Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La familia es espacio privilegiado en que Dios muestra la armonía, que construye unidad a partir de la diversidad, en sabiduría y bondad.

Homilía asfa014a, predicada en 20161230, con 7 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Me parece, queridos hermanos, que la hermosura de esta fiesta de la Sagrada Familia proviene de la armonía, como cuando cantamos. Es muy hermoso cuando cantamos y las voces agudas más altas se unen con las voces más bajas, más graves. Por ejemplo, las voces de las mujeres, las voces de los hombres que se unen para cantar las alabanzas. La armonía significa unidad en medio de la diferencia. Unidad que no es uniformidad. Unidad que más bien significa complemento.

Y nos damos cuenta que en la creación de Dios hay diversidad y esa diversidad es la que hace brillar sabiduría y poder, hermosura y armonía por todas partes. Así, por ejemplo, el día con su luz y con su calor, nos estimula el trabajo. La noche con su silencio y con el frío, nos invita a recogernos. Y en la sucesión del día y de la noche la vida se vuelve variada, productiva y descansada.

También encontramos en la naturaleza distintas clases de plantas y de animales. Nos damos cuenta que hay algunos árboles que tienen la madera muy dura. Quizás los frutos de esos árboles no los comemos, pero la resistencia de su madera nos resulta muy útil para hacer muebles o mesas. Otros árboles u otras plantas, tienen los tallos suaves, pero nos brindan otros beneficios y así también en la variedad que encontramos en la naturaleza. Dios nos va dando una armonía. También en la creación del ser humano hay armonía. No es igual el hombre que la mujer, no es igual el adulto que el niño, no es igual el anciano que la persona mayor que el adulto, quiero decir.

Y por eso en esa diversidad todos podemos recibir de todos. Indudablemente los niños con su espontaneidad, su agilidad, su alegría, la frescura de su piel. Nos hablan de un modo muy especial al corazón. Nos invitan a la ternura, a la esperanza, a la sinceridad. A veces con sus preguntas nos ayudan a ver cosas que no hemos pensado. Otros son los dones que tienen los jóvenes. La belleza aparece de otra manera en ellos. Suelen ser entusiastas, fuertes, arriesgados y con los riesgos que toman, nos invitan a ser audaces.

La persona adulta ha encontrado una especie de equilibrio, y ese equilibrio que llamamos madurez le sirve al niño para que no se quede en una perpetua improvisación por su espontaneidad. Y le sirve al joven para que no se deje rodar por la violencia o por los accidentes debido a su temeridad. De modo que el adulto recibe del niño o del joven, pero también les aporta y a todos ha de enseñar el adulto mayor que a veces, y lo digo con respeto, llamamos anciano. Lo digo como lo dice la Biblia es una palabra de respeto y de amor en la Biblia. No es ningún insulto.

El anciano que vive con serenidad y con sabiduría esa época de la vida muchas veces es el oído que sabe acoger a todos y escucharlos, y es también la palabra que marca una ruta. ¿Cómo sería la sociedad si todos tuviéramos seis o siete años de edad, ¡niños!, ¡niños!, por todas partes: -No podría ser-. ¿Cómo sería la sociedad si todos tuviéramos ochenta y cinco o noventa años de edad? Tampoco podría ser. Hay una armonía en la diferencia. Y al recordar hoy a la Sagrada Familia, aunque se trate solamente de tres personas, Jesús, María y José, vemos esas diferencias y vemos sobre todo esa armonía.

Pidamos a Dios que en este hermoso hogar, San José, se pueda vivir esa armonía con comprensión, con paciencia, con delicadeza, con respeto de unos para con otros, con la capacidad de aprender los unos de los otros. Pidamos que en nuestras comunidades religiosas, muy especialmente las queridas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth, haya siempre esa capacidad de valorar la diferencia, aprovechando, exaltando, celebrando los dones que cada uno tiene, que cada una tiene. Y pidamos por la familia humana, porque hay muchos que quieren borrar esas diferencias. Quieren, por ejemplo, borrar la diferencia entre el hombre y la mujer como si diera lo mismo una cosa que otra. Eso no solo va en contra de la razón humana, sino que va sobre todo en contra del plan de Dios. Y pensemos que también en nuestro tiempo se quiere borrar la diferencia entre niños y adultos, en el sentido de que la necesaria autoridad de los papás no se cultiva, no se toma en cuenta y resulta que la autoridad es necesaria, no como despotismo, pero ciertamente como guía y como protección de la comunidad. O sea que este es un día para darle gracias a Dios por la armonía que Él crea en medio de la diferencia. Y también es un día para rogarle a Dios que proteja nuestras comunidades y que bendiga nuestras familias.

Amén.

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