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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En el Adviento Jesucristo viene con el poder de la humildad y del amor.
Homilía ba01002a, predicada en 19991128, con 23 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Muy queridos hermanos, con esta celebración estamos empezando como Iglesia el tiempo del Adviento. ¿Qué es lo que nosotros celebramos en la Iglesia? A Jesús, celebramos a Jesucristo. Hace un momento el Padre Andrés nos invitaba a contemplar esta hermosa imagen de Jesús Glorioso se levanta glorioso del sepulcro. Ese es el Cristo. Esa es la victoria. Ese es el misterio que nosotros celebramos siempre, el motivo de nuestro gozo, la razón de nuestra esperanza, la causa de que estemos en fiesta se llama Jesucristo. Nuestra celebración, nuestro anuncio, nuestra memoria, nuestro proyecto, nuestra esperanza, nuestra vida es Jesucristo. Y por eso, en cada celebración de la Iglesia, el motivo y razón es siempre el mismo, Jesucristo. Ahora bien, resulta que en la vida humana no todo es religión. Ustedes tienen otras celebraciones. Por ejemplo, se celebra que uno de los hijos se ha graduado de secundaria, de bachillerato o se celebra, que uno de los hermanos de la casa se ha casado o se celebra tantas cosas. Un nuevo trabajo, una esperanza, el retorno de un amigo. Hay muchas cosas que celebramos. Supongamos que un amigo llegó de viaje. Lo que va a suceder por ejemplo, cuando nuestros hermanos peregrinos vuelvan a sus casas. Un amigo volvió de viaje. Vamos a suponer que este amigo llegó a su casa el día lunes y se reúnen la familia y los amigos y hacen una fiesta y hacen una comida y le escuchan sus historias. ¿Cómo te fue? ¿Cómo fue aquello? Que alegría tenerte el día martes. Hacen otra reunión para recibir al que acaba de llegar y el miércoles otra fiesta para recibir al que volvió. Y el jueves otra fiesta para agasajar al que regresó. Y el viernes otra fiesta. Y así todos los días de todos los meses de todo el año celebrando porque volvió. Hombre, Jesús ¡No!, diría, eso es una exageración, una exageración. Para que siga habiendo fiesta tiene que haber otros motivos. Nadie celebraría el mismo motivo todos los días. Pensemos, por ejemplo, en el cumpleaños. En todas las culturas que conozco se celebra el cumpleaños de las personas mucho o poquito, pero se celebra. Qué tal una persona que le celebraran hoy el cumpleaños y al otro día sería el cumple día, no el cumpleaños, sino el cumple día y al otro día otra celebración del cumpleaños, el otro día otra celebración. Aquí surge una pregunta para nosotros ¿Cómo es eso que nosotros celebramos a Jesús a la victoria de Jesucristo? Y ese es el motivo de todas las fiestas, de todas las celebraciones. ¿Por qué podemos celebrar siempre a Jesucristo? ¿Por qué y cómo celebramos a Jesucristo? Hay que saber que los cristianos, allá en los primeros tiempos, lo primero que celebraron, lo primerito que celebraron, fue la Pascua de Jesucristo. Eso fue lo primero que celebraron. El Señor ha resucitado, glorioso del sepulcro. Y esa fue la gran fiesta, la gran asamblea, la gran liturgia de los primeros siglos, la Pascua. El Señor ha resucitado. Pero alrededor de la Pascua empezaron a nacer otras celebraciones que son también celebración del misterio de Cristo. ¿Cómo sucede esto? Esto es muy bueno saberlo en el domingo primero de Adviento. Yo sigo con el ejemplo de nuestro precioso Jesucristo glorificado, Cristo resucitado. Esta escultura hermosísima tú la puedes mirar desde aquella calle, o tú la puedes mirar desde el frente, o tú la puedes mirar desde la otra calle. Es la misma escultura, pero desde cada punto de vista tú descubres otro aspecto. Por