que en otro sentido no es otra cosa sino el Espíritu Santo de Dios, de ese torrente bebe el cristiano. Y el cristiano es aquel que da fruto abundante porque se alimenta del Espíritu. ¿Y qué significa dar fruto cada mes? Pues sucede que en la Tierra Santa, lo mismo que en este lugar donde estamos ahora en los Estados Unidos de América, las estaciones existen y son muy marcadas. Entonces, quiere decir que hay una época en que no se puede recoger fruta porque no hay fruta, hermano, No es la estación de la fruta. ¿Qué quiere decir fruto abundante en el profeta Ezequiel? ¿Y qué quiere decir Policarpo? Como dice Jesús en el capítulo quince de San Juan. ¿Que quiere decir? Quiere decir que tu fecundidad, la abundancia de tu amor, la abundancia de tus buenas obras no va a depender del ambiente, del clima en el que estés o de cómo te trate la gente. Eso es lo que quiere decir cuando una persona dice: cómo me traten, así trato yo. Si me quieren, me verán muy bien. Si me tratan mal, se las van a ver conmigo. Esa persona es esclava de las circunstancias. Su amor es un amor esclavo. Su amor es un amor de pago. Es un amor mercenario. Si me amas, te amo. Si no te amas, si no me amas, entonces yo tampoco te amo. Ese es un amor mercenario. Esa es un amor esclavo. Ese es un amor que depende de las circunstancias.

Ezequiel es el gran profeta del Espíritu en el Antiguo Testamento, junto con Joel. Y Ezequiel, nos está mostrando que cuando llega el torrente del Espíritu, no dependemos de las circunstancias. Eso es lo que han mostrado los mártires. El otro día estaba leyendo el testimonio de una monja que fue martirizada horriblemente en la época de la Guerra Civil en España. La mataron de un modo salvaje. Realmente fue en tantos aspectos un ataque del demonio, esa guerra civil en España, la manera como se ensañaron sobre todo contra los obispos, los sacerdotes, las religiosas. Y cuando estaban a punto de rematar, cuando ya le iban a dar el golpe de gracia a esta santa religiosa, ella dijo: Grande, muy grande es el pecado de ustedes. Voy a gastar mi tiempo en el cielo orando por ustedes. Está amando a sus verdugos y está prometiéndoles oraciones a los verdugos. ¿De dónde saca amor una persona cuando la están odiando? A muchísimas de esas religiosas. Las maltrataron, las violaron, se burlaron de ellas, las humillaron como mujeres y sobre todo, como consagradas. Toda la rabia del infierno contra la vida consagrada se destapó en esa guerra civil y se fueron, sobre todo contra los sacerdotes. Hubo sacerdotes a los que mataron de una manera horrible, metiendo por su boca y por su tráquea un crucifijo hasta reventarlos. Esa fue la manera como mataron sacerdotes en la Guerra Civil española. Y hubo sacerdotes que prefirieron eso a renegar de Cristo. Dios tenga piedad de nosotros. Pero te digo una cosa. En el momento del martirio, en el momento en el que una mujer ha sido profanada en su feminidad, ha sido violentada, ha sido vejada del modo más humillante.

¿De dónde saca amor para decir quiero gastar mi cielo orando por ti porque estás en gran pecado? Eso es lo que nos está diciendo el profeta Ezequiel que cuando uno tiene el Espíritu Santo de Dios, uno no depende para amar de que lo estén amando. Me corrijo uno sí depende para amar, de que lo estén amando, pero es que me están amando por dentro. Es que el Espíritu me ama por dentro y como el Espíritu Santo nunca me deja de revelar su amor por dentro y como Dios me revela su amor a través del Espíritu, con un poder, con una fuerza, con una claridad impresionante por dentro, entonces yo tengo lo que Jesús dijo un torrente que salta hasta la vida eterna. Eso fue lo que dijo: Cristo el que cree en mí. El que cree en mí de su interior saltarán fuentes, saltará un torrente hasta la vida eterna. Eso fue lo que contó Ezequiel también aquí. Y eso es lo que significa dar fruto todos los meses. Es decir, yo no dependo de las estaciones. Mi alegría y mi alabanza no dependen de que tengo buen sueldo, tengo buen trabajo, me quieren mucho, me quieren poco, tengo buena salud, no, con trabajo o sin trabajo, con enfermedad o sin enfermedad, con muchos amigos o con muchos enemigos. La gloria, la alabanza, El amor es para Cristo. ¿Por qué? Porque mi amor brota de dentro. Porque me alimento del torrente que sale del templo celestial. Eso es lo que significa tener el Espíritu.

