Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Preparémonos para vivir este Adviento en clave de amor, súplica y humildad para decirle siempre al Señor: “Tú me haces falta”.

Homilía ba01009a, predicada en 20171203, con 4 min. y 9 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

En este domingo estamos empezando el nuevo año litúrgico. Nuestra Iglesia Católica celebra a nuestro Señor Jesucristo durante todo el año. Pero hay que dar un comienzo, y ese comienzo es precisamente el tiempo de Adviento que estamos iniciando el día de hoy. En lo personal, el Adviento es uno de mis tiempos litúrgicos favoritos porque apunta a una realidad muy profunda de nuestro corazón. La insatisfacción. Se nota en particular en la primera lectura de este domingo tomada del capítulo número 63 de Isaías. Cuando nosotros hablamos de esa necesidad de Dios, estamos diciendo que ninguna otra realidad, ninguna idea, ninguna persona, ninguna criatura, ningún placer; nada de este mundo nos va a llenar.

Esa es la grandeza de la insatisfacción. Y eso es lo propio del Adviento. Cuando empezamos a experimentar esa insatisfacción de verdad, tendríamos que darle muchas gracias a Dios. Eso quiere decir aquella frase que tantas veces hemos repetido de San Agustín: "Nos hiciste Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto. . . " -Podríamos decir está insatisfecho- " . . .hasta que descanse en ti". O sea que el tiempo de Adviento es el tiempo en el que la Iglesia dice canta, gime. Con estas palabras: -Me haces falta-. Es de las expresiones más bonitas que se dicen las personas que se aman cuando tienen que estar separadas. Si él está en un lugar y ella está en otro sitio, poder decirse esas palabras: Tú me haces falta, significa mucho.

Significa que te amo. Significa que te prefiero. Significa que quiero ser fiel a ti. Y significa que lo que tú eres en mi vida, nadie más puede serlo. Pues el Adviento es precisamente aquella época del año, del año litúrgico, época en la que la Iglesia entera mira hacia Jesucristo, lo descubre en la gloria del cielo, se ve a sí misma todavía peregrina en la tierra. Y entonces le dice con tono enamorado, profundo y humilde, -Tú me haces falta. Necesito de ti-. Esa certeza de que necesitamos de Dios quiere decir que no nos bastamos a nosotros mismos.

Quiere decir que ningún ejercicio mental, ningún ejercicio cerebral, ninguna terapia que nosotros hagamos, ningún esfuerzo de auto redención, puede lograr en mí lo que solo Él puede lograr. Y permíteme que vuelva sobre la imagen de las personas enamoradas, porque es lo mismo. Realmente eso es lo que canta la Iglesia cuando aquella chica le dice a ese muchacho: Me haces falta. Lo que está diciendo es, -Nada podrá llenar lo que solo tú puedes darme-. Eso es lo que tenemos que aprender a decirle al Señor durante el tiempo del Adviento: "Tú me haces falta en todas las áreas de mi vida.

Me haces falta en el área emocional, me haces falta en mi familia, me haces falta en la organización de la sociedad, me haces falta en la justicia que echamos de menos. Me haces falta en la profundidad de la búsqueda de belleza y de felicidad que tú mismo, Señor, pusiste en nuestro corazón". Así que preparémonos para vivir este Adviento en clave de amor, en clave de súplica, en clave de humildad, para decirle siempre al Señor: Tú, tú me haces falta.

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