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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cátedra es la sede o silla que nos recuerda que toda nuestra fe brota de la palabra de los apóstoles y sus sucesores.
Homilía blet008a, predicada en 20131109, con 5 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Nuestra Madre la Iglesia celebra el día nueve de noviembre la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán. Esta iglesia que se encuentra en Roma es propiamente la sede de la cátedra del Obispo de Roma, es decir, del Papa. ¿Qué quiere decir Catedral? Catedral quiere decir aquella iglesia en donde está la cátedra y la cátedra es la silla especial, es la sede desde la cual el que es maestro enseña. Por eso también se habla de que las universidades tienen catedráticos o que tal o cual persona tiene la cátedra de humanidades o tiene la cátedra de fisiología o lo que sea. Pues el obispo tiene una cátedra, porque lo propio del obispo es predicar y es propio del obispo predicar porque los obispos son los sucesores de los apóstoles y los apóstoles nos han llamado a la fe, nos han unido al Cuerpo de Cristo, nos han comunicado finalmente la gracia de Dios. A partir fundamentalmente de la predicación, es decir, a partir de la enseñanza. Por algo dijo el apóstol San Pablo en el capítulo décimo de la Carta a los Romanos, que la fe proviene de escuchar. Por eso la palabra del obispo es la palabra que nos comunica la fe. La palabra que nos pone en contacto con la frescura de la mañana de resurrección y con el fuego de la mañana de Pentecostés. Eso es lo que significa ser obispo, y por eso cada obispo tiene una sede desde la cual enseña, y esa sede se representa de algún modo física, materialmente, en lo que se llama una cátedra. Por eso cada obispo tiene su cátedra y cada obispo tiene su catedral. Pues bien, la catedral del Obispo de Roma, que tiene el oficio de confirmarnos a todos en la fe. Esa catedral es la que se llama la Basílica de San Juan de Letrán, una Iglesia bellísima que se encuentra, como ya hemos explicado, en la ciudad de Roma. Las lecturas de hoy tienen abundante contenido. Yo quiero solo hacer una anotación tomada del Salmo. Salmo ciento veintiuno. El Salmo ciento veintiuno es muy conocido en el pueblo católico que habla español por aquella musicalización que tiene y que muchas veces la hemos utilizado en la liturgia. Qué alegría cuando me dijeron esa música creo que la hemos escuchado muchas veces en muchos países. Ese es el Salmo ciento veintiuno y en las estrofas que la Iglesia ha escogido para esta fiesta. Hay una frase que aparece en Jerusalén, están los tribunales de justicia, los tribunales de justicia. Es curioso porque toda la canción o todo este himno, si digo mejor, alude a los peregrinos que van jubilosos. Por eso dice qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor. Y yo creo que a uno le puede causar cierta extrañeza eso de que la gente va muy feliz a los tribunales de justicia. Se supone que cuando uno va a un tribunal de justicia es a resolver un pleito. Se supone que es un problema, quizás un litigio que uno tiene con otra persona. Entonces, ¿cómo es compatible la alegría con la justicia? Pues es que lo que sucede es que la palabra hebrea para justicia y el concepto de justicia, especialmente en el Antiguo Testamento, tiene que ver con aquello que está ajustado al querer de Dios. De manera que cuando estos peregrinos que van a Jerusalén, alaban a los tribunales de justicia y se sienten felices de llegar a Jerusalén para que se haga justicia. No están pensando tanto en que por fin se va a resolver la pelea que yo tengo con mi vecino, con mi primo. El tema ese de la herencia se va a arreglar por fin. No, ellos están pensando Dios nos va a reajustar, Dios nos va a unir así, Dios nos va a rectificar, Dios nos va a unir a su plan, nos va a hacer concordes a su voluntad, nos va a renovar en su querer. Y esta debe ser la actitud nuestra al acercarnos a esa realidad tan bella y tan poco amada que es la Iglesia. ¿A qué voy a Misa? A que mi vida sea rectificada. ¿Cuando escucho al Papa, qué quiero? que mi entendimiento sea rectificado. ¿Cuando leo las vidas de los santos qué busco? Que mi vida se acerque, se aproxime más al querer de Dios. Eso es lo que canta el salmo. Y ahora lo podemos cantar mejor, tú y yo.

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