Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dedicación de la Catedral de Letrán.

Homilía blet001a, predicada en 19971109, con 10 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, hoy nueve de noviembre, nosotros católicos celebramos la fiesta de la Catedral de San Juan de Letrán. Este nombre seguramente no suena muy familiar en nuestros oídos. La palabra catedral sí, en cambio, es conocida. Catedral viene de cátedra. Es decir, aquel asiento, aquel lugar desde el cual se da una enseñanza. Así hablamos también de la cátedra universitaria, por ejemplo. ¿Y quiénes son los que ofrecen esa enseñanza al pueblo de Dios en la Iglesia? En primer lugar, y fundamentalmente los señores obispos, sucesores de los Apóstoles. Porque los apóstoles son los testigos de la verdad de Jesucristo. Esa verdad que quedó manifiesta con su resurrección. El lugar desde el cual enseña un obispo, esa, es una catedral.

Por eso en cada diócesis o Arquidiócesis hay una sola catedral. Es posible que haya muchas iglesias, pero la catedral en cada diócesis es una sola. Esa es la Iglesia en la que está la cátedra del señor Obispo, de esa diócesis o de esa Arquidiócesis. Ahora bien, dentro de los apóstoles fue voluntad de Jesucristo que hubiera uno al único al que le dijo: Yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez confirmado, robustecido en la fe, confirma a tus hermanos. Esto lo sabemos bien fue el apóstol Pedro. Pedro fue evangelizando a las comunidades judías de ese siglo, primero en distintos lugares del Mediterráneo y terminó su recorrido en la ciudad, que era cabeza del Imperio Romano, precisamente la ciudad de Roma. Pedro estableció su última misión, su última y definitiva misión en el Imperio Romano, allá en la capital, en la ciudad que era cabeza de ese imperio y que vino a convertirse por esa muerte de Pedro, por ese testimonio de Pedro en la diócesis por excelencia del mundo católico.

Nosotros hemos leído que la Iglesia tiene una característica y es que es una, es santa, es católica, es apostólica y algunas personas aluden también es romana. En inglés, por ejemplo, nosotros no somos llamados católicos, sino Roman Catholic Roman. Los romanos, los de Roma. A veces se dice con un tono de desprecio, pero si se entiende bien, es un elogio. Se está diciendo que estamos en comunión con el obispo que está en Roma y ese es el sucesor de Pedro. Porque resulta que quien tiene el ministerio de la predicación en la diócesis de Roma es precisamente el obispo de Roma, el sucesor de Pedro. Y todos sabemos que este es el Papa. El Papa, pues, no es un super obispo, simplemente es el obispo de una diócesis que tiene en sí el honor y la responsabilidad de custodiar la verdad de la fe, de custodiar el ardor de la fe en todo el mundo. El Papa no es un súper obispo, es el obispo de Roma.

Pero resulta que como sucesor de Pedro, nosotros católicos reconocemos en él la unción que Jesús le dio a Pedro, es decir, la gracia especialísima de confirmar en la fe al pueblo santo. Por eso, el actual sucesor de Pedro, Juan Pablo Segundo, recorre el mundo. ¿Haciendo qué? Confirmando en la fe a todo el pueblo santo. Y es un hecho. Es un hecho. Dónde va el Papa, se reúnen multitudes inesperadas. Se creía que en Europa se había perdido por completo la fe. Es un acontecimiento tan maravilloso como inexplicable. En la última jornada del Papa con los jóvenes, mucho más de dos millones de jóvenes se reunieron allá en el hipódromo para ver al Papa, para aclamar al Papa, para escuchar al sucesor de Pedro y para reconocer en él la voz de Cristo que sigue pastoreando a su pueblo. No hay personaje en esta tierra que haga lo que hace el Papa. Pero es que sabemos que la oración de Cristo es eficaz. Y Cristo dijo: Yo he orado por ti para que tu fe no desfallezca. Y también dijo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré tu iglesia. Puesto que el Papa es un obispo, es el obispo de Roma, puesto que el Papa es obispo, también tiene su catedral.

Cuando a uno le preguntan ¿cuál es la catedral del Papa? uno se imagina a la Basílica de San Pedro. No, señor, no, señor. La Basílica de San Pedro es una preciosa construcción, sin duda la más bella y majestuosa de la Santa Iglesia Católica. ¿Por qué se hizo en ese lugar? Porque si usted baja y existe el camino por unas escaleras que están debajo del altar mayor de la Basílica de San Pedro, y baja y baja y baja por escaleras y puertas y pasadizos. Usted llega a un lugar a no sé cuántos metros de profundidad, donde las investigaciones científicas rigurosas de este siglo han demostrado que están los restos de San Pedro, del apóstol Pedro. Es decir, la Basílica de San Pedro es aquella Iglesia que está edificada precisamente sobre los huesos, sobre los restos del Príncipe de los Apóstoles. Cuando se realizaron estos estudios en tiempo del Papa Pío doce, mediados de este siglo, primera mitad de este siglo. Cuando se hicieron estos estudios, muchos católicos sintieron miedo porque temían que de pronto, al hacer las investigaciones, resultara que ahí no había nada. El Papa Pío doce dijo una frase inmortal: La Iglesia católica no le tiene miedo a la verdad.

Vamos a investigar. Y científicos, no solo católicos, sino también protestantes e incluso de otras confesiones o religiones colaboraron en esa investigación excavando, excavando en los cimientos de la Basílica de San Pedro, hasta que llegaron a los restos que por los estudios arqueológicos y científicos correspondientes comprobaron que se trataba exactamente de la tumba de Pedro. La Basílica de San Pedro, pues, es la Iglesia que está edificada sobre los restos del apóstol Pedro, el de Galilea. Pero esta basílica no es la catedral del Papa. La catedral del Papa es otra basílica. La palabra basílica originalmente significa casa real. Mansión es un término que utilizaban los griegos por referirse a las casas que eran regias. Eran casas de reyes. Basileus en griego es rey, pero eso viene Basílica, la catedral del Papa, la catedral del obispo de Roma es la catedral de San Juan de Letrán, una iglesia muchísimo más pequeña que la Basílica de San Pedro. En esa iglesia. ¿Qué estamos celebrando los católicos hoy? Estamos celebrando la verdad de la Palabra divina. Estamos celebrando la verdad del Magisterio de Pedro. Estamos celebrando la luz indeficiente, la victoria indestructible de la Palabra de Cristo en sus apóstoles y singularmente en Pedro.

Por eso las lecturas que hemos escuchado hoy nos hablan de templo, el templo, aquel nuevo que vio Ezequiel, el templo que somos nosotros, porque somos habitación del Espíritu Santo, el templo que es Cristo resucitado. Porque él dijo: Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días. El Templo que es el Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen, en donde solo reina Dios y en donde solo se adora a Dios. Hoy es un día, entonces, en que la Iglesia ha meditado y medita en la belleza del templo. Es decir, en la posibilidad, en el camino, en el puente que Dios ha abierto para que nuestra oración suba a Él en alabanza y su bendición descienda a nosotros con generosidad y con misericordia. El templo es una imagen de la Iglesia que va peregrinando. Los hebreos tenían un templo peregrino que se llamaba Mishkán. Mishkán es el templo peregrino. Esa tienda del encuentro, ese mishkán indica la posibilidad que nosotros tenemos ya en esta tierra de recibir la bendición de Dios y seguir nuestra senda hasta la patria celestial.

Nosotros, al renovar hoy nuestra consagración a los corazones de Jesús y María, nos estamos uniendo a esta teología del Templo, a esta verdad del Templo, para que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros. Que en nosotros se celebre el misterio de la Pascua, que en nosotros se viva la adoración al Padre y que en nosotros se realice su bendición.

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