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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La negación de la fecundación dentro de la familia contradice el plan de Dios, es propio del espíritu del mal ¿Hacia dónde va una civilización así? ¿Qué consecuencias trae esto?
Homilía asfa015a, predicada en 20171231, con 5 min. y 1 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! El domingo que cae entre el veinticinco de diciembre y el primero de enero es el tiempo que en nuestra Iglesia Católica ha escogido para recordar y celebrar a la Sagrada Familia de Nazaret, para recordarnos así que la llegada de Cristo a esta tierra se inscribe completamente en el camino que cada uno de nosotros también ha tenido. Cada uno cuenta en su propia historia con alguna forma de familia y por eso, al presentarnos la familia de Nazaret, la Iglesia nos está invitando a todos a que redescubramos en qué condiciones y de qué manera ha querido Dios que los seres humanos lleguemos a la historia, lleguemos al mundo, lleguemos a su camino. El plan de Dios para la familia humana está bien condensado en la fidelidad y en el amor de José, María y Jesús. Cuando llega esta fiesta siempre tenemos dos posibilidades. Una es volver nuestra mirada, particularmente a ese tiempo y a esa familia. Otra es mirar lo que está sucediendo en nuestro tiempo y con nuestras familias. En esta oportunidad quisiera que tomáramos ese segundo enfoque. Nos anima a ello el Papa Francisco, que ha hablado recientemente con bastante fuerza sobre una especie de epidemia que se está dando en el cristianismo, una epidemia que tiene como expresión más visible que la gente no quiere tener hijos. Incluso algunos que se casan e incluso algunos que se casan por la iglesia, no quieren tener hijos. Esta negación de la fecundidad humana, ¿Qué raíces tiene? ¿Qué consecuencias trae? ¿Qué podemos hacer al respecto? El Papa ha hablado con bastante énfasis sobre este tema. Él dice que contradecir de ese modo el plan de Dios es algo propio del enemigo. Es algo propio del espíritu de las tinieblas. Efectivamente, si nosotros analizamos el hecho de que personas que se aman, personas que se unen, no quieren ser fecundas, estamos diciendo que quieren gastar su vida solamente en ellos mismos. Y esta decisión de gastar su vida sólo para ellos finalmente es una terrible manifestación de egoísmo. Muchas veces, como también lo ha dicho el Papa, parece más sencillo Y parece tener una menor carga de responsabilidad y de exigencia emocional; el tener mascotas, no es que esté mal el tema de las mascotas. Lo que tiene que hacernos pensar es que la gente prefiera las mascotas a los niños. Una encuesta para mí escalofriante, de hace unos años en el Reino Unido daba ese resultado. La gente tenía un vínculo emocional mucho más fuerte con su perro o con su gato que con sus hijos. Y realmente ellos sentían así. Porque pasa que los hijos finalmente escogen su camino. De modo que el amor que se vuelca sobre un hijo es como una inversión a muy largo plazo, una inversión de la que no siempre se ven los frutos, porque de hecho, algunos de esos hijos resultan muy distantes por diversas circunstancias o son desagradecidos. En cambio, el perrito, el perrito que siempre está, el gatico que siempre está. Es algo que me da un retorno emocional bastante asegurado. Pero ¿Qué hay detrás de todo eso? Detrás de todo eso hay una forma de egoísmo. Eso no viene de Dios. Esa preferencia por las mascotas por encima de los hijos, eso no viene de Dios. Si la familia tiene sus hijos y además tiene algunas mascotas, es una historia distinta. Pero me estoy refiriendo específicamente al hecho de los que no quieren hijos y sí quieren mascotas. Preguntémonos hacia dónde va una civilización así y preguntémonos también cuáles son las consecuencias que eso puede traer. Hagámonos esas preguntas antes de que sea tarde.

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