Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Consagrarse es reservar la vida para Dios y buscar que su voluntad la gobierne. Al entregarnos a su amor, recibimos sus bienes y somos protegidos de todo mal y de aquello que nos aparta de Él.

Homilía ascj012a, predicada en 20260612, con 8 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El viernes, después de la fiesta de Corpus Christi, celebramos al Sagrado Corazón de Jesús y en esta oportunidad, amigos queridos, quiero destacar una de las prácticas más bellas que ha tenido el pueblo católico, y que me parece importante que la rescatemos y la vivamos. Me refiero a la consagración al Corazón de Jesús, consagrarse al Sagrado Corazón. ¿Qué significa? ¿Qué bienes trae? ¿De qué males nos defiende? Eso es lo que vamos a comentar brevemente con motivo de esta hermosa, esta preciosa celebración del Sagrado Corazón de Jesús.

Empecemos por: ¿qué significa? Consagrar quiere decir reservar para Dios, consagrar una casa, por ejemplo, al Sagrado Corazón. Quiere decir que en esa casa se le quiere dar la honra, se le quiere dar el honor a Dios. Es algo así como decirle: "Esta casa es tuya". "Esto es para ti, esto es para tu servicio". Cuando una persona se consagra al corazón de Jesús, lo que le está diciendo es: "Quiero vivir para ti, quiero vivir para tu amor; así como tú me amaste y me amaste hasta el extremo, así también yo quiero amarte, quiero darte todo mi amor y quiero con ese amor inmenso vivir y morir". Eso es lo que significa consagrarse al Corazón de Jesús.

¿Cuáles son los bienes que trae esta consagración? Observemos que, cuando nosotros nos entregamos al amor de Dios, le estamos dando poder a ese amor sobre nuestras vidas. Le estamos dando poder a ese amor sobre nuestros cuerpos, sobre nuestros afectos, sobre nuestro futuro. Le estamos dando poder a ese amor también sobre nuestra eternidad.

¿Por qué destaco esto? Porque cuando te consagras o cuando consagras tu casa al Corazón de Jesús, tú estás abriendo puertas, estás abriendo las puertas a su amor. Estás abriendo las puertas a su gracia, a su providencia, a su sabiduría, a sus planes. Estás abriendo puertas para el bien. Es como si tú quisieras que, a la manera de una inundación, pero una inundación de bondad, una inundación de bien, entrara todo ese amor de Dios.

Entonces, ¿cuáles son los bienes que se pueden esperar? pues los bienes que puedes esperar son los bienes propios de un amor que se difunde por todas partes, un amor que lo llena todo, un amor que lo colma todo. Esos son los bienes que puedes esperar. Puedes esperar entonces que tus afectos, que tu corazón quede lleno de ese amor. Puedes esperar entonces que tu familia quede llena de ese amor, que tus negocios queden llenos de ese amor. ¿Ese amor significa que todo te va a ir bien? Mira lo que he dicho: Es el reinado de la providencia de Dios, de la sabiduría de Dios, del amor de Dios. Entonces eso significa lo que más convenga, lo que mejor convenga según el parecer de Dios; no según la opinión nuestra, no según la opinión que yo tenga, no según lo que a mí me guste.

Eso no es lo más importante aquí. Lo más importante aquí no es lo que a mí me guste, lo que a mí me parezca, porque para gustos? Quizás un empresario, por ejemplo, puede querer ganar más y más y más dinero. Y sí, pues es normal que un empresario quiera tener ganancias de su empresa. ¿Pero, qué tal, que esa codicia se adueña tanto de tu corazón que termines despreciando a tu familia? ¿Qué tal si esa codicia se adueñe tanto de tu corazón que termines arruinando tu salud? ¿Qué tal qué ese afán de ganar más y más qué es lo que tú deseas en un momento dado se convierta en injusticia contra tus empleados?

Entonces, amar al Sagrado Corazón y consagrarse al Sagrado Corazón no significa que todo va a salir como a mí me parezca. Ese más bien es el fruto de la magia. O eso es lo que pretende la magia: que se haga mi voluntad. No; la consagración al Corazón de Jesús no es para que se haga mi voluntad, sino para que se haga la voluntad del Señor en mi vida. Y si lo que queremos es que se haga la voluntad del Señor en nuestras vidas, pues quiere decir que nosotros queremos que la providencia y la sabiduría de Dios sean las que gobiernen. Y algunas veces eso coincidirá con mis gustos; y otras veces, quizás muchas, no coincidirá con lo que a mí me gusta. Eso hay que tenerlo presente.

¿Y de qué males nos defiende esto? Pues mira, yo solamente me acuerdo de lo que dice el mismo Jesús, en Juan, capítulo diecisiete: "He guardado en tu nombre", dice Jesús al Padre celestial. Orando: "he guardado en tu nombre a los que tú me diste. Tú me los diste, y tuyos eran, y yo los he guardado".

Esas palabras de Cristo muestran lo que quiere hacer el Sagrado Corazón con nosotros. Esas palabras lo que están indicando es lo que hace Jesús cuando nos acogemos a Él: Nos guarda, nos guarda de los verdaderos males. ¿Y cuáles son los verdaderos males? Apartarnos de Dios, desobedecerle, dividirnos, despreciar su misericordia. Esos son los terribles males, las insidias del enemigo. No podrán las tentaciones, no podrán las mentiras y engaños de Satanás; no podrán, porque estamos consagrados al Corazón de Jesús.

Hay una devoción muy sencilla, casi infantil, que refleja muy bien esta protección. Busca, por ejemplo en Internet: la palabra ?detente? y junto con ella, ?Sagrado Corazón?. Es una devoción antigua y esa devoción es un mensaje auténticamente profético, muy bello, porque ese mensaje lo que tiene es detente, -se le dice al mal-, detente, -se le dice al demonio-, detente, -se le dice a la tentación-. Párate, para, para: estoy con el Sagrado Corazón. El Sagrado Corazón está conmigo.

Así que te invito a que renueves en tu hogar y renueves sobre todo, primero en tu vida el amor al Sagrado Corazón y tu deseo de consagrarte a Él, porque son inmensos sus bienes. Decía Santa Catalina de Siena, maravillada del amor de Cristo: ?Eres dulce, sin mezcla de amargor?. Amen.

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