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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Se necesita claridad en la doctrina de la Santísima Trinidad que Dios mismo nos ha revelado en la Sagrada Escritura porque no queremos perderlo en manos de herejías.
Homilía atri007a, predicada en 20170611, con 6 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El domingo después de Pentecostés, nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Podemos decir que esta es la fiesta de Dios, la fiesta del misterio de Dios; para ser más precisos, hay enunciados bastante claros, bastante netos, sobre qué es lo que estamos celebrando. Las palabras claves son naturaleza y persona. Básicamente, lo que afirmamos es que en Dios hay una sola naturaleza, una sola esencia. Pero al mismo tiempo reconocemos en Dios tres divinas personas. Si son distintas estas personas, pero no son distintas según su naturaleza, ¿qué es lo que puede hacerlas distintas? Únicamente el modo como se relacionan unas con otras. Así, por ejemplo: el Padre es el que engendra al hijo y no el hijo al Padre. Esto supone que hay una relación única entre el Padre y el Hijo. Pero Dios Padre, al engendrar al Hijo, le comunica, le da toda su naturaleza, todo su mismo ser, y se lo da desde siempre, desde toda la eternidad. Entonces, el Hijo no tiene una naturaleza distinta de la del Padre, sino la misma, y no es posterior al Padre, sino coeterno, es decir, tan eterno como el Padre. Esto significa que el Hijo es completamente indistinguible del Padre, excepto por el hecho de que es el Padre el que ha engendrado al Hijo. Esta es la manera como la teología de Santo Tomás presenta el misterio trinitario. Lo mismo sucede con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La razón por la que nosotros afirmamos esto es porque si el Espíritu Santo procediera únicamente del Padre, es decir, sin ninguna relación al Hijo, entonces el Espíritu Santo tendría la misma naturaleza del Padre y del Hijo, y tendría también el mismo origen, que sería solamente el Padre. Si así fueran las cosas, entonces el Espíritu Santo no podría ser distinto en su relación con el Padre a la relación que el Hijo tiene con el Padre. Lo que esto significa es que entonces el Espíritu Santo sería en todo idéntico al Hijo. O si vamos a ser más precisos, la tercera persona de la Trinidad sería exactamente igual en naturaleza y en relación a la segunda persona, y entonces no tendríamos en realidad tres personas, sino solamente dos. Es por esto por lo que Santo Tomás afirma que el Espíritu Santo no puede proceder únicamente del Padre. Se puede utilizar sin embargo, dos modos de lenguaje: Se puede decir que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, que es el modo usual de hablar en la teología occidental. O se puede decir que el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo, que es el modo más usual de mencionar el origen del Espíritu en la teología oriental. Pero en todo caso es necesario mencionar al Hijo. La manera como unas personas divinas proceden de otras personas divinas, es decir, la manera como el Hijo procede del Padre, o la manera como el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Es lo que se llama precisamente el proceder, o más técnicamente, más precisamente, la procesión. Por eso, al estudiar el misterio de Dios, se habla de las procesiones, no en el sentido de la religiosidad popular, sino en el sentido de cómo el Hijo procede del Padre y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Estas afirmaciones, que pueden resultar un poco abstractas o lejanas, lo que hacen es condensar lo que sabemos del misterio de Dios mismo a través de lo que nos ha revelado en la Sagrada Escritura. Es decir, lo que nosotros sabemos de Dios no lo sabemos porque un portento de genialidad humana se haya puesto a pensar en estas cosas, sino más bien lo sabemos porque el Padre envió a su Hijo, y luego el Hijo resucitado, glorificado, ha enviado desde el Padre la efusión del Espíritu. Es nuestra experiencia del Padre, del Hijo y del Espíritu la que nos hace preguntarnos sobre estas realidades tan profundas, y es la que nos hace llegar a estas afirmaciones. ¿Por qué es importante tener claras estas afirmaciones? Porque si no tenemos clara esta enseñanza, fácilmente podemos caer en distintas enseñanzas falsas. El que no tiene en su corazón las enseñanzas verdaderas, fácilmente se llena de enseñanzas falsas. Esas enseñanzas falsas se llaman herejías. Por ejemplo, decir que el hijo fue creado, es decir que el Hijo es parte de la creación, que el Hijo por consiguiente, no es eterno como el Padre, ni merece la misma honra y la misma adoración del Padre. Esta herejía se llama arrianismo. Eso es lo que sucede cuando no tenemos una enseñanza clara. Por esta razón necesitamos claridad en esta doctrina; no porque el conocimiento sea una especie de nuevo ídolo para nosotros, sino porque es precioso lo que Dios nos ha revelado en la Sagrada Escritura y porque no queremos perderlo en manos de herejías. Dios nos preserve en su santa verdad y en el gozo de lo que apenas podemos balbucear en esta tierra, pero por misericordia podremos contemplar, adorar y celebrar para siempre en el cielo. Amén.

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