Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo puede uno alegrarse en medio de las dificultades? Frente a las CONTRADICCIONES, descubrir que Dios está marcando una ruta; frente a los SUFRIMIENTOS, asociarnos al amor y sacrificio de Cristo; frente a la INCERTIDUMBRE, recordar que lo que Dios disponga será siempre para nuestro mayor bien.

Homilía ba03011a, predicada en 20201213, con 29 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos en más de un lugar. El apóstol San Pablo nos llama a la alegría. Encontramos en el texto de hoy que fue tomado de la primera carta a los Tesalonicenses este mandato: -Estén siempre alegres-. También en la carta a los Filipenses está la famosa exhortación que él hace: "Alegraos en el Señor, os lo repito, alegraos". Ese texto llega como una especie de lluvia refrescante en día de calor. Vamos avanzando en el Adviento y el tercer domingo tiene esa característica de refrigerio, de descanso, de alivio, un alivio que está en esta forma de alegría, -Estén siempre alegres-. A mí personalmente me llega mucho al corazón esta recomendación, como algunos de ustedes saben y seguramente ustedes mismos están viviendo.

Este ha sido un año con noticias tristes y preocupantes en mi vida. Perdimos en circunstancias trágicas un fraile de mi convento, otro fraile de mi provincia, murió por COVID 19. Un estudiante mío de Venezuela murió por la misma enfermedad. Y además de esas muertes, tantas preocupaciones que uno tiene por tantas personas. En mi familia, cargo preocupación de lo que veo en algunos, las personas que le hablan a uno, el dolor que hay en tantos corazones. Papás que sufren por los hijos. Hijos que sufren por los papás. El panorama mundial es preocupante de muchas maneras. Y no me refiero en este caso a la pandemia. Me refiero a la utilización de la pandemia por algunos grupos de poder.

Ustedes saben que hay gente que está utilizando el lenguaje de lo que ellos llaman el gran reseteo "The Big Reset", el gran reseteo. Quieren aprovechar la pandemia para implantar, dar un zarpazo e implantar una agenda mundial que va a tener grandes consecuencias y que es simplemente la continuación de lo que ya hemos visto y denunciado y que se llama Nuevo Orden mundial. También es dolor para mi alma ver que mucha gente no se entera de esto. Otros se enteran demasiado tarde, viven distraídos o agobiados por el trabajo. Hay personas que están tan metidas en su situación afectiva, emocional o sexual que creen que lo único que importa en la vida es resolver su sexualidad, o su afectividad o su emocionalidad. Y los grandes dolores y las grandes miserias del mundo quedan en último plano.

Todas esas son preocupaciones que hacen que uno mire, yo diría con extrañeza un texto como este, ¿Cómo es que Dios nos invita a estar alegres? Hay tres cosas que le apagan a uno rápidamente la alegría. Son como extintores de la alegría, las contradicciones, los sufrimientos y la incertidumbre. Esas tres situaciones vitales que las hemos tenido todos, también yo, por supuesto, son como extintores que quieren acabar con nuestra alegría. Y por eso algunos de nosotros tal vez hemos sido desobedientes, porque este mandato es válido para mí, para todos. -Estad siempre alegres-. Y hemos sido desobedientes. Pero ¿Cómo puede uno estar alegre si está pasando por la contradicción, si está pasando por el sufrimiento o si está pasando por la incertidumbre? Son las tres, las tres principales circunstancias que le apagan a uno la alegría.

Antes de ofrecer una respuesta, quiero recordar el testimonio de algunos santos que efectivamente mostraron alegría en circunstancias completamente absurdas. Empiezo por un mártir jesuita que murió en Japón hace unos cuantos siglos. Él y unos compañeros suyos fueron crucificados como una especie de cruel burla de la fe cristiana. Como quien dice si tanto anuncias de Cristo y de la cruz vamos a crucificarte a ver si sigues evangelizando. Y efectivamente, los crucificaron. Una muerte atroz, increíblemente cruel. Estando en ese suplicio, pero todavía vivos unos a otros de estos mártires, se animaban en ese último y definitivo combate y uno de ellos le gritó a otro -No se te olvide, hoy estarás en el paraíso-. Y frente a estas palabras el que estaba crucificado levantó su mirada, movió sus manos y sonrió lleno de gozo con la certeza del cielo que le esperaba.

Hoy es mártir de la Iglesia Católica, mártires jesuitas en el Japón. O sea que hay gente que se alegra. El fundador de mi comunidad, Santo Domingo de Guzmán, era un hombre extraño en términos de sufrimiento. Su salud se deterioró. Yo diría tempranamente. Él murió cuando tenía 51 años de edad. Y por eso padeció diversas enfermedades. Pero cuentan los biógrafos que cuando se le veía más feliz era en las enfermedades. Y el último testimonio que quiero recordar de Santos es el de nuestra amada Catalina de Siena. Estaba tan acostumbrada a alegrarse en el sufrimiento que, como ya me han escuchado otras veces y consta en las biografías, si pasaban varios días sin que tuviera contradicciones, tentaciones graves, calumnias o cosas parecidas, le reclamaba a Cristo y le decía: ¿Fue que peleamos?

Como ella se consideraba novia y esposa de Cristo. Ella consideraba que era su derecho y su deber participar de lo que participaba Cristo. Y si el lote de Cristo, y si el cáliz de Cristo fueron los dolores, entonces Catalina razonaba de esta manera: Si mi esposo está tomando cáliz amargo de dolores, ¿Por qué yo no puedo beber de su copa? ¿Es que me está rechazando? Ese era el razonamiento de una mujer enamorada de Jesús. De manera que ella se extrañaba cuando no había problemas. Se dolía cuando no había dolores. Se preocupaba cuando no había preocupaciones. Pero esa manera de hablar pronto surtía efecto, porque bien pronto le llegaban nuevas situaciones. O sea que los santos son gente rara.

De hecho, tenemos un santo al que amamos mucho en familia espiritual, que San Juan de la Cruz y que es precisamente de la Cruz. Por eso, por la inmensa sabiduría con que asumió el sufrimiento, el dolor y no era una persona amargada. Muchos de nosotros somos muy inmaduros y cuando nos llegan estas avalanchas de problemas y de preocupaciones, nos apagamos, tal vez demasiado. No es que uno sea insensible, sino que necesitamos crecer en la línea en la que crecieron estos benditos santos. Tres cosas son como extintores de la alegría, de la felicidad, las contradicciones, los sufrimientos, las incertidumbres. ¿Cómo puede uno permanecer alegre en esas circunstancias? Pues yo me voy a apoyar en los mismos santos que he mencionado para comentar cómo hicieron ellos para vivir esa alegría.

Hablemos de las contradicciones. Muchos de nosotros hemos sido muy impacientes. La vida lo va domesticando a uno. Perdón, la expresión que utilizo. Y yo creo que aún una persona de tan mala paciencia como yo, puedo decir que yo he avanzado. Gracia de Dios. Bondad de mi Dios. Entonces, ¿Cómo hacía, por ejemplo, Santa Catalina con las contradicciones? contradicción ¿Qué es? Que usted tiene algo que está bien pensado, bien querido, parece razonable, parece bueno y no le sale. Se presentan obstáculos, se presentan frenos. Claro, lo primero que uno tiene que recordar es que ya en la Biblia se habla de ese caso. Ustedes leen en el libro de los Hechos de los Apóstoles que los que estaban misionando entre ellos, por supuesto, destaca San Pablo, a veces querían ir a un determinado lugar y tenían todo organizado para hacer misión en un determinado sitio. Y después, como se dice popularmente, no se les daban las cosas, pero ellos aprendieron a no ponerse bravos. Ellos aprendieron a descubrir en un freno una flecha. Escriba eso que le conviene.

Hay que descubrir en un freno una flecha. Eso fue lo que ellos hicieron. Flecha en el sentido del tránsito, del tráfico, cuando hay un freno. No lo llames pared, cuando hay un freno, en realidad, lo que hay es una flecha del tráfico que está diciendo Mira hacia otra parte. Eso fue lo que ellos aprendieron. Y eso es lo que aplicaba Catalina. Entonces la doctora de Siena. Hermosa, nuestra santa, Bendita sea. Ella se acostumbró hasta el punto. Hasta el punto increíble del cual yo estoy lejos para vergüenza de mi alma, hasta el punto increíble de sentir que una contradicción era el lenguaje más claro con el que el Señor le estaba mostrando su voluntad. Catalina razonaba de esta manera: Cuando no hay ninguna contradicción y cuando las cosas te salen perfectamente, es como si tú estuvieras. -Esta ya es comparación mía, claro-. Es como si tú estuvieras, por ejemplo, en un carro, en una inmensa llanura. Y por supuesto, si la llanura es plana y tu carro es bueno, tú puedes tomar cualquier ruta. Pero, ¿Cómo saber que esa es la mejor ruta?

En cambio, cuando hay una contradicción, hay una señal clara e inequívoca de una dirección que debes tomar. Fue lo mismo que hicieron los apóstoles en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Entonces ellos querían ir y ahí están los nombres de las ciudades a donde querían ir. Y Dios les trancó por aquí no, y por aquí tampoco, y por aquí tampoco. Y cuando ya no sabían qué hacer, ahí fue donde sucedió el famoso sueño que tuvo el querido San Pablo. Y en ese sueño se le apareció un hombre de Macedonia y le dijo Pasa a Macedonia y ayúdanos. Y ahí descubrieron. Menos mal que Dios no nos dejó ir ni para acá, ni para acá, ni para qué, ni para acá, porque Dios quería que fuéramos para tal parte. Como conclusión, no se les alteró el ritmo cardíaco, no cambió la presión arterial, no se disgustaron. Descubrieron con paz. Dios quiere otra cosa.

Repito, yo tengo que predicar esto porque es lo que vivieron los santos, pero yo mismo me siento lejos de eso. Aunque reconozco que Dios ha sido tan bueno conmigo que me ha ayudado a avanzar, tantico. Pero eso fue lo que hicieron los santos. Ver las contradicciones como señales del camino. Dejar de pelear con la contradicción, dejar de discutir con el imposible y descubrir más bien una ruta. Esa es la clave. Bueno, otra cosa que le apaga a uno la alegría son los sufrimientos. Hay sufrimientos físicos, hay sufrimientos emocionales, hay sufrimientos familiares. Hay muchos tipos de sufrimientos que uno puede tener. El secreto de todos los santos. Cuando llega el sufrimiento siempre ha sido el volver la mirada hacia nuestro Señor Jesucristo. Pero no únicamente para decir todo lo que Él sufrió y lo poquito que yo he sufrido. No, porque esa manera de razonar tiene trampa.

Hay un momento en el que usted se le puede meter una extraña idea en la cabeza y la extraña idea es, -Ah, pero es que él era Dios, yo no soy Dios, yo no aguanto tanto-. Parece que es mejor este tipo de razonamiento, que es el que utiliza San Pablo en el capítulo primero de la Carta a los Colosenses: Dios me está llamando para que yo participe de su propio dolor. Recordemos que en el capítulo noveno de Hechos de los Apóstoles se cuenta la conversión de San Pablo. Y recordemos que Cristo le dice a San Pablo Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Yo soy Jesús a quien tú persigues. De algún modo, Jesús sigue sufriendo en sus santos. Y luego el mismo Pablo sufrió increíblemente. Sufrió lo que nadie más había sufrido. Él hace en su segunda carta a los Corintios, hace listas de los sufrimientos que le tocaron. ¿Qué es lo que hace que una persona pueda superar eso? La unión con nuestro Señor Jesucristo.

