Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Adviento es tiempo de alegría y temor; de alegría por la espera del Señor porque en Él está todo bien y temor que nos lleva a la conversión al reconocer que no todo en nuestras vidas está bien.

Homilía ba01011a, predicada en 20231203, con 7 min. y 50 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Y no solamente feliz domingo. ¡Feliz Año Nuevo Litúrgico! Con este domingo estamos iniciando el año litúrgico que de acuerdo con nuestra fe, empieza con el Adviento. Después vendrá el tiempo de Navidad. Se complementan. El Adviento es como la espera y la Navidad es la celebración por la llegada. Hay otros dos tiempos litúrgicos que también se complementan la Cuaresma, que nos lleva por un camino de arrepentimiento y de sinceridad ante nuestra condición de pecadores. Y luego la Pascua, que es tiempo también de celebración por el perdón, por la gracia, por el amor que nos reconstruye y nos levanta. Así que esa es como una estructura que tenemos en la liturgia, en la Iglesia Católica. Adviento y Navidad. Cuaresma y Pascua.

Bueno, y ¿Qué nos trae el Adviento? Pues ya hemos mencionado la palabra espera. Pero yo creo que las lecturas de hoy nos invitan a hacer una reflexión interesantísima. Tiene que ver con la venida de Cristo. Pero el comienzo del Adviento no alude directamente o inmediatamente al nacimiento de Cristo, que es algo que queda en el pasado, sino que alude a la próxima venida de Cristo, que es algo que está en el futuro. Es decir, que el primer sentido del Adviento es ponernos a mirar hacia el futuro y recordar que la obra del Señor todavía está por completarse, en el sentido de que la plenitud que nosotros aguardamos todavía no ha llegado. Y en ese sentido no somos un pueblo que se limita a agradecer lo que ya sucedió, sino que somos un pueblo que se prepara para recibir lo que todavía no ha sucedido.

Por eso nuestra espera no es una espera puramente simbólica, no es una espera, llamémosla así, en términos de un recuerdo, sino que es una espera real, porque estamos esperando que este mundo sea renovado completamente con la victoria final de Cristo. Es lo que solemos llamar la segunda Venida de Cristo. Y aunque estoy seguro que muchos católicos viven un poco al margen de esta esperanza y eso es lamentable, pues precisamente para eso está esta primera parte del Adviento, para que recordemos que sí estamos esperando para que recordemos que sí es parte de nuestra fe ese retorno del Señor. La siguiente pregunta es Bueno, ¿Qué es lo que esperamos? Ya sabemos el retorno del Señor, pero la pregunta es ¿Cómo lo esperamos?

Y las lecturas de hoy son bien interesantes, porque la segunda lectura tomada de la carta de San Pablo a los Corintios nos habla del deseo de recibir a Cristo. Mientras que el Evangelio hasta cierto punto nos presenta esa llegada del Señor como un ladrón que no sabes cuándo va a aparecer. Y entonces uno dice bueno, tal vez el Evangelio casi que nos está poniendo en una sintonía más bien del sano y santo temor de Dios. Entonces, al fin, ¿Cómo es? Nosotros ¿Deseamos o tememos el retorno de Cristo? Y ese podría ser el título de esta reflexión. ¿Deseamos o tememos el triunfo de Cristo, el retorno de Cristo, la venida de Cristo? Recuerdo que en uno de sus escritos dice San Agustín: ¿Qué clase de amor le tenemos a Cristo; si tenemos temor, si tenemos miedo de que Él vuelva?

Y si en cierto sentido no tenemos mucha prisa con que Él vuelva ¿Ahí, qué está pasando con nosotros? Así que yo creo que es algo bien interesante hacernos esa pregunta. Y la vamos a dejar abierta. Solo vamos a recordar que en cierto sentido es sano el deseo. Por supuesto que sí. Y en cierto sentido es sano también el temor. ¿Por qué? Es sano el deseo porque en Cristo nosotros encontramos una plenitud, nosotros tenemos todo lo que la Sagrada Escritura nos promete, está en la persona de Cristo. No hay ningún bien, ningún bien verdadero, que esté desconectado de Jesucristo, y por eso, pues es natural que tengamos deseo de la venida de Cristo y una especie de alegría anticipada, porque Él viene. Pero luego viene el otro punto ¿Por qué también es sano el temor? Porque este tiempo de Adviento también tiene que servir para revisarnos. Un tiempo para que nosotros nos preguntemos ¿Cómo estoy yo frente a la venida del Señor?

Y si nos cuesta mucho trabajo imaginar el retorno de Cristo en términos de, pues el final de la historia y todo lo que implica la consumación del plan de salvación. Qué bueno que nos hagamos esta pregunta en términos completamente personales. Qué bueno que yo me pregunte. Y tú también, ¿Yo estoy preparado? Porque no se nos olvide que ese encuentro de Cristo sucederá para el mundo entero al final de la historia. Pero antes de que llegue ese final de la historia para el mundo, es muy probable que llegue el final de la historia para mí. Y cuando llegue el final de la historia para mí, entonces yo tengo que preguntarme ahí qué va a pasar.

¿Estoy preparado para encontrarme con el Señor? ¿Cómo me he preparado para encontrarme con el Señor? ¿Estoy listo? O como decía otra parábola, ¿Tengo ya el vestido de fiesta? ¿Tengo ya mi vestido de fiesta para encontrarme con el Señor? Así que este tiempo de Adviento tiene esa sana combinación entre la alegría, porque en Cristo está todo bien y la sinceridad de reconocer que no todo en nuestras vidas está bien y que por consiguiente, el Adviento también nos llama a conversión, nos llama a reformarnos.

Esta es la razón por la que el color litúrgico propio del Adviento es el color que la Iglesia utiliza en la penitencia, es decir, el color morado, ese color morado propio de la penitencia, lo tenemos en Cuaresma y lo tenemos también en Adviento. Y en ambos casos, de lo que se trata es de ese espíritu de reforma. Hay cosas que tienen que cambiar en mi vida alegría y santo temor de Dios. Gozo porque el Señor viene y humildad y espíritu de conversión. Las mejores actitudes para empezar el Adviento y para empezar el nuevo año litúrgico.

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