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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Adviento, tiempo para educarse en la esperanza.
Homilía ba01001a, predicada en 19961201, con 10 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Como se nos ha dicho, queridos hermanos, iniciamos hoy el tiempo del Adviento. Un tiempo litúrgico breve, que pasa casi inadvertido a muchas personas, especialmente porque la propaganda y el comercio no nos van a hablar de Adviento. El que quiera saber algo de Adviento que venga a las iglesias, el que quiera saber de Adviento que asista a la Misa; porque en los centros comerciales no existe la palabra Adviento y en las calles, en los árboles de Navidad, ni siquiera en los pesebres tempranamente puestos, de pronto, más para nuestra admiración que para nuestra oración y contemplación. La palabra Adviento es casi una especie de secreto que se dice aquí en la Iglesia; a usted se le cuenta que estamos en Adviento, pero quizá y dolorosamente, después de las puertas de la Iglesia, nadie sabe que estamos en Adviento. El Adviento, dirán algunos, es el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, 3,4 pasa, ciertamente pasa, pero todavía no saca buena nota, 3,4, esa no es toda la razón de ser del Adviento. Además, el Adviento nos prepara para la Navidad, pero en la segunda parte del Adviento; es que el Adviento tiene dos partes. Para la segunda, si se puede decir que es una preparación para la Navidad, pero para la primera, que es la que estamos iniciando exactamente hoy, para esa primera parte no debemos decir que es una preparación para la Navidad. Y entonces ¿Qué es, esta primera parte? Haga memoria, mi querido amigo, de ¿Qué celebrábamos hace ocho días? Hace ocho días estábamos aclamando a Cristo como Rey del universo y en muchos lugares, púlpitos e iglesias, dijimos, muchos predicadores sacerdotes: que la celebración de Cristo como Rey del Universo es una celebración en esperanza, porque efectivamente la realidad que vivimos en términos de economía, de familia, de religión, no es una realidad que ya nos esté presentando a Cristo Rey. Nosotros celebramos a Cristo Rey en esperanza. Sabemos que es un misterio que habrá de cumplirse. Pues bien, esta primera parte del Adviento se parece y es como una especie de prolongación de esa festividad en esperanza, de esa festividad de Cristo Rey. Nosotros no debemos en este momento estar todavía en función de pesebres, de pastores de estrellas. No, este no es todavía el momento de eso. Aunque por todas partes se multipliquen esas imágenes que tampoco se están multiplicando ya mucho, porque resulta más cómodo multiplicar las hojas verdes y las cintas rojas, y desde luego, personajes bien popochos que tengan hartos regalos. Eso es bueno para el comercio, eso produce dinero, produce divisas, mueve la economía, que ha estado tan mala en este año en Colombia, mueve la economía. En cambio, estas consideraciones, así, medio religiosas y medio bíblicas, que pueda decir yo aquí, esas no mueven la economía. Por eso hace usted muy bien poniéndole cuidado a estas palabras aquí, porque le repito en otra parte no las va a oír Y bien, esta primera parte del Adviento es como una prolongación en la celebración de la esperanza, es mejor, digo, -una educación en la esperanza-, esta sí sería la palabra. La primera parte del Adviento, que ya le cuento hasta cuándo dura, es una educación en la virtud de la esperanza. Usted recuerda que hay tres virtudes que identifican al cristiano llamadas virtudes teologales: la fe, la esperanza y el amor. Pues bien, la educación en la fe se da fundamentalmente por la escucha de la palabra, por los sacramentos de la fe. La educación en el amor se da por la práctica de las virtudes, por las obras de misericordia, por los actos de adoración. Y la educación y la esperanza: Ese es el tiempo en el que estamos, desde el primer domingo de Adviento, que es este, hasta el diecisiete de diciembre, es decir, hasta una semana antes del veinticuatro; desde este primer domingo de Adviento, no importa en qué fecha caiga, hasta el diecisiete de diciembre, ese sí cae exactamente el diecisiete. Desde ese primer domingo hasta el diecisiete, está la primera parte del Adviento, que es una educación en la esperanza. Los tiempos que vivimos son pésimos para la esperanza, por todas partes los rostros muestran desilusión y cansancio, y aquellos que deberían ser como los primeros testigos de la esperanza, es decir, los jóvenes a veces son los que tienen cara de más desesperanzados y desesperados. Si no pregúntenos a nosotros que tenemos aquí, vecino un colegio, dos colegios, tenemos vecinos, aquí pasando esta pared, nuestro colegio Jordán y allí nomasito, nuestro colegio del Rosario de Santo Domingo. Pues bien, hay que preguntarle a quienes dirigen estos colegios cómo anda la virtud de la esperanza. Aquello que se dijo alguna vez para los sicarios, no futuro, parecen sentirlo muchísimos jóvenes cuando ven que profesionalmente, económicamente, familiarmente, el mundo parece convocado a una especie de recesión, de inmensa recesión; necesitamos ser educados en la esperanza. Un presidente de Colombia, cuando inició su mandato, dijo: -Bienvenidos al futuro-, él quería decir con esas palabras que empezaba como una nueva etapa, seguramente quería decir eso. Pues bien, aquí no se trata tanto de darle la bienvenida al futuro, sino de prepararnos para acoger, para recibir, para atraer ese futuro. Para este propósito, la Iglesia, que es madre y maestra, le va a ofrecer a usted tres acompañantes, tres acompañantes para que lo acompañen, para que estén con usted, para que le ayuden, lo eduquen y me eduquen a mi en la esperanza, porque a mí me parece que el futuro será, de aquellos que tengan esperanza, de aquellos que hayan podido esperar. Bueno, habría mucho que decir de la esperanza, pero no lo voy a decir todo ahora, yo simplemente voy a contarle cuáles son los acompañantes en este itinerario. Fíjense que el itinerario es cortico, es de aquí al diecisiete de diciembre. No cante muchas novenas de aquí al diecisiete, no cante, muchas novenas. No es el momento de estar pendiente de los mil detalles de las celebraciones navideñas, detalles que muchas veces no dicen nada de Cristo. No es el momento de eso, es el momento de educarse en la esperanza. Tres Acompañantes: Acompañante número uno el profeta Isaías. Fíjate cómo el panorama de las lecturas bíblicas cambió radicalmente. Nosotros hemos terminado un año litúrgico que se llamaba el Ciclo A, estamos empezando el ciclo B para los domingos; de ahí viene nuestro segundo acompañante, en este ciclo B, vamos a escuchar al evangelista Marcos. Durante todo el ciclo A estuvimos oyendo al evangelista Mateo, ahora vamos a empezar con el evangelista Marcos. Y tercer acompañante durante nuestro tiempo de Adviento, especialmente en esta primera parte. Juan, Juan el bautizador, Juan el que bautizaba, Juan el Bautista. Tres acompañantes. A esos tres, luego le vamos a unir a esa gran maestra de la esperanza, la Virgen María. Bueno, yo no digo bienvenidos al futuro, sino -Bienvenidos a la esperanza, Bienvenidos al Adviento, Bienvenidos a escuchar la palabra profética-. Mire, es que el profeta y el evangelista son los que han recibido de Dios la gracia de remover las ascuas, como cuando una hoguera parece apagada totalmente y uno se pone a remover las ascuas, y de esas cenizas que ya parecían muertas, surge de nuevo la llama. Necesitamos gente que haga eso, necesitamos gente que quiera aprender a hacerlo, que lo aprenda de Isaías, de Marcos, de Juan Bautista, y ya pronto de la Santa y siempre Virgen María. Amén.

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