ejemplo, si tú la miras desde aquí, ves que la mano de Jesús está cómo derramando sus bendiciones. Si la miras desde ahí, te das cuenta de que el pie tiene las llagas. Si miras desde allá, descubrirás que tiene una expresión de paz en su rostro. Es el mismo Cristo, pero desde cada lugar que lo vas viendo le descubres nueva belleza, nueva hermosura, nuevo motivo para tu alegría. Eso es lo que la Iglesia hace con el misterio de Jesucristo. Nuestro gran motivo de celebración, el centro de nuestra alegría es Jesús en su Pascua, en su victoria sobre todo de lo que yo conozco, sobre todo la Renovación Carismática. Enfatiza, subraya, subraya, resalta que hay victoria en Él, que Él es nuestra victoria y que esa victoria es definitiva y en Él nos gozamos. Y por eso ese canto tan hermoso. Hay victoria, hay victoria, hay victoria en la sangre de Jesús. Sí, lo han oído, lo han oído 18 personas. Los demás no saben de qué estoy hablando. ¿Y si creen que hay victoria en la sangre de Jesús? Especialmente en la Renovación Carismática, se subraya, se subraya, se destaca. Ahora los universitarios y los estudiantes de colegio también, cuando estudian, utilizan unos marcadores de colores que a veces se les llaman resaltadores y con el resaltador se destacan las frases más importantes de lo que uno está estudiando. Así pasa con nuestra fe. El centro de nuestra fe está en la victoria de Jesucristo en su Pascua. De ahí nace todo. De ahí brota todo. En ese centro está nuestro gozo. Pero, como esa victoria se parece a esta escultura tan hermosa, aprendemos a mirarla desde distintos puntos de vista y vamos encontrando nueva belleza a medida que vamos contemplando esa victoria. Una escultura, una escultura puede dársele la vuelta. Si esta escultura no estuviera aquí pegada a la pared, si no estuviera, por ejemplo, acá en la mitad de este cruce de calles, estuviera aquí levantada. Nosotros le podríamos dar toda la vuelta. Toda la vuelta. La vuelta. Una vuelta. Un círculo. En latín se dice "Agnus". De donde viene Anillo. Los anillos son círculos. Y de ahí viene año. -Un año- quiere decir un círculo. Un círculo. Le damos la vuelta, por ejemplo, al sol. La palabra año viene del latín y significa círculo, vuelta. La Iglesia tiene un círculo, un círculo de danza para darle la vuelta a Jesús, darle la vuelta. Cuando se hacen cantos como esos tan bellos de toda esta semana. A veces se hacen danzas y la gente hace danzas. Por ejemplo, hay un canto que dice. Y dando media vuelta. ¿Cómo es? Y dando la vuelta. ¿Qué? La vuelta entera de la victoria. ¡De la victoria! Yo unos cantos los conozco y otros los conocía. Como se cantan allá en mi tierra. Entonces no me atrevo a veces a cantar porque no quiero confundir con la versión que yo haya aprendido. La vuelta entera de la victoria, la vuelta entera, se le da la vuelta. La Iglesia es como una novia enamorada que mira a su Señor Jesús y le da la vuelta entera, la vuelta entera de la victoria. Y esa vuelta se llama año, el año. Pero como es la vuelta de la celebración y celebración en griego se puede decir "Leitourgía" y de ahí viene la liturgia. Esa vuelta entera de la victoria se llama el año litúrgico. El año litúrgico es la vuelta de la victoria. Si tú recorres los pueblos de la tierra, verás que todos tienen alguna forma de baile y todos tienen en los bailes algunas piezas, estilos o maneras que son para parejas, para pareja. Por ejemplo, en mi tierra existe el bambuco, existe el joropo y tantos otros bailes típicos, la guabina y muchos de esos bailes son bailes para bailarlos en pareja. En pareja. Qué bello es ver a una pareja que sabe bailar. El baile realmente es una expresión muy hermosa del cuerpo humano. ¡Qué lindo es el baile! Yo