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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Juan Bautista nos da una clave de vida cristiana: arrepentimiento sincero que nos convierte en testigos de la luz de Cristo.
Homilía ba03007a, predicada en 20141214, con 4 min. y 23 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Estamos en el tercer domingo de Adviento. La figura de Juan Bautista, según la describe el capítulo primero de San Juan, ocupa el texto del Evangelio de hoy. La primera lectura ha sido tomada del profeta Isaías en el capítulo 61. ¿Qué mensaje particular nos traen estas lecturas? ¿Qué podemos aprender de ellas? Juan el Bautista es irreemplazable en el Adviento, él es el precursor, él preparó al pueblo de Israel para que recibiera al Mesías. Juan el Bautista puede ayudarnos para que también nosotros nos preparemos para la llegada de nuestro Salvador, junto con el profeta Isaías y la Virgen María, Juan el Bautista es uno de los maestros que nuestra Iglesia Católica nos presenta para que no nos perdamos, para que encontremos al verdadero Cristo y para que encontremos la verdad de Cristo. El nombre que le da el Evangelio de Juan a este precursor del Mesías es muy hermoso: Testigo de la luz, no reemplaza la luz de Cristo, sino que indica a dónde se encuentra. En este sentido, tenemos también una hermosa descripción de lo que debe ser la vida cristiana; también nosotros somos llamados a ser testigos de la luz. No se trata de reemplazar a Jesucristo, se trata de mostrarlo, se trata de indicar a dónde se encuentra y sabemos a dónde se encuentra: Se encuentra en la Eucaristía, se encuentra en la Palabra de Dios, se encuentra en la persona de los pobres se encuentra en el esplendor de la naturaleza, se encuentra a la derecha de Dios Padre, aguardándonos con esa promesa definitiva la promesa del cielo. Si queremos ser de verdad testigos de la luz, pues ya sabemos lo que hay que hacer. Hay que apuntar en la dirección de Jesucristo, hay que mostrarlo allí donde está. Juan nos enseña otra cosa: que para llegar a Cristo es necesaria una palabra que no gusta mucho en nuestra época, la palabra arrepentimiento. Es necesario el dolor por el pecado, pero primero el reconocimiento de que somos pecadores. Esa agua con la que Juan bautiza es una especie de sepultura simbólica. El bautismo que predica y practica Juan es bautismo por inmersión. La gente se sumerge en el agua como en una tumba mística, como mostrando: -Esto es lo que yo merezco, a esto está conduciendo mi vida-. Y por eso el bautismo de Juan es fundamentalmente una manifestación de la gravedad del pecado, pero también una luz de esperanza para el que se reconoce pecador. Llegar donde Cristo no es simplemente llegar a una fiesta espectacular; habrá fiesta, sí, habrá fiesta en el cielo; pero nos dice Cristo: -si el pecador se arrepiente-. Así que aprovechemos estos últimos días de Adviento para reconocer nuestra profunda necesidad de Dios, para arrepentirnos de nuestras antiguas culpas y para recibir en la austeridad y en el dulce gozo de Juan Bautista, recibir la esperanza de la llegada del Señor. Así, convertidos, podremos entonces un día ser como Juan, testigos de la luz. Y de nuevo, ¡Feliz domingo para todos!

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