Entonces la pregunta es ésta ¿Qué clase de cristianos vamos a hacer nosotros? Vamos a ser cristianos, mercenarios, esclavos de los ambientes donde estoy en un ambiente muy pesado, ¿no aquí será que toca pecar? ¿Por qué? ¿Qué hago en este ambiente tan pesado? Vamos a ser esclavos del ambiente. Aquí nadie me quiere, entonces yo voy a llenarme de odio. Eso es ser esclavo. Hermano. El Espíritu Santo quiere que des fruto en todos los meses. Venga lo que venga. Hemos conocido santos así. Imagínate que el fundador de mi comunidad, Santo Domingo de Guzmán, era un hombre que estaba tan lleno del espíritu que la gente sabía que él estaba enfermo porque esos días estaba más feliz y nadie se explicaba cómo, nadie lo explicaba. Porque casi siempre cuando uno está enfermo, uno está decaído. Por lo menos a mí me pasa. Pero Santo Domingo estaba tan lleno del Espíritu Santo que cuando él sentía enfermedad, Había algo en él que se llenaba de mayor alegría. Era un don que él tenía, un don del espíritu. Último punto. Este torrente de agua. ¿A dónde iba a parar? Iba a parar a un lugar de la Tierra Santa que se llama el Mar Muerto. Y ahora ustedes me van a preguntar lo que preguntó un niño de catequesis. ¡Padre! ¡Padre! ¿Quién mató al Mar Muerto? Gracias a Dios hay una respuesta. Al Mar Muerto. Lo mató el egoísmo.

¿Qué? El Mar Muerto se encuentra cerca de trescientos cuarenta metros más abajo que la superficie del mar Mediterráneo. Está en una depresión. El agua del río Jordán y otros pocos afluentes llega al Mar Muerto. Es una tierra tan caliente. Es un lugar tan caliente que el agua llega pero no sale. Mejor dicho, solo sale por evaporación. Por supuesto, el agua que llega va arrastrando sales minerales y las sales no se evaporan. Eso significa que la salinidad del Mar Muerto ha crecido de manera continua a lo largo de los siglos y tiene una concentración de sal tan bárbara que por eso está muerto, porque es egoísta, porque no da el agua, porque se queda con ella. Por eso está muerto. Y ahora mira lo que nos dijo el texto de Ezequiel ah la Palabra de Dios es una belleza. Si nosotros nos enamoramos un día de la Palabra de Dios, te digo que la vida nos cambiaba. Mira, dice aquí: sobre esta agua, los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados. Eso se llama el milagro de Ezequiel. Porque si tú tienes un agua, agua de mar. Vamos a suponer que tú tienes en una olla, sacas agua de mar, echas agua en una olla. Por supuesto, el agua de mar no se puede beber. Por supuesto, no se puede. Si tú tomas agua de mar y le echas agua potable, echaste a perder el agua potable porque el revuelto tampoco se puede beber. Está tan concentrada la sal del agua de mar, que aunque tú le echaras ollas y más ollas y más ollas de agua limpia. La concentración de sal sigue siendo mucha. Y eso con el agua del mar normal. Imagínate lo que es la concentración de sal del Mar Muerto.

Yo no sé cuánta agua habría que echarle al Mar Muerto para poder tomar de esa agua sin que te hiciera daño. Por eso se habla del milagro de Ezequiel. Ezequiel está diciendo que esta es un agua que puede limpiar a la demás agua. ¿Dónde se ha visto eso? Agua que limpia otra agua. Yo iba a hacer otra comparación con las aguas sucias, las aguas de desecho, las aguas de cloaca. Pero me parece que es una comparación muy terrible para la misa. Así que dejemos esa quietecita. ¿Cuánta agua hay que echarle al Mar Muerto para poder tomar? Yo no tengo ni idea. Yo sé que son toneladas, toneladas y toneladas, pero lo que dice Ezequiel es que esa agua que sale del templo es capaz de vencer al agua muerta. ¿Me estás oyendo? El agua viva vence al agua muerta. ¿Y eso por qué es importante? Porque estamos en un mundo donde se está practicando lo que se llama la cultura de la muerte. El mundo que legaliza la marihuana. El mundo que mira al sexo como un entretenimiento. El mundo que es víctima del alcoholismo. El mundo que legaliza el aborto. El mundo que prohíbe hablar de Dios, es un mundo de muerte. Es un mundo que se ha vuelto Mar Muerto. Así que probablemente tú y yo estamos viviendo ya en el Mar Muerto porque estamos viviendo en una cultura de muerte.

¿Y ahora qué vamos a hacer? Solo hay dos posibilidades. Una posibilidad. Es decir bueno, me dejaré llevar por estas aguas hasta que me consuman y hasta que yo me acabe. No se pudo hacer más. Esa es la actitud del cobarde. Esa es la actitud de la derrota. Pero hoy el profeta Ezequiel y hoy la energía de nuestro Señor Jesucristo nos están invitando a algo distinto. Yo estoy lleno del torrente del altar. Yo estoy lleno del agua viva, y el agua viva le gana al agua muerta. ¿Dónde más dice esto la Escritura? En la primera carta de Juan. El que está en ustedes es más fuerte que el que está en el mundo, dice San Juan en su primera carta. Es decir, no le tengas miedo a este mundo que vuelve al sexo, un entretenimiento que trivializa y populariza el alcohol que ahora quiere enmariguanados a todos. No le tengas miedo a este mundo, pero tienes que saber que es un mundo muerto y es un mundo camino de la muerte. Por algo dijo San Pedro, capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles: Escapen, escapen de esta generación malvada. Y escapar, ¿que quiere decir irse? Escapar quiere decir llenarse del torrente que llenaba a San Pedro en ese momento, que es el torrente del agua viva, que es el torrente del Espíritu. Vas a llenarte del Espíritu. Tú eres la morada de Dios, Tú eres la casita de Dios, Tú eres el torrente de Dios y tú llevas el agua viva y el agua viva vence al agua muerta. Amén.

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