Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El agua nueva del templo no sólo es limpia sino capaz de limpiarnos.

Homilía blet009a, predicada en 20131109, con 12 min. y 45 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos, la fiesta de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, fiesta que nos reúne el día de hoy, es también un motivo para reflexionar sobre lo que significa la Iglesia y lo que significa ser Iglesia. Las lecturas que hemos escuchado que son escogidas para esta fiesta nos ayudan a avanzar un poquito en ese misterio tan hermoso. La primera lectura se encuentra hacia el final del libro de Ezequiel y nos habla de un templo que tiene un manantial. La segunda lectura nos presenta a Jesucristo purificando el templo de Jerusalén y presentándose él mismo como verdadero templo nuestro. Conviene recordar un par de datos para apreciar mejor la lectura de Ezequiel. Este profeta Ezequiel, pertenecía a una familia sacerdotal.

Recordemos que en el Antiguo Testamento el sacerdocio no era asunto de vocación como es ahora, sino que simplemente los hijos de ciertas tribus, en particular la tribu de Leví, por el solo hecho de ser varones nacidos en esa tribu, ya eran sacerdotes. Era un oficio, un oficio heredado. Ezequiel pertenecía a una familia sacerdotal. Su infancia y su juventud estuvieron marcadas por la experiencia del templo. Pero lo que él vio en el templo no fue agradable. Lo que él encontró en el templo fue de hecho escandaloso. Los sacerdotes que él conoció eran hombres hipócritas y corruptos. Lamentablemente, esta es una realidad que ha sucedido y que puede seguir sucediendo si entre los mismos discípulos de Cristo. Hubo un traidor y mentiroso. Pues eso significa que siempre el sacerdote tendrá grandes y graves tentaciones. En el caso de Ezequiel, las cosas que él tuvo que ver fueron especialmente escandalosas, porque él se dio cuenta que los mismos sacerdotes que ofrecían los sacrificios para Yahvé en el altar del templo, luego en la parte de atrás, en las sacristías, eran capaces de ofrecer incienso y otras ofrendas a los dioses extranjeros.

Por eso Ezequiel siente que ese templo, el templo que él conoció, es un templo que está viciado por el pecado. Es un templo que está condenado a la destrucción. Algo así como carne gangrenada. Carne que se está pudriendo y que tendrá que ser mutilada, cercenada porque ya no tiene vida. Y por eso la mayor parte del libro del profeta Ezequiel habla de cómo la gloria de Dios, es decir, la expresión sensible de su presencia y de su majestad, la gloria de Dios huye de ese templo, se va incluso de la ciudad de Jerusalén. Dios siente asco de esa traición a la verdadera fe. Dios se va de esa casa. Una casa repugnante. Una casa de corrupción. Dios se va de ahí. Pero afortunadamente, el libro de Ezequiel no termina en ese tono tan triste. Hay denuncia, pero también hay esperanza. Por eso Ezequiel, hacia el final del libro nos va a hablar de un nuevo templo, una nueva realidad. Es decir, ese templo gangrenado, esa especie de tumor corrupto, tendrá que desaparecer, pero vendrá un nuevo templo. Y así como es verdad que del antiguo templo lo único que sale es corrupción y vicio, así también el nuevo templo será una fuente de gracia. Y eso es lo que él ve representado en esa especie de manantial que va regando y va llevando vida y va comunicando salud, y que incluso tiene fuerza suficiente para curar de la enfermedad y para limpiar el agua salobre. Es un prodigio muy grande el que logran contemplar los ojos de Ezequiel.

Nosotros sabemos bien que si un agua se daña no hay manera de limpiarla. Si acaso toca utilizar evaporación u otros recursos para quitarle las impurezas. Pero nunca hemos visto que haya agua dañada y que uno le eche agua limpia y que el agua limpia tenga poder para limpiar al agua dañada. Lo que siempre vemos es que si hay agua dañada y yo le echo agua limpia, todo se vuelve agua dañada, pero Ezequiel ve algo distinto, ve que el agua del nuevo templo tiene tanta pero tanta fuerza de vida que es capaz de ganarle al agua sucia, al agua salobre, al agua impotable. Es tanta la vida que tiene el nuevo templo, la casa nueva de Dios que es capaz de purificar el agua allí donde llega. Esa es la primera lectura, una imagen de la nueva casa de Dios, el nuevo templo. Pero ahora hay que ver qué sucede en el Evangelio.

