Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Iglesia vive más de un adviento porque necesita a Cristo en su ser y obrar, y porque sólo de Él espera recuperar la unidad perdida.

Homilía ba01008a, predicada en 20141130, con 44 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, hoy es 30 de noviembre del año 2014. Para los amigos de la mansión, el 30 de noviembre es una fecha muy querida y para mí también por varias razones, así que quisiera empezar recordando el significado de este día. Hay un amigo que está cumpliendo años el día de hoy. ¿Ustedes saben quién es? Amén. No es el único que cumple años el 30 de noviembre. Me han comentado que hay una amiga del Paraguay que también está cumpliendo años el día de hoy. Si es verdad que está cumpliendo años, levántese un momento para que sepan que sí existe. Bueno, y seguramente otras personas están cumpliendo años también este día. La hermana Regina, ¿Dónde está la hermana Regina? Miren el diácono que acaba de leer el Evangelio, está cumpliendo años. Regina, la hija de Cookie.

Yo quiero contarles que el día viernes 30 de noviembre del año 1984, Jesucristo, el Señor y nuestro buen amigo, nosotros lo llamamos nuestro Padre Santo Domingo. Me dieron un regalo a mí, el Señor. Después de una reunión en un grupo de oración de la Renovación Carismática, me dio y confirmó mi vocación como sacerdote dominico el día 30 de noviembre de 1984. O sea que estoy cumpliendo hoy también yo años, años de vocación dominicana, porque eso fue exactamente en esa fecha, el 30 de noviembre, de manera ordinaria, la Iglesia celebra a un gran apóstol, San Andrés. Andrés era el hermano de San Andrés y ya iban a aplaudir al padre Andrés. Mire cómo lo quieren.

San Andrés. Es el Apóstol, hermano del apóstol Pedro. Andrés. El apóstol es uno de los más famosos promotores vocacionales de toda la historia. Porque Andrés conoció primero a Cristo y gracias a Andrés, Pedro fue llamado. O sea que Andrés fue el promotor vocacional de San Pedro. Eso es bastante decir. Yo le hice la promoción vocacional al primer Papa, ese San Andrés, el Apóstol y su fiesta de manera ordinaria. Es el día 30 de noviembre. Hoy no se menciona a Andrés en las lecturas ni tampoco en las oraciones de la misa, porque según la sabiduría de nuestra Madre, la Iglesia tiene prelación el domingo primero de Adviento, que es lo que propiamente tenemos el día de hoy.

Pero hay algo muy importante con que sea 30 de noviembre y fiesta de San Andrés. Para contarles qué es lo importante. Les voy a pedir si tenemos en esta Asamblea un niño que tenga exactamente 9 años de edad cumplidos en este momento, un solo niño y una sola niña. Pero tiene que tener exactamente 9 años y ya le voy a contar por qué 9 años un niño que tenga exactamente. Aquí hay una niña que tiene 9 años. Siga para aquí y ahora solo necesitamos un varoncito que tenga exactamente 9 años y ya les voy a contar. Venga, dele paso al niño para que venga para acá. Salieron varios niños con 9 años, varios niños con 9 años. Miren, les voy a contar una cosa.

Resulta que con motivo de la fiesta de San Andrés, con motivo del 30 de noviembre, el Papa Francisco ha viajado a un país donde hay muy poquitos católicos. Ese país se llama Turquía. Desde el punto de vista de la fe cristiana en Turquía, la mayor parte de los creyentes de los cristianos pertenecen a lo que se llama la rama ortodoxa, y su autoridad máxima es el patriarca de Constantinopla. Pero la Constantinopla de la antigüedad ahora queda en Turquía. Corresponde a la actual ciudad de Estambul y el patriarca de Constantinopla es el representante, podríamos decir, la cabeza visible de todos estos cristianos de Oriente. ¿Qué tiene que ver eso con San Andrés? Tiene que ver muchísimo, porque la antigua tradición dice que la comunidad cristiana de Constantinopla fue fundada precisamente por el apóstol Andrés. Por eso es tan importante San Andrés en Constantinopla, en Estambul, del día de hoy.

