Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Programa de adviento: independientes frente a los imperios del mundo; dependientes del querer y amar de Dios; renovados en la certeza de que Dios marca un nuevo comienzo.

Homilía ba02008a, predicada en 20141207, con 7 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, es un privilegio estar en misa, porque solo en la Misa existe el Adviento. Si uno sale a la calle, si uno va a los centros comerciales jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo, jo. Lo único que existe es Santa Claus. Existen regalos, existen compras, existe Jo, jo, jo, jo, jo, jo. Pero no existe Adviento. El Adviento es un regalo que tenemos nosotros como creyentes. El Adviento es la maravillosa oportunidad de hacer hambre para descubrir que necesitamos a Cristo. Y el que descubre que necesita a Cristo tiene una maravillosa oportunidad, porque se cumple aquello que dijo el mismo Cristo Llamad y se os abrirá, buscad y hallaréis. Eso se cumple cuando uno siente hambre de Cristo. Para eso es el Adviento. Es una oportunidad magnífica.

El Adviento es un tiempo en el que vamos bien acompañados. No estamos solos, vamos acompañados y vamos guiados por tres personas que son el profeta Isaías, Juan el Bautista y la Santísima Virgen María. Esos tres son nuestros guías, son nuestros compañeros. Isaías aparece continuamente en los textos, especialmente en la primera lectura. Juan el Bautista ya apareció en el Evangelio de hoy y va a aparecer con más frecuencia en los próximos días. Y, por supuesto, se trata de llegar a la celebración del nacimiento de Cristo. Y nadie nos puede enseñar mejor cómo esperar a Cristo que aquella que lo esperó durante 9 meses la Santísima Virgen María. Así que esos son nuestros guías.

Hoy estamos con Juan el Bautista. Juan el Bautista es una figura extraña. Es una figura exótica. Puede parecer simplemente una persona excéntrica. Fíjate la manera como se viste. Mira el lugar donde vive. Mira de lo que se alimenta. ¿Hay algún significado en esa manera de alimentarse, en esa manera de vestirse y de vivir? Por supuesto que sí. Observemos que Juan el Bautista es una persona que está viviendo en el desierto y del desierto. Pero es que resulta que cuando Dios sacó al pueblo de Egipto, a donde lo llevó al desierto, y en el desierto y del desierto lo sostuvo. O sea que podemos decir que Juan el Bautista es un éxodo vivo. Él es como una especie de memoria del Éxodo, una memoria del poder liberador de Dios y una memoria sobre todo de que Dios es capaz de sostener en las circunstancias más adversas, en las más difíciles.

Los vestidos que utiliza Juan, eso de utilizar cinturón de cuero y una piel de camello, ¿Qué están indicando? Están indicando que él vive del desierto. No le toma nada prestado a nadie. Podemos decir que la manera exótica, aparentemente exótica de vivir de Juan el Bautista en el fondo es un grito de independencia. Nada le debo a los poderes de este mundo. Es que la época en la que vivió Juan la gente estaba vendida a los distintos poderes. Por ejemplo, los sumos sacerdotes de aquella época, la secta de los saduceos. Ellos estaban vendidos al poder de Herodes y al poder de Poncio Pilato. El único temor que tenían aquellos sumos sacerdotes era romper sus pactos, sus acuerdos con Poncio Pilato y con Herodes.

Lo mismo puede decirse de otros sectores de la población. Jesús dice en alguna oportunidad a los fariseos, -Ustedes qué van a buscar la gloria de Dios, si están buscando gloria unos de otros-, es decir, si son esclavos de la opinión y del qué dirán unos de otros, ellos dependen de esa opinión pública, dependen de ese prestigio, dependen de ese qué dirán. No son libres. Entonces, ¿Qué significa el modo de vida de Juan? Significa libertad. Significa yo no vendo mi conciencia, yo no le debo nada a Herodes. Yo no le debo nada a Pilatos. Yo no le debo nada a los sectores de poder que hay en este momento en mi tierra.

¿Y por qué es importante esa independencia de Juan? Porque si su modo de vida es independiente, su palabra es independiente y su palabra es independiente para recordar los derechos de Dios, para recordar que Dios merece ser amado con todo nuestro ser. Para recordar que el hombre solo puede alcanzar su plenitud y su realización si se deja guiar, si se deja iluminar por ese plan de Dios. Si es verdad, si tomamos en serio que somos imagen y semejanza de Dios. Es locura apartarse de Dios, darle la espalda a Dios es locura. Para eso está Juan. ¿Y por qué está en el desierto? Por el Éxodo, pero está en el desierto también porque está a orillas del río Jordán. ¿Qué tiene que ver el río Jordán?

Tiene que ver porque cuando los israelitas entraron en la tierra prometida, entraron a través del Jordán. Acuérdate que al salir de Egipto hubo un milagro que fue el dividirse de las aguas en el Mar Rojo. Pero cuando entraron en la Tierra prometida hubo otra división de agua, se dividieron las aguas del río Jordán y entraron los israelitas en la tierra prometida. Entonces Juan Bautista, a orillas del Jordán, le está recordando al pueblo el pacto que renovó a orillas del Jordán. Lo que está diciendo Juan al pueblo es Nosotros le prometimos a Dios que íbamos a ser fieles y no hemos sido fieles. Y ese es el primer sentido que tiene el bautismo de Juan, que muy probablemente era bautismo de inmersión.

Cuando los israelitas entraron en la tierra prometida, no se sumergieron, obviamente, porque las aguas se dividieron, pasaron por el lecho seco del río. ¿Qué significa bautizarse? Bautizarse significa, -Muerte es lo que yo merezco. Yo no he cumplido la alianza con Dios-. Pero, por supuesto, no es un suicidio. El recibir esas aguas, el sumergirse en esas aguas es reconocer la condición de pecado. Pero el salir de esas aguas es reconocer: Para mí hay una esperanza, para mí hay una vida. Dios es más grande, Dios es más fuerte, Dios es más potente, Dios puede hacer algo con mi vida. Este es el mensaje vigoroso que nos trae Juan Bautista un mensaje de independencia, independencia de los poderes de este mundo, un mensaje de dependencia, dependencia de Dios y un mensaje, un mensaje de renovación por el reconocimiento de los propios pecados.

Esas tres actitudes que nos enseña Juan el Bautista son tres claves importantes para el Adviento: No dejarnos llevar por los ídolos de este mundo, reconocer que somos del Señor y que en Él está nuestra plenitud. Y en tercer lugar, darnos cuenta que necesitamos renovar nuestra vida. ¿Qué va a cambiar en ti con este Adviento? Esa pregunta que quede flotando en el ambiente y que abra un camino para la celebración de la Navidad.

Amén.

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