Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tres riesgos amenazan la integridad de la familia: disolverla de manera que sea cualquier cosa; destruirla por el odio, la división, el divorcio y hacer de ella una especie de castillo cerrado.

Homilía asfa016a, predicada en 20191229, con 6 min. y 34 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el Domingo de la Sagrada Familia. Una buena ocasión para reconocer cuáles son los desafíos y amenazas que hoy se ciernen particularmente sobre las familias. Y yo creo que son sobre todo tres. El primero es disolver la familia, es decir, hacer de la familia una cosa tan diluida que en el fondo no significa nada. Lo podríamos llamar disolver o diluir la familia. En segundo lugar, está el peligro de destruir la familia. Destruir se refiere especialmente cuando el odio, la división, el divorcio, los conflictos hacen imposible la convivencia.

El tercer riesgo es encerrar la familia, es decir, seguir el camino de aquellos que viendo tantos problemas y reconociendo tantas amenazas, hacen de su hogar una especie de espacio cerrado. Nosotros y nadie más. Algo así como un lugar para protegerse. Un lugar donde quedan afuera los que no pertenecen directamente al núcleo mismo de la familia. Entonces, son tres riesgos muy grandes disolver o diluir la familia, de manera que la familia es cualquier cosa y ya no importa si casarse o no casarse, si se casan dos hombres, si se casan cuatro mujeres, cualquiera se casa con cualquiera y familia no significa nada.

Por supuesto, la familia de Nazaret nos muestra que la familia sí que importa. Y en el hogar de Jesús, María y José descubrimos el vigor y la santidad de la familia. Por eso podemos decir que el hogar de Nazaret es una respuesta frente a ese primer desafío. El segundo desafío es la destrucción de la familia. Y llamamos destrucción de la familia. Cuando el odio, la agresión, la soberbia, el egoísmo se imponen en los miembros de la familia. Por supuesto, nada de esto tenemos. Bendito Dios en la familia de Nazaret. La humildad, la oración, el apoyo mutuo, la caridad son lo propio del hogar de Nazaret.

El tercer desafío es hacer de la familia una especie de castillo cerrado sobre sí mismo, donde todo se impone desde la desconfianza y sobre todo, un tipo de hogar en el que a veces caen algunos católicos. Un tipo de hogar que está a la defensiva de todos los demás y que deja por fuera a muchas personas. Yo lo pienso, por ejemplo, en esta época de celebraciones, en esta época de Navidad, lo pienso mucho porque muchas personas que no tienen la alegría de un hogar estable se quedan por fuera. Nadie les invita, no caben en ninguna parte.

Si nuestras familias no se abren al que está soltero o solterón, al que está separado, si nuestras familias no se abren, a las personas que están enfermas o discapacitadas. Si hacemos de nuestras familias una especie de resguardo donde nosotros nos protegemos de todos los demás, no estamos siendo fieles tampoco al modelo que nos muestra la Sagrada Familia.

¿Tú recuerdas que en los evangelios en un momento le dicen a Jesús, tu madre y tus hermanos están aquí y vienen a buscarte? ¿Qué indica esa expresión? Ya sabemos que no se trata de hijos de José y María. Entre otras razones, porque si hubiera habido esos otros hijos en el momento de la cruz, Jesús no hubiera encomendado su Santísima Madre a un discípulo, sino que se la hubiera dejado a alguno de los hermanos si los hubiera habido.

De modo que no se trataba de hijos de José y María. Pero ¿Por qué; por qué se habla de hermanos de Jesús? Porque Jesús no creció, no se crió encerrado en la protección de una especie de castillo de los perfectos y de los santos. Y vaya si había santidad en esa casa. Yo puedo decir que es el hogar donde más santidad ha habido y habrá jamás. Pero Jesús no creció así, encerrado entre paréntesis, entre comillas, custodiado, defendido de los pecadores. Jesús creció, Jesús se crió junto con esos otros niños y niñas de Nazaret y por eso se habla de hermanos y hermanas de Cristo. Mis hermanos, en el Santo hogar de Nazaret encontramos respuesta a los grandes desafíos de las familias de hoy. Encontramos respuesta a la disolución de la familia. Porque el ser hombre o ser mujer y la unión estable del matrimonio importa. Encontramos respuesta a la destrucción de la familia, porque ni el odio ni la soberbia tienen cabida en el hogar de Nazaret. Y encontramos respuesta a esa tentación que algunos de tendencia más bien conservadora, pueden tener a veces; ese protegerse y encerrarse sobre sí mismos. El hogar de Nazaret nos muestra que el amor de Dios siempre nos abre para que haya espacio, para que haya caridad, para que haya acogida a muchos más.

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