Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Por qué una segunda venida de Cristo? Porque el mal no cesa de crecer pero sus estrategias no son infinitas. Nuestro refugio es la fidelidad en gratitud y amor.

Homilía ba01005a, predicada en 20111127, con 50 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, estamos iniciando hoy el tiempo santo del Adviento. Esa es la razón del color de las vestiduras que llevamos sacerdotes y diáconos aquí. Durante la Cuaresma y durante el Adviento. La Iglesia se viste de este color que indica penitencia, indica recogimiento, indica mesura. Es un tiempo que nos invita a mirar más hacia adentro. Eso es lo que queremos decir con la palabra recogimiento. El Adviento es un tiempo espiritualmente muy rico y yo le pido al Espíritu Santo que me ayude para mostrar algo de la riqueza del Adviento. Apoyándonos en las lecturas de hoy. Se trata básicamente de una espera y de una esperanza.

Se trata de esperar a Jesucristo. Un Cristo al que ya conocemos porque ya vino, pero un Cristo que volverá. Esa es la dinámica del Adviento entre Él vino y Él volverá. Nosotros somos el pueblo que peregrina. Nosotros somos el pueblo que agradece la primera venida y que aguarda con diligente espera la Segunda Venida. Para recibir un poco de esta riqueza. Hagamos preguntas. Por ejemplo. ¿Por qué tiene que haber una segunda venida? Jesucristo nos dejó un testimonio magnífico de santidad, de generosidad, de entrega, de obediencia al Padre. Murió en la cruz para perdonar nuestros pecados. Nos dio el Espíritu Santo. Por eso podemos llevar una vida plena, una vida en santidad y justicia. Sí, todo eso es así. ¿Para qué se necesita una segunda venida? ¿Por qué no podría ser más bien? Qué sencillamente el mundo siga su curso Y entonces la gente tiene sus familias, educa a los hijos. En Cristo se cumple el mandato del Génesis Creced y multiplicaos.

Me imagino en ese escenario. Me imagino que la humanidad avanzaría mucho tecnológicamente, buscaría otros planetas para colonizar y seguiríamos así los seres humanos. ¿Qué hay de malo en esa película? ¿Por qué eso tiene que ser interrumpido? ¿Por qué tiene que haber una segunda venida del Señor? Cristo nos ha enseñado cómo vivir como buenos hermanos. Nos ha enseñado cómo caminar en esta tierra. Por qué no podría ser el caso que sencillamente se vive sobre esta tierra, y los que van muriendo van entrando en esa gloria celestial, y así por los siglos de los siglos. Seguramente podrían ser así las cosas, pero Jesús nos habla de una segunda venida. Y los primeros cristianos fueron especialmente sensibles a esta realidad del retorno de Cristo. Cristo viene y Cristo viene con poder. ¿Por qué? Si nosotros recordamos las enseñanzas de Cristo, empezamos a ver por qué.

Tú conoces, por ejemplo, la siembra que se hace en el campo y las plantas van creciendo, pero no crecen y crecen y crecen indefinidamente, sino que llega un punto de madurez, llega una cosecha y cuando llega la cosecha hay que recoger la cosecha. Eso indica un crecimiento, pero indica también que hay una meta, hay un término. Veamos otra comparación también tomada del mundo agrario. Jesús nos habló en una ocasión de la cizaña y el trigo, la buena semilla. Y dijo que ambas van creciendo. Ambas van creciendo la cizaña y la buena semilla. Pero llega un momento en el que hay que diferenciarlos. Esa expresión. Ambas van creciendo y en particular, la afirmación de que el mal va creciendo, va creciendo en su poder, en su sofisticación, en su capacidad de engaño.