También en el Evangelio la escena empieza con algo muy triste como la vida de Ezequiel es Jesucristo que lleno de indignación, profundamente frustrado y triste por lo que ve en el templo de Jerusalén, toma una acción profética hecha de los atrios del templo de Jerusalén a todos aquellos comerciantes. Es como un fuego que está purificando ese antiguo templo. Cuando le preguntan ¿con qué autoridad obra así? Su respuesta es misteriosa: Destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días, hermanos. Y ese templo fue destruido. Hacia el año setenta, los romanos cayeron sobre ese templo y no quedó piedra sobre piedra. Lo que había visto Ezequiel siglos atrás, siete siglos atrás, se cumplió esa gangrena reclamaba que se hiciera mutilación. Era necesario cortar la parte podrida y eso fue lo que sucedió. El templo de Jerusalén cayó estrepitosamente. Los romanos lo incendiaron. No quedó piedra sobre piedra.

Quizás algunos de ustedes han ido a la ciudad de Jerusalén y muchos de ustedes han escuchado del Muro de las Lamentaciones. Pues el Muro de las Lamentaciones ni siquiera es parte del Antiguo Templo. El Muro de las Lamentaciones es parte de la muralla exterior de uno de los patios de afuera del Templo. Del Templo como tal, no quedó nada. ¿Y si hubiera quedado algo? Cuando después llegaron los musulmanes, hicieron una gigantesca Mezquita. En el lugar donde había estado el templo de Jerusalén, no quedó nada.

Pero hay un nuevo templo y ese nuevo templo es Jesucristo. Y de ese nuevo templo brota un manantial que es mejor que el manantial que vio Ezequiel. De hecho, el evangelista San Juan nos dice: que cuando Cristo ya estaba muerto en la cruz, uno de los soldados le abrió el costado y salió agua, y salió sangre. Sangre y agua. Cristo es el nuevo templo. Templo consagrado a fuego de caridad en el altar de la Cruz. Cristo es el nuevo templo y de ese templo sale esa agua que es el agua de tu bautismo y de mi Bautismo. Es el agua que nos limpia, es el agua de la gracia, es el agua de los sacramentos, es el agua que realiza las maravillas que vio Ezequiel. ¿Recuerdas lo que dijimos de Ezequiel? Él vio un agua tan poderosa que cuando se mezclaba con el agua sucia, no se ensuciaba, sino que tenía poder para limpiarla. Eso es lo que viene a hacer Jesucristo en nuestra vida. Jesucristo asumió nuestra naturaleza humana, pero no para que el pecado nuestro se le pegara a Él, sino para que la santidad suya habitara en nosotros, no para que nuestra enfermedad lo empobreciera Él, sino para que su salud nos enriqueciera a nosotros, no para que nuestra muerte lo destruyera a Él, sino para que su vida nos levantará a nosotros y por eso padeciéndolo todo en la cruz quedó consagrado como único y último y definitivo templo. Y esa agua que brota del costado de Cristo es la agua, es el agua que nos hace nuevos, es el agua que tiene poder para sacar de nosotros lo que es muerte. Es el agua que nos hace fecundos. En la visión de Ezequiel, el agua del templo es tan poderosa que hace que los árboles den cosecha una vez al mes. Esa es la maravilla que hace esta agua de Cristo. Le da fecundidad a tu vida, le da fecundidad a tu pareja, le da fecundidad a tu familia, te renueva profundamente.

Conclusiones dos: primera, somos parte de ese nuevo templo. Somos cuerpo de Cristo. No estamos solos. Somos parte de la construcción de Dios, de la casa de Dios, de la familia, de Dios. Solos nos perdemos. Solos nos hundimos solos nos extraviamos. Unidos al cuerpo de Cristo, tenemos victoria. Es lo primero. Segundo, renovar la gracia bautismal y la gracia de todos los sacramentos que nacen del bautismo. Ya los antiguos padres de la Iglesia, comentando ese pasaje de San Juan del Agua y la sangre que salieron de Cristo, hablan de los sacramentos, renovar los sacramentos, renovar la vida de la gracia en nosotros. Es lo que vamos a hacer también en este momento.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM