Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fiesta de la Santísima Trinidad es el momento en el que reconocemos todo lo que sabemos que Dios no es.

Homilía atri002a, predicada en 20080518, con 19 min. y 42 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Se puede decir que esta fiesta de la Santísima Trinidad es el momento en que reconocemos todo lo que sabemos que Dios no es. Porque la historia de esta fiesta es de muchos siglos y es bien complicada. Lo que nosotros nos atrevemos a afirmar de Dios realmente es casi por exclusión. Es más una colección de cosas que sabemos que hay que decir, porque si uno dice lo contrario está en realidad negando algo de lo que Dios ha revelado. Por eso digo que es una fiesta un poco complicada. Por ejemplo, gente hubo que dijo Cristo es una criatura. Cristo fue creado por el Padre. Entonces. Como respuesta a eso. Nicea dice: No, no es así. Cristo fue engendrado, no creado, y es de la misma naturaleza del Padre.

Luego llegaron otros llamados -Pneumatómacos- que dijeron El Espíritu Santo es una fuerza, es una energía, es una manera de hablar de la acción de Dios. Entonces, eso como que no suena del todo. Y finalmente se llega a una resolución, ¡No! El Espíritu Santo y el Hijo y el Padre participan de una misma gloria, y tanto se puede adorar al Espíritu Santo como se puede adorar al Hijo, como se puede adorar al Padre. Es San Atanasio, podríamos decir especialmente él, el campeón de esta historia, un poco convulsa. Pero a ver si me puedo explicar con esto que estoy tratando de decir. El hecho de que nosotros digamos que Cristo no fue creado en el tiempo, sino que Cristo es eterno como el Padre, eso no significa que nosotros entendamos, que nosotros comprendamos todo el misterio de Cristo. Lo único que comprendemos es que si decimos que Cristo fue creado, estamos diciendo algo equivocado.

Y así se ha ido enunciando, así se ha ido perfilando esta afirmación fundamental de nuestra fe. Dios Padre, Hijo y Espíritu. Pero eso no significa que entendamos a Dios, sino que entendemos que si no decimos esto, que afirmamos, es decir, si decimos lo contrario, nos hemos salido de lo que Dios nos ha revelado. Por eso es un enunciado por exclusión. Uno como que sabe lo que no debe decir, pero el contenido mismo, el misterio mismo de lo que sí afirma, permanece insondable, permanece abierto, permanece infinito. Y creo que es muy importante entender la palabra misterio en esta clave. Un misterio no es una pared, es un pozo. Un misterio no significa: -Ya no se puede saber más-. Misterio quiere decir, es infinito lo que hay que saber.

De modo que nosotros no entendemos el misterio de la Trinidad. Eso no significa que no podamos preguntarlo. No significa que no podamos profundizarlo. Más bien, lo que significa es que la Iglesia ha tomado conciencia que esta afirmación no tiene fondo, es infinita. Es como un océano que no tiene ni fondo ni ribera. Decía Santa Catalina de Siena. Así que hoy celebramos, no que hemos descifrado a Dios. No estamos celebrando aquí que logramos entrar por una puerta nueva, tal vez una puerta muy racional, muy lógica, muy metafísica. Logramos entrar allá como en la intimidad de Dios, y describirlo, explicarlo, comprenderlo. Nada de eso. Estamos celebrando la victoria de la fe verdadera.

Estamos celebrando que el mismo Espíritu ha preservado a la Iglesia y le ha dado por lo menos algunas claves que en últimas se resumen en el Credo. Le ha dado unas claves para que la misma Iglesia no niegue lo que ha recibido de Dios. Pero si luego a uno le piden que explique eso, pues sigue siendo difícil, sigue siendo inagotable. Además, es importante que sepamos que nuestros términos son terriblemente incapaces y terriblemente problemáticos cuando se trata de hablar del misterio mismo de Dios. Estas afirmaciones básicas, Dios, una naturaleza, tres personas. Decir que en Cristo hay una persona y dos naturalezas, y en Dios hay una naturaleza y tres personas. Hablar de cómo el Espíritu procede del Padre y del Hijo, es decir, todo eso que constituye como el tratado clásico de la Trinidad. Todo eso es valioso, pero es valioso sobre todo para evitar herejías.