Eso parece que nos ilumina en este día. Mis hermanos, Cristo ha revelado una verdad maravillosa. Cristo ha revelado el rostro de Dios Padre, y esa es la verdad más importante. Él mismo lo dijo. En su oración sacerdotal, capítulo 17 de San Juan, Cristo dice: -En esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a ti, Padre, y a tu enviado Jesucristo-. Es decir, que para lograr que nosotros pequemos, el demonio tiene que mentir. Pero resulta que el poder de la mentira no es infinito. Y resulta que la humanidad como pueblo constituido, es decir, como Iglesia, constituido por Dios, pueblo constituido por Dios va aprendiendo de esas mentiras, y las mentiras no son infinitas. Entonces ya uno va viendo que la historia humana es como una carrera hacia una gran confrontación.

Porque resulta que las mentiras no se pueden decir indefinidamente. Un hombre muy interesante del siglo XIX, Abraham Lincoln, decía lo siguiente: "Se puede engañar a una parte del pueblo todo el tiempo. Se puede engañar a todo el pueblo por un tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo", la verdad, tarde o temprano sale. Y aquí entendemos lo que aparece en el capítulo 12, capítulo 13 del Apocalipsis. Ahí se nos cuenta de la actitud del demonio. Es aquel pasaje famoso de la mujer vestida del sol. Y el demonio tratando de devorar al hijo de esa mujer. Y ese hijo de esa mujer, no logra devorar el demonio. Pero entonces se vuelve con rabia. Se vuelve con ira a los seguidores del Mesías, a los seguidores del hijo de esa mujer. Y advierte el libro del Apocalipsis ¡Ay de aquellos! Porque el demonio. Ha entrado con fuerza, ha entrado con furor sabiendo que le queda poco tiempo.

Entonces ya vamos entendiendo que la historia humana no es simplemente un camino de repetición, sino que es una acumulación de verdades y es una acumulación de mentiras. Así como el trigo no puede crecer y crecer sin sin dejar de mostrarse como trigo en algún momento, y así como la cizaña no puede dejar de crecer y crecer sin mostrarse como cizaña en algún momento, así también las obras de las tinieblas no tienen poder indefinido. En cada generación caen por tierra millones y millones de mentiras. Por ejemplo, en el siglo XVIII, unos locos hablaron de que la razón humana era una diosa, la diosa razón. Y se supone que la diosa razón iba a llevar a la humanidad como una pastora generosísima iba a llevar a la humanidad por caminos de prosperidad, de sensatez, de solidaridad y de progreso. Pero la tal razón humana sirve para muchas cosas. La razón humana sirve también para diseñar armas químicas, para diseñar bombas atómicas o para diseñar campos de concentración.

Entonces, esa idea de que la razón humana era la diosa. Esa idea nadie la cree hoy. Es decir, esa mentira se le acabó en el repertorio a Satanás. Esa mentira ya no funciona. Decir que la razón humana es una diosa, ¡Eso no lo cree hoy nadie! La razón humana no es ninguna diosa. La razón humana depende del corazón humano. Y si el corazón es santo, la razón humana lleva a un conocimiento de la verdad divina. Pero si ese corazón está podrido, entonces la razón humana se convierte en un instrumento para el homicidio, para la opresión y para la destrucción. O sea que la mentira. La mentira tiene una historia. No se pueden repetir indefinidamente las mismas mentiras. En el siglo XVIII se cantaron las glorias de la tal razón humana. En el siglo XIX, otro tipo como poseído por el demonio, dijo: -Antes de que termine el siglo XIX, voy a predicar la religión del positivismo en la catedral de París-. Ese loco se llamaba Augusto Comte porque creía que la investigación científica era suficiente para organizar a la sociedad.

Y él hizo esa profecía. Pero esa profecía solo inspira risa y desprecio en nuestro tiempo. Esa es otra mentira que ya no funciona. El positivismo no funciona. En el mismo siglo XIX, Carlos Marx escribe sus obras. En el siglo XX tenemos el gran proyecto comunista, porque el comunismo va a producir igualdad, prosperidad, felicidad. Y se le llenaba la boca a Vladimir Ilich Uliánov, conocido como Lenin, y se le llenaba la boca a Stalin diciendo que el comunismo era el verdadero humanismo y que el comunismo haría maravillas. Y todo ese discurso cae por tierra; así como cayó el muro de Berlín. Las mentiras no son infinitas. Entonces, como las mentiras no son infinitas, el demonio sabe que le queda poco tiempo. Como las mentiras no son infinitas, como en cada generación caen descabezadas Muchas mentiras. Muchas, muchas.

Te voy a contar una. Recientemente, hace unos poquitos años. El Papa Juan Pablo II y luego el Papa Benedicto dijeron: -No se puede éticamente, no se puede utilizar células de embriones humanos para producir medicinas-. Tú no puedes sacrificar a un ser humano inocente ni siquiera para producir un remedio, una medicina para otro ser humano. Y entonces una cantidad de científicos empezaron a burlarse del Papa, tanto de Juan Pablo como de Benedicto, y empezaron a decir claro, ahí está la Iglesia retrasando el avance de la ciencia, ahí está la Iglesia, impidiendo que se logren los mejores productos y medicamentos. Hace pocos días salió una noticia la empresa norteamericana; más avanzada en la investigación con células embrionarias, acaba de declararse en quiebra. Afirman ellos que ese camino de investigación no sirve y no es económicamente rentable. Pero hace cuatro, hace cinco años, hace diez años estaban diciendo que la Iglesia era retrasada y que la Iglesia está en contra del hombre y que la Iglesia está en contra de la ciencia.

¡Y eso era mentira! Y la mentira sale a luz ahora. Pero claro, cuando se trata. Cuando se trata de insultar a la Iglesia, muchos medios de comunicación dan un gran despliegue a las noticias. Cuando se trata de demostrar que la Iglesia tenía la razón. Ahí si la noticia queda en la página 12, por allá, en el último rincón del periódico, si es que sale. Entonces la historia humana, amigos míos, no es simplemente una generación y otra generación y otra generación. Hay Procesos transversales. Hay procesos que atraviesan varias generaciones. La mentira del comunismo ya no enciende con su resplandor engañoso, ya no es capaz de encender a los jóvenes de Bolivia, ni a los jóvenes de Colombia, ni a los jóvenes de Cuba, ni a los jóvenes de China. Se cayó ese comunismo. Era un engaño, Era un engaño. Entonces yo les pido este incómodo favor.

Pónganse ustedes en la posición del demonio. Es un favor feo, ¿No? Pero pónganse ustedes por un instante en la situación del demonio. Cada año, cada mes, cada día, cada generación. Nuevas y nuevas mentiras caen. Esto significa que las mentiras cada vez tienen que ser o más descaradas, o más sutiles, o más cínicas, o más sofisticadas. Y el demonio intenta las dos cosas. Por una parte, intenta mostrarse de un modo tan cínico, tan absoluta y declaradamente vulgar, que parece que se convierte en norma. La gran mayoría de los programas de televisión para los niños hoy son programas con un contenido ¡Perverso en términos éticos! Si usted quiere envenenar la mente de sus nietos, si usted quiere envenenar la mente de sus hijos, siéntelos delante de una televisión durante dos o tres horas. Los programas supuestamente infantiles presentan como héroes entre comillas. Presentan como protagonistas a personajes malos, que además se gozan en su maldad.

Son verdaderos satánicos, personajes satánicos y eso está entrando a la casa suya. Y eso lo están viendo sus hijos. Esa es una estrategia del demonio. Y el Apocalipsis lo dice. El demonio sabe que le queda poco tiempo y usted sabe que cuando le queda poco tiempo se desespera. ¿Qué hago y qué hago ya? Entonces una estrategia del demonio es, -Vamos a envenenar ya, vamos a envenenar ya, en este instante Millones y millones de mentes, de niños y de jóvenes. Esta es una estrategia. Eso se llama una estrategia agresiva. Campañas a nivel mundial. Vamos a destruir la familia, pero yá, se tiene que acabar ya la familia. Les voy a contar que en España una de las primeras cosas, que no merece llamarse cosas, sino una de las primeras porquerías que hizo el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero fue acelerar el divorcio. A eso se le llama el divorcio exprés.

Es decir, disminuir las posibilidades de reconciliación en la pareja para que la gente se divorcie rápidamente. No contento con eso, el gobierno felizmente terminado de José Luis Rodríguez Zapatero desde el principio mostró una clara agenda gay. Hay que lograr a toda costa la legalización del llamado matrimonio entre personas del mismo sexo, porque no podemos ofender, dicen ellos. Los derechos. Derechos entre comillas, derechos falsos, derechos ficticios, derechos antinaturales. Pero ellos los llaman derechos. No podemos ofender, lastimar los derechos del colectivo gay. Por consiguiente, se legalizó ese esperpento jurídico. España es un país que fácilmente tiene cincuenta millones de personas. ¿Tú sabes cuántas parejas se han casado, ¿cuántas parejas gays se han casado en España? ¿Tal vez cincuenta mil? No, nueve mil, tampoco. ¿Dos mil? No, ¿Mil? Menos que eso. Quinientas; menos. Después de que con tanta agresividad jurídica se aprueba el matrimonio en España, no se han casado ni siquiera doscientas parejas.

O sea que el propósito de esa ley no era darle matrimonio a personas que tampoco se quieren casar porque no vayan ustedes a imaginarse que estos seres humanos que en cuanto seres humanos merecen nuestro respeto, ni más faltaba. Pero ustedes no vayan a creer que el propósito principal de esa ley era atender a las necesidades de esos que querían casarse. En ocho años de barbaridad y de tinieblas de gobierno socialista, de Rodríguez Zapatero, doscientos matrimonios. ¡No!, no era por ellos. El propósito de esa ley ¿Sabe cuál es? El propósito de esa ley es revolcar, aturdir, confundir, oscurecer, entenebrecer la mente de millones y millones de personas que hoy no tienen claro qué es ser pareja, qué es ser esposo, qué es ser esposa, qué es ser familia. El propósito no eran esas doscientas parejas. Una ley para doscientas parejas. No venga con mentiras, hombre. El propósito de esa ley es destruir la concepción del amor humano. Destruir la claridad de la sexualidad humana. Destruir el plan de Dios en millones y millones y millones de seres humanos. Ahí te das cuenta cuál es una de las estrategias del enemigo.

A esa estrategia yo la llamo la estrategia agresiva, y de lo que se trata es ¿De qué? De envenenar ¡Ya!, a los niños, envenenar ¡Ya!, la mente de los jóvenes. Y por eso hay tantos jóvenes que consideran que ser novio implica necesaria y forzosamente una intimidad prematura que acaba no solamente en aborto, que ya es un desastre, sino también acaba en madres solteras, embarazo juvenil, y acaba sobre todo en la destrucción de la noción de amor humano en millones y millones de hombres y mujeres. Pero ese es un dogma para los muchachos, para muchos no para todos es un dogma. No es que el noviazgo tiene que ser así, porque tiene que ser así, porque no hay otra manera de que sea, sino así. Esa es exactamente la estrategia cínica, la estrategia agresiva del enemigo. Que millones y millones piensen de esa manera, ¿Dónde aprenden a pensar de esa manera? Especialmente a través de sus maestros, es decir, a través de Internet y a través de la televisión.

Es muy serio esto. No significa que no se pueda ver televisión. Hay algunas cosas buenas que se pueden ver en televisión y hay algunas cosas buenas que se pueden oír en la radio. Pero un muchacho que se ponga unos audífonos y que tres horas al día esté oyendo reggaeton es un muchacho que tendrá podrido el corazón porque tú no puedes oír durante tres horas que el sexo es un juego y que te voy a hacer y te voy a deshacer y te voy a destruir. Y tú eres mía y yo soy tuyo y todos contra todos. ¡Tú no puedes oír eso! ¡¡Tú no puedes oír eso!! ¡¡¡Tú no puedes oír eso, tres horas al día y seguir con una moral recta, no se puede!!! No se puede. Entonces. Yo no estoy diciendo que sean satánicos todos los del reggaetón o todos los del rock metálico. ¡No!, ellos ni siquiera saben a quién están sirviendo. Y el tonto ese del tal Rodríguez Zapatero se morirá, -Ojalá Dios le dé conversión- sin saber a quién estaba sirviendo.

Son marionetas, pero el que mueve los hilos detrás de la cortina sabe que le queda poco tiempo y por eso es agresivo y por eso quiere envenenar ¡Ya!, a los jóvenes y por eso quiere envenenar ¡Ya!, a los niños y por eso quiere destruir ¡Ya!, las parejas. Por eso, porque sabe que le queda poco tiempo. A veces la estrategia no es agresiva porque esa estrategia no funciona todas las veces. Entonces se utiliza una estrategia sofisticada. Es una estrategia elegante, disfrazada, maquillada, pero tiene exactamente el mismo propósito. Y cuando hablo de maquillaje, hablo del maquillaje, de las grandes estrellas del cine y de la canción y del arte. Una muchachita, boliviana ella. Sencilla, buena hija, buena amiga. Buena cristiana. Empieza a ser bombardeada con un mensaje no agresivo sino sofisticado, como en la sofisticación te presentan las celebridades. Resulta que esta es una niña de Sucre. Ella es de Potosí. Ella es de Santa Cruz. Ella es de Tarija. Es una niña sencilla. Ella se está abriendo a la vida y ella quiere ser feliz. Quiere tener amigos, quiere tener su enamorado y está aprendiendo cómo tiene que ser, cómo se tiene que vestir, cómo se hace para agradar.

En ese momento tan delicado de su formación psicológica, emocional y afectiva. Empieza una riada, una invasión. Invasión ¿De qué? Aparecen las celebridades. Salen por todas partes. Estas son mujeres que parecen sacadas de un cuento de hadas. No solamente su piel es perfecta. Sus medidas son perfectas. Su busto es perfecto, su cola perfecta, su cabello perfecto, sus ojos perfectos. Y la niñita de Potosí, del Beni de Santa Cruz de la Paz mira a esa mujer y le parece como una diosa. Y ella dice: -Ay, yo quisiera ser así-, pero resulta que la raza no le ayuda porque la tal celebridad. Esa mide uno coma setenta y nueve y la amiga mide uno coma cincuenta y dos, donde le falta un poquito. Y además esta amiga de Potosí, de Sucre, de Tarija, esta niña tiene una tendencia a engordar rápidamente, la mamá todavía hace trenzas y entonces la niña empieza a sentir No, no, no, yo no quiero ser eso, yo no quiero ser eso, yo quiero ser alta, espigada, pero así no y así.

Acabo de leer en las noticias antes de venir para acá, en mi país, en la ciudad de Cúcuta, frontera con Venezuela. Otra mujer muerta en una de las operaciones llamadas estéticas, Le iban a agrandar la cola. Pero ella no tenía presupuesto para ir a un verdadero laboratorio y a un médico cirujano que hiciera esa operación que, según dicen los entendidos, es de lo más difícil. Entonces ella fue donde un terapeuta más o menos así y todavía no sabemos el terapeuta qué le inyectó a esta mujer para que su cola quedara un poquito más parecida que esas colas que ella ve en la televisión, porque ella se muere por ser como esas niñas de la televisión. Ella quiere tener el cabello como la niña de la televisión, la sonrisa como la presentadora de la televisión, el busto como la niña de la televisión. Pero la niña de la televisión gana ochenta mil dólares al mes y puede hacerse la operación donde se le dé la gana, mientras que esta niñita de Potosí, esta niñita de Sucre, esta niñita de Santa Cruz, ahorrando, ahorrando, ahorrando, a duras penas tiene para taparse los granitos que le salen en la carita.

