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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía asfa005a, predicada en 20071230, con 17 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Las dos palabras que nos pueden ayudar a capturar el mensaje poderoso y bello de esta fiesta de la Sagrada Familia, creo yo que son las palabras ideal y fuente. La Sagrada Familia es un ideal, es un modelo, un ejemplo. Y detrás de ese ejemplo, según ese ejemplo, las familias de esta tierra tienen a qué aspirar. Entremos, ?peregrinemos? espiritualmente hasta el hogar de Nazaret y lo que vamos a encontrar es un remanso de paz, de ayuda mutua, de comprensión, pero sobre todo de amor. Lo que encontramos en José María y Jesús es el gran ideal según el cual han de formarse todas nuestras familias. Pero surge un problema. Muchos de nosotros no tenemos familia propia, o la tuvimos y la perdimos, o la tuvimos y se dañó. La persona que se queda soltera, incluso si es llamada por el Señor a renunciar a una esposa o a un esposo, esa persona ya no tiene la misma identificación con este ideal. Ya no puede reconocer tan fácilmente esposa, hijos, la persona que queda viuda, la persona que está pasando por un proceso de divorcio, de separación. La persona que por su orientación sexual no encuentra cómo conformar una familia. La persona que por una situación de salud no puede formar tampoco una familia. Hay enfermedades que inhabilitan para formar una familia. Yo muy poco pensaba en esto hasta que todas estas cosas empezaron a suceder en mi propia familia. Resulta que un pariente muy cercano mío padece un autismo severo. ¿Qué pasa con él?, ¿Cuál es la fiesta de la Sagrada Familia para los autistas? Para aquellos que no se pueden casar. Para aquellos que tuvieron que cuidar a sus papás hasta una edad tan avanzada que luego no consiguen el esposo que quisieran. Esas preguntas son hoy por hoy más quemantes, más penetrantes que nunca, porque el mundo, por diversas razones, camina por sendas extrañas de soledad y de aislamiento. ¿Ha visto usted el espectáculo de un restaurante? Tome restaurante clase alta, media o baja. Y usted encontrará que hay grupos hermosos de familias papás con sus hijos. A veces se está celebrando el cumpleaños del abuelo y se reúnen tres y cuatro generaciones. Es tan bello. Es la familia en su plenitud. Están los abuelos con la madurez que solamente dan los años y están los papás con esa actitud seria, responsable pero al mismo tiempo satisfecha. Y están los jóvenes con todos sus ideales, sus proyectos, destilando, irradiando vida. Y está el bullicio, la alegría de los niños. Y todo se ve tan hermoso mientras miramos a esas dos o tres o cuatro mesas que ha tocado unir en el restaurante para celebrar a esa familia. Pero al lado hay otra mesa y en esa se sienta un hombre solo que ha pedido lo que siempre pide, que no sabe cómo cambiar de plato. No tiene a quién invitar, no tiene quien lo invite, no tiene quien le cuente una historia. Quien le diga un chiste. ¿Qué pasa con ese hombre?, ¿Qué pasa con él?, ¿Qué pasa con esa mujer que acaba de separarse y que no sabe si desnutrirse porque le da pereza alimentarse sola o ir a un restaurante para ver, para ver todas estas familias felices mientras la de ella se acaba de destruir; o prepararse cualquier tontería que no la alimenta. Quizás enlatada, quizás comida de microondas; ¿Qué pasa con esas personas?, ¿Qué pasa cuando un sacerdote envejece y no tiene quien lo visite?, ¿Qué pasa con eso?, ¿Qué fiesta de la Sagrada Familia podemos celebrar ahí? Por eso digo que las palabras importantes hoy son dos. La palabra ideal. Si tú tienes tu esposo, tu esposa, tienes tus hijos, nietos, bisnietos. Si tú eres de los que puedes llenar el restaurante de música, color, chistes y alegría y alborozo ¡bendito seas, bendita seas! Pero permite que por un momento dirija mi pensamiento a los muchos que pasamos por la otra experiencia. Porque resulta que yo estoy un poco accidentalmente aquí en Colombia en este momento, y no solo por mi vocación de sacerdote, sino por ser un inmigrante temporal con residencia en Irlanda, allá en Europa. Conozco muy bien lo que les estoy diciendo. Esa escena del restaurante y eso de que nadie te voltea a mirar sino para asegurarse de que no les vas a quitar nada de su cartera, de su billetera o de su alegría. Eso yo lo he vivido. Y por eso esta fiesta de la Sagrada Familia yo no empecé a prepararla esta mañana, cuando el padre Prior me dijo si presidía esta Eucaristía, esta fiesta. Yo la llevo preparando meses porque ahora voy a dirigir mi mirada hacia Jesús y voy a preguntarme esto ¿Quiénes son las personas que están cerca de Jesús en los Evangelios? Y encontramos que Jesús está rodeado de gente que había perdido a su familia o que había perdido el derecho de tener familia, o que había perdido la oportunidad de una familia. Esos son los que están más cerca de Jesús. Mira los que están cerca de Jesús. Leprosos. ¿Qué le pasaba al leproso en tiempos de Jesús? ¡Usted váyase, salga de la ciudad, muérase lejos; no se quede aquí; no nos contamine! ¿Y mi esposa?, ¿Y mis hijos?, ¡No importa; usted ha perdido su familia, váyase! ¿Y qué hace Jesús ante el leproso? -Lo dice el Evangelio según San Marcos. Lo dicen todos los Evangelios- "Señor, si quieres, puedes limpiarme" grita el leproso. Jesús le dice "Quiero." Extiende la mano. Jesús toca al leproso y el leproso queda sano. Jesús le devuelve el contacto humano. Jesús se vuelve familia del que no tenía familia. Jesús se vuelve hermano del que no tiene hermano. Jesús se vuelve papá del que ha quedado huérfano. Jesús viene a llenar tantas realidades en el corazón humano. Y voy a dar más ejemplos. Uno doloroso es el caso de la mujer pública, la prostituta. Su caso es especialmente vergonzoso y doloroso, porque es la mujer que, aunque comparte con un hombre su lecho, a ningún hombre puede llamar esposo. Los tiene tan cerca y ninguno es de ella. Es la mujer que tiene que recordar muchas veces, tal vez cada día; tal vez cada semana tiene que recordar.... "Estoy sola. Estoy sola. No tengo familia". Se acerca a la mujer. Se acerca a la pecadora pública, se acerca a aquella que sólo es tocada para ser manoseada, aquella que sólo es tocada para ser utilizada. Y por primera vez puede tocar una carne que no se va a aprovechar de la carne de élla. Es la carne de Jesús. Es la piel de Jesús. Porque Jesús tocó a esta mujer, no para aprovecharse de ella. Era la primera vez que ella sentía eso, quizás alguien que me toca y que no quiere aprovecharse de mí. Alguien que no me usa. Por primera vez, esa mujer pudo sentir algo parecido a eso que toda niña y toda joven debería experimentar en su familia. ?Me aman, y para amarme no tienen que desearme?. Lo que yo observo, mis hermanos, es que Jesús busca a esos a los que no tienen familia, a los que no pueden tenerla. Es que estoy batallando en mi cerebro por encontrar un ejemplo en el que aparezca Jesús visitando una familia en los términos normales papá, mamá, hijos y como que no la encuentro en mi memoria. Quizás me está fallando. Jesús tenía por amigos a María, Marta y Lázaro, que eran hermanos entre sí, pero ya ves, no tenían, no eran propiamente familia en el sentido de que no eran esposo, hijos, esposo, esposa, hijos. Aparece Nicodemo, aparece José de Arimatea. ¿A dónde va Jesús? Jesús va donde Zaqueo, el publicano, que por su propia condición de pecador está aislado, juzgado, condenado por el mundo. No es que él sea inocente, no es víctima inocente, pero en todo caso carece del afecto de una familia, allá, allá sí va Jesús. Y Jesús le dice a Zaqueo. -Capítulo diecinueve de San Lucas- Jesús le dice Conviene que me quede en tu casa. ¿Sabes lo que significa esa frase?, Conviene que por primera vez tu casa sea una casa. Jesús, mis hermanos, Jesús es la familia de los que a veces nos quedamos como sin familia. Y por eso digo que la fiesta de la Sagrada Familia puede celebrarse de dos maneras, puede celebrarse como ideal, que es lo que casi siempre hacemos los sacerdotes exaltar las virtudes de la Sagrada Familia. Mirad a José, mirad a María, mirad a Jesús. Está muy bien que eso se haga, pero eso no es todo el mensaje de hoy, de esa familia salió un fruto. Por eso decimos esta fiesta es ideal y es fuente. La Sagrada Familia es una fuente preciosa de la que salió Jesús para enseñarnos a ser familia de los que no tienen familia y por eso; ahora divido yo aquí mi invitación, mi exhortación y con esto termino. Para aquellos que tienen una familia feliz que creo que son algunos de ustedes, es la impresión que tengo por lo que veo, por lo que recuerdo de este vecindario. Para aquellos de ustedes que tienen una familia feliz, por favor alaben a Dios con la boca llena. Bendíganlo de corazón, pero entiendan que tienen una responsabilidad, la responsabilidad de abrir su hogar como se abrió el hogar de Nazaret para dar a Jesús, para entregar a Jesús al mundo y para recibir a los que no tienen familia. Para aquellos de ustedes que tienen un hogar hermoso, bien constituido, estable, yo les hago esta pregunta y este reto ¿A quiénes abren ustedes sus puertas?, ¿No será este el momento de acoger con más amor a ese pobre pariente que quedó solo, divorciado, separado, viudo, solterón o que tiene un problema mental, físico, de salud o sexual?; ¿No será este el momento en que a nosotros, como sociedad y como Iglesia, aprendamos a abrir el corazón para recibir a esas personas que porque son distintas o son diferentes, no encuentran cariño, no encuentran acogida y por eso muchas veces terminan haciendo barbaridades? Yo les aseguro, porque he tratado con toda esa clase de personas, yo les aseguro que no hay mal de este mundo que no se haga más liviano, con un mucho de amor y con un mucho de acogida. Familias bien constituidas, por favor, abrid vuestras puertas a todos los que están solos. Abrid las puertas al huérfano, a la viuda, a la separada. Abrid vuestras puertas al soltero, al sacerdote. Abrid vuestras puertas al misionero. Abrid vuestras puertas a aquel que no tiene familia. Si no obráis así, estáis pecando de egoísmo. Existe el egoísmo de familia. Eso también existe. Ese es mi mensaje para los que tienen familia que bendigan a Dios, pero que entiendan que tienen una responsabilidad de abrir la puerta, ser familia de un modo más amplio. Y a los que a veces padecemos de no tener familia porque se dañó el matrimonio. Ahora en mi familia, por ejemplo, estamos experimentando eso. ¿Quién va a creer que un hermano mío, menos de cuarenta años, se le acaba de morir la esposa? Esas cosas no deberían suceder, dice uno; Este hombre ha quedado viudo a sus treinta y tantos años con una niña. ¿Ahora, cómo celebra él la Sagrada Familia? Pues si la va a celebrar, si la va a celebrar. Y mañana quiere venir a misa aquí, al convento de Santo Domingo, porque él ha encontrado que aunque esa parte de su corazón esté sangrando y colmada de lágrimas, hay amor en amigos y parientes; y entre todos estamos tratando de hacer una red para sostener a ese hombre y para sostener a esa niña que quedó sin mamá; y ahí estamos. Queremos ser familia de éllos. Si ese es tu caso también. Si tú sientes que tu proyecto de vida se desbarató, mi invitación para ti es esta: No hagas locuras, no juegues a estar empezando más y más proyectos de familia. Se dañó esto con este hombre, voy con el otro. Voy con el otro. No juegues a eso. Busca en Jesús. Encuentra en Jesús. Porque Jesús es la familia de los que no tenemos familia.

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