|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los deseos más profundos del corazón humano, cuando desea ser amado, están todos en el Sagrado Corazón de Jesús: desinterés, capacidad de valorarnos, bondad, constancia generosidad.
Homilía ascj010a, predicada en 20200619, con 15 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Mis amados hermanos, esta fiesta del Corazón de Jesús nos invita a entrar de una manera nueva en el misterio de Dios. Hace pocos días, recordábamos el misterio de la Santísima Trinidad, que es también una invitación a acercarnos al Señor. Pero si bien el enunciado de ese misterio trinitario es una invitación a acercarnos a Dios, esta invitación, la que recibimos hoy en el corazón abierto de Jesús, es tanto más cercana a nosotros cuanto mayores son las necesidades de nuestro propio corazón. Efectivamente, te has puesto a pensar: ¿Cuántos males de los que hay en esta tierra se deben simplemente a la falta de amor? ¿Cuántas personas, por una falta de amor en su infancia, en su juventud, en sus años escolares, en su vida matrimonial están de distintas maneras heridas y maltrechas? Se sienten incompletas, se sienten rotas. Y detrás de cada una de esas heridas de ellos. ¿Finalmente, qué? Hay una inmensa necesidad de ser amados. Una inmensa necesidad de ser acogidos, compadecidos, entendidos, sanados. Y, hermanos, ¿qué es lo que encontramos en el Corazón de Jesús? Esta comprensión, esta acogida, esta paciencia y esta sanación. Eso es lo que nos da el bendito, el Sagrado Corazón de Jesús. Cuando preguntamos a una persona en un diálogo de cierta profundidad: ¿Cómo te gusta ser amado? ¿Qué esperas tú del amor? Salen muchas opiniones, pero esas opiniones se pueden condensar en cinco ideas; cinco preciosas ideas. Primera: Todos queremos ser amados de un modo desinteresado. Cuando descubrimos que una persona es amable con nosotros o es cariñosa con nosotros, o nos dice cosas dulces y gratas, pero en el fondo tiene su propio interés y ese interés puede ser aprovecharse de nosotros o puede ser estafarnos o puede ser lograr un favor. Apenas descubrimos que la otra persona tiene una actitud interesada, ya no creemos mucho en ese amor. Ya no nos interesa tanto, porque la primera característica que necesitamos cuando buscamos un verdadero amor se llama desinterés. Y eso es lo que encontramos en nuestro Señor Jesucristo al comienzo de esta Eucaristía. He recordado aquellas palabras que Él le dijo a Santa Margarita María Alacoque: "Mira este corazón que tanto ha amado a los hombres y que de ellos no ha recibido sino ingratitud, indiferencia", pero nos sigue amando y nos sigue amando, porque no nos ama por interés. Lo dijo el apóstol San Pablo en la Carta a los Romanos, capítulo ocho: "La prueba de que Dios nos ama es que, siendo nosotros todavía pecadores, entregó a su Hijo por nuestra salvación". Así que el desinterés es fundamental. Necesitamos que nos amen con desinterés. Segundo: necesitamos que nos valoren. Necesitamos sentir que somos importantes para alguien. En una sociedad en donde muchas decisiones se toman simplemente por estadísticas, en una sociedad donde muchas veces somos un número más, en una sociedad donde las relaciones humanas son tan frágiles que empiezan y ya están terminando, en una sociedad donde parece que muchas personas pueden ser desechadas y donde algunas veces nos hemos sentido desechados. ¿No te ha pasado eso? Que tal vez cometes un error. Tal vez hiciste algo mal y de una vez te botan a la basura. Ya no existes más. Entonces uno se pregunta: "¿qué tan importante era yo para esa persona?". Todos necesitamos ser valorados. Necesitamos que nos amen con desinterés. Pero segundo, necesitamos que nos amen con valoración; y valoración quiere decir: "necesitamos sentir que somos importantes para esa persona", pues esa dimensión del amor está en Jesucristo. Encontramos cómo Él, no trata a las personas de otra manera, sino en un encuentro amoroso y personal. Piensa, por ejemplo, cuando Jesús iba con algunos de sus discípulos a la casa de un hombre llamado Jairo, cuya hija estaba muy enferma; y mientras iba de camino, apretujado por la gente, pudo detectar que alguien, en ese caso una mujer que padecía enfermedad; tenía un flujo de sangre que no paraba. Una mujer se acercó y le tocó el manto por detrás, diciendo: "Si logro tocar aunque sea el borde del manto, quedaré curada". Y Jesús, en medio de la multitud, sintió, sintió esa presencia, sintió esa necesidad. Para Él no somos una masa. Así como Él pudo detectar la necesidad de esa mujer en toda esa multitud, así Jesús a cada uno de nosotros nos mira, y por cada uno de nosotros ora. Por eso dice en el capítulo diecisiete de San Juan -son palabras del mismo Cristo-: "No te pido, Padre, dice Cristo, no te pido solamente por éstos refiriéndose a los apóstoles, sino por aquellos que creerán por la palabra de éstos". Y bien decimos, como lo han dicho tantos sabios, doctores y predicadores, que Cristo derramó su Sangre preciosa en la cruz por cada uno de nosotros como si fuera el único. ¿Cómo no sentirse valorados, cuando reconocemos esta dimensión personal del amor de Dios? Por eso también decía nuestro querido Papa emérito Benedicto. Decía él: "que es indispensable en la vida cristiana un encuentro con Jesús". Así como yo he de encontrarme con Jesús desde mi necesidad. Así, Jesús valora lo que soy y me entrega lo que Él es, como si yo fuera el único que existiera en el universo. Entonces: Desinterés, valoración. Tercero: el verdadero amor requiere? Es indispensable que haya bondad. Bondad quiere decir que hace el bien. Esta es la característica central del amor, según enseña Santo Tomás de Aquino, haciendo una especie de distinción o clasificación de amores. Dice Santo Tomás: "que la cumbre del amor es el amor de benevolencia". Benevolencia es una palabra en español que viene del latín y que significa querer bien, querer para el bien benevolente, bene velle. Eso es lo que significa la benevolencia. Entonces, Cristo, nuestro Señor, nos ha amado con amor de bondad. Y vemos esa bondad en el Evangelio, en la transformación de las personas. Ya se trate de enfermos en su cuerpo, como tantos leprosos y paralíticos; ya se trate de personas rechazadas, como por ejemplo los samaritanos o los romanos; ya se trate de personas en pecado o afligidas por el demonio como la samaritana o la Magdalena. Cristo, en verdad, como dice Hechos de los Apóstoles, capítulo diez: "pasó haciendo el bien". Esa es la bondad de Jesucristo. Ese es el bien que Él trae. Tercera característica: La primera es el desinterés. La segunda: la valoración. La tercera: la bondad. La bondad es indispensable. Hay una cuarta característica del verdadero amor y es que el verdadero amor necesitamos que sea constante. Necesitamos que sea un amor que dure. Efectivamente, hay algo dentro del corazón humano que nos hace sentir que vamos a necesitar amor. No solo el día de hoy, sino también en el incierto día de mañana. Y por eso los que se aman siempre, cuando quieren decir cosas bonitas, dicen: "te amo para toda la vida". Tal vez lo cumplirán, o tal vez no, pero por lo menos en la intención lo dicen. Amor eterno. Esta es una de las necesidades. Es uno de los anhelos más profundos y el que está buscando amor eterno está buscando indudablemente un amor constante. Es lo que la Iglesia, por ejemplo, celebra en el sacramento del matrimonio, en el sacramento del matrimonio. ¿Qué se le dice a los cónyuges? Por ejemplo, a ese hombre: ¿que se le dice?: "¿Aceptas a esta mujer como tu esposa para amarla y respetarla en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza todos los días de tu vida?". La verdad es que el sacramento del matrimonio es la respuesta de Dios para el anhelo que uno tiene en el corazón. Y ese anhelo es: "Quiero ser amado para siempre". A ver cómo te portarías tú con un hombre o con una mujer, según el caso que te dijera: "Mira, te amo profundamente y te voy a amar hasta el seis de marzo del año entrante". Ahí te voy a dejar de amar. ¿Tú crees que entrarías en una relación con una persona que pusiera ese término? ¿Tú crees que eso tendría sentido? ¿Tú crees que a eso lo llamarías amor? ¿No es verdad que el corazón humano, por su propia naturaleza y esencia, pide, reclama, necesita y exige un amor que permanezca? Por eso la constancia. Constancia. La quinta y última característica que queremos destacar es que necesitamos un amor que sea abundante, un amor que sea generoso. Cuando una persona empieza a poner límites, sobre todo si esos límites nos hablan de egoísmo, no creemos en realidad que nos ame. Hay tantos chistes; hoy en Internet circulan muchos memes con historias sobre esta clase de situaciones. Por ejemplo, en este caso es un muchacho. Un chico que le dice a su amiga o novia le dice: "¡Oh!, yo por ti haría cualquier cosa". Y le dice ella: "pues... yo anhelo tanto verte. ¿Puedes venir hoy?" Y él le responde: -Todo esto es parte del chiste-. "Creo que hoy no, porque como que va a llover". Necesitamos un amor generoso, necesitamos un amor que venza obstáculos, necesitamos un amor que no se mida tanto. Aunque todos entendemos que hay límites, por supuesto, todos entendemos que las otras personas también tienen unos límites. Pero: ¿sabes lo que más nos maravilla de Cristo? Que Él lo dijo y lo cumplió. Nos amó sin límite. Nos amó hasta el extremo. Dice la Biblia: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, dice el evangelio de Juan nos amó hasta el extremo", sin límite. ¿Y qué quiere decir eso? Que si estoy caído me sigue amando porque es generoso. Si estoy roto, me sigue amando. Si le he fallado, me sigue amando. No me va a dejar de amar. Es un amor generoso. No solamente es constante en el tiempo, sino que es generoso ante las circunstancias. Los grandes anhelos, las grandes necesidades del corazón humano, están bien descritos en estas cinco palabras. Queremos un amor desinteresado, un amor que nos valore. Queremos un amor que sea bondadoso, que nos haga bien, que traiga bien a nuestra vida. Queremos un amor que sea constante, que dure y queremos un amor que sea generoso, abundante. Ponte la mano, como se dice, en el corazón. Y ahora dime mirándome a los ojos. Dime: ¿No es eso lo que tú buscas en el amor? Con tu mano en el corazón. Dime: ¿No es eso lo que tú buscas? Y ahora te digo yo: ¿Y no es eso lo que nos da el Sagrado Corazón de Jesús?

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|