Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La alegría es propia del adviento, sobre todo para aquellos que guiados por la palabra de Dios descubren de qué les rescata Cristo.

Homilía ba03008a, predicada en 20141214, con 21 min. y 28 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Amigos queridos. Es bueno recordar que el Adviento es un privilegio que tenemos los que venimos a la Santa Misa en estos domingos y también entre semana. Lo llamo un privilegio porque mucha gente no se entera de que hay Adviento. Para muchas personas esa palabra no existe, para mucha gente este tiempo del año sencillamente es tiempo de compras, es tiempo para estar muy ocupado y protegerse del frío.

Pero tener Adviento significa tener esperanza, tener dirección, tener un camino; y eso es un gran regalo. Por eso la Iglesia dedica este domingo, que es ya el tercer domingo de Adviento, a que nosotros caigamos en cuenta de ese regalo que es la esperanza, que es el camino, que es la certeza de que hay alguien que nos aguarda y también alguien que ha salido a nuestro encuentro. Es bueno tener esa alegría; muchos de los que estamos aquí tenemos una experiencia parecida, cuando alguien viene quizás de nuestro país, y tú sabes que va a llegar alguien, qué sé yo, el papá o la mamá, o un hijo o un amigo va a llegar de tu tierra, va a venir a visitarte y con solo saber que si va a venir ya sientes alegría. Todavía no ha llegado, todavía no le has dado ese abrazo, todavía no se han cruzado esas miradas, pero ya sientes alegría porque tienes la certeza de que, no te va a fallar esa persona, porque tienes la certeza de que va a llegar.

Esa es la alegría propia del Adviento. Todavía no tenemos al Niño Jesús para abrazarlo, todavía no tenemos ese gozo, pero tenemos la certeza de que Él viene y entonces podemos repetir, como hemos dicho en el salmo de hoy: -Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador-. La alegría del cristiano es la alegría de tener un Dios que no falla, un Dios que es fiel y que es compasivo. Este Dios no engaña, este Dios cumple sus promesas y además es un Dios que sabe abajarse, que se hace cercano para que cada uno de nosotros pueda encontrar en Él lo que necesita y mucho más. Esa es la alegría del Adviento.

Y ahora yo quiero destacar la palabra salvación, porque esas palabras que están tomadas del cántico de la Virgen: -Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador-, nos indican también cómo nuestro corazón tiene que prepararse en este Adviento. Lo voy a describir de esta manera: Si Dios es mi Salvador, será mayor mi alegría, si yo sé de qué me salva. Y si yo sé cómo mi vida es otra cosa desde que Él ha llegado. ¿Cómo se va a alegrar una persona de una salvación que no conoce o que no entiende?

En los aviones, en los barcos, en otros sitios, hay chalecos salvavidas para el caso, deseemos que, remoto, de que haya que salir de esa nave en el agua. Pero si nosotros que estamos aquí en tierra firme, recibiéramos un chaleco salvavidas de esos que se utilizan en el mar o en el río. ¿Qué hago yo con ese chaleco aquí? -Bueno, gracias; pues si, no sé cuándo lo usaré, gracias-, no me produce alegría, no me produce entusiasmo ni emoción. Bueno, pero ahora suponte que vas en un barco que lamentablemente está naufragando y alguien empieza a repartir los chalecos salvavidas. En ese momento tu alegría es muy grande porque sabes que necesitas eso.

Lo que quiero decir es, cuando entendemos, cuando sabemos que si necesitamos ser salvados, nos alegramos con el Salvador. Cuando nos damos cuenta que necesitamos ser perdonados, nos alegramos en aquel que perdona, cuando descubrimos que necesitamos una claridad, una dirección en nuestra vida, nos alegramos en Aquel que es el faro de nuestra existencia, el que muestra un camino.

Por eso el tiempo de Adviento, hermanos, no es un tiempo pasivo; no es simplemente dejar que pasen las horas a ver cuándo llega el día de Navidad. No, el tiempo de Adviento es un tiempo activo, es un tiempo para que cada uno examine qué es lo que hay que remover de mi vida, qué es lo que incluso podría arruinar mi vida. Y por eso este es un tiempo en el que la Iglesia nos llama muy particularmente a la conversión, a la penitencia, al recogimiento. El color que tienen mis vestiduras y el color que tiene el altar refleja ese espíritu de la iglesia. Este color morado es el color típico del tiempo de recogimiento, el tiempo de penitencia, el tiempo de interiorización; por eso también es el color que usamos en otra época del año, que tiene un carácter parecido, es decir, en la Cuaresma.

Para sacarle el verdadero provecho, para llegar a la verdadera alegría del Adviento, necesitas descubrir de qué tienes que ser salvado. Jesús dijo una frase una vez: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos". La persona que está enferma y ve llegar por la puerta de su casa al médico, se alegra: -Hay esperanza para mí, por lo menos sabré qué es lo que tengo-. Ese médico trae alegría a esa casa, pero porque la persona se reconoce enferma; el que está perfectamente sano y ve llegar al médico, más bien se preocupa, ¿Será que no pagué alguna cuenta o qué pasó? El médico me alegra, si yo reconozco la necesidad que tengo del médico.

Cristo me alegra, Cristo es la alegría de mi Adviento y Cristo es el gran regalo de Navidad, solamente si yo reconozco cuál es la necesidad que tengo. Y por eso la figura de Juan Bautista que aparece en el Evangelio de hoy, está conectada con la alegría del Adviento.

Juan Bautista era una persona que hablaba mucho sobre el pecado y sobre la conversión. Su mensaje no parece especialmente simpático, más bien parece un mensaje duro; pero ese mensaje es muy necesario, porque cuando yo descubro cuál es el pecado que Dios quiere quitar de mi vida, también descubro de qué manera el Señor me libera, el Señor me salva. Por eso este tiempo es tiempo para ese examen y es tiempo para decir Señor, yo te necesito.

El Adviento será mucho mejor, pero muchísimo mejor: Si tú logras antes, antes de la vigilia de Navidad, tú logras tener claridad, un poco de claridad sobre esto que es tan importante y eres capaz de decir: -Sí, Señor, yo te necesito, me haces falta, Tú haces falta en mi vida, necesito que estés en mi vida, necesito que estés en mi matrimonio, necesito que estés en mi familia, necesito que estés en mi trabajo, haces falta Señor en mi trabajo, haces falta Señor en mi grupo de amigos, en mis conversaciones, haces falta Señor porque muchas veces me siento desorientado, me siento deprimido, me siento decaído, ni yo mismo sé por qué-.

Cuántas personas nadando en abundancia, sin embargo, se sienten vacías, sin un propósito, se sienten aburridas; a mí me cuestiona mucho eso. Por ejemplo, cuando yo veo a jóvenes que tienen buena salud, tienen buenos estudios, tienen la casa repleta de todos los juguetes de última generación, tienen toda la ropa que quieran, van a buenos lugares, tienen buenas vacaciones, tienen papás, uno diría magníficos; y sin embargo, con una cara larga y con un aburrimiento permanente: Y Everything is boring boring, todo es aburrido y todo es difícil, y todo es con mala cara.

Tú te has preguntado: ¿Qué es lo que te hace falta, querido muchacho? Querida niña, tú te has preguntado: ¿Qué es lo que te hace falta? Tal vez lo que te hace falta es salir de ti, salir de una cosa que se llama egoísmo. Te la pasas pensando todo el tiempo en ti, en ti y en ti. Y el corazón humano no está diseñado para que tú pienses en ti, en ti y en ti, está diseñado para que tú salgas, para que tú te des a otros, para que tú entregues a otros, para que tú trabajes por otros, para que tú hagas algo por otros. Este puede ser el Adviento para que tú descubras: -De verdad que yo he sido una persona muy egoísta, no pienso sino en mi, dinero para mi, juguetes para mi, descanso para mi, entretenimiento para mi, pasarla bueno yo.

Estás atrapado en tu yo y eso asfixia. ¿Ustedes han visto los avisos que tienen las bolsas de plástico en el supermercado? -Esto no es un juguete, ¡cuidado!, un niño se puede asfixiar con esto-. Pues hay personas que están asfixiadas porque se han puesto una bolsa en su cabeza y solo piensan en ellos mismos: Eso se llama egoísmo, el egoísmo amarga, el egoísmo asfixia.