Pero en el año 1054 sucedió una tragedia. Una tragedia que tiene que dolernos más que cualquier enfermedad física, que cualquier plaga, que cualquier desaire, que cualquier humillación. En el año 1054 se produjo una división entre los cristianos. Nosotros, los de Occidente, que tenemos como cabeza visible al Papa, es decir, el obispo de Roma y los cristianos de Oriente que tienen como autoridad máxima al Patriarca de Estambul, o sea, el Patriarca de Constantinopla. Esa división fue espantosa. Fue dolorosa porque las cosas llegaron a un punto tan trágico que el Papa, el obispo de Roma, excomulgó al Patriarca de Constantinopla y el Patriarca de Constantinopla excomulgó al Papa. Es una de las horas más tristes, más tristes de toda la historia del cristianismo. Año 1054. Este servidor de ustedes tiene 49 años de edad y por eso he querido que vengan estos niños que tienen 9 años. Entonces ahora ustedes niños, se van a mover aquí un poquito. Usted pásese para acá, por favor despierte y pásese para acá.

Y ustedes tres se quedan ahí, pero mirándo hacia mí. Porque les voy a hablar a ustedes. Ustedes ahora tienen 9 años de edad. Dentro de 40 años, ustedes tres, si Dios permite, van a tener la edad que yo tengo. Y eso significa que ustedes, con el favor de Dios, van a estar vivos. Yo tendría, si sigo viviendo, tendría 89 en ese momento. No se sabe si yo llegue por allá, quizás sí con la bondad de Dios, pero ustedes van a tener la edad que yo tengo ahora y va a ser el año 2054. Y la razón por la que el Papa Francisco viajó a Turquía cuando ustedes tienen 9 años de edad es porque el Papa Francisco, lo mismo que el Papa Benedicto, lo mismo que el Papa Juan Pablo II, lo mismo que el Papa Juan Pablo primero y lo mismo que un gran santo de la Iglesia, que es el Papa Pablo VI, que fue beatificado este año, El Papa Francisco, en continuidad con todos estos Papas, está luchando para que se sane esa herida, para que se acabe esa división espantosa entre los cristianos de Oriente y los cristianos de Occidente.

Ya el Papa Pablo VI dio el paso más grande y el más difícil. El Papa Pablo VI levantó la excomunión que pesaba sobre el Patriarcado de Constantinopla y el Patriarca de Constantinopla, ya en esa época, hace muchos años, levantó la excomunión que pesaba sobre el obispo de Roma. Ya se levantaron las excomuniones, pero sigue la división. Eso quiere decir que ustedes, amados hermanos, ustedes, les pido que encomienden los próximos 40 años de su vida, para que cuando llegue el año 2054 se haya sanado esa herida. Hoy hemos hablado de sanación y todo el mundo piensa en la sanación de su propio cuerpo. Lo entiendo perfectamente. Yo tenía esta fractura, yo tenía esta herida. Yo tenía este tumor. ¡Aleluya! Dios es grande. Dios sana.

Pero el Dios que sana las heridas de nuestros cuerpos. Necesitamos que sane la herida del cuerpo de la Iglesia, porque estamos divididos. Y eso no puede seguir así. De aquí. De aquí a que estos niños tengan la edad que yo tengo. Necesitamos trabajar todos, todos con la oración, con la penitencia, con la evangelización, con el amor, para que cuando tú tengas hermanito, la edad que yo tengo se haya sanado esa herida. No podemos completar, por el amor de Dios, no podemos completar mil años divididos. Es demasiado escándalo. Tenemos que orar con todas nuestras fuerzas para que cuando ustedes tengan la edad que yo tengo, se haya acabado la división y podamos decir el mismo Cristo que sana tumores, el mismo Cristo que sana enfermedades, el mismo Cristo que devuelve la salud a los cuerpos de cada uno de nosotros. Ese Cristo le va a devolver la salud al cuerpo de su amada, la Iglesia. ¿Amen?

Amen. No se puede dejar pasar el 30 de noviembre. Y yo espero que estos tres niños que pasaron aquí y los demás y todos los que tengan 9 años. ¡Pero qué digo yo!, todos nosotros estemos atentos. Si hay una cosa por la que yo le pido al Señor que me permita llegar a los 89 años de edad, es porque yo quiero ver el momento en el que puedan participar en una misma Eucaristía el Obispo de Roma, el Patriarca de Constantinopla y haya un solo rebaño con un solo pastor, pero para eso hay que orar mucho, para eso hay que pedirle mucho a Dios. Yo quiero estar vivo para eso. Y yo le he pedido cosas a Dios que en mi fe sencilla yo creo que me las ha cumplido. En el año 1984, en el mismo año en que Dios me regaló mi vocación dominicana, que no se la terminaré de pagar en toda la eternidad. En el año 1984 yo tuve un encuentro con la persona de Pablo VI.

Él ya había muerto por supuesto. Él murió en 1978, pero en el año 84 estuve en la ciudad de Roma y debajo, debajo del altar mayor de la Basílica de San Pedro. Hay una gran cantidad de sepulcros de los distintos papas, y yo era un muchacho indiferente en la fe. Fue la época tal vez más fría de mi vida antes de lo que les voy a contar. Y allá, en esa especie de sótano donde están sepulcros de tantos papas, pasé cerca de la tumba del Papa Pablo VI y una fuerza sobrenatural se adueñó de mí y me llevó a postrarme y a orar y a llorar. Y desde esa ocasión, y esto fue en algo así como julio de mil novecientos ochenta y cuatro, yo quedé convencido de la santidad de Pablo VI y empecé a pedirle a Dios, necesito que el mundo sepa que Pablo VI fue un santo y ustedes saben lo que ha pasado este año.

El 19 de octubre de 2014, el Papa Francisco declaró Beato, declaró Bienaventurado al Papa Pablo VI. O sea que Dios escucha también esa clase de oraciones. Y por eso, hermanos, por eso yo le estoy pidiendo a Dios. Yo pienso encomendar, yo pienso gastar los próximos 40 años de mi vida sin dejar de orar un solo día por esta intención. Tiene que haber sanación en la Iglesia. Repito, no es solamente sanación de la mente, no es solamente sanación de los matrimonios. Tenemos que orar todos y los que quieran, por favor únanse conmigo en esta campaña. Es un adviento de 40 años, son 40 años de oración desde aquí hasta el año 2054. Yo hago voto y propósito de orar todos los días de mi vida por la sanación de esa terrible llaga que separa a los cristianos de Oriente y de Occidente. Cada vez estamos más cerca.

Un momento emocionante en la visita del Papa Francisco a Turquía fue cuando este hombre, con gran humildad, porque él tiene esos gestos, el Papa Francisco le pidió la bendición al Patriarca de Constantinopla y el Papa, porque era la fiesta de San Andrés y estaba en la casa de él o en torno a la fiesta de San Andrés. Y Francisco se ha inclinado para pedir la oración del patriarca. El Patriarca le ha dado la bendición y ha besado la cabeza del obispo de Roma. Esos son gestos preciosos, hermanitos. ¡Nos estamos acercando! ¡Nos estamos acercando! Ustedes saben que una tentación que nos acecha a los carismáticos es que a veces nos quedamos sólos, como en nuestro mundo chiquito. Que el Señor cuide mi familia. Que el Señor cuide mi sobrina. Tengo un perrito enfermo. Que el Señor sane al perrito para que pueda comer y jugar como jugaba antes. Es bonito que tú quieras a tu perrito, es bonito que tú quieras a tu familia y por supuesto es natural, es sano. Es bonito que tú pidas la salud de tu alma, pero no se te olvide que tú eres hijo de la Iglesia.

No se te olvide que la Iglesia es la mamá que nos amamanta a todos, que nos cuida a todos. Si estamos aquí es porque hay una madre que es la Santa Iglesia y a ella hay que quererla y por ella hay que orar y tenemos que recoger oraciones y por eso y que Dios me lo conceda públicamente, hago voto y propósito de orar cada día de mi vida, desde hoy hasta que me muera o hasta que suceda. Tenemos que pedir por la plena comunión para que entendamos qué significa plena comunión. Significa que cuando el Papa celebra la misa. Algunas veces ha invitado al Patriarca de Constantinopla y él está ahí. Incluso puede recibir el cuerpo de Cristo, pero no concelebra. Y lo mismo el obispo de Roma cuando asiste a celebración de la Santa "Synaxis", que dicen los ortodoxos la celebración eucarística de ellos. El obispo de Roma está ahí, pero no concelebra.

El día que estallaremos en lágrimas de gozo será el día; ¡Que lo vean mis ojos! Jesús, que lo vean mis ojos. Te suplico que estos ojos míos puedan ver ese día, el día en el que salgan ambos revestidos para celebrar el único sacrificio de Jesús. Ese será el día grande. ¿Y qué tiene que ver? ¿Qué tiene que ver esto con el Adviento? Todo, Todo. ¿Qué es el Adviento, hermanos? Adviento significa llegada. Adviento significa que Cristo nos hace falta. Adviento significa no estoy satisfecho. Adviento significa lo mejor está por venir. El cristiano no es una persona encadenada al pasado. Del pasado aprendemos ejemplos que nos alientan, principios que nos sostienen, testimonios que nos dan fuerzas.

Pero encadenados al pasado ¡No!, el cristiano jamás tiene que ser una fotocopia del pasado. En nosotros, hermanos y a través de nosotros, el Espíritu Santo está haciendo y quiere hacer obras nuevas. El Adviento es un llamado de nuestra Madre, la Iglesia, para que no se nos olvide que hay que mirar hacia el futuro, porque mira el nombre que tiene Jesucristo en el capítulo primero del libro del Apocalipsis: "Yo soy el que era, el que es y el que viene". Y el Adviento es el tiempo litúrgico en que subrayamos especialmente esa última expresión: Jesús es el que era. Jesús es el que es. Jesús es también el que viene. Y viene con poder y viene para darle a cada uno recompensa o castigo según sus obras. Viene Jesucristo a desenmascarar las obras de las tinieblas, viene Jesucristo a dar su paga a aquellos que han sido fieles, viene Jesucristo como escuchábamos en las lecturas recientes del libro del Apocalipsis, viene Jesucristo a darle abrazo y señal insignia de victoria a todos aquellos que en medio de la batalla no se le arrodillaron a la bestia.

Y por eso el cristiano tiene que ser uno que no se le arrodilla a la bestia y arrodillarse a la bestia es caer en las seducciones del demonio del mundo o de la carne. Por supuesto que la bestia alude principalmente al demonio, pero también sabemos que el demonio es astuto y no siempre se presenta directamente. El demonio tiene conciencia de lo asqueroso que es, tiene conciencia de la fealdad y la repugnancia de su rostro. Y por eso el demonio pocas veces interviene directamente, porque sabe que la terrible repugnancia de su presencia, el espantoso hedor de su presencia, no produciría otra cosa sino una huida hacia los regazos de Cristo y de María.

Por eso el demonio pocas, muy pocas veces, actúa directamente. Él prefiere seducirnos a través de la miel de la carne. Él prefiere seducirnos a través del poder dogmático, la mentira del mundo que pretende que todos nosotros obedezcamos las consignas de cada época. De manera que repitamos como loros estúpidos, -Ya está permitido el aborto; pues vamos a abortar. Ya permitieron el matrimonio gay. Ah, entonces da lo mismo ser homosexual que heterosexual. Todo el mundo es corrupto. Ah, yo me voy a corromper también-. Eso es lo que quiere el mundo, Adoctrinarnos. Pero el cristiano es el que no se arrodilla delante de la bestia ni delante de sus mensajeros. El cristiano permanece firme, permanece firme, y aquellos, aquellos que permanezcan firmes, sin arrodillarse ante la bestia, esos, serán despreciados por los poderes de este mundo. Serán vistos como locos y como tontos. Jesús lo profetizó.

Jesús dijo: "Los van a expulsar de las sinagogas. Hasta en su propia familia van a encontrar enemigos". Y eso se cumple. Jesús dijo Llegará el día en que habrá gente que buscará matarlos a ustedes y creerán que eso le da la gloria a Dios. Llegará ese día. Así lo profetizó Cristo. Cristo no profetizó una especie de paseo triunfal. Cristo no dijo que la vida cristiana iba a ser un paseo triunfal. Solo rosas y pétalos. Solo perfume y aplausos. Eso no dijo Jesús. Hay momentos como el Domingo de Ramos. Hay momentos en que la gente derrama su afecto y su cariño sobre nosotros. Yo personalmente tengo que dar testimonio. He recibido muchísimo, muchísimo amor que yo no merezco. Lo he recibido estos días aquí. Ustedes han sido especialmente afectuosos, empezando por mis hermanos de comunidad, aquí en el convento de La Mansión.

Ha habido mucho cariño, pero no todos los días van a ser así. Este pecho que les habla, que está sujeto a todos los pecados, incluyendo la vanidad, la cobardía, la traición, la incoherencia. Este miserable, este pecador que les habla, tiene que estar preparado, porque el encuentro de La Mansión dura una semana y el año tiene 52 semanas, así que hay 51 semanas para que el mundo ataque y persiga, arrincone y pretenda asustarnos. Pero nosotros tenemos que salir de esta casa de oración. Nosotros tenemos que salir de esta casa de predicación. Tenemos que salir con una certeza y esa certeza es, el que vive y el que reina aquí, vive y reina allá donde yo estoy, en mi trabajo, en mi obra, es el fin. Y por consiguiente, no me voy a arrodillar delante de la bestia. No me voy a arrodillar.

No le daré tributo a lo que el mundo considera bueno, aunque es malo. No, no, no cuenten con mi rodilla delante de la bestia. No cuenten con mi rodilla. ¡Mis rodillas están reservadas para el que vive! ¡Para el que reina, para Jesús! Para Él son. Esta es la época. Esta es la época de la rebeldía. ¡Benditos los rebeldes! Como consta en una foto histórica de la época de la época del terrible dictador Adolfo Hitler. Ustedes saben que Adolfo Hitler adoctrinó a su gente allá en Alemania para que levantaran la mano derecha en este ángulo. Y ese era el saludo que tenían que dar ellos. Y hay fotos donde miles, sí no, decenas de miles de personas, levantan su mano derecha y dicen el saludo tradicional ¡Heil Hitler! Esa era la manera como ellos saludaban a ese monstruo espantoso que no tuvo problema en atacar con genuino odio al pueblo judío, lo mismo que al pueblo polaco, lo mismo que al pueblo ruso, al cual despreciaba como si fuera basura. Pero hay una foto histórica, una foto que se ha difundido bastante en Internet, una foto en la que aparece una gran cantidad de gente en una de esas paradas militares que le encantaban a Hitler, porque su ego nunca se saciaba de aplausos y de honores reunidos frente a Adolfo Hitler. Decenas y decenas de miles de personas y todos obedientes, todos levantan su mano para saludar y decir tradicionalmente ¡Heil Hitler!

Pero hay una foto que es histórica. Tú puedes ver cómo hay centenares y centenares que levantan su mano y hay un rebelde. Hay un hombre con sus manos abajo. Lo llevaron, seguramente obligado a esa parada militar, a ese desfile obligado. Estuvo ahí. -Pero mi mano para saludar a ese monstruo. No cuenten con mi mano-. Y tú puedes ver a toda la gente con su mano levantada saludando solemnemente a Hitler. Pero hubo un rebelde. Y ese rebelde dejó su mano pegada. ¡Yo no! A ese Yo no lo saludo. Ese no es mi líder. Ese no es mi guía. Eso es lo que necesitamos hoy. Cuando muchísima gente levanta su mano para saludar a los nuevos Hitler, a los que pretenden imponer en nuestra época los nuevos holocaustos.

¿Qué nombre le vamos a dar, por ejemplo, a los que aprueban el aborto? Si pudiéramos, ¡Oh espectáculo triste! Si recogiéramos la sangre de los fetos que han sido abortados en las últimas veinticuatro horas. Si tenemos que hablar de cerca de cien mil abortos solo en España, solo en España. Si tenemos que hablar de entre doscientos y trescientos mil abortos al año en Inglaterra. Si pudiéramos ver el río pavoroso de sangre delante de nosotros, entenderíamos que los que apoyan ese tipo de prácticas son los nuevos Hitler. Y te digo una cosa, muchos tontos y muchas tontas siguen diciendo tonterías. Es lo que se espera de un tonto ¿No? "Pero si es violación, yo estoy de acuerdo". Y dice uno: -Mujer, que no sé si llamarla mujer o pedazo de monstruo. . . Quién violó a esa muchacha, no fue el bebé. ¿Por qué va a matar al bebé? El bebé no fue el que violó. Si tiene que matar a alguien que la Iglesia no está de acuerdo con la pena de muerte. Si tiene que matar a alguien, mate al violador. No mate al bebé. No mate al bebé.

Pero la gente. Estoy temblando para no decir gente estúpida. Levanta su mano y dice, sí al aborto. Sí, Sí. Nosotros somos los que aprobamos las leyes que despedazan la familia. Ustedes con los políticos que eligen. Y con no exigirle cuentas a los políticos que eligen. Ustedes son los que están levantando su mano para decir que se mueran esos fetos. Ustedes. Por eso yo necesito rebeldes. Y por eso el tiempo del Adviento es el tiempo para decir con verdadera convicción. No doblaré mi rodilla ante la bestia. Por favor. Las personas que tengan 23 años o menos, pónganse de pie. Personas, hombres o mujeres. Con 23 años o menos. De pie. Quiero verlos. No tengan miedo. No les va a pasar nada. Simplemente quiero comprometerles. Personas con 23 años o menos. Mire, tenemos ahí unos acólitos. Casi que no se paran. Están asustados. Les asusta comprometerse a fondo con Cristo, espero que no.

Ahí está la gente joven. La gente que tiene 23 años o menos. Sociológicamente hablando, ustedes constituyen el futuro inmediato, la fuerza económica, laboral y política más relevante en los próximos 20 años en Bolivia o en sus países. Ustedes, ustedes. Ahora yo les hago una pregunta ¿Sus rodillas serán para la bestia? Esa es la pregunta que les tengo. ¿Ustedes se van a dejar adoctrinar? Ustedes van a levantar su mano para decirle a los líderes empalagosos, a los líderes falsos de nuestra época, para decirles Ustedes van a saludar y aprobar a esos líderes sus rodillas, hermanos, sus rodillas, hermanitas, ¿Sus rodillas serán para la bestia o serán para Cristo?

Yo quiero escuchar a los que tienen 20 años o menos que yo esperaba que hubiera más gente o que fueran menos tímidos, pero ya que son pocos les toca gritar, porque la pregunta se la hago a ustedes, no se la estoy haciendo a los niños que todavía no han recibido su hora, ni se la estoy diciendo a los adultos, a la gente grande, quizá mayor, como puede ser el padre Andrés, o como puedo ser yo. Les pregunto. Generación nueva, generación nueva. Les pregunto a ustedes, ¿Sus rodillas y sus corazones son para Cristo o son para la bestia? ¿Para quien son? -Para Cristo- No se apoye en el micrófono. No me hagan trampa. Esto es al grito. Esto tiene que oírse al grito. ¡Apártese del micrófono! No me haga trampa, que parece que hubiera más gente. Pero estamos felices de que estés aquí, muchacho. Yo les voy a preguntar si es para Cristo o es para la bestia. Y ustedes tienen que responder y tienen que responder para quién.

