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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuatro razones para amar y defender la familia
Homilía asfa017a, predicada en 20191229, con 31 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, en el libro del Génesis se cuenta de un personaje muy santo, misterioso, llamado Melquisedec. Sabemos que era un hombre muy santo, porque nuestro padre, nuestro padre Abraham, que es nuestro Padre en la fé, cuando salió victorioso de una batalla, fue donde Melquisedec, que se llamaba a sí mismo sacerdote del Dios Altísimo. Y Abrahán le dio el diezmo de todo lo que tenía a ese hombre santo y misterioso llamado Melquisedec. Por eso sabemos que tenía que ser un hombre de una gran virtud, pero prácticamente no sabemos nada más de Melquisedec. La carta a los Hebreos nos dice que de Melquisedec no conocemos la genealogía. ¿De dónde vino ese señor? Tampoco sabemos cuál fue el final de su vida. Lo que sabemos es que era un hombre de Dios, que era un hombre muy santo y que Abraham le dio el diezmo. Y eso dice demasiado, porque todos sabemos lo que significa Abraham en nuestra historia. ¿Por qué el Día de la Sagrada Familia yo le estoy hablando a usted de Melquisedec? Porque Melquisedec fue un hombre que entró en la historia de la humanidad y entró en la historia de Israel sin que supiéramos ni su papá, ni su mamá, ni su infancia, ni nada sobre él. Pero hay un hombre mucho más santo, infinitamente más santo, uno que es verdadero hombre y verdadero Dios, que es nuestro Señor Jesucristo. Y en el caso de nuestro Señor Jesucristo, nosotros sí tenemos genealogías, una que ofrece San Mateo en el capítulo primero, otra que ofrece San Lucas; Allá, como en el capítulo tercero. Sabemos de su papá José, de su mamá María. Sabemos que su concepción fue milagrosa, que no es fruto de unión del hombre y la mujer, sino más bien una acción poderosa del Espíritu Santo que santifica el amor de ellos y que sin intercambio íntimo entre ellos, hizo posible la concepción de Jesús. Entonces, fíjese lo interesante del contraste entre Melquisedec y Jesucristo, porque Melquisedec fue muy santo, pero no sabemos nada de su origen ni de su familia, Jesucristo, en cambio, infinitamente más santo. Y si conocemos su familia. Todo esto, hermanos, es para decir que si Dios ha querido que nosotros conozcamos la familia de Jesús es porque hay un mensaje, hay un mensaje vital. Óigame, un mensaje vital en la Sagrada Familia. Hombres santos, hombres místicos, de los que no sabemos nada más, hay muchos, hay muchos. Ya le conté el caso de Melquisedec. Se pueden nombrar algunos otros, pero Dios quiso que nosotros conociéramos que su Hijo Santísimo, unigénito tuvo una familia en esta tierra. Y ese hecho tiene que atraer nuestra atención, porque eso significa que Dios quiere que entendamos algo vital sobre la importancia de la familia y sobre la familia como lugar de santidad. Con esa introducción preguntémonos ¿Cuáles son los bienes realmente únicos, singulares que tiene la familia?, ¿Por qué la familia es una institución tan importante?, ¿Por qué nuestra Iglesia Católica defiende con verdadero vigor y valentía? ¿Por qué defiende la familia y por qué usted tiene que defender la familia? Se lo voy a contar. La familia tiene cuatro características que no las tiene ninguna otra institución humana. La familia es anterior a todas las instituciones sociales, políticas, económicas, laborales. La familia es anterior al Estado y por eso el Estado abusa de su poder cuando pretende dinamitar la familia; cambiar fundamentalmente la estructura de la familia, porque la familia es anterior al Estado. ¿Cuáles son esos cuatro bienes que trae la familia y que no nos trae ninguna otra institución humana? El primero; la familia es formadora de humanidad y en esto se basa todo lo demás que digamos de la familia. La familia es ese lugar diseñado, pensado y amado por Dios; -en el que un ser humano empieza, cada uno de nosotros empezó como una célula fecundada-. Cada uno de nosotros empezó con una estatura ligeramente menor a un milímetro. Ese es el tamaño que tiene el óvulo fecundado. Y desde la pequeñez de menos de un milímetro, nosotros vamos creciendo en nuestro cuerpo, en nuestras facultades, en nuestras necesidades, en nuestros talentos. ¿Cuál es la institución que toma a un ser humano de menos de un milímetro y luego lo entrega a la sociedad convertido en un adulto que sí ha sido bien formado en la familia, es consciente de sus capacidades, se ha formado en sus talentos, conoce sus principales defectos y está listo para integrarse en el tejido social? La institución formadora de la humanidad es la familia. Por eso, si se afecta a la familia, si se debilita la familia, si se fractura, la familia se afecta y se fractura automáticamente toda la sociedad. Familias rotas, familias incompletas, familias deformadas, familias disfuncionales dan seres humanos. Pero seguramente la sociedad va a tener que pagar un precio por esas dificultades que tuvieron esas personas. No debemos culpabilizar a las personas, pero sí debemos preocuparnos por las familias. No estoy de ninguna manera, estoy criticando a la persona que viene de un hogar incompleto, deformado, disfuncional. La persona no tiene ninguna culpa. Pero entendamos por favor que si esto está sucediendo, todos debemos ayudar para que haya mejores familias, -porque la familia es formadora de humanidad-. Ese es el primer punto. Segundo punto la familia es lugar de gratuidad. Esta palabra es muy bonita. "Gratuidad" ¿Qué significa gratuidad? Se parece a gratis, Se parece a gracia. Y efectivamente, la gratuidad está relacionada con la gracia y con lo gratis. En la vida de sociedad, uno continuamente tiene que dar algo para recibir algo. Donde más se nota es en el comercio, por supuesto. Usted puede tener una gran necesidad, pero si usted llega a un comercio y dice -Yo necesito una máquina lavadora, me voy a llevar ésta-, le dicen Claro que sí, pero, tiene que pagar a cuotas, de contado,con tarjeta como quiera, pero tiene que pagar. La vida laboral es una vida también de intercambio y de transacción. Usted ofrece su trabajo. Usted recibe un sueldo. En la vida política hay una transacción. Usted tiene un buen desempeño, La sociedad lo reconoce. Usted tiene un liderazgo social, la sociedad lo apoya. Hay un intercambio. Es normal el intercambio, la transacción. Pero el ser humano necesita algo más que transacciones. Todos los seres humanos necesitamos un espacio que no sea de transacción. Necesitamos que nos amen y que nos cuiden y que nos apoyen y que nos escuchen; porque sí, porque sí. Eso es lo que experimenta de modo usual un niño, una niña en su hogar, por ejemplo. Como les comenté al principio, hoy tenemos el bautismo de Mía Gabriela. Y usted ve que la familia de élla, la cuida, la ama, le gasta tiempo si ella está enfermita. Más amor recibe. ¿Qué está dando ella?, ¿Cómo está pagando eso? Ella no tiene con qué pagarlo, pero felizmente Gabrielita no tiene que preocuparse de pagar nada. ¿Cuál es ese lugar dónde cada uno experimenta; algo que le va a marcar positivamente toda su existencia? Esa experiencia de ser amado porque sí, de ser atendido sin tener que pagar, de ser escuchado, sin tener que cubrir el precio de una consulta. ¿Cuál es el primer lugar? El primer lugar para experimentar eso maravilloso que en teología se llama gratuidad. La familia. Cuando una niña se siente confundida o triste, o desorientada y habla con una hermana suya, o habla con la mamá, y esa mamá gasta mucho tiempo escuchando a su hija. Tal vez, aconsejándola, no le dice al final "Bueno hija, fueron cuatro horas de conversación, ya sabes, me consignas por favor" -Tanta plata-. La mamá le da tiempo, le da amor a esa hija, no le cobra. Esa hija está teniendo una experiencia absolutamente necesaria, una experiencia fundante que se llama gratuidad. Y la experiencia de la gratuidad es la que abre el corazón a aquel que nos ha amado. Porque sí?. Ése que tanto amó al mundo que le dio a su propio hijo. Por eso la familia, como veremos en el cuarto punto, es también el lugar natural para que crezca y florezca la fé. Llevamos dos puntos. La familia es formadora de humanidad. La familia es lugar de gratuidad. Tercero, la familia es también experiencia de diversidad legítima. "Experiencia de diversidad legítima". Por eso es importante que la familia recupere; eso se vive mucho en este querido Santander, pero todavía tenemos que hacerlo más fuerte. Que la familia recupere esa dimensión de familia extensa, porque cuanto más extensa sea la experiencia de diversidad legítima, mucho mejor. ¿A qué llamamos diversidad legítima? Diversidad legítima es el hecho de que un hijo se siente amado por un ser humano maravilloso que se llama ?su papito". Y se siente amado de una manera maravillosa por otro ser humano que se llama ?su mamita". Él se siente amado tanto por el papá como por la mamá. Pero resulta que el papá lo ama de un modo particular, lo ama con un amor masculino, con las características propias del varón. La mujer lo ama con otras características que son las características propias del corazón femenino. De manera que el niño, teniendo un papá y una mamá tiene desde el principio de su existencia una experiencia de diversidad legítima. Diversidad legítima porque son diversos, porque es distinto el amor que tiene el papá del amor que tiene la mamá. Pero ambos amores me hacen bien. Yo no quiero que mi papá me ame como mi mamá. Yo no quiero que mi mamá se vuelva "macha" como mi papá. Yo quiero que mi mamá sea femenina, yo quiero que mi papá sea masculino, pero quiero que mi papá me ame con amor masculino y que mi mamá me ame con amor femenino. El otro día leía el testimonio de una chica que había sido criada por un par de lesbianas y esta mujer comentaba el vacío que élla experimentaba. Ella no hablaba mal ni de su mamá ni de la pareja femenina que tuvo su mamá. Ella no hablaba mal de esas dos mujeres, pero ella decía -Yo veía a las otras niñas y veía cuando las otras niñas se abrazaban a ese papá y yo decía me hace falta-. Ella no se pone a criticar el lesbianismo, ni ese es nuestro punto central en este momento, que por supuesto tiene su desorden. Pero no, ese es el punto central. El punto central es que la familia debe ser experiencia de diversidad legítima. Eso significa amor de hombre, amor de mujer. Cuanto más extensa sea la experiencia de familia, más rica la formación humana de los hijos. Por ejemplo, a pesar de que haya peleas entre los hermanos, los hermanos aprenden también a quererse. Y ese es otro amor diverso del del papá y de la mamá. Eso de tener hermanos mayores, hermanos menores, hermanas, primos, primas, tíos, tías, gente que se casó, gente que no se casó, abuelos, tal vez alguien; algún discapacitado en la familia, tal vez alguien que está postrado en cama, tal vez uno que es enfermo terminal. Mira todas esas experiencias, forman. ¿Y sabes por qué son tan útiles? Porque cuando esa persona salga del núcleo familiar, va a encontrar en la sociedad todas esas realidades, todas ellas y esas realidades diversas que ya ha vivido como en semilla en su familia, hacen que esta persona esté preparada para tratar, para amar a los demás. Es algo maravilloso. ¿Por qué nosotros ponemos el adjetivo diversidad legítima? Porque no toda diversidad es legítima. Por ejemplo, el mal es distinto y diverso del bien. Pero eso no significa que dé lo mismo ser malo o ser bueno. Aquí estamos hablando de la diversidad dentro de la riqueza que tiene la especie humana. Y por eso una familia, y repito, -cuanto más grande, mejor- ofrece a cada uno de sus miembros experiencia de diversidad legítima. Esa experiencia también tiene un efecto psicológico fundamental y tremendamente sanador para la sociedad. ¿A qué me refiero? Tome el caso de mi propia familia. No es perfecta ni fue perfecta nunca, pero realmente recibimos mucho amor. Yo soy el tercero de cuatro hijos. ¿Qué quiere decir? Mi familia nunca fue adinerada. En mi familia, todo había que repartirlo. Uno se tenía que acostumbrar desde niño. Se tenía que acostumbrar que si había una torta deliciosa, por ejemplo. No era toda la torta para mí. ¡Nó! Hay que repartir, esto para uno, para el otro, para el otro. Y si uno tenía la mala costumbre, como yo la tuve de andar mirando platos ajenos a ver cuánto le dieron a mi hermano. Para eso existía una mamá que lo corregía a uno. Fíjate cómo es de pedagógica esa diversidad. Mi hermano tiene derecho. Mi prima tiene derecho. Mi tía tiene derecho. Aquí tiene que haber amor para todos, no únicamente para mí. La experiencia de la diversidad legítima hace que cuando uno presta un servicio en la sociedad, uno también está atento a que nadie se quede con toda la torta. Ya no será una torta que vale unos cuantos pesos en una panadería, ya va a ser la torta del presupuesto de la ciudad, ya va a ser la torta de la distribución de los cargos y los puestos en una gobernación, en un hospital, en una empresa. Fíjate cómo la experiencia de la diversidad forma a los seres humanos, nos forma a los seres humanos en la conciencia de que no todo es para mí. Tiene que alcanzar para todos. Ahí se nota cómo a medida que la familia se hace más fuerte, vamos a tener mejores líderes. Esos son los líderes que necesitamos. Una preocupación que yo tengo y que no la descubrí yo, sino que la leí por ahí, es que una gran cantidad de líderes en el mundo son personas que tienen una experiencia muy rota, muy incompleta, de familia. Usted se pone a mirar sin criticarlos como personas, pero por ejemplo Angela Merkel sin hijos, Emmanuel Macron sin hijos. No hablemos de los escándalos de las grandes familias de la política en Estados Unidos, incluyendo el actual Presidente. No hablemos de los escándalos de la realeza británica. Entonces ¿Qué quiere decir eso? Que si nuestros líderes no tienen esta clase de experiencias fundantes, de diversidad legítima, de compartir, de salir de sí mismos, no nos quejemos que cuando llegan al poder es -para mí, para mí, todo para mí-. Así han sido formados. Bueno, ahí van tres puntos. Pasemos al cuarto punto. La familia es formadora en la fe. El primer superhéroe que tiene la mayor parte de los niños se llama "Mí papá". Mi papá sabe todo. Mi papá puede todo. Mi papá le pega a todos los demás papás. Mi papá es el jefe. Mi papá es el campeón. Mi papá. Mire el bien que puede hacer un buen papá. Aquí tenemos, gracias a Dios, un buen número de papás, más los que después escuchen esta homilía por Internet. Mire, Mire el bien que puede hacer un papá. Les voy a hablar en este momento a los papás aquí presentes. Resulta que usted es un superhéroe, hermano. Usted es un superhéroe para sus niños y para sus niñas. ¿Qué sucede cuando usted, que es un superhéroe, viene a la iglesia con sus hijos? ¿Qué sucede cuando usted está en la Santa Misa con sus hijos? Usted es el superhéroe. ¿Qué sucede cuando usted se ¡arrodilla delante de Jesús! sin que usted diga una sola palabra. Usted le está dando a su hijo la mejor catequesis, porque el razonamiento entre comillas que se hace el muchachito es el siguiente. Está claro que mi papá es un superhéroe. ¿Cómo miran los niños a los papás? Si usted mira, por ejemplo, la estatura de una chiquita que se llama Mía Gabriela y mira al papá, usted se da cuenta que la proporción es más o menos como lo que hay entre el techo y mi mirada. Así es como miran los niños. Entonces eso quiere decir que el papá de Gabriela es un gigante, es un gigante que en ciertos momentos me agarra, me levanta, me levanta, me levanta, me levanta, me levanta. Me lleva a grandes alturas, pero no tengo miedo. Porque es mi papá y me ama. Y es mi héroe, pero ahora, ¿Qué pasa cuando ese papá se arrodilla?, ¿Delante de quién se arrodilla mí papá? O sea, no es cualquiera. Es mi papá. Y mi papá se arrodilló. ¡¿Cómo será ese Jesús?! Miren, yo agradezco toda la piedad que tienen las mamás. Mi mamá también fue muy piadosa ya élla murió hace varios años. Mi mamá fue muy