Hay un ejemplo notable de esta unión en un hombre que murió no hace mucho. Bueno ya hace más de cincuenta años. Ya es tiempo, ¿No? Este hombre se llama San Juan XXIII. San Juan XXIII murió de cáncer de estómago. San Juan XXIII tenía unos sufrimientos horrorosos para los cuales a veces los analgésicos no servían. Hay unas descripciones impresionantes, uno ve realmente a un hombre crucificado. El sufrimiento, por ejemplo, le producía una tensión arterial y muscular brutal, con una sudoración que parecía que hubieran lavado la cama donde él estaba. En más de una ocasión se desmayaba de dolor y él pensaba, Juan XXIII, que en ese momento Jesús, al que le había entregado su vida, lo estaba llamando para que estuviera unido a él. La clave de todos los que han sufrido en su mente, en su cuerpo, en su soledad o en lo que sea, es esto quiero vivirlo contigo.

Yo leí el testimonio de una persona que tenía, perdónenme que yo no sé de la clasificación de estas situaciones mentales, pero tenía un problema mental y era una persona que sufría y que hacía sufrir a otros. Y entonces él se acostumbró, pues tomaba sus medicamentos y todo y hacía lo mejor posible, pero sufría mucho. Y él se acostumbró a decir, -También este sufrimiento lo conoce Cristo. También este sufrimiento lo uno a Cristo-. Acuérdense esa frase que hemos repetido tantas veces, la frase del salmo, -Nunca llore solo- el Salmo nos enseña a orar diciendo: "Recoge mis lágrimas en tu odre. Dios mío", no llores en soledad si es necesario llorar, hay que llorar con Cristo y en Cristo, y hay que unirse a Él. Y hay que pensar que nuestros sufrimientos muchas veces son penitencia, porque todos los que estamos aquí somos pecadores.

Los papás han de orar especialmente por sus hijos. Los papás, las mamás han de orar especialmente pidiéndole a Dios que limpie sus linajes, que limpie todo lo que viene del pasado. Señor, este sufrimiento para que limpies, para que purifiques. Acuérdense que Cristo nuestro Señor fue aquel en quien terminó la larga cadena de los males. Usted sabe que los males van pasando de generación en generación. No es nada mágico. Muchas veces es por el ejemplo, por otras causas. No estoy hablando de nada mágico. Pero esos sufrimientos van pasando y pasando. Y es maravilloso pensar que Dios te elige para que ese mal que viene rebotando de generación en generación ¡Pare!, ¡Pare! Ya no más. Que seas tú el lugar donde se rompe la cadena, la cadena de dolor, la cadena de sufrimiento.

Esa era la idea que tenía San Juan XXIII. Él quería y ofrecía su sufrimiento, ante todo por la Iglesia. Una usted, su sufrimiento. Aún los más pequeños aún la impaciencia que da muchas veces el tráfico. Yo sé conducir, pero muy poco conduzco. No sé. La gente no me presta los carros. Entonces yo sufro. Soy un copiloto que sufre y para único consuelo, lo único que me han dicho es que soy un copiloto proactivo. Ese es el único consuelo que me han dado. Entonces, ¿Qué pasa cuando uno sufre? Que aún esos sufrimientos se pueden unir. Es lo único que sirve. Es lo único que funciona. Yo pensé que estas cosas solo pasaban en las vidas de los santos.