Es valioso, sobre todo para evitar que uno se aparte de lo que fue revelado. Pero después de escribir y estudiar todo ese tratado, pasan dos cosas: Pasa que uno siente que Dios sigue siendo inagotable. Eso le pasó a Santo Tomás, como bien sabemos. Frente a lo que he visto, lo que he escrito me parece paja. "Quemen todo eso" dice Santo Tomás después de su visión, aquella que tuvo el 6 de diciembre de 1.273, tuvo ya una experiencia, una experiencia en que se sintió como, como tocado, como como que Dios le dejaba ver algo. . . ¿Qué vió? No lo pudo decir nunca. Y sintió que lo que había escrito se quedaba corto. Porque así es, así tiene que ser. Entonces, todas estas explicaciones que se den no son inútiles, son útiles, pero son útiles sobre todo para que uno no caiga en herejía, para que uno no termine diciendo tonterías, para que uno no vaya a decir que Cristo fue creado, que el Espíritu Santo es una energía; para que uno no termine diciendo, que entonces nosotros nos podemos volver Cristo, o que en el fondo todos somos Dios o esas cosas que dice esta ideología o filosofía de la Nueva Era.

Para evitar errores, esta fiesta es preciosa y fue en el fondo diseñada para eso, para evitar errores, para que uno no diga tonterías. Pero eso no significa que ya poseemos las verdades. Mucho cuidado con adueñarse de Dios. Mucho cuidado. Hay que tener gran precaución de no creerse uno, que nosotros sí tenemos y entendemos a Dios y de no creerse uno, y de no transmitir esa falsa impresión a otras personas, más bien lo que parece sensato en lo único en lo que puede terminar esta fiesta es en un silencio de contemplación y de adoración. Aquí, en esta capilla, en esta iglesia del Monasterio de Santa María de Gracia, podemos hacer una comparación con esta fiesta.

A uno le enseñan, es decir, a una novicia, por ejemplo, le enseñan, mira, este es el espacio para las monjas. Aquí te sientas, aquí está el libro, aquí están los cantos. Es decir, a uno le dan como unos parámetros. Te mueves de aquí hasta aquí. Tu horario va de aquí hasta aquí. Tu puesto va de aquí hasta aquí. Tu trabajo va de aquí hasta aquí. Le ponen unos límites, unos parámetros, así es, toda vida organizada. Toda vida tiene eso. Tiene unos límites. Pero sigamos con el ejemplo de la contemplativa esta, le ponen unos límites que ella acoge porque encuentra ahí su vocación. Entonces, ya sabe. Bueno, este va a ser mi asiento. Este es el libro que voy a utilizar. Estos son los cantos, los salmos. Aquí está la reja, el techo, el piso, el altar. Pero nada de eso, nada de eso es Dios. Nada de eso produce el encuentro con Dios. Todo eso únicamente crea ciertas condiciones, crea cierto ambiente, evita distracciones, evita errores.

Pero finalmente, el encuentro con Dios sigue siendo tan misterioso, tan impredecible, tan fuera de nuestro alcance. Aquí uno sentado en este monasterio, como sería en la zarza en el desierto cuando lo de Moisés. Todos estos límites y asientos y silla, atril, facistol, cirio, canto, órgano. Eso no garantiza nada. Ahí se puede tener el mejor órgano, la mejor silla, la mejor escultura y eso no garantiza nada. El encuentro, el asomo al infinito, es en otro orden. Está en el orden de la humildad, de la adoración, de la búsqueda silenciosa, de la súplica ardiente. Y si no existe eso interior, todo lo demás es una payasada. Un grupo de mujeres que dicen Bueno, ahora hemos decidido no salirnos de aquí. Bueno, pues bien, os haya. Allá vosotras.

Lo maravilloso, lo real, La sustancia no está en nada de esto. Algo parecido acontece con esta fiesta. Todas esas afirmaciones que son importantes y muy afinadas, es una filigrana. Cuando se dice, por ejemplo, que las relaciones dentro de la Trinidad son reales. Ahí hay toda una metafísica profunda. Las relaciones son reales, no son sólo racionales o virtuales. Son reales. Porque resulta que lo único que diferencia al Padre del Hijo y al Hijo del Padre es que el Hijo es hijo del Padre y el Padre es padre del Hijo. Si logras entender eso, ya estás lista para Santo Tomás. Pero uno hace el esfuerzo y uno estudia y lo mira y lo mira en latín y mira la raíz griega. ¿Cuál es la diferencia entre prosopon e hipóstasis y todo eso? Es la reja, todo eso es la silla, todo eso es el piso, el techo. Y una vez que tienes todo eso, lo que tienes claro es cómo evitar errores.

Pero el fuego no está ahí. El amor no está ahí. El abrazo. El beso no está ahí. El silencio, el calor, el perfume. No están ahí. La presencia, La presencia, no la garantiza eso. Lo mismo que aquí. Todas estas cosas que van agregando no garantizan más o menos nada. Finalmente, y eso lo viene a descubrir uno con el tiempo. Finalmente, en el momento en el que uno se para, se postra, se sienta a orar. Uno sigue estando tan desnudo el primer día como el último. Y pueden pasar treinta años, cuarenta años de monasterio y ya uno le toma práctica a las cosas. Ya uno sabe cómo caminar, dónde están los escalones, dónde no me voy a caer, Esto viene por aquí. Ya uno sabe cómo tratar a las personas. Ya uno se puede vestir con los ojos cerrados. Para mí siempre ha sido un misterio el vestido de las monjas. No sé eso cómo funciona. Tampoco me interesa entrar en detalles. No tienen que aclararlo, pero es una cosa complicada. Pero ya. Yo sé perfectamente que después de unos años la monja se arregla y se viste sola. Ya sabe cómo manejar hábito, ya sabe cómo caminar.

Que un ventarrón no la saque volando. Ya sabe todo y sin embargo, no sabe nada. Esta fiesta tiene que acabar en eso, en que finalmente sabemos muchas cosas. Pero son esos los límites donde uno dice dentro de este conjunto estamos a salvo de una cantidad de errores. De una cantidad de errores. Pero ¿Qué es Dios?, y ¿Qué es encontrarse con Dios? y ¿Qué es servir a Dios? y ¿Qué es agradar a Dios? ¿Qué es agradarle? ¿Qué es vivir en amistad con Él? Eso, de algún modo seguimos sin saberlo. Eso, de algún modo, solo lo revela Dios a los pequeños y a los sencillos, lo cual no quiere decir que menos estudio signifique ser más pequeño y más sencillo, porque hay gente que no tiene estudios, pero lo que no tiene estudios lo tiene de orgullo y de tozudez.

Entonces tampoco eso ayuda. Lo que necesitamos es lo que alguno llamó la "Docta Ignorancia". Saber lo suficiente para evitar los errores y saber, sobre todo, que no sabemos. En ese sentido, si nosotros asumimos esto, sobre todo en una fiesta como la Trinidad. Si nosotros de veras asumimos esto, vamos a presentar un rostro mucho más auténtico de la Iglesia, porque a veces se presenta la Iglesia como diciendo: Atención todos que nosotros sí entendemos a Dios. Tenemos aquí el monopolio de la verdad, el monopolio de la eternidad, las llaves del cielo, el control. Ese rostro presuntuoso, altivo. Ese rostro de la Iglesia no solo es pastoralmente desastroso, sino que es esencialmente falso.

El obispo, el sacerdote, el teólogo; más que nadie necesitan tener una actitud de infinita adoración, de silencio humilde ante un misterio que nos desborda. ¿Por qué viene el hijo? ¿Por qué se derrama el Espíritu? ¿Cómo es Dios finalmente?, ¿Cómo puedo yo agradarle? Eso no me lo dan ni las rejas ni las sillas. Eso únicamente lo despierta el Espíritu en los corazones humildes creyentes que saben rendirse, que saben postrarse, que saben abajarse ante el Altísimo. Por eso tiene extraordinario sentido hablar de este Día de la Trinidad como un día de la vida contemplativa. No sé quién tuvo esa feliz idea, pero es buenísima, porque de lo que se trata es eso. Por un lado, saber que todo Dios y todo lo de Dios nos interesa.

Pero por otro lado, caer en la cuenta, realizar, que únicamente en el silencio, en la adoración, en la humildad, se puede esperar y recibir el abrazo del amado. Y de eso, sobre todo, de eso han de ser expertas las contemplativas. Continuemos nuestra celebración dando gracias a Dios, que dándonos a su Hijo y dándonos al Espíritu se ha dado Él mismo, se ha dado todo. Dios no tiene pedazos. Dios cuando se da, se da entero. Este Dios que se ha revelado, que se ha entregado entero, de alguna manera reclama la integridad, la totalidad de nuestro ser, que se abaja ante Él y que le adora y que proclama su gloria.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM