Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las virtudes propias de la familia están señaladas por el sabio balance entre extremos que serían dañosos: ni exceso de rigor ni exceso de mimo harán bien. El Evangelio nos recuerda que la infancia de Cristo lo sitúa cerca de tantas familias desplazadas por la pobreza o la violencia.

Homilía asfa007a, predicada en 20101226, con 4 min. y 12 seg.

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Transcripción:

Jesús, nuestro Señor, nació en una familia y esa es la fiesta que tenemos en este domingo. Se llama el Domingo de la Sagrada Familia. Le damos gracias a Dios por nuestras familias. Oramos también por la defensa y la sanación de la familia cristiana y miramos sobre todo el ejemplo de esta familia a la que llamamos sagrada.- Jesús, José y María-.

Las lecturas de hoy tienen ese tono doméstico, ese tono de calidez y de cercanía que es propio de la familia. El capítulo tercero del libro eclesiástico pondera las virtudes que son propias de un verdadero hijo y el ambiente que tiene que darse entonces en la familia. El ideal que nos presenta este libro eclesiástico es una combinación de respeto y de amor. No puede crecer tanto el respeto que se vuelva sencillamente miedo a los papás. Pero tampoco podemos hablar únicamente de amor y ternura y cariño y elogio, cuando también es cierto que los hijos requieren muchas veces ser corregidos.

Al fin y al cabo, no nacen hechos, hay que ayudarles para que construyan verdaderamente un ser personal, como ciudadanos, como creyentes, han de ser ante todo -personas- y llegar a ser persona no es poca cosa. Por eso el texto del libro eclesiástico capítulo tercero.

Luego tenemos en la carta a los Colosenses como segunda lectura, también el capítulo tercero. Esta vez es San Pablo el que nos habla de la reciprocidad que tiene que darse en las relaciones de familia. Por ejemplo, que la mujer reconozca la autoridad del esposo, pero que el esposo verdaderamente ame a su mujer y viva para ella. Sólo en la complementariedad entre unas virtudes y otras se entiende la familia.

Lo mismo nos dice San Pablo en este texto de Colosenses refiriéndose a los hijos, -es necesario que los hijos sean corregidos, pero no hay que llegar al punto de exasperarlos-; es necesario que los hijos sean amados, pero no hay que llegar al punto de dejarles hacer lo que quieran. Se necesita una santa prudencia en la familia, una prudencia que lleve a que lo mismo que un árbol que crece no se incline ni a un lado ni a otro, sino que pueda avanzar, pueda florecer, pueda dar su fruto.

Es dramática, en cambio, la escena que nos presenta el texto del Evangelio de hoy, se trata de: -la huida a Egipto-, José, avisado en sueños, tiene que tomar a María y al niño y salir presuroso, uniéndose a las caravanas de comerciantes que viajaban hacia Egipto. Esto sitúa a la Sagrada Familia junto a tantas familias que han sufrido los rigores de la guerra o que han sido desplazados por la violencia o por la pobreza.

El mismo niño que nació en el pesebre con tanta precariedad, ya vemos qué clase de infancia vive Jesús asumiendo nuestra naturaleza, sin duda cargó con nuestras heridas.

Y así la Sagrada Familia se convierte en el lenguaje mismo de la encarnación y por lo tanto, en promesa de salvación. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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