Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En nuestra vida llevamos una huella de la Santísima Trinidad: en la memoria tenemos un deseo por Dios Padre, en la inteligencia el deseo por Dios Hijo que es Sabiduría y en la voluntad al Espíritu Santo que es Amor.

Homilía atri009a, predicada en 20200607, con 7 min. y 49 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el Domingo de la Santísima Trinidad. Es el domingo que viene después de Pentecostés. Podemos decir que con la fiesta de Pentecostés se completa de algún modo la revelación que Dios ha hecho de sí mismo. Una revelación que es perfecta en la persona de Cristo, pero que se hace real, se hace vida en nosotros a través del don del Espíritu Santo.

Aprendamos o recordemos unas cinco cosas importantes sobre esta fiesta de la Santísima Trinidad: Primera ¿De dónde viene ese nombre? Trinidad. Trinidad es una abreviatura de Tri que significa tres y unidad que indica uno, porque en el centro de este misterio que es el corazón mismo de nuestra fe católica, está el hecho de que hablamos de tres personas y hablamos de una sola esencia o naturaleza, tres personas, una naturaleza.

Segundo dato importante, ¿no es una contradicción estar diciendo que son tres y que son uno? ¿No es una contradicción? No, no es contradicción, porque de quienes afirmamos que son tres es de las personas divinas, mientras que, de quien afirmamos que es una, es de la naturaleza divina. Esto ¿qué implica? Que no hay una naturaleza para el Padre y otra para el Hijo. No hay una esencia para el Padre y otra para el Hijo.

Cuando nosotros, personas humanas interactuamos, podemos distinguir claramente que somos distintos en nuestra sustancia. Por eso tú eres uno, distinto de mí, tenemos una misma naturaleza humana, participamos de una misma esencia humana. Pero sin embargo, tú eres una sustancia distinta de mí, y por eso tu historia es distinta de la mía. Tus decisiones no tienen que coincidir con las mías, y así sucesivamente.

En el caso de la Trinidad, hay una sola naturaleza y hay una sola sustancia. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que todo, absolutamente todo, es común entre el Padre y el Hijo, entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Todo es común. Pero viene la pregunta: ¿Si todo es común, entonces no estaríamos hablando más bien de que lo que llamamos personas en realidad, son maneras de presentarse Dios, por así decirlo?. A veces se presenta como padre, a veces se presenta como hijo. Respuesta: No, porque aunque comparten una misma naturaleza, hay algo que tiene el Padre que no tiene el Hijo, y es precisamente el engendrar al Hijo.

Por supuesto, en el acto eterno por el que el Padre engendra al Hijo, le da todo al Hijo. Y en el momento en el que el Hijo es engendrado, recibe y comparte todo del Padre. Pero el Padre no le da el ser padre al Hijo, y el Hijo es Hijo, mientras que el Padre no lo es. De manera que el Padre sigue siendo Padre porque es el que dio origen al Hijo. Así el Hijo comparta toda la naturaleza del Padre, y del mismo modo el Hijo sigue siendo Hijo, incluso si comparte toda la naturaleza del Padre, porque el Padre no es Hijo.

Con esto estamos diciendo que la única diferencia que hay entre el Padre y el Hijo es la relación que hay entre ellos, una relación que es eterna, una relación que no trae ninguna diferencia ni en la gloria, ni en el honor, ni en el poder, ni en la esencia, y que sin embargo, hace que el Padre sea Padre y el Hijo sea Hijo.

Esta explicación, la que habla de las relaciones como única diferencia entre las personas divinas, la debemos fundamentalmente a Santo Tomás de Aquino, aunque no es completamente original de él; él lo toma de pensadores anteriores, particularmente de Boecio, pero es él quien lo ha expuesto de una manera más completa y sistemática.

Tercer dato sobre la Trinidad, ¿Se puede decir que la Trinidad es otro nombre para Dios?. Si vamos a ser precisos, nosotros no vemos en la Trinidad otro nombre para Dios, sino un nombre del misterio que Dios mismo es. Es decir, es una manera de referirnos al ser de Dios, al misterio que es el ser de Dios; pero no significa que propiamente nosotros tengamos oraciones a Dios Padre, oraciones a Dios Hijo, oraciones al Espíritu Santo, oraciones a la Trinidad. No es la mejor idea; no es que esté mal, pero no es la mejor idea. Porque la Trinidad. . . , y aquí vamos al cuarto punto.

La Trinidad, cuando pronunciamos la palabra Trinidad, lo que estamos diciendo de un modo súper, súper compacto, es todo lo que la Sagrada Escritura nos dice sobre el Padre, sobre el Hijo y sobre el Espíritu Santo. Es decir, que cuando nosotros hablamos de Trinidad, estamos resumiendo, en una palabra, toneladas de preciosa información, de revelación que ha venido a nosotros a través de la Sagrada Escritura. Todo lo que la Iglesia ha podido aprender sobre quién es Dios lo resume en la palabra Trinidad. Es más bien el nombre del misterio, mientras que el nombre propio de Dios para nosotros es: -Padre de nuestro Señor Jesucristo-.

Y por eso en la liturgia, básicamente todas las oraciones, mucho más del noventa y nueve por ciento de las oraciones se dirigen al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo. O sea que Trinidad es una diferencia sutil. Pero Trinidad, más que un nombre de Dios, es el nombre del misterio de Dios.

Y un último punto ¿se puede decir que la Trinidad tiene una especie de presencia en nuestra vida? Por supuesto, el santo que más desarrolló esta idea fue San Agustín. San Agustín nos enseña que en esa potencia del alma que se llama la memoria, tenemos una huella y un apetito, un deseo particular de Dios Padre, en esa potencia del alma que se llama inteligencia, tenemos una huella y un deseo de Dios Hijo, que es la sabiduría. Y en esa potencia del alma que se llama la voluntad, tenemos una huella y un apetito, un deseo de Dios Espíritu. Dios Espíritu Santo, que es amor. O sea que también llevamos en nosotros una huella de la Trinidad.

Feliz día, Feliz día de este inmenso misterio que nunca terminaremos de comprender, pero que por eso mismo siempre podemos profundizar.

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