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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sólo el aprecio lúcido y cordial por el pasado hará que no muera la sabiduría cuando mueran los sabios.
Homilía asfa010a, predicada en 20131229, con 6 min. y 40 seg. 
Transcripción:
No cabe duda, mis hermanos, que vivimos en una sociedad que mira hacia el presente y hacia el futuro. El presente, el hoy, el futuro, lo que podemos construir, esperar, desear para mañana. Creo que poco a poco el torrente de productos nuevos de la tecnología nos va acostumbrando inconscientemente a esperar las soluciones y las mejoras del futuro. Se supone que cada año hay uno o dos modelos nuevos de aparato celular. Se supone que cada año mejora la conectividad, los servicios de televisión. Es decir, la tecnología nos acostumbra a mirar al futuro como el lugar de la plenitud de las soluciones, de la esperanza. Pero esa mirada tecnológica se puede cuestionar. Por ejemplo, en el caso de la televisión, ¿Diríamos que estamos viendo mejor televisión que hace diez años o que hace veinte años? La experiencia mía, sin que yo sea un gran televidente, es que la calidad general de los programas va en claro declive. Hay excepciones. Siempre hay cosas interesantes, hay cosas útiles, sanamente entretenidas. Pero mi impresión es que la vulgaridad, la superficialidad y el consumismo han echado mano hace mucho tiempo de ese fantástico medio de comunicación. Entonces, fíjate la paradoja. Por una parte tenemos cada vez mejores pantallas, ultra planas, con ultra definición y con ultra costo por supuesto, tenemos una gran tecnología para ver, probablemente una gran cantidad de basura. Es una contradicción. Contradicción que nos hace pensar que no todo lo bueno necesariamente viene del futuro. O dicho de otra forma, que quizás haríamos bien en mirar un poco también hacia nuestro pasado y tomar conciencia de cuáles son los valores permanentes que no deberíamos dejar perder. Ese es uno de los sentidos de esta fiesta de la Sagrada Familia aprender a mirar a los antepasados, aprender a mirar al papá, a la mamá, a los profesores, a los ancianos, a los expertos, pero no expertos, simplemente porque tienen unos cuantos títulos, sino expertos, sobre todo porque han sabido acoger, integrar dentro de su propio pensamiento los dolores, las dificultades, los planes fallidos de otras personas y de ellos mismos. Es muy interesante lo que plantea, por ejemplo, la primera lectura del libro eclesiástico, cómo nos habla del honor y cómo nos habla del respeto hacia las personas mayores. Ese honor y respeto no es servilismo, no es cobardía, no es falta de originalidad, es aprender a apreciar un tesoro que no debe desaparecer cuando esas personas mueran. Si no aprendo a apreciar lo que me han dado mis maestros, lo que me dieron, mis padres, lo que me han dado los buenos sacerdotes que me han hablado, lo que he encontrado en años pasados. Si eso no lo aprendo a apreciar, muy pronto se desvanece y no debe desaparecer la sabiduría cuando tengan que morir los sabios. La única manera de que no desaparezca esa enseñanza es que yo mismo la acoja. Es que yo tenga conciencia de que hay algo valioso ahí. Por eso no puedo esperarlo todo del futuro y por eso no puedo vivir bajo la tiranía de aquella frase que se repite tanto hoy: ?Hoy eso se entiende de otra manera?. Me sorprende como una gran cantidad de personas a la hora de presentar un argumento sueltan esta frase ¡Por Dios, ya estamos en el siglo veintiuno! ¿Qué quieren decir con eso? entonces que ya estamos en el siglo veintiuno. ¿Qué explica en sí mismo? No explica nada. Podríamos estar en el siglo diecinueve o en el siglo veinticuatro. Hay cosas que son verdaderas y valiosas en el siglo dieciocho, en el siglo veintiuno y en el siglo veintisiete. Y esas cosas que son verdaderamente valiosas, son las que hay que aprender a recibir. La gente que dice ya estamos en el siglo veintiuno, pareciera partir de la premisa de que simplemente porque el tiempo ha pasado, la opinión que prevalece hoy es mejor que la opinión que prevalecía hace quince años, o hace cincuenta años, o hace cien años. Esto se aplica especialmente cuando se quiere introducir cambios agresivos en el tejido social. Se quiere redefinir el matrimonio. Entonces se dice ?por Dios, estamos ya en el siglo veintiuno; tú no vas a seguir creyendo que matrimonio, que el hombre, que la mujer?. nó; ya estamos con otras opiniones, ya tenemos otra manera de pensar?. Sí, la tenemos, pero; ¿Es mejor; es más justa; es más provechosa; es más saludable para el mismo futuro que se supone que queremos defender? Así que, hermanos, en esta fiesta de la Sagrada Familia, tomemos esos verbos honrar y respetar. Tomemos esos verbos y aprendamos a apreciar la sabiduría, la enseñanza, la genuina experiencia que hay en tantas personas que nos han precedido. Y por última vez lo digo: No tiene que morir con los sabios, la sabiduría que tan costosa le resultó a éllos.

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