piadosa. Mi mamá nos hizo muchísimo bien. Mi mamá era de esas mujeres de la Santa Misa, del Rosario, de la novena. Bendita sea la memoria de mi madre. Pero yo quiero subrayar lo que dice la Biblia en la educación en la fé. La primera voz la tiene que tener el papá; y lo que no haga el papá, no lo reemplaza ni la abuela, ni la tía, ni la mamá, ni la Abadesa del Monasterio de la Inmaculada Concepción. Son los papás. Él papá llamando a la oración. Esa es la mejor catequesis. Mire, eso está bien estudiado. ¿Cuándo empieza el ateísmo, la agresividad y el no volver a misa de la mayor parte de los chicos? Cuando ellos van llegando a los once o doce años de edad, que es más o menos la edad hasta la cual las mamás tienen cierto gobierno sobre los hijos, sean niños o niñas. Eso también es bíblico. Pero ya un muchacho de trece años, un muchacho que ya empieza a desarrollarse en sus fuerzas, le cambia la voz, viene todo el tema hormonal. Ese muchacho que ya tiene esos cambios, ya él no se identifica con la mamá y es normal que no se identifique con la mamá. De hecho estamos mal si se identifica demasiado con la mamá. Entonces ese muchacho, ese muchacho llegado a esa edad, si no tiene un papá que vaya a misa, si no tiene un papá que esté comprometido en la fé, si no tiene un papá que tome en serio a Dios y lo respete, va a quedar severamente herido en su formación cristiana. Resumen: ¿Cuáles son los grandes bienes que trae la familia? Grandes bienes que seguramente explican por qué Dios quiso que nosotros conociéramos la familia de ¡Jesús!, sabiendo que no conocemos otras familias de hombres santos como Melquisedec?; ¿Cuáles son esos grandes bienes? Primero, la familia es formadora de humanidad. Segundo, la familia es lugar de gratuidad. Tercero, la familia es experiencia de diversidad legítima. Y cuarto, la familia es verdadera escuela en la fé. Por eso hay que defender la familia. Y termino con este comentario viendo que gracias a Dios tenemos varios jóvenes, entre otros jóvenes acólitos. Grandes. Gente que yo creo que ya se afeita. Acólitos grandes tenemos aquí. Me descuido y me alcanza el acólito. Sabiendo que tenemos tantos jóvenes. Yo les digo Mire, la familia no se prepara el día que usted saca un apartamento para vivir con su novia, que entre otras cosas, es la peor decisión que usted puede hacer. Ese sería tema para otra predicación. Lo peor que puede hacer una jovencita es entregarle sexo al novio, porque el mensaje es no se case conmigo, ya tiene todo ¿Pa qué se casa? Pero ese es otro tema. La manera de preparar la familia, ¿Cuál es? La manera de preparar la familia es cuando se está en estas edades. -Ahí es cuando usted tiene que pensar cómo va a ser mi hogar-. La recomendación que yo les hago, sobre todo a los jóvenes, muy particularmente a los varones, por aquello de los impulsos, el deseo y las hormonas y todas esas cosas. El, el consejo, la recomendación que yo les doy siempre es no pienses simplemente en mujer, piense en hogar, no busques simplemente mujer, porque mujeres hay muchas y mujeres bonitas hay muchas y la juventud se presta para que muchas personas se vean bonitas. Luego se les acaba rápido, pero se presta la juventud para que se vean bonitos. ¿Cuál es la mejor manera de preparar familia y defender la familia? No piense en mujer, piense en hogar. Usted no piense en que "Ay yo quiero un novio, alguien que esté conmigo, que me escriba cosas bonitas". -¿Y qué más?- Bueno, que cuando salgamos poder salir con alguien.... -¿Y qué más?- Alguien que me ayude a pasear el perro. Recogerle el popó al perro. Es una desgracia que muchas mujeres quieren hombres solo para eso. Mujeres, piensen en hogar. Piensen en hogar. Si su camino. Si su vocación es de hogar. Piense en hogar. Hogar. Esa es la manera de mejorar nuestras familias. Que por la intercesión de José y María y por la presencia viva de Cristo en nuestros hogares, tengamos familias sólidas, bellas y muy felices. Amén.

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