Para Cristo, tienen que decir, o para la bestia, tienen que decir. Pero lo que ustedes digan hoy, cúmplanlo para que se sepa, para que se sepa si contamos con ustedes, amigos y amigas: La nueva generación. Futuro de Santa Cruz, Futuro de Bolivia, Futuro de Tarija, Futuro de Cochabamba, Futuro de Chile, Futuro de Perú, Futuro de Ecuador, Futuro de Argentina, Futuro de Paraguay. Yo les pregunto a ustedes ¿Sus rodillas y sus corazones son para Cristo? ¿Son para la bestia Anticristo? Eso significa que se van a burlar de ustedes, que los van a considerar tontos. Habrá gente que los va a tener como enemigos porque ustedes no apoyan la destrucción de la familia. Llevamos una semana meditando sobre Jesucristo como verdadero y único alimento genuino para la familia.

Por última vez les pregunto, gente de 23 años o menos son el futuro inmediato de nuestros países. Sus corazones. Hermanos, ¿Podemos contar con que sus corazones son para Cristo o serán para la bestia? -Para Cristo- Amén. Pueden sentarse. Queridos hermanos, el hecho de que nosotros reconozcamos que estamos en combate espiritual no debe llevarnos a la agresividad contra las personas humanas. Tú tienes una convicción. Tú eres defensor de la vida humana. Tú eres defensor de la pareja, eres defensor de la familia, eres defensor de la libertad religiosa, eres defensor de la gloria de Cristo. Eso no te autoriza para ser violento, para ser malo o para hacerle daño, o para despreciar o burlarte de ningún ser humano. Nosotros estamos llamando a un combate espiritual. No estamos llamando un combate contra seres humanos.

Al contrario, si en tu círculo de amigas te encuentras una persona. Que tú te das cuenta que está de acuerdo con el aborto, por ejemplo, tu trabajo no es despreciar a esa persona, no es lastimarla, no es humillarla, no es hacerle daño. Tu trabajo es hacerle bien a esa persona. Tu trabajo es ser presencia de Cristo para esa persona. Tu trabajo, la obra que Dios quiere de ti, es que tú conquistas ese corazón. La guerra nuestra no es una guerra de insultos, ni es una guerra de hacer daño, nos dice la palabra de Dios: Respondan con una bendición. Eso es lo que nos toca. Yo no estoy llamando aquí al odio hacia ninguna clase social o hacia ningún grupo en la sociedad.

Las personas que están confundidas en su identidad sexual, las personas que atacan la solidez de la familia, las personas que critican o que quieren asfixiar la libertad religiosa, no deben recibir de nosotros como pago la misma moneda. Mira lo que nos dice el Evangelio de hoy, primer domingo de Adviento, ciclo B, dice Jesús: "Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa. . . " -su casa es la Iglesia, al cuidado de sus servidores. Los servidores somos nosotros -. " . . .Asigna a cada uno su tarea y recomienda al portero que permanezca en vela". -Asigna a cada uno su tarea-. Me gustó mucho cuando el Padre Pastor nos decía en el momento de la alabanza ninguna boca puede permanecer cerrada. Todos tenemos un motivo para alabar.

Lo mismo hay que decir aquí, nadie está sin tarea. Si estás en la universidad, tu tarea es conquistar corazones jóvenes para Jesús, no dejarte convencer, pero si convencer a otros. Si estás en una empresa donde hay odio, donde hay intriga, donde hay envidia, tu trabajo no es atacar con la misma moneda, tu trabajo es ser presencia de Cristo, ser un corazón que escucha, que intercede y que logra arrebatar esos corazones de las fauces del enemigo. San Pablo dice en Colosenses capítulo 1: "Dios nos ha sacado del dominio de las tinieblas", nos ha arrancado del dominio de las tinieblas. Esa es tu tarea. Y Jesús dice en el Evangelio de hoy -Asigna a cada uno su tarea-. No te vayas de este Pahuichi. No te vayas de este encuentro sin tener claro que te vas de aquí con una tarea. Y tu tarea es conquistar corazones para Jesús, para que ellos también sepan de amor, también sepan de alabanza para que dejen los ídolos, los ídolos falsos del placer y del poder y del tener, y se vuelvan al Dios verdadero. Esa es tu tarea, -Asigna a cada una su tarea- A mí me parece que esta frase, "Asigna a cada uno su tarea". Se refiere muy particularmente a los laicos.

Porque yo pienso que la parte de nosotros, los sacerdotes, es lo que dice al final: "Recomienda al portero que permanezca en vela". Dios le dijo al profeta Ezequiel te he puesto como vigía, te he puesto como centinela. Y esa labor vale especialísimamente para nosotros diáconos, sacerdotes, obispos. Nosotros tenemos que hacer oficio de porteros. ¿Por qué? Porque el portero es el que vigila qué es lo que entra a la casa de Dios y qué es lo que sale de la casa de Dios. Y esa es labor muy propia del sacerdote, que tiene que vigilar qué es lo que entra a la casa de Dios. Por ejemplo, queridos hermanos, que son párrocos, ustedes han de vigilar que no entren herejías a la casa de Dios, porque hay muchas herejías que quieren meterse en la Iglesia.

Pero el sacerdote tiene que estar despierto como vigía y como centinela, y no permitir que entren herejías en la casa de Dios, es decir, doctrinas falsas. Hace tiempo que el demonio pretende meter ciertas herejías eliminando los milagros, negando la existencia del demonio, convirtiendo la Eucaristía solo en un símbolo, repitiendo ciertos temas como la ordenación sacerdotal de mujeres. El demonio desde hace tiempo está tratando de meter esos misiles. La comunión a los divorciados vueltos a casar. El demonio está en guerra tratando de meter ese caballo de Troya. Está tratando de meter ese engendro en la Iglesia. El sacerdote. El diácono tiene que ser el portero. Mira lo que dice el Evangelio: "Recomienda al portero que permanezca en vela". No te puedes dormir, hermano Sacerdote. Has de permanecer despierto. ¿Qué es lo que entra a la casa de Dios?

La liturgia, la divina liturgia hay que cuidarla. Lo que entre lo que se vuelva costumbre en la liturgia verdaderamente es grato a Dios. Es según el corazón de la Iglesia. Sí o no? Hay que cuidar la liturgia. La celebración de los sacramentos. La celebración de los sacramentales. Hay que cuidar lo que entra a la casa de Dios. Pero además de cuidar lo que entra, hay que facilitar que entren otros qué no se han sentido cautivados por el Evangelio. El portero no es solo para que diga, ¡No! También es para que diga, -Los que están afuera vengan-. El portero, el sacerdote, el misionero. Tiene un llamado muy hermoso para invitar. Vengan, vengan.

Hay que atraer a los tristes. Hay que atraer a los que están en pecado. Hay que atraer a los que están cansados. Hay que atraer a los que están enfermos. Esa es la labor del portero. Pero el portero no solamente vigila lo que entra, también vigila lo que sale. El portero no se queda con lo que hay en la casa. El portero tiene que enviar, tiene que animar a los que están saliendo y por eso yo hoy tengo que hacer la tarea del portero. Hoy me toca despedirlos a ustedes, hermanitos peregrinos. Hoy me toca decirles. Vuelvan a sus casas, vuelvan a sus departamentos, Vuelvan a sus países. Nos quedamos con pesar de verlos partir. Pero sabemos que un día habrá un banquete que no se acabe. Habrá una misa en la que no haya que decir vayan en paz. No, esa misa, el banquete del Reino de los Cielos será el momento en el que digamos esta es la casa del Padre. Y tiene tantas y tantas y tantas habitaciones. Quedémonos aquí con Jesús, con María y con todos los ángeles y santos.

Amén.

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