Este puede ser el Adviento en el cual tú le dices al Señor Jesucristo: -Yo necesito que revientes la cadena de mi egoísmo, porque quiero empezar a dar de mi tiempo, de mi talento, de mis capacidades a otros-. Eso trae alegría. Yo me pongo a pensar, por ejemplo, en una parte muy hermosa de tu ser que se llama tu inteligencia. Nuestra inteligencia está hecha para la verdad, así como nuestro estómago está hecho para la comida, nuestra inteligencia está hecha para la verdad; cuando al estómago no le llega alimento, protesta, a veces se oye como cruje el estómago, el estómago protesta cuando no le llega su alimento. La inteligencia también protesta cuando no le llega su alimento.

¿A qué me refiero? Me refiero a que, tantas veces nuestras conversaciones son tan superficiales. El otro día en mi país, había una reunión en la que había muchísimos jóvenes hombres y mujeres. Y cerca de donde yo estaba sentado, yo pertenecía al grupo organizador, había un grupo de jovencitas, quiero decir, trece, catorce, quince años; y estas niñas, como el evento tardaba en empezar, estuvieron ahí como unos quince o veinte minutos cerca de mí, y estaban hablando y hablando y hablando todo el tiempo, y ¿cómo era su conversación? Su conversación era el peinado que la una se había hecho, cómo se había cambiado las uñas, cómo se me dañó el esmalte, -pero el otro esmalte es mejor-, cómo hay una falda que cae bien, pero hay una falda que cae mal, como hay unos zapatos que son muy bonitos pero tienen el tacón mal puesto. . .

¿Es pecado hablar de eso? No, no es pecado, pero hablar sólo de eso horas y horas y horas sin nada más que pensar, sino el esmalte, el brillo, la falda, el tacón, la fiesta, la piscina, las vacaciones; hablar horas de eso es un daño que tú te haces a ti misma, querida niña. ¿Por qué un daño? Porque tú tienes una cosa que se llama inteligencia, muchacha, y tu inteligencia está hecha no solo para buscar dónde está el mejor esmalte de la ciudad, dónde están los mejores tacones de la ciudad o dónde hacen los mejores rulos de la ciudad; tu inteligencia está hecha para descubrir quién es el Señor, qué problemas tiene el mundo, qué cosas vale la pena conocer, en dónde están, en dónde están las grandes preguntas y dónde están las grandes respuestas.

¿Por qué tiene que perpetuarse esa imagen de que toda niña jovencita es una cabeza hueca? ¿Por qué? Yo estoy seguro que eso no es así, de hecho, conozco jovencitas que tienen la cabeza muy bien puesta y son capaces de pensar en cosas que valen la pena. Pero hay muchas jóvenes, pero muchísimas que parece que tuvieran como misión en la Tierra perpetuar la imagen de ser cabezas huecas, como quien dice: -Si soy joven, si soy bonita, no puedo hablar sino de tonterías-, perdón que utilice esa palabra, yo sé que no son tonterías, porque es muy importante que los rulos queden muy bien hechos.

Entonces el Adviento puede ser un tiempo para que tú te des cuenta de que hay una cosa que se llama superficialidad, que eres una cabeza hueca, que da pereza hablar contigo porque no tienes más tema que hablar, sino las mismas cuatro tonterías. Y después de que acaban de hablar de todo lo que tiene que ver con las modas, las revistas, las faldas, los tacones, entonces pasan a hablar las unas de las otras: Y ¿supiste lo que Laura dijo? que Claudia había pensado, que Rosanna había dicho. . . ¿Que no tienen más que decir?. Estás haciéndole un daño a tu cabeza, tu inteligencia, necesita alimento mejor.

El Adviento puede ser un tiempo para decir: -le voy a dar atención a mi cuerpo, le voy a dar atención a la belleza de mi cuerpo, pero esa no va a ser toda mi cabeza, ese no va a ser todo mi tiempo-. Y entre más joven seas y entre más bonita seas, más debes cuidar que esa belleza esté, no solo afuera de ti, sino adentro de ti.

Un último ejemplo para que veamos la clase de cosas que se pueden hacer en el Adviento y cómo traen alegría. Tú sabes perfectamente el juego que nos están haciendo las empresas ahora; las empresas nos ponen metas, -Tienes que llegar a esta meta-. Por ejemplo, estás en el departamento de ventas, -Tienes que vender tanto, si vendes un poco más, vas a ganar un bono, si vendes hasta el doble de eso, vas a ganar tres bonos y unas vacaciones-, y nos mantienen trabajando cada vez más, y cuando llegamos a esa meta, nos ponen otra meta y otra meta más alta y más bonos.

Como resultado de ese sistema, muchas personas tienen bastante abandonadas a su familia. Insensiblemente la codicia se nos va entrando, vamos metiéndonos en un juego en el que ya lo importante no es el dinero que necesitamos, sino cada vez lograr metas y metas más altas y más altas. El Adviento puede ser un buen tiempo para que te preguntes: ¿cuáles son tus prioridades? ¿Cómo estás gastando tu tiempo? ¿De verdad tienes que trabajar, de verdad, de verdad tienes que trabajar once, doce, trece horas al día, de verdad tienes que hacerlo? ¿Es indispensable?

Yo sé que hay momentos en la vida en que las necesidades de una familia son muy grandes, porque yo vengo también de una familia muy, muy clase media; y yo sé que hay veces que hay que trabajar muchísimas horas, pero a veces ya no es la necesidad, a veces es que nos acostumbramos a estar fuera de casa y nos acostumbramos a la satisfacción de ganar metas y recibir bonos y ganar otra meta. Tú te has hecho la pregunta, si ¿De verdad tienes que gastar todo ese tiempo? ¿No será esta una buena época para redefinir tus prioridades? -Padre, pero entonces voy a ganar menos dinero-. Estamos de acuerdo. ¿Pero realmente necesitas todo ese dinero? Y sobre todo, ¿A qué precio? ¿Qué te estás perdiendo de la infancia de tus hijos que jamás volverá? ¿Qué te estás perdiendo de tiempo precioso de comunicación con tu esposa? Tiempo que jamás volverá, por no hablar de los problemas que tiene el hecho de que tantas parejas hoy pasen tanto tiempo sin ni siquiera hablarse. A lo sumo un texto. Hay gente que se comunica muchísimo más con los compañeros de oficina, muchísimo menos con los miembros de la familia. Créeme que a largo plazo eso no está bien. Eso no hace bien.

Entonces el Adviento sirve para todas esas cosas, para que tú te preguntes: ¿Cómo están tus prioridades? Repito, yo sé que hay épocas en la vida en que hay que trabajar muchísimo, pero ¿También ahora, estás seguro de que también ahora tienes que seguir así? ¿No será que te has vuelto adicto? Por algo existe en inglés esa palabra no workaholic. ¿No será que te has vuelto adicto al trabajo? ¿No será que encuentras mayor satisfacción en ganar unos dos mil dólares más este mes? así eso implique que nunca ayudaste en ninguna tarea ni deber escolar a tus hijos, en este mes; ¿Vale dos mil dólares que tu hijo no tenga un minuto contigo?. Esos dos mil dólares son muy caros, créeme.

Si estás ganando dos mil, cinco mil dólares más, pero eso implica que jamás ves a tus hijos. Yo creo que esos cinco mil dólares son muy caros para ti. Pero acomodar, reacomodar nuestras prioridades no es fácil, hermanos, no es fácil. Reacomodar las prioridades muchas veces requiere sensatez, sabiduría, humildad, liberarse de la codicia y quien me libera de toda esa vanidad que yo tengo, -Porque durante cinco años en línea he sido el mejor vendedor de esta región; si yo ahora dejo de trabajar trece horas al día, entonces ya no voy a ser el mejor-. Y se te mete la vanidad. Entonces necesita ser liberado de la vanidad.

Y el Señor libera, el Señor libera, Jesús libera, libera de la vanidad, libera de la superficialidad, libera de la codicia, libera de la pornografía, libera de la mentira, libera del materialismo, libera de tantas cosas que parece que no nos están encadenando; hasta que tratamos de movernos y nos damos cuenta que en realidad somos prisioneros.

Que venga Jesús, que nos libere, que descubramos la alegría de salir a su encuentro y que esta Navidad para muchos, muchos, sea bien distinta. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM