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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En las virtudes domésticas aparece la verdad de lo que somos.
Homilía asfa019a, predicada en 20221230, con 7 min. y 48 seg. 
Transcripción:
Queridas hermanas, esta fiesta de la Sagrada Familia nos invita a reflexionar sobre las virtudes domésticas. La palabra doméstico viene del latín domus, que quiere decir casa. De ahí viene también la palabra domicilio. Las virtudes domésticas son las virtudes de casa, que en primer lugar son necesarias para la familia; papá, mamá, hijos, pero que en general son necesarias allí donde convivimos los seres humanos, los que estamos en la misma casa. Por ejemplo, en una comunidad religiosa. Ahí necesitamos virtudes domésticas. La palabra virtud está conectada con la fuerza, está conectada, podríamos decir, con el éxito. Y las primeras virtudes que reconoció el mundo antiguo fueron virtudes llamémoslas espectaculares, como por ejemplo ser fuerte en una batalla, ser perseverante o ser muy ingenioso. Las virtudes domésticas, en cierto sentido, van en la otra dirección, no en la dirección de lo espectacular, sino en la dirección de lo discreto, de lo sencillo. Si una persona, por ejemplo, fue un gran guerrero en una batalla, esa fue una batalla. Pero las batallas propias de la vida cotidiana de la vida doméstica son pequeñas, pero son constantes. Algunas de esas batallas las menciona San Pablo en el texto de la Carta a los Colosenses, -Dice San Pablo, por ejemplo-, sobrellevaos mutuamente con amor. Considere ese verbo sobrellevar. Es una combinación de comprensión, paciencia, ternura, tolerancia; "sobrellevar", sobrellevar las pequeñas imperfecciones, las aristas del temperamento de otra persona, lo que nó nos gusta, pero tampoco es tan grave como para decir que es un gran pecado, por decir algo. Entonces hay que aprender a sobrellevarse. También dice el mismo apóstol que hay momentos en que tenemos conflictos y necesitamos árbitros y por eso dice que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestros corazones. Ahí está otra virtud doméstica, saber solucionar las diferencias, los desacuerdos. Uno se da cuenta que no son cosas extraordinarias, espectaculares. Son cosas sencillas y cotidianas, pero son las que hacen la vida posible. Fíjese que cuando una persona nos incomoda demasiado. Incluso a veces usamos la expresión "Es que me hace la vida imposible". El resumen de las virtudes domésticas es exactamente lo contrario. Las virtudes domésticas son las que hacen la vida posible. Hacerle la vida posible a las otras personas para que puedan desarrollar sus cualidades, sus talentos, para que puedan superar sus defectos, para que puedan avanzar no solamente como personas, sino que ya que somos creyentes, puedan avanzar también en su vocación, en su fé. Las virtudes domésticas tienen una característica y es que muestran la verdad de lo que somos. Nuestras mamás y abuelas siempre tuvieron un dicho, yo lo escuché de niño, seguramente otras personas lo habrán oído también con otra versión. Para quejarse, a veces, por ejemplo de los hijos. Entonces decían las mamás -luz de plaza y oscuridad de casa- mostrando que a veces es fácil lucirse cuando uno está en visita, pero en la casa, en la cotidianidad, en el día a día, uno no puede mantener una apariencia indefinidamente. Es decir, que la casa finalmente muestra la verdad; por unos días de visita, como estoy yo ahora aquí. Eso uno puede parecer hasta bueno, virtuoso, piadoso. Todas las cualidades le salen a uno en visita, pero póngase a vivir con el tal Nelson. Y entonces ahí van saliendo muchas cosas que ya no son tan bonitas. Por eso las virtudes domésticas son las virtudes que nos muestran la verdad de lo que uno es. Y esto es muy hermoso porque solo la verdad es la que nos hará libres, solo la verdad es la que nos muestra el camino. Por ejemplo, el camino de lo que nos hace falta. Pidamos al Señor entonces que sea Él el que habite. En las dos expresiones que utiliza San Pablo cuando dice que "la paz de Cristo sirva de árbitro -y cuando dice que- la Palabra de Cristo habite con toda su riqueza", ahí nos está dando la clave. La clave para convivir es vivir con Cristo, es decir, las virtudes domésticas, finalmente, lo que me están recordando es que Cristo no es un momento en mi vida, sino es mi vida entera, en lo pequeño y en lo grande, en lo más sencillo y en lo que a veces puede parecer heroico. Porque a veces lo heroico está en lo sencillo, en eso que no tiene testigos y que sin embargo Dios lo ve, lo bendice y lo recompensa.

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