Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El gran enemigo del Reino de Dios es la muerte, pero Nuestro Señor Jesucristo es la verdadera victoria sobre la muerte.

Homilía ba04013a, predicada en 20231224, con 6 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, este es el cuarto domingo de Adviento. Se completa así la corona que el primer domingo de Adviento abrió su luz. Y es bueno recordar aquí porque hay cuatro domingos. La verdad es muy sencillo. El domingo anterior al día de Navidad siempre es el cuarto domingo y de ahí hacia atrás se determinan las fechas del tercero, el segundo y el primero. Una característica interesante que tiene este año 2023, es que el cuarto domingo queda inmediatamente antes de la Navidad. Es decir, se da la característica de que el día siguiente es precisamente Navidad.

Cuarto domingo de Adviento. Un buen momento para hacer el balance de cómo hemos vivido este tiempo. ¿Hemos aprovechado las gracias, los regalos que Dios nos ha dado?; Singularmente ¿A través de la liturgia, a través de la Palabra, a través de la predicación? ¿Hemos crecido en oración; hemos crecido en nuestro deseo de Cristo? Hemos seguido los ejemplos que la Iglesia nos ha planteado, nos ha ofrecido, es decir, el profeta Isaías, Juan el Bautista y la Santísima Virgen María? Es un buen momento para hacer ese examen de conciencia, sobre todo porque tengo la idea de que así como un comerciante, año tras año, se esfuerza para que los resultados de cada año sean mejores que los del año anterior, yo creo que también nosotros en nuestra vida espiritual deberíamos utilizar ese criterio de tal manera que este Adviento sea mejor que el Adviento que vivimos el año pasado.

Y al hacer este balance que estoy proponiendo, también nosotros podamos preguntarnos ¿Cómo vamos a vivir el Adviento? Es una enseñanza bien útil. Pero aparte de eso, quiero destacar un pensamiento que aparece en las lecturas de este cuarto domingo de Adviento. Es el pensamiento del reinado eterno de Dios. La cosa es muy bella, porque en el capítulo séptimo del segundo libro de Samuel, Dios le promete a el rey David, Dios le promete que va a tener una descendencia y que en esa descendencia siempre va a estar el centro, siempre va a estar Dios con el descendiente de David. Es decir que es un reino que va a ser permanente. Y uno podría pensar de una manera muy material. Uno podría pensar que eso significa que habrá sucesores y sucesores y sucesores de David, diríamos nietos, bisnietos, tataranietos de David, siempre reinando.

Pero Dios tenía una sorpresa; El Reino sí es eterno, pero esa sucesión de reyes llega a un punto y ese punto en donde se hace eterna esa sucesión es cuando se llega a un reinado que nadie puede destruir el reinado de Jesucristo. Es decir, que el reino se vuelve eterno en Jesucristo, no por una sucesión biológica, porque si lo piensas bien, la sucesión biológica es una manera de tratar de vencer a la muerte. Envejece un rey que tendrá que morir deja un sucesor, pero ese sucesor también se enferma, o lo matan, o tiene un accidente o simplemente envejece. También él se va a morir y deja un sucesor. O sea que en el fondo el gran enemigo del Reino de Dios es la muerte. En el fondo es la muerte quien impide que se cumpla a cabalidad, en perfección y en totalidad la promesa que Dios le hizo a David.

Pero, ¿Qué tal un rey que no muere? ¿Qué tal un rey que permanece para siempre? ¿Qué tal un rey que vence a la la muerte? ¡Esa es la sorpresa que Dios tenía! Los sucesores, hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, los sucesores, eran solo victorias escasas, parciales, provisorias frente a la muerte. Cristo, Cristo es la verdadera victoria sobre la muerte. Por eso dice la Escritura: "El último enemigo vencido será la muerte". Y también leemos en el mismo Apocalipsis: "Habrá el día en que la muerte tendrá que devolver sus muertos". Así como un rey vencido tiene que entregar sus armas y tiene que entregar sus prisioneros, y tiene que entregar sus despojos, así también la muerte, vencida por Cristo, tendrá que entregar lo suyo. Así que, mis hermanos, es hermoso entender por qué la sucesión de la casa de David llega a Jesús y ya no sigue.

Por eso Jesús no necesita hijos biológicos, porque es que los hijos del rey eran una manera parcial y provisional de vencer a la muerte. Cristo, el Hijo de María. Cristo es el que lleva a plenitud la victoria sobre la muerte con su resurrección, con su gloria en el cielo, con esa resurrección que nos participa a través del Bautismo y de la Eucaristía. Su reinado ya no tiene fin. Así se lo anunció el ángel a María, y así se cumple en Cristo la gloria para Él.

Amén.

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