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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El adviento es saludable recordatorio del camino que aún falta a la Iglesia hacia su plenitud en Cristo.
Homilía ba01007a, predicada en 20141130, con 35 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, con esta celebración pública de nuestra fe, estamos prácticamente clausurando el XXXV Encuentro Internacional del Nuevo Pentecostés, la Renovación Carismática en Santa Cruz, Bolivia. Hemos venido de varios países, hemos compartido una semana de oración, de fraternidad, de estudio. Podemos decir, porque ha sido un tiempo de formación con mis hermanos sacerdotes, el padre Yamit y el padre José Antonio Fortea, hemos querido ofrecer algunas pautas, algunas líneas, pero esa luz que quizás hayamos podido dar ha sido acompañada sobre todo por el fuego del Espíritu y por el calor de amor por los testimonios de todos ustedes, como hemos escuchado también en esta Eucaristía. Desde siempre, desde la primera vez que vine a Santa Cruz para estos encuentros, me ha gustado tanto la fecha escogida, como están dispuestas las cosas. El encuentro de la Renovación Carismática sucede siempre entre la gran Solemnidad de Cristo Rey y el primer domingo de Adviento. Se empieza con esa fiesta de Cristo Rey, que es una manera de abrir nuestros ojos y descubrir todo lo que hemos recibido, todo lo que Él ha hecho por nosotros. Como dice ese canto tan popular y tan hermoso, tenemos tanto, tanto, tanto, tanto para estar agradecidos. La fiesta de Cristo Rey nos invita a mirar con júbilo a un Dios que es compasivo, que es poderoso, un Dios que hace maravillas y maravillas son las que hemos visto en estos días en nuestra mente, en nuestro cuerpo, en nuestras familias. Bendito sea Dios. Así que esa fiesta que se prolonga de alguna manera durante los siguientes días, nos abre a la abundancia de lo que hemos recibido. Pero luego termina el encuentro con el primer domingo de Adviento y el Adviento nos abre a lo que nos falta por recibir. La palabra Adviento significa llegada y con el tiempo litúrgico de Adviento, nos abrimos a todo lo que Dios todavía tiene por hacer en nuestras vidas. Esta idea yo quisiera que quedara bien impresa en nuestros corazones. Fíjate cómo funciona, esta semana de retiro que hemos tenido: Empezamos con Cristo Rey, todo lo que hemos recibido, terminamos empezando el Adviento en la puerta misma del Adviento, todo lo que falta recibir. Es como si Dios nos dijera en cada encuentro del nuevo Pentecostés en la Renovación Carismática Católica. Es como si Dios nos dijera: -Mira todo lo que he hecho por ti- y después nos dijera: -y mira todo el camino que todavía falta-. Todo lo que Dios ha hecho por nosotros, todo lo que Dios ha hecho, sanándonos, perdonándonos, alimentándonos, educándonos, liberándonos, dándonos su Espíritu, todo lo que Él ha hecho. Pero luego llega Adviento, que es como una especie de aterrizaje, ¿no? Y ahora date cuenta todo lo que hace falta por hacer. Y mira que geográficamente, en términos de espacio también sucede lo mismo. Hemos estado en ese lugar ya tan querido para muchos de nosotros, el Pahuichi, ese auditorio maravilloso, que se abre a las naciones, se abre a la alabanza, se abre a la alegría, pero que sin embargo, siendo tan grande, tiene la estructura como de una casa, una casa que nos recibe. Y yo diría que durante estos días hemos sido acogidos por esa casa, por algo llamamos: La Mansión, hemos sido acogidos en esa casa durante estos días, hemos estado resguardados en ese auditorio, hemos estado en la maravillosa calidez que nos da ese fuego del espíritu. Y aunque somos centenares y centenares, el Pahuichi es como esa casita o esa casona que nos acoge a todos, que nos recibe a todos. Puede decirse que la experiencia de la oración y de la predicación en el Pahuichi es exactamente la de un buen retiro espiritual. Y yo me estoy acordando del muy, muy popular, muy venerado, muy famoso padre Emiliano Tardif, el padre Emiliano Tardif, no hablaba tanto de congresos, encuentros, seminarios, la palabra que él utilizaba para estas reuniones era: Retiro. Para él esto era un retiro y nosotros hemos estado en retiro espiritual allá, resguardaditos, protegidos, bien acogidos, bien recibidos. Cada cierto tiempo nos dicen: -ya puedes pasar por tu comida-. Y uno va y recibe la comidita como en casa, resguardados, protegidos. Pero la vida del cristiano no puede ser solamente eso, estar resguardado, protegido: Tiene que salir al frío, tiene que salir a lo que es distinto, tiene que salir a lo que es ajeno. Bien decía el padre Aldo, animándonos para la invocación al Espíritu Santo, nos decía: -No pensemos solamente en nosotros, miremos ese cine que está allí, el centro comercial que está allá, el banco que está ahí, la gente que transita, los que están paseando-. Ahora ya hemos salido de casa, ya nos hemos graduado, ya nos hemos recibido, como se dice en algunos países, ya nos hemos recibido de -cristiano convencido-, ya nos hemos graduado de cristianos convencidos del poder de Dios y ahora la tarea es ir a la calle. Ahora la tarea es contarle a la gente que lleva otra vida y que no le importa el amor de Cristo y que tal vez está agobiada como un día estuvimos nosotros agobiados. Nuestra tarea ahora es buscar a los que están cansados como un día nosotros estuvimos cansados. Nuestra tarea es fijarnos en los que están enfermos, como un día nosotros estuvimos enfermos. No podemos quedarnos indefinidamente en el hermoso ambiente del Pahuichi entre cantos, júbilo y buena comida, no podemos quedarnos en eso, hay que salir, hay que sentir el impacto del viento que ya nos ha hecho tres o cuatro travesuras en esta noche, hay que encontrar la dureza, la inclemencia de los elementos, hay que encontrar esa dureza, hay que saber que las cosas no son fáciles, hay que saber que no a todo el mundo le importa si yo alabo o no alabo. Para mucha gente seguiré siendo un tonto, seguiré siendo un loco, hay que salir a esto, a la intemperie, a la inclemencia; y hay que darse cuenta aquí, todo lo que nos hace falta. Mira cuántas sillas estaban dispuestas, muchas, para mí esas sillas vacías no son demasiadas, pero son bastantes, esas sillas vacías, ¿Sabes lo que representan? Adviento. Estas sillas vacías están diciendo: -Mira todo lo que les hace falta por evangelizar-. Las sillas vacías de allá nos están recordando.: -Mira todo lo que hace falta para evangelizar, mira toda la tarea que tenemos-. Así que este encuentro que está ya llegando a su ocaso, este XXXV Encuentro Internacional de la Renovación Carismática Católica no termina aquí. No se te deben olvidar, no se te pueden olvidar esas sillas vacías. Un día tendrán que estar llenas, pero no se van a llenar solas; tú tienes que salir a buscar a los enfermos, a los tristes, a los pecadores, a los que no están convertidos y con tu rostro y con el fuego del Espíritu en tu pecho has de convencer: -Primero Dios, primero Dios- Has de convencer esos corazones, en realidad, solo Dios convence, en realidad, solo Dios convierte. Pero esas sillas no pueden quedarse vacías; esa es nuestra tarea. Entonces fíjate litúrgicamente, vamos de Cristo Rey al Adviento: -De todo lo que hemos recibido, a todo lo que nos falta todavía-. Por eso el tono de las lecturas es fuerte, ¿no?, el tono es fuerte; esa primera lectura que dice: -Señor, somos una pandilla de pecadores y si tú no rasgas ese cielo, si no haces algo por nosotros, no sé qué va a pasar aquí-, es duro. Y San Pablo nos está recordando cómo tenemos que vivir. Y el Evangelio de Jesucristo siempre está dos o tres pasos adelante, como hacen los papás con los hijos, ¿no? El papá no se queda al pie del hijo, se hace dos o tres pasos adelante para que el hijo camine. Así es Cristo, así es el Evangelio. Así que hoy tenemos que sentirnos agradecidos, jubilosos, gozosos, pero insatisfechos. Parece una contradicción, ¿Cómo puede estar uno feliz y a la vez insatisfecho? Se parece a lo que dijimos en una de las primeras predicaciones, -en combate y en victoria-. Felices porque estamos en victoria, insatisfechos porque hay todavía muchísimo combate. ¿Y ese combate a quién le toca? Ese combate le toca al padre Yamit, le toca al padre Fortea, le toca al padre Medina. Sí, seguramente, pero ahora ya no somos solo nosotros; ese combate no solo le toca a Aldo o al Padre Pastor, no solo le toca al Padre Andrés o al Padre Gabriel, no le toca solo al padre, a José Luis o al diácono Rafael; ese combate, esa tarea, ahora es tuya, es tuya, es tuya, asúmela, recíbela. Sin embargo, no estamos solos en ese combate, como decía el canto de liberación: -Jesús está a mi lado y está de mi lado-. No estamos solos, yo creo que la herencia, el regalo perdurable que nos deja este encuentro, es subrayar que Jesús es alimento y es alimento de todos, alimento de la familia. Y yo quisiera cerrar esta reflexión con una palabra sobre lo que quiere decir ese precioso lema, cuando pensamos en las distintas edades de nuestra gente y de nuestras familias. Usualmente reconocemos el don de la inocencia en los niños, el don del entusiasmo en los jóvenes, el don del emprendimiento en los adultos y el don de la sabiduría en los mayores. Son los dones típicos de las distintas edades de la vida; la inocencia en el niño, el entusiasmo en el joven, el emprendimiento, el liderazgo, el trabajo en el adulto, la serenidad, la sabiduría en la persona mayor. Cristo es alimento de la familia. Quiere decir que Cristo le da fuerza al don que es propio de tu edad. Por ejemplo, el joven es entusiasta, pero su entusiasmo tiene que ser alimentado por Cristo para que no se vaya simplemente en entusiasmo, qué sé yo, por un equipo de fútbol, entusiasmo por una reina de belleza, entusiasmo por un libro de filosofía, entusiasmo por un partido político; para que el entusiasmo del joven no sea deslizadero camino que resbala hacia el fanatismo o hacia la idolatría, ese joven necesita alimentarse de Cristo. El joven alimentado de Cristo no va a perder su entusiasmo, pero las vitaminas, proteínas y minerales que le da Jesucristo, hablo en metáfora, por supuesto, la fuerza que le da Cristo y la luz que le da Cristo, custodia ese entusiasmo para que no se desperdicie. Porque si ese joven toma su entusiasmo y lo convierte en una vitalidad superficial, en un derroche de fuerza que se pierde, por ejemplo, en los vicios, como algunos jóvenes que se ufanan de pasar la noche bebiendo y al otro día: -yo duermo dos horas y quedó listo para el trabajo-. Estás desperdiciando la salud, la fuerza de tu cuerpo, estás desperdiciando tu entusiasmo. Cristo es alimento para el joven, de manera que el entusiasmo del joven no se desperdicie en la vana ostentación de fortaleza física o de placeres que en el fondo lo encadenan. Otro tanto podemos decir del adulto. A los jóvenes muchas veces la vida se les va en deseos y sueños y quieren hacer muchas cosas, pero llega una edad, la edad adulta, donde la persona ya no tiene solamente entusiasmo, sino que tiene ideas, amigos, conocimiento, preparación, un empleo, una familia, tal vez ya ha empezado a formar. Llegó la etapa del emprendimiento. Pero de nuevo, el demonio querrá secuestrar esa etapa de tu vida, el demonio querrá secuestrar tu capacidad de emprendimiento para que tú idolatres, por ejemplo, el dinero, para que te entregues frenéticamente a hacer dinero, hacer dinero, hacer dinero, perdiendo incluso tu salud, perdiendo tu esposa, perdiendo tu familia. Ese adulto que tiene tantas capacidades, que está como en el pico, como en la cumbre de sus fuerzas, necesita alimentarse de Cristo, porque Cristo custodiará el don del emprendimiento. De manera que tú trabajes no únicamente para esta tierra. Acuérdate ese pasaje del Evangelio de Lucas, ese hombre que era tan hábil en el tema de la agricultura y había tenido una cosecha abundantísima, era un gran emprendedor, era un gran empresario, era un hombre exitoso; pero solo trabajaba para sí mismo, solo pensaba en sí mismo, estaba tan solo que ni siquiera tenía con quien conversar. Y por eso nos dice la Biblia que él hablaba consigo mismo, ni amigos tenía ese pobre. Y entonces este hombre se pone a pensar y dice: -Voy a derribar mis graneros, voy a hacer un proyecto más grande, un macroproyecto, voy a hacer mega graneros- ¡Wow! Y Dios le dijo: -Necio, esta noche te pedirán tu alma, lo que has acumulado, ¿Para quién será?- Esta noche te pedirán tu alma. O sea que el emprendimiento, tu capacidad como hombre o como mujer adulta, tu capacidad de hacer cosas grandes está ahí, pero si no la alimenta Jesucristo, si no la custodia, Jesucristo está en peligro; porque tu capacidad de emprendimiento puede irse únicamente en vanagloria. Dicho sea entre paréntesis, eso también nos puede pasar a los padrecitos; a nosotros también nos puede pasar, también nosotros podemos entrar en esa vanagloria, supuestamente trabajando para Dios. Hay que reconocerlo. Entonces la Eucaristía alimenta tu edad adulta para que tu emprendimiento no sea un gran homenaje a tu vanagloria, a tu ego o a tus ideas, sino para que sea gloria de Dios y tenga permanencia, porque solo lo que esté fundado en Cristo permanecerá, lo demás se acaba, lo demás se acaba. Entonces, hermano, fíjate cómo se necesita Cristo para proteger el entusiasmo de los jóvenes, se necesita Cristo para proteger el emprendimiento del adulto. ¿Se necesita Cristo en la edad avanzada de aquel que ya está, tal vez jubilado, retirado? Claro que sí. Si Cristo no está en tu edad, madura, lo que va a salir de tu boca va a ser siempre amargura. Y ustedes y yo conocemos personas maduras, que el único lenguaje que tienen es para lamentar: -¡Ay! En mi época, sí, en mi época, esos sí eran encuentros, eso sí, en mi época sí había familias, esto que hay ahora es un desastre, ¡ay! los ministerios de música que yo conocí y ahora mire lo que tenemos. Hay gente que es así, y yo pregunto: ¿Por qué tienen esa amargura? ¿Por qué no ven nada bueno? ¿Por qué todo lo critican? Porque les falta alimentarse de Cristo; el que se alimenta de Cristo en la edad madura, se sana de la amargura. ¿Qué es lo que te da Cristo en la edad madura? Te da la verdadera sabiduría, te da la verdadera humildad, te da la verdadera caridad, te revela el misterio de la cruz, te abre a la grandeza del misterio de la Iglesia, te cuenta los secretos que Él no les pudo decir a sus apóstoles. ¿Tú sabías eso? Jesús, en la conversación después de la última Cena, según el Evangelio de Juan, dijo a sus apóstoles: -Yo tengo todavía muchas cosas que decirles, pero ustedes ahora no pueden con ellas-, y eran adultos y eran emprendedores. ¿A quien dice, Cristo sus secretos?. Cristo dice sus secretos a los contemplativos, a los místicos, a los profetas y a la gente mayor, si se abre, si se abre, si se abre al Espíritu Santo de Dios. Y por eso ustedes y yo hemos vivido la experiencia de decir: -ese padrecito es buena persona, pero yo para confesarme voy a buscar un padrecito mayor-. ¿Cierto que todos lo hemos hecho buscar el padrecito mayor?. Algunos dicen que por buscar el padre sordo, no, muchas veces buscamos al padrecito mayor porque necesitamos una sabiduría especial que parece que solo tienen los que van más adelante en el camino. Así que escoge: ¿Quieres envejecer en la amargura criticando todo, insatisfecho de todo, encerrado en tu orgullo con una nostalgia enfermiza? ¿Esa es la vejez que quieres? Yo no la quiero. La vejez que te propone Cristo es fecunda, serena, luminosa, cargada de sabiduría. Y te repito y repito a las personas mayores aquí presentes, Cristo tiene una predilección por la persona mayor para revelarle sus secretos, esos que Él les dice a los místicos, a los profetas, a los sabios. Entonces la persona mayor tiene que alimentarse de Cristo para que su edad avanzada no sea amargura, sino para que su edad avanzada sea gozosa, serena, llena de sabiduría y de humildad, preparando la eternidad. Dicen que uno en las homilías no debe poner muchos ejemplos de personas que están vivas. Pero yo voy a desobedecer ese principio litúrgico y voy a poner el ejemplo de dos personas: el Padre Cris y el Padre Daniel. Cuando yo llegué a La Mansión por primera vez en 1.999, en noviembre, vivía todavía el padre Cris. Estaba bastante fuerte, el padre Daniel, empezaba a declinar un poco, pero él iba todavía a la televisión y bueno, después ya tuve que enterarme del fallecimiento del Padre Crisóstomo, el padre de Cris. Y todos sabemos el largo, largo caso del Padre Daniel, ¿no? Es cosa admirable cómo estos dos hombres verdaderos contemplativos, han dado y siguen dando una lección de humildad. Esa manera de hacerse a un ladito y dejar que otros también aprendan y dejar que otros también conozcan. Ese saber, asumir la palabra que Cristo le dijo a Pedro: -Cuando seas mayor, otro te llevará-. En estos días, como estoy hospedado en la casa de los padres en La Mansión, veía como una enfermera y otra persona un voluntario, llevaban al padre Daniel a dar un pequeño, pequeñísimo recorrido, a caminar quince metros, veinte metros; el padre Daniel está muy débil, muy encorvado. . . -Otro te llevará-, yo me acordaba del evangelio de Juan, -Otro te llevará-. Pero para mí el Padre Daniel es un hombre que nos está dando testimonio de qué sucede cuando tu tesoro es Dios. La persona que no tiene su tesoro en Dios, a medida que va envejeciendo, empieza a pelear: -Ténganme en cuenta, ténganme en cuenta, quiero seguir mandando, no me quiten mi tajada de poder-. Así es el que no tiene a Cristo suficientemente enraizado en el corazón. Pero hombres como el Padre Cris como el Padre Daniel, hombres que tienen su tesoro bien claro en el cielo, cuando llega la hora de empezar a despedirse, saben despedirse sin amargura, sin echar culpas, intercediendo muchas veces por este poco de inexpertos que somos los que vamos detrás. Eso es grandeza, eso es grandeza. Y date cuenta quien es el que te enseña a envejecer, Cristo. Cristo es el que cambia la amargura y esa amargura de tantas personas mayores que conocemos que nos dicen: -No es que ahora todo es un desastre, la juventud no sirve, los padres no confiesan, los ministerios se desafinan, eso no, no, no todo es un desastre-. Cristo cambia esa amargura y te da un nuevo nivel. Me encanta la expresión que utilizan en la lengua inglesa, -Upgrade-. El Señor Jesucristo te da un upgrade, te sube de nivel, te lleva a otro nivel. Eso es alimentarse de Cristo en la edad madura. De propósito he querido dejar de últimos a los niños. La inocencia, los niños, los niños son el tesoro de todos; sin niños no hay sociedad, sin niños no hay futuro. Los niños han de crecer en la adoración eucarística y en la alabanza. ¿Por qué? Porque la inocencia de los niños le fastidia, le da alergia al demonio y por eso quiere, a través de programas perversos de educación llamada sexual y a través de televisión y a través de Internet y a través de la maldad de algunos adultos a dañar los niños y hoy tenemos que hacer pacto frente a este altar de defender a los niños de Bolivia, defender a los niños cruceños, defender a los niños de nuestros países. A los niños hay que predicarles el evangelio íntegro de Jesucristo. Yo le he tomado un cariño que no deja de crecer a aquella Santa Dominica, además de Catalina de Siena, que es cuento aparte, un cariño inmenso a Rosa de Lima. -Allá está el Perú creyente-. Rosa de Lima fue evangelizada, Rosa de Lima fue evangelizada en su niñez, en su niñez aprendió a amar la cruz, en su niñez aprendió a amar la sangre de Cristo, en su niñez aprendió a amar el silencio, en su niñez aprendió a amar la pureza, en su niñez aprendió que, nada vale una cara bonita si no se tiene un corazón grato a Dios. Pregunto yo. ¿Las niñas de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, están aprendiendo eso? ¿Las niñas de siete y de ocho años de Santa Cruz tienen claro lo que vale la cruz?. Tienen claro lo que vale la sangre del Señor. Tienen claro lo que vale el silencio y tienen claro que tener un cuerpo espectacular o tener una cara de porcelana de poco vale si tu alma no es grata a Dios. Las niñas Cruceñas y las niñas de Salta y las niñas de Bogotá, y las niñas del Seibo y de Puerto Rico y de San Luis Potosí y de Texas. Las niñas tienen derecho a conocer a su salvador. Los niños y las niñas tienen derecho a conocer quién es aquel que se entrega como pan de vida. Los niños y las niñas tienen derecho a saber quién es el que los ama, el que las ama tanto. Los niños y las niñas tienen que saber qué sucede cuando comulgan y tienen que entender que ese Cristo es el custodio de su inocencia, es el custodio de su alegría, es el custodio de la paz de su conciencia. Es el alimento del amor de su corazón. Los grandes santos, los santos de escala mundial, siempre han sido santos que desde el principio, desde lo profundo del vientre materno y de sus tiernos años de infancia han ido conociendo el Evangelio del Señor. Tenemos que saber que Cristo alimenta cada etapa de la familia. Cristo custodia la inocencia del niño y la completa y la embellece y la sostiene. Cristo custodia, Cristo Eucaristía, alimenta al joven y protege su entusiasmo para que no se vaya en banalidad, en simples deportes de riesgo, para que no se vaya simplemente en quedarse ronco aclamando a un partido o a un equipo de fútbol. Cristo tiene que custodiar el entusiasmo de los jóvenes, no para que no les guste el fútbol, si les gusta, está bien, a Yamit no le gusta. Entonces, cambio de ejemplo, Cristo tiene que custodiar los jóvenes para que el entusiasmo por el béisbol, ahora sí dije bien, para que el entusiasmo por el béisbol no les quite el entusiasmo por la vida eterna. Cristo alimenta al joven, Cristo, alimenta al hombre y a la mujer que son adultos para que su capacidad de emprendimiento no sea idolatría de las cosas de esta tierra, para que no sea simplemente homenaje al propio yo. Y Cristo tiene que darnos, Cristo quiere darnos, me corrijo, Cristo quiere darnos la serenidad, la sabiduría que es propia de aquellos que llegan a la edad madura. Que Dios nos conceda con el alimento Eucarístico, proteger nuestras familias, abrir caminos a su gracia y estar listos para evangelizar, porque hay un mundo que nos espera. Amén. Amén.

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