Resulta que a mi papá en este momento le han hecho más de diez operaciones con los temas de sus fístulas y de sus diálisis. Tres, cuatro y cinco veces me ha hablado del Padre Pío y dice, -Lo mío es nada. Cómo sufría el Padre Pío y con cuánto amor-. Y en varias ocasiones me dice mi papá sólo te pido una cosa, hijo. Él no me pide que se quiten los dolores. Mira lo que me dice: -Que yo pueda aceptar la voluntad de Dios con amor y con alegría-. Así habla mi papá. Yo que conozco a mi papá, hace más o menos cincuenta y cinco años. Escuchar a mi papá decir esas palabras. Yo digo El Espíritu Santo existe, el Espíritu Santo está obrando en él, está haciendo en él una purificación muy grande. Ahora mismo se une otro sufrimiento a los que tiene por las circunstancias de salud del lugar donde vive. Tendrá que pasar por un larguísimo periodo de aislamiento. Además de sus dolores, y viera usted la paz con la que habla y viera usted la manera como habla del futuro. Ya les conté lo que dijo de familia espiritual. Entonces yo digo si funciona, yo digo Dios, si hace su obra, claro que la hace.

Entonces, ¿Cómo puede una persona sufrir y no perder la alegría? Pues en la medida en que, como dice San Juan de la Cruz, usted se va descubriendo más amarrado, más amado, más unido a Jesús. Hay un momento en el que usted empieza a sentir me escogieron para unirme con Cristo y eso es increíble, eso es fantástico. Palabras semejantes tiene el recién beatificado Carlo Acutis. Una muerte temprana, una muerte inesperada, pero una muerte que él vivió de una manera cargada de fe y de luz. Entonces, ¿Cómo responde uno a las contradicciones? Hay que ver las contradicciones como flechas de tráfico. ¿Cómo responde uno a los sufrimientos? Asociándose a Jesucristo. Pero hay otro tipo de situación que es la incertidumbre. La incertidumbre nos hace sufrir muchísimo. Incertidumbre de muchas maneras. Hay incertidumbres pequeñas y grandes. Las que más preocupan son las que tienen que ver precisamente con la salud.

Ustedes perdónenme que hable tanto de la salud, pero ustedes me entienden por qué lo hago. Entonces uno tiene muchas incertidumbres, muchas. A veces se dice que sufre más un enfermo cuando no sabe lo que tiene que cuando lo sabe, así sea grave. Parece que es peor el sufrimiento de no saber lo que tengo que el sufrimiento de ya saberlo, aunque sea grave. O sea que la incertidumbre trae mucho sufrimiento. Ahí tenemos que recordar a otro santo, Santo Tomás Moro, el famoso patrono de los abogados. Santo Tomás Moro decía: -No sé lo que Dios quiere, pero sé que es lo mejor-. Parece la frase más sencilla del mundo, pero es algo tan bello. La serenidad con la que este hombre aceptó. Él fue ejecutado ¿No? Es mártir. Santo Tomás Moro. La serenidad con la que él aceptó el momento de su muerte. "Yo no sé lo que Dios quiere, pero sí sé una cosa es lo mejor". Y con esa paz y con esa sonrisa fue al cadalso. Y con esa paz y con esa sonrisa murió.

Bueno, ¿Y qué puede hacer uno? Estas son grandes cumbres, las de estos santos. Y nosotros no estamos así de altos. Nosotros estamos abajo. Pero ¿Qué podemos hacer? Mira, a medida que uno va repitiendo las frases de ellos y a medida que uno los va viendo y los va amando y los va considerando amigos, hasta nosotros los mediocres, podemos cambiar. Te lo digo por experiencia propia. Hay cosas en las que uno cambia. Dios es tan poderoso que uno cambia y Dios es tan poderoso que se cumple en nosotros. Lo que dice Segunda Corintios capítulo primero, nos da un consuelo tan grande que podemos incluso consolar a otros con el mismo consuelo que Dios nos da. Mucha gente no se imagina lo que uno está viviendo, ni tampoco es que lo mío sea lo peor. Yo sé que hay gente que está sufriendo muchísimo más, pero lo que me llama la atención es que muchas personas dicen encontrar pues tanta paz, tanto consuelo y tantas cosas bonitas. Y yo digo realmente es el Señor, porque lo que yo estoy viviendo y lo que ha pasado en mi vida no da para eso. Es el Señor el que lo está haciendo.

Y entonces uno sonríe, como dice ese hermoso meme, ese meme que dice: "A veces hay que sonreír, levantar la mirada y decir yo sé que fuiste tú, Señor". A veces hay que hacerlo así y a veces uno dice, -Es increíble lo que puede hacer Dios en nosotros-. De modo que yo certifico en medio de mis limitaciones, yo certifico que este mandato no es loco. El mandato de la alegría no es un mandato loco, es un mandato real. Pidamos a los santos que brillaron especialmente por la alegría, entre los cuales los más conocidos son San Francisco de Asís y San Felipe Neri. Pidámosle a esos santos que nos ayuden para también nosotros vivir la alegría. Una alegría que no es alegría sin problemas. Y ahí debo hacer el último paréntesis: La alegría sin problemas no es la alegría cristiana, porque la persona que tiene alegría sin problemas, en el fondo, en el fondo de su alma tiene miedo.

Es como la persona que tiene alegría, pero necesita que todo funcione y el que necesita que todo funcione, siempre tiene miedo de que algo no va a funcionar. En cambio, el que se alegra como un Francisco de Asís, el que se alegra como una Catalina de Siena en medio de problemas, tentaciones, contradicciones, dificultades, esa persona va perdiendo el miedo. Esa persona ya no tiene miedo. ¿Por qué? Porque no depende de que todo funcione. Esa frase que repiten en Internet, -No necesitas que el universo se confabule, no necesitas que todas las piezas estén en su lugar-. Hay que saber alegrarse también cuando las piezas están en desorden, cuando las cosas no funcionan y cuando uno se va, cuando uno va aprendiendo a alegrarse de esa manera se cumple lo que dice el Evangelio según San Juan. Lo que les dijo Cristo a los apóstoles: -Les voy a dar una alegría, y esa alegría no se la va a quitar nadie-.

Una de las mujeres más sonrientes que yo he conocido en vida y conmigo muchos frailes dominicos. Era una religiosa de la comunidad de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se llaman. Ellas tienen casa grande en Fontibón, por ejemplo, la madre Jesusa, una española valenciana para más señas, que fue durante mucho tiempo superiora de la casa que ellas tienen para ancianos allá en Chiquinquirá, Es una de las mujeres más felices, más sonrientes. Y es que es de esas sonrisas como que te contagia. Y yo siendo novicio hace treinta y cinco años, mil novecientos ochenta y cinco, yo siendo novicio, conocí el hogar para ancianos que ellas tenían y tienen. Y yo recorría ese lugar con todas las limitaciones de esos pobres abuelitos muchas veces abandonados de la familia, muchas veces pobrísimos, muchas veces enfermísimos, muchas veces ausentes por sus enfermedades mentales.

Oiga, y a esta hermana no se le apagaba la bendita sonrisa. Y yo de novicio me acuerdo esa época. Yo claro, flaco que era en esa época. Me acuerdo recorrer ese hogar y yo miraba a los abuelitos y miraba cómo estaban sufriendo y volteaba a mirar a la monja y la bendita monja sonriendo y decía con esa sonrisa Y bueno, ayer hemos tenido que enterrar a dos, tranquila, ¿Por qué estaba tranquila? Porque los había amado hasta el último momento, porque había logrado que se confesaran. Son personas que tienen otro chip. Son personas que tienen otra clave, pero son gente que vive con los pies en la tierra. Ese tipo de gente es la que más necesitamos, porque la gente que para estar alegre necesita que todo funcione, que nada falle, que todo esté bien, esas personas al final se vuelven insoportables porque en el fondo nos ponen al resto del universo la condición de que no les fallemos en nada.

Necesitamos más gente como la madre Jesusa. Necesitamos más gente como estos santos, santos que vivían en la alabanza y santos que por consiguiente sabían infundir el consuelo de Dios. Este domingo se llama Alegraos. Este domingo se llama Gaudete. Y bendito el Señor que nos permite con esta lectura hacer esta meditación. Amén.

Amén.

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