Entonces esta niña empieza a estar traumatizada porque ella nunca puede ser como quisiera ser. Ella no logra ser como quisiera ser y su ideal de felicidad es ser una celebrity y pasearse por esa alfombra roja y que se disparen cincuenta ochenta cámaras y le tomen fotos. Y ella quiere sentirse una diosa y no se da cuenta que ¡Querer ser Dios sin Dios es asunto del demonio! Oiga esa frase: -Querer ser divino, querer ser Dios sin Dios es satánico, es del demonio-. Y entonces esta niña rechaza su cuerpo y se vuelve anoréxica y se vuelve bulímica y se vuelve esdrújula. Y esta niña y esta niña no se da cuenta de que está metida en una trampa. Y esa trampa espantosa, mis hermanos, esa trampa pertenece a la inteligencia de ese señor de tinieblas que sabe que le queda poco tiempo y por eso el ataque es cada vez más fuerte, por una parte más agresivo.

Hablábamos con algunos compañeros de mi misma edad. Te acuerdas cómo eran los programas infantiles en nuestra época. ¿Has visto los programas infantiles de ahora? Los protagonistas de los programas infantiles de ahora son personajes perversos que se gozan en ser perversos, que se gozan en la venganza, que se gozan en la codicia, que se gozan en la lujuria, que se gozan en la soberbia. Y eso es lo que están viendo los hijos de ustedes. Por eso ser papá hoy es cosa de héroes y de santos, porque como papá, tú tienes que entregarle al Señor, hijos santos. Si no le vas a dar santos a Dios, para que tuviste hijos, si no era para llevarlos al cielo, ¿Para qué los trajiste a la tierra? La única razón para tener hijos es para darles santos a Dios. No hay otra razón. Ese es el único propósito.

Entonces, por ejemplo, aquí, mis amiguitas. Mire, aquí tengo unas amigas. Los nombres no los sé. Por supuesto. Mire, unas jovencitas que están aquí. Yo les digo a estas jovencitas, mis niñas, si ustedes se van a casar, si ustedes van a tener hijos, es para darle santos a Dios, santos. Y eso requiere que tú ya empieces a orar por tus futuros hijos. Ya en este momento. Bueno, entonces entendemos que la mentira no tiene una vida infinita. La mentira cae y el chorro de las mentiras cae Y ya les he dado varios ejemplos de mentiras que en su época fueron el furor o la diosa Razón. El positivismo de Augusto Comte, el comunismo de Mao Tse Tung. Esas mentiras ya nadie se las cree, ya cayeron. Entonces el enemigo busca, por una parte, ser más agresivo y por otra parte, ser más sofisticado. Ustedes ya ven para dónde va esta historia. A medida que el tiempo pasa, el ataque sigue. Es que el enemigo no pudo nada contra Jesús. Por eso odia a los seguidores de Jesús. ¿Saben por qué? Lo dice la carta a los Colosenses: Él es el Rey. Jesucristo es el Rey. Era lo que celebrábamos el domingo pasado.

Cristo Rey. Pero ¿Cuál es el cortejo? ¿Cuál es la corte de ese rey? ¿Dónde está? ¿Quiénes son? A ver. ¿Cuál es la corte de ese rey? ¿Quiénes son los seguidores de Cristo? ¿Y esos quiénes son? Ah, Aquí parece que solo hay ocho seguidores de Cristo. A ver. Los que son seguidores de Cristo digan amén. "Amén". Los que quieren ser honor, corona y corte de Jesucristo digan Amén. "Amén". Nosotros somos la gloria de Jesucristo. Cada vida redimida es gloria de Jesucristo. Cada pecador arrepentido que se postra ante el Señor y lo declara como su Salvador, es gloria de Jesucristo. Cada sacerdote, cada misionero que predica con verdad y en su integridad el evangelio es gloria de Jesucristo. Cada ministerio de música que se esfuerza por darle toda la alabanza al Señor es gloria de Jesucristo. Por eso. Por eso el demonio quiere acabar la gloria de Jesucristo, que eres tú.

Tú eres la gloria de Jesucristo. Tú y tú también. Tú, allá en el último rincón. Tú eres la gloria de Jesucristo. Tú eres la gloria de Jesucristo. Por eso. Por eso el enemigo intenta cegar tus ojos y los míos, que no veamos la verdad del Evangelio, que no reconozcamos la voz de Cristo en la Iglesia, que nos alejemos de nuestros legítimos pastores, es decir, el Papa, los obispos, los sacerdotes. Por eso el demonio está muy interesado en que nos alejemos de nuestros legítimos pastores y que no oigamos la voz y que nos confundamos y que empecemos a decir todo da lo mismo, da lo mismo, da lo mismo ser hombre, ser mujer con hombre, con mujer, con lo que sea, da lo mismo. Por eso el demonio quiere confundir, porque quiere destruir la gloria de Cristo. Pero cada hora, cada semana, cada año, caen las mentiras del demonio. Entonces él va aumentando la presión, más agresivo, más sofisticado, más agresivo, más sofisticado, más agresivo, más sofisticado, más agresivo, más sofisticado, más agresivo, más sofisticado.

Pero esa presión no puede aumentar indefinidamente. Qué sucede cuando tú empiezas a comprimir, por ejemplo, una vejiga llena de aire, tú la empiezas a comprimir. Llega un momento en el que estalla, se revienta, explota. Y ahí es donde viene la gran pregunta. Si el enemigo está cada vez más agresivo, más sofisticado, más agresivo, más sofisticado, más agresivo, más sofisticado, si cada vez está más y más ejerciendo esa presión. Será que los discípulos de Jesús. Será que nosotros, que somos la gloria de Jesucristo. ¿Será que nosotros estaremos indefensos? Claro que no. No estamos indefensos. Jesús nos dice: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo". No estamos indefensos. No lo estamos. No estamos indefensos. Pero ya sabemos en qué va a terminar esto. Cuándo va a terminar eso no lo sabe nadie. Y uno no debe dejarse engañar por falsos profetas que estén diciendo el mundo se va a acabar en noviembre del 2012. Eso no hay que creerlo, porque quizás no es en noviembre, sino en febrero. O quizás es en el 2013, o quizás es en el 2500 o en el 3800.

Ese no es problema nuestro. Lo que a nosotros nos corresponde es permanecer fieles, como nos dijo el Evangelio de hoy, cumpliendo el encargo del Señor. Eso es lo que nos corresponde a nosotros. Pero aquí viene la parte más hermosa. Y cuando llegue ese colapso final, cuando llegue ese colapso, cuando estalle esa vejiga, cuando estalle esa bomba, pues ese será el momento en el que Satanás tendrá que quitarse todas sus máscaras, porque por ahora él obra jalando hilos, moviendo marionetas, escondiéndose. ¿Y sabe por qué se esconde? Porque su presencia es tan repugnante que si aparece no logra mucho. Pero cuando llegue esa confrontación final tendrá que quitarse todas sus máscaras, porque su último y desesperado acto será producir una oleada de pánico y de rebeldía en la humanidad. Y esa será la gran apostasía de la que habla el Apocalipsis. Esa será su última estrategia producir oleadas de cinismo a la máxima potencia, producir rebeldía, producir odio hacia Dios.

Y en ese momento, descarado y desesperado, emprenderá la lucha contra los hijos del Altísimo. Pero los cristianos que estén o que estemos en esa época, no nos vamos a quedar sin general. Ahora entiendes por qué hay una segunda venida de Cristo. Cuando llegue esa gran confrontación, el pueblo santo no se quedará sin general. El mismo Jesús se pondrá al frente de las huestes celestiales para vencer, para derrotar para siempre al enemigo. Una última pregunta muy breve. Pero ¿No se supone que ya en la cruz estuvo perfecta la victoria de Cristo? ¡Es correcto, mi amigo! En la cruz está toda la victoria de Cristo. Pero es que el drama ahora ya no está en la cruz de él. El drama ahora está en tu cruz. Ahora el lugar de batalla eres tú. Por supuesto, si tú te aferras a Jesús, eres invencible. Por eso me hace el favor de ir pensando un canto bien poderoso de victoria con el que vamos a cerrar esta predicación. Nosotros somos invencibles, unidos a Cristo. Todo lo puedo en Aquel que me conforta. Invencibles unidos a Él.

Pero el drama está en que la voluntad humana se parece a ese personaje del Chavo del Ocho. Sí, quiero. No, como que no quiero tanto. Como que sí, como que no, como que sí. Es la inestabilidad y la incoherencia. Es la mediocridad de nuestras vidas la que mantiene el drama en la medida en que nos vamos volviendo más y más y más de Jesús, más y más y más del Señor, más clara, más perfecta, más brillante, más hermosa ¡Es la victoria del Hijo de Dios! Ahora ya entiendes. Ahora ya entiendes, hermano, por qué hay una segunda venida. Te lo resumo en unas pocas frases: Porque la mentira no dura para siempre, porque en cada generación se le acaban estrategias al enemigo, el cual, muerto de ira, muerto de ira, intenta con mayor agresividad atacar a niños y jóvenes especialmente y a la familia. Y también se vuelve más sofisticado, pero eso también cae. Entonces la presión aumenta y llegará un momento en el que tendrá que darse una gran confrontación. ¿Cuándo sucederá? No es asunto nuestro. Eso queda en el querer de Dios. Lo nuestro es ser fieles, vivir adheridos a Jesucristo, permanecer en Él, aferrarnos a Él. Cuando al final de los tiempos el demonio se dé cuenta que ya no puede esconderse más, se quitará la última máscara y repugnante como es, irá capitaneando las huestes de las tinieblas.

Pero el pueblo de Dios no carecerá de líder. ¡Jesús mismo vendrá por los suyos, y fruto de esa última confrontación será el triunfo definitivo sobre el pecado y sobre la muerte! Y entonces se habrá completado la Pascua. Oye, es. A mí se me mojan los ojos. Se habrá completado la Pascua. Porque todos seremos Pascua. Todos seremos Pascua. Y entonces. Entonces, libre ya del pecado y de la muerte, la Nueva Jerusalén descenderá como una novia arreglada para su esposo. Porque te digo algo, Jesús no es un solterón. Jesús lo que hizo fue aplazar su matrimonio. Y los que estén ahí, los que estemos ahí por misericordia de Dios, veremos cómo baja la Santa Jerusalén, libre de toda culpa, inmaculada junto al Inmaculado, porque ha sido lavada con la sangre del Cordero.

Y entonces presenciaremos las Bodas del Cordero, y entonces podremos celebrar el banquete de la victoria por siglos sin término. Mis hermanos. Esa es la esperanza cristiana. Y yo te digo algo, hermano. Yo quiero estar ahí. Yo quiero estar ahí. Yo quiero ver a Jesús. Yo quiero ver el matrimonio de Jesús. Yo quiero ver las bodas de Jesús. Yo quiero ver a Jesús vestido únicamente de la gloria del Padre. En el momento en el que abraza. En el momento en el que ves a la Santa Jerusalén, inmaculada y pura como Él, lavada en su sangre y al mismo tiempo Yo lo veré, y yo lo seré, porque nosotros seremos esa Jerusalén. La gloria, la alabanza para Jesús.

Amén.

Un canto de victoria. ¡Fuerte! ¡Fuerte! ¡Fuerte!

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