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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El amor del Sagrado Corazón es amor que nos ha elegido, que quiere nuestra obediencia y la quiere precisamente porque nos ama, porque quiere nuestro bien.
Homilía ascj011a, predicada en 20230616, con 6 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Hay tres palabras que son inseparables. En la hermosa festividad de hoy, que es el Día del Sagrado Corazón: esas palabras son: amor, elección y obediencia. Es un poco el orden de lo que nos cuenta la primera lectura de hoy, tomada del Deuteronomio: "El Señor se enamoró de su pueblo". El Señor eligió a ese pueblo que así; es el pueblo elegido y ungido. Y luego el Señor le pone una obediencia a ese pueblo: amor, elección y obediencia. Creo que esas tres palabras, en ese orden, describen también los gustos que la mayor parte de nosotros tenemos. Que nos amen: nos gusta. Yo creo que nos gusta a todos que nos elijan. Bueno, si la persona, si el grupo, si el amigo o la amiga que me considera su amigo, su amiga, si esa persona me eligió bien -si es la persona que yo hubiera querido-; o sea, que la elección va como en segundo lugar. Y luego, el tercer lugar: la obediencia. Ya eso es mucho más complicado. Es decir: nos gusta que nos amen, nos gusta que nos elijan, pero no nos gusta tanto que nos pongan a obedecer. Creo que esa parte si no nos gusta demasiado: amor, elección y obediencia. Y resulta que las tres son muy importantes: amor, elección y obediencia. Pero dentro de la Biblia, esas tres palabras están profundamente unidas. Y yo creo que, como la parte difícil es la de la obediencia, es la que tenemos que explicar un poco más. Cuando hablamos de obediencia, esta mentalidad nuestra, tan moderna y tan independiente, creo que inmediatamente se rebela y dice: "¿Por qué me vas a poner a obedecer?" Pero la verdad es que la obediencia va muy unida al amor y te lo puedo demostrar. Si, por ejemplo, esa chica le dice a su novio, a su enamorado, al hombre que la pretende, el hombre que está profundamente enamorado de ella y que siente que ella es lo máximo. Si esa chica le dice: "¡Ay, amor! Tú podrías pasar esta noche... Sabes, necesito verte". Y él tiene una montaña de trabajo que hacer. Tiene muchísimo que hacer, y sabe que si va donde ella, eso le va a tomar dos o tres, tal vez cuatro horas. Y finalmente esas horas... Pues va a tocar recortarlas del sueño. O sea, que su noche se va a volver muy pequeñita y va a ser un sacrificio muy grande; pero él siente que ese sacrificio vale la pena porque ama, porque la ha elegido, porque se siente elegido por ella. Entonces va y no va forzado, va con ganas, va con gusto. Te das cuenta que el amor va unido a la obediencia. Como él siente que es un bien para él, porque es mucho el bien que siente cuando está cerca de esa mujer a la que tanto ama; como es un bien para él, entonces... Pues por supuesto que él obedece. Claro. Ella le dijo. Ella no le dijo: "¡Obedéceme, tu esclavo, ven aquí! Te espero a las siete y media. Pero ni un minuto más" No, ella no le dijo ese tono. Ella utilizó un tono suave y le dijo: "¡Ay, amor, ¿quisieras venir?!" Pero en el fondo lo que le está diciendo es: Te quiero aquí. Y si él se niega a esa petición y se niega a otra y a otra, te aseguro que muy pronto esa relación entra en una crisis muy fuerte. O sea: me dices que me amas, pero... "Pero no veo que aparezcas cuando te necesito". Y cuando ella dice: "No apareces cuando te necesito", significa que no apareces cuando yo quiero que aparezcas. Cuando yo necesito que aparezcas. O sea, que la obediencia está unida al amor. Y esto se nota de muchas maneras. Mira: cuando sabemos que una persona quiere nuestro bien, seguimos el consejo que esa persona nos da, y no nos parece demasiado pesado, ni demasiado complicado; lo seguimos simplemente. Piensa, por ejemplo, si estoy en manos de un buen médico y el médico me dice: "mire, usted tiene que hacer ejercicio, y ejercicio fuerte, por lo menos cuatro veces a la semana". Pues yo le hago caso cierto, yo obedezco. ¿Por qué obedezco? Porque estoy convencido de que él quiere mi bien. Por supuesto, es un tipo distinto de amor. No se trata de que ese médico o esa médica esté enamorada de mí. Claro que no. Pero si siento amor en el sentido de que siento que es una persona que busca mi bien. Y esto es interesante, porque es la misma idea, es el mismo pensamiento que luego encontramos en palabras del mismo Cristo. Fíjate esta palabra que dice Cristo: "vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando". Claro, Cristo no dice: "¡Ay! Mis amores, cuánto quisiera que ustedes me complacieran en esto"; no, Él no utiliza esa clase de lenguaje. Podríamos decir que Cristo es tan directo que casi parece rudo, pero lo que nos está diciendo tiene todo el sentido del mundo: amigos. Ese es el amor del Sagrado Corazón. El amor del Sagrado Corazón es ese: es amor que nos ha elegido, y es amor que quiere nuestra obediencia y la quiere. ¿Por qué? Precisamente porque nos ama. Porque quiere nuestro bien. ¡Bendito sea el Corazón de Jesús! ¡Bendito sea el amor de Jesús! ¡Bendito sea Jesucristo, nuestro Señor y Salvador! Amén.

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