|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La infancia de Cristo revela la presencia de la Cruz y del amor redentor en toda la vida de nuestro Salvador.
Homilía asfa013a, predicada en 20161230, con 18 min. y 23 seg. 
Transcripción:
La fiesta de la Sagrada Familia se celebra siempre en la octava de Navidad, es decir, en los días que van entre el veinticinco de diciembre y el primero de enero. El propósito de la octava de Navidad y en general del tiempo de Navidad, es invitarnos a reflexionar y a celebrar en torno al misterio del Dios hecho hombre. La frase que resume la Navidad es la que fue proclamada el veinticinco. -La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria-. Ese misterio tan grande tenemos que contemplarlo con ojos limpios, con corazón creyente y con una mente jubilosa. Y por eso las lecturas de estos días nos van invitando a dar como la vuelta en torno a ese Misterio y a celebrarlo, a gozarnos en Él, a llenarnos de gratitud. Son días de júbilo espiritual, son días también para reconocer la inmensa ternura de Dios que ha querido recorrer nuestro camino para volverse camino nuestro. Muchas veces los que somos adultos, al recordar errores del pasado, seguramente hemos pensado: -si yo pudiera retroceder el tiempo, si yo pudiera volver a ser niño, si yo pudiera volver a ese día en que cometí un error tan grave, si yo pudiera hacer las cosas de otra manera, ¡las haría!-. De hecho, es un signo de gran necedad, por no decir estupidez, que alguien diga: -No, yo volvería a hacer todo como lo he hecho-. Eso indicaría una incapacidad radical de aprender de los errores, que por lo menos es uno de los dones que tiene la inteligencia humana, no la mayoría de nosotros siempre pensamos, yo haría las cosas de otra manera, yo viviría de otro modo. Y los que somos creyentes, sobre todo si hemos tenido un proceso de conversión, sí que decimos eso con más fuerza. "Yo quisiera que no hubiera sucedido tal cosa en mi vida, yo evitaría tal relación, yo evitaría tal pecado". Pero eso es imposible para nosotros. Nosotros no podemos devolver el tiempo y nuestra historia está como está. Pero el misterio de Cristo, el misterio de la encarnación de Cristo, nos presenta algo muy parecido, y es que Cristo quiso reconstruir en sí mismo, quiso recorrer cada una de las etapas de la vida humana. Desde la condición más humilde y oculta en el seno de María Santísima hasta los dolores más espantosos, las decepciones más profundas, las traiciones más repugnantes. Todo lo recorrió Jesucristo. De manera que yo no puedo devolver mi historia, pero yo sí puedo aceptar a aquel que ha querido recorrer mi historia y la historia de toda la humanidad y ha querido en ese recorrido como recoger y cargar todas esas miserias que están no solamente en mi vida, sino en la vida de mis hermanos. Entonces, la grandeza de la contemplación de la infancia de Cristo es eso. Al ver a Cristo creciendo, por ejemplo, en su familia allá en Nazaret, tenemos que ver lo que nosotros no hemos sido, pero tenemos que ver también cómo este hijo de Dios, en esa vida de inocencia, pero también de penitencia, de privaciones, de renuncias está en cada momento buscando la gloria del Padre y está recibiendo sobre sí las consecuencias, no de sus pecados, porque no los tiene, sino de los pecados del mundo, las privaciones del pesebre, la apresurada huida a Egipto, la pobreza y la marginación en Nazaret, las maquinaciones de sus enemigos. ¿Todo eso qué es? Todo eso es caer sobre Cristo el pecado del mundo. -Cristo no empezó a cargar nuestros pecados en el huerto de Getsemaní. Cristo, como lo contempló Santa Catalina de Siena, desde niño, llevaba colgando de su cuello una cruz. El misterio de la cruz acompaña toda la vida de Cristo y toda su vida fue cargar las consecuencias de nuestros males, con la diferencia de que Cristo no devuelve esos males a otros, no pasa esos males a otras personas y tampoco busca venganza porque a uno cuando le pasa algo malo, uno busca desquitarse con el que se lo hizo y si no puede desquitarse con el que se lo hizo fácilmente, uno lo que hace es transferirle a otra persona el mal genio que le ha dado, o la impotencia o la frustración que siente. Pero Cristo podemos decir que escogió ser como ese lugar donde se reúnen ya para yá nunca más salir. Todas las consecuencias de nuestros pecados han quedado incrustadas en su historia, han quedado incrustadas en su cuerpo mismo. Por eso el Crucificado tiene esas llagas espantosas, porque esas llagas nos están recordando que ahí quedó incrustado el pecado del mundo y que de ahí no sale, porque Cristo quiso recibirlo sobre sí para no pagarle al que le hizo daño y para no transferirle al que es inocente. Entonces, estos misterios de la infancia son preciosos para ver cómo Cristo tiene el misterio de la cruz desde su concepción, su nacimiento, su huida a Egipto. Y ese es un punto de meditación muy importante, porque eso quiere decir que la sanación de la propia historia, que yo no la puedo conseguir retrocediendo la máquina del tiempo, porque eso no existe, esa sanación de mi historia solo se puede conseguir ¡Abrazando a Cristo con todas las fuerzas, amando a Cristo con todas las fuerzas, uniéndome a Cristo con todo mi ser! Y es como si Él estuviera sacando de mí todas esas fallas, todos esos errores, todos esos dolores. Por eso la liberación tan grande que trae Cristo. En tiempos antiguos se hacían tratamientos médicos extraños. Por ejemplo, algunas sustancias venenosas se extraían del cuerpo humano utilizando ranas. ¡Qué cosa tan extraña! Y para algunos repugnante. Se ponía una ranita sobre una herida y la ranita iba absorbiendo todo eso. Y la ranita finalmente se enfermaba y se moría. En otras ocasiones utilizaban estos animales las sanguijuelas. Repito, eso parece como repugnante, Pero estos animalitos sacaban el veneno, sacaban las toxinas de aquellos cuerpos. Y Cristo me perdonará que yo lo compare con esos animalitos. Pero eso es lo que ha hecho Cristo. Cristo se ha apegado a nosotros y quiere que nosotros nos apeguemos a El, y Él saca de nosotros todas esas toxinas, todos esos recuerdos, todo ese veneno, toda esa basura. San Pablo contempló a Cristo tan lleno de la basura, la basura, el veneno, la toxina del mundo. Lo vio tan relleno, tan absolutamente lleno de todo lo que nosotros hemos hecho mal. Que dijo esta expresión que se encuentra en su carta a los Corintios, "Dios lo volvió pecado". Ojo no pecador; -pecador es el que comete pecado- sino lo volvió pecado. Es decir, quedó tan relleno de todas esas toxinas nuestras que quedó destruido, pero al mismo tiempo nos construyó. Por eso también dijo el profeta Isaías en el cuarto cántico del siervo. "Sus heridas nos han curado". Y también dice "lo vimos y ni siquiera parecía humano". -Fíjese cómo la visión de Isaías coincide con la visión de San Pablo-. Isaías dice es que no parecía ni un ser humano porque quedó aplastado, triturado por nuestros crímenes. Y San Pablo dice que lo ha visto y lo ha visto tan lleno de nuestras toxinas y miserias, de nuestros venenos y pecados, que dice Dios mismo, "Dios Padre lo volvió pecado". Pero ¿Por qué? Por amor a nosotros. Bueno, esa es una preciosa enseñanza de esta fiesta de la Sagrada Familia. Pero todavía tenemos que sacar otra enseñanza, inspirándonos en unas palabras del Beato Papa Pablo VI, cuando visitó la casa de Nazaret, dijo el Papa Pablo VI "Cómo quisiéramos volver a ser niños y aprender en esta casa las lecciones de Nazaret". Fíjate cómo el Papa dice lo mismo que estamos comentando aquí. Uno tiene siempre como esa, como esa necesidad, como ese anhelo de, de volver a empezar. Y por eso, eso es lo que nos da Cristo, vida nueva ¿No? volver a empezar en Cristo. Él es el primogénito, nosotros somos sus hermanos. ¿Y qué significa, -según nos enseña el beato Pablo VI- qué significa volver a empezar? Significa, por una parte, lo que ya hemos explicado, que le entregamos al Señor todas esas nuestras miserias con las que uno ya no puede hacer nada, porque uno ¡No puede cambiar el pasado!, Y no tiene sentido tampoco seguirse reprochando indefinidamente por lo que yo hice. Eso sería desconfiar del perdón de Dios. Entonces, por una parte, volver a empezar es entregar todo eso, pero por otra parte es oír a José y a María. Hay que aprender de ellos. Entonces, en esta fiesta de la Sagrada Familia tenemos que convertirnos en discípulos de la Virgen, en discípulos de María. Tenemos que aprender de Élla, ¿Cómo?, Escuchándola e imitándola, al escucharla, aprendemos de Ella la humildad y la obediencia. Cuando dice "Aquí está la esclava del Señor", escuchándola aprendemos de Ella la gratitud y la alabanza. Cuando dice "Proclama mi alma la grandeza del Señor". Escuchándola aprendemos de Ella lo que significa ser discípulo de Cristo. "Haced lo que Él os diga". Entonces hay que escuchar a María, hay que estar cerca de Élla y escucharla para que Ella, que formó a Jesús, forme también a nosotros, que somos el cuerpo de ese Cristo. Hay que escuchar a María y hay que acompañarla y hay que imitarla. Entonces hay que estar con María en los momentos de soledad, hay que estar con María; cuando la familia piensa que Cristo se volvió loco; hay que estar con María; cuando Ella ve como ofenden a Jesús y experimenta sus limitaciones de criatura y siente que una espada le traspasa el corazón. Si usted mira en la Biblia -Que esto da para toda una homilía-. Si usted mira en la Biblia, la Virgen solo aparece en los momentos de necesidad, en los momentos de triunfo, Élla no aparece. Es impresionante la humildad del silencio de la Santísima Virgen. Es una lección permanente para nosotros. Mire dónde está Ella. Élla aparece es donde hay necesidad, en las bodas de Caná, porque hay necesidad. Cuando atacan a Cristo, porque hay necesidad. Al pie de la cruz, porque hay necesidad. En Pentecostés, porque hay necesidad de espíritu. Pero en las horas de triunfo, en las horas de aplauso, cuando todo el mundo decía "Este sí es el Rey, a coronar al Rey". María no aparece por ninguna parte. Cuando la gente dice "Jamás habíamos visto algo como esto. Este es el profeta que tenía que venir al mundo". Los Evangelios no dicen nada sobre la Virgen. De hecho, en la resurrección, que es el gran triunfo de Cristo, los Evangelios no dicen nada sobre la Virgen. Qué flor tan discreta. ¡Qué manera tan humilde de obrar! Élla parece estar interesada solamente en amar y servir, desaparecer, esconderse, servir. Y de ahí no tiene nada más. No tiene nada más que hacer. Esa es la vida de la Santísima Virgen. Entonces tenemos que aprender de Élla. Tenemos que aprender también de San José. Por supuesto, hay que aprender de San José. Fíjese el Evangelio que hemos escuchado tomado de San Mateo. Fíjese cómo se nos dice claramente en ese Evangelio que José evitó ir a Judea porque estaba reinando allí Arquelao. Evitó ir a Judea, por esa razón, está reinando allí Arquelao. Bueno, ¿Y eso qué significa? Pues es que Herodes se creía y se mostraba como rey. Y José sabe que el verdadero Mesías es el hijo de María, el que está con él, del que él es padre virginal. José sabe que ese es el rey.José sabe que ese es el Mesías. Y entonces dice uno, metámonos en la cabeza de José. Metámonos en la cabeza de José. Está reinando en Jerusalén con gran ostentación, con unos círculos de poder impresionantes. Está reinando Herodes. Luego le hereda el trono Arquelao, está reinando con gran poder Arquelao y el verdadero Mesías es este muchachito que tengo yo aquí, que toca llevarlo para Egipto, traerlo de Egipto, mantenerlo como escondido. Metámonos en la cabeza de José. Insisto, José tenía que preguntarse en algún momento ¿Oiga, y esto entonces cómo va a ser? si éste es el Rey. El verdadero rey es éste -Yeshúa- Jesús. Sí, éste es el Rey, pero el que tiene el poder y el que tiene los aplausos, y el que tiene las fotos y las noticias, es el de allá de Jerusalén. ¿Eso cómo va a funcionar, eso cómo va a ser? Y José se murió sin saber. Pero fue obediente, con una fé probada hasta el extremo. ¿Cómo va a ser eso?, -María; te acuerdas que preguntó al ángel- "¿Cómo va a ser eso?, Yo no conozco varón" por el propósito de virginidad que ella tenía, pero María siguió adelante en la fé; lo mismo José. ¿Cómo va a ser eso de que el Mesías es este hijo mío?, ¿Cómo es eso de que este es el Mesías? Y al mismo tiempo hay otro que está reinando allá con toda esa parafernalia. ¿Eso cómo se entiende? No se entiende. Pero José siguió en el silencio, en la fé, en la obediencia, llevando el timón de su familia, salvando los tesoros más grandes de Dios y de la humanidad. Ese fue José. Entonces, resumen: ¿Qué aprendemos en la fiesta de la Sagrada Familia? Primero, que no podemos nosotros devolver la historia, pero sí podemos entregarle a Cristo nuestra historia y que Cristo, que ha querido reconstruir y recorrer todos nuestros caminos, está dispuesto a abrazarnos con su caridad para absorber y sacar de nosotros venenos y toxinas para que no nos hagan más daño a nosotros. Esa caridad inmensa que acoge en nuestra basura tuvo su culminación en la hora de la cruz. Segundo, después de entregarle todo a Cristo, hay que seguir el ejemplo del beato Pablo VI. Hay que empezar de nuevo en Nazaret y eso significa seguir los ejemplos de María y de José. Con María, aprender la humildad, aprender la obediencia, aprender la alabanza, la gratitud, aprender a estar con Cristo como primera discípula, con José, aprender el silencio y aprender a que no es mi cabeza, no es lo que yo entienda lo que tiene que gobernar mi vida. Porque la herejía de siempre es eso. "Lo que yo no entienda, nó es; lo que yo no comprenda, nó, eso no sucede". Por eso, incluso entre algunos teólogos se están dando unas barbaridades. -Hay que orar mucho, hay que orar mucho- porque entonces es anegar el misterio. -Como yo no puedo entender concepción virginal, no hubo concepción virginal, eso debió ser que algo tuvieron entre éllos. Como yo no puedo entender multiplicación de los panes, debe ser que repartieron entre ellos la comidita que tenían. Como yo no puedo entender la resurrección...." entonces vamos limitando a Dios al tamaño minúsculo de nuestra cabecita-. José nos enseña que la cabecita de Dios es más grande, piensa mejor y tiene más amor para con nosotros. Sigamos esta celebración pidiendo al Señor que nos renueve y que entremos en la escuela de Nazaret, que entremos a ser verdaderamente parte de esta preciosa familia. Amén. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|