lo digo, aunque no soy un gran bailarín. Como ya les comenté en otra oportunidad. Qué bonito es ver a una pareja que sabe bailar y muchas veces la pareja le da la vuelta, él le da la vuelta a ella, ella le da la vuelta a él. Esa es la poesía del cuerpo. La Iglesia es la esposa, o mejor todavía, porque estamos en Adviento. La Iglesia es la enamorada, la novia, la enamorada. Ella es la enamorada y le da la vuelta a su enamorado y lo mira y lo mira por aquí y lo mira por allá y lo mira por aquí y lo mira por allá. Le da la vuelta, le da la vuelta. La iglesia tiene la vuelta entera de la victoria. Y eso se llama el año litúrgico, la vuelta entera de la victoria. La cumbia. La cumbia que se ha vuelto famosa en un canto carismático que dice . . . El dedo gordo se mueve. . . El dedo gordo se mueve para alabar al Señor, para alabar al Señor, para alabar al Señor. . . Esa es una cumbia. Eso es bello, eso es bello. Y luego sigue. Y la mano. Y los hombros. Yo gozaba cuando decían. . . Los hombros también se mueven, porque entre otras cosas, ay eso descansa uno tan rico. Haga usted y verá. Mire los hombros también se mueven. ¿Qué pasó con los hombros? Los hombros también se mueven. . . Para alabar al Señor. . . Para alabar al Señor. . . Para alabar al Señor. Esa es. Esa es. Cuando yo veo una asamblea como las que hemos tenido estos días, una asamblea que alaba a Dios, ¿Saben qué pienso? Yo pienso que la Iglesia entera se convierte en la enamorada en ese momento y le da la danza, le baila, su cumbía, le baila la cumbia a su enamorado que es Jesucristo. La cumbia, como la del dedito gordo que se mueve, se mueve, se mueve la cumbia a veces se celebra con antorchas o con velas, cirios. Nosotros en el año litúrgico tenemos una luz grande, grande, que se llama la Pascua y otra luz un poquito más pequeña que se llama Navidad. Navidad. En la Pascua celebramos cómo Cristo entrega su cuerpo, su vida, su espíritu, su ser, y por ese sacrificio de amor llega a nosotros. Cuando Cristo es glorificado, llega el poder del Espíritu Santo. Eso celebramos en la Pascua. Pero ese cuerpo que Cristo ofreció en la cruz, Esa sangre que Cristo derramó en la cruz. Tuvieron su comienzo. Y ese cuerpo y esa sangre un día fueron tan pequeñitos, tan pequeñitos como esta niña, como este niño. ¿Cuál es el niño más pequeño que tenemos esta noche? A ver dónde están los bebés. Por favor. Los bebés. Bebés. Mire, ahí hay uno pequeñito. Pequeñito. Aquí hay otro más pequeñito. ¿Cuánto tiempo tiene este? Cinco meses. ¿Hay un bebé más pequeño? Un mes. Un mes. Un mes. Acérquelo. Acérquelo. Acérquese. Ese mismo. Un mes. Cómo conmueve el alma. Acérquelo aquí. Pase allí. Que todo el mundo lo vea. Que todo el mundo lo vea. Mire qué lindo. Qué lindo. Acérquese. Pase aquí. Pase aquí. Pase aquí. Mira. Esa carne. No se vaya. Eso. Que le vean el niño. Todos. Todos amamos a ese niño. Todos lo amamos. Todos lo amamos. Lo amamos mucho. Ese niño se merece un aplauso. Te amamos, bebé. Te amamos. La luz. El cirio grande, grande, grande del año litúrgico Es la Pascua. Pero hay otro cirio pequeñito que es Navidad, porque la carne de Jesús, para ser ofrecida, tenía que ser carne como la nuestra. Jesús se hizo así. Un niño así, pequeño y bello, pequeño y bello como ese niño. Y en ese misterio de humildad del nacimiento de Jesucristo. En ese misterio de humildad estaba siendo anunciado el misterio de la humillación de la hora de la cruz, de la muerte, del sepulcro, y estaba siendo anunciado el fruto de esa humillación, la gloria de la Pascua. Por eso las dos grandes luces del año litúrgico de la cumbia de la Iglesia. La Iglesia tiene su cumbia, su cumbia, la cumbia de la Iglesia es el año litúrgico. Los dos grandes cirios son la Pascua y la Navidad, la Pascua y la Navidad. Pero, pero, pero. Aquí bendecimos al niño. Ya puedes volver a tu sitio. Muchas gracias. Pero. Para vivir esa Pascua con toda su fuerza. Hay que prepararse, lo mismo que cuando se preparó, por ejemplo, este encuentro internacional. ¡Cuánta preparación! ¡Cuántas comisiones! A mí me decían no sé si era por chiste. Casi 50 comisiones. ¿Sí es verdad? Casi 50 comisiones. ¡Qué cosa! Qué preparación. ¡Comisión! ¡Comisión! ¡Comisión! Gente trabajando. Todo el mundo moviéndose para que todo saliera. Como gracias a Dios ha salido. A ver, de los que están aquí. ¿Quiénes estuvieron en alguna comisión? Levanten la mano; los que estuvieron en alguna comisión. ¡Mire qué hermosura! ¡Qué hermosura! ¡Qué hermosura! Un aplauso para ellos. ¡Gracias, gracias, gracias! Las comisiones prepararon el evento. ¿Para qué? Para que cuando llegara la hora del evento todos estuviéramos a punto, estuviéramos listos, estuviéramos alegres, estuviera todo, todo, todo en orden. Así también, para celebrar la Pascua hay una preparación ¿Qué se llama. . . ? La preparación de la Pascua ¿Se llama. . . ? No. ¡Bendito sea Dios! Estamos predicando este tema. No me haga música ahorita, por favor. Cuaresma. ¡¡Cuaresma!! La Pascua se prepara con la Cuaresma. La Cuaresma. Cuando reconocemos nuestra condición pecadora para tener el gusto de oír el eco de las palabras de Cristo: "Yo no he venido a buscar a los justos, sino a los . . . " Pecadores. . . ¡Éso.! La Pascua se prepara con la. . . cuaresma. Para que nos alcancen a escuchar los hermanos evangélicos o los que sean, que están por allá haciendo ruido. Hágame el favor de decir la Pascua se prepara con la, ¡Cuaresma! No, yo creo que, aquí en la esquina lo alcanzaron a oír. Yo he estado predicando toda la semana y mire, gracias a Dios ahí tenemos todavía un poquito de voz. De manera que háganse oír. Claro que ustedes dirán, -Padre, pero páseme el micrófono a mí-. La Pascua se prepara con la. . . ¡Cuaresma! Éso sí, con la Cuaresma, eso sí, la Cuaresma y la Navidad, que es ese fogoncito chiquito que nos recuerda la Encarnación. La carne de Cristo, que luego sería ofrecida en la cruz. ¿La Navidad se prepara con el. . . ? Adviento. ¿Con el qué? Adviento. Esos son los dos pases de la cumbia. Todos los bailarines, los danzarines, todos saben hacer pases. Un paso o un pase. Un paso. Entonces la cumbia de la Iglesia tiene dos pasos. Un paso, un paso. Se llama Cuaresma y Pascua, vea. Cuaresma y Pascua. ¿Si me sale bien? Cuaresma y Pascua. Vea, ese es uno. Pero luego hay otro que se llama Adviento y Navidad. Adviento y Navidad. Eso es Adviento y Navidad. Entonces, en la danza de la Iglesia hay que tener Cuaresma y Pascua por una parte, y Adviento y Navidad por otra parte. Esas son las dos grandes luces. Y entre esos dos grandes cirios hay otro tiempo que nosotros llamamos el tiempo ordinario, que es cuando la Iglesia da su vueltecita, 33 o 34 domingos, dándole la vueltecita a Jesucristo. Ese es el Adviento, tiempo hermosísimo para acordarnos de que Cristo vuelve con poder y para acordarnos de que Cristo vino con humildad, con el poder de la humildad y con el poder del amor. Ese es el tiempo que estamos empezando. Mis amigos, yo no voy a poder compartir este Adviento con ustedes, no voy a poder, pero gracias a Dios estamos en la misma Iglesia Santa Iglesia Católica y donde yo esté a medida que se va aproximando, a medida que se va llegando ese momento de la Navidad, me acordaré de que existe este lugar, de que existe esta alegría, de que existe esta fe y de que aquí, aquí, aquí, aquí se alaba a Dios. ¡Pero qué lindo se ve el pueblo de Dios!

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