|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El corazón de Cristo tiene predilección por los más excluidos de la sociedad; sana y restaura; y sale de Él un amor que es exigente.
Homilía ascj009a, predicada en 20200619, con 5 min. y 23 seg. 
Transcripción:
La Solemnidad del Sagrado Corazón, que la Iglesia celebra hoy, es motivo de alegría y es motivo de consuelo. Quiero invitarlos a que recordemos tres rasgos del amor de Cristo que son especialmente consoladores en esta época que vivimos como humanidad. Tres rasgos del Corazón de Cristo. Los tomamos de los Santos Evangelios. El primer rasgo es: parece que a Cristo le atraen de un modo singular los pobres, los necesitados. Cristo tiene una predilección por aquellos que son excluidos de todos. ¿Cuántas veces el machismo, el maltrato a la mujer, han hecho estragos en tantas culturas? Observemos la delicadeza, el respeto, el lugar que Cristo le da a las mujeres. ¡Qué desprecio el que había por los paganos! Observemos a Cristo compadeciéndose de aquel siervo de un centurión pagano, y observemos cómo incluso pone la fe del centurión a manera de referencia para todos nosotros. Los niños, muchas veces, eran vistos solamente como: necesidad de trabajo; es decir, hay que hacer por ellos, hay que trabajar por ellos, hay que cuidarlos casi como si fueran una carga. Cristo dice: "Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos". Y así podríamos dar muchos otros ejemplos: los despreciados, los leprosos, los pecadores, los publicanos, las prostitutas; siempre tienen un lugar especial en la predicación de Cristo. No es que Cristo diga que ellos son personas buenas, sino más bien que son personas más necesitadas y que precisamente, en cuanto son más necesitados, muchas veces están más abiertos a recibir la gracia. Entonces, primer rasgo del corazón de Cristo: tiene una predilección por aquellos que están más excluidos, que son más excluidos en la sociedad. Primera característica. Segunda característica: Cristo nuestro Señor, cuando se acerca a una historia, a una vida, tiene siempre, en primer lugar, palabras de sanación, palabras de restauración. Observémoslo, por ejemplo: en aquellas largas sesiones de milagros en Cafarnaún. ¿Es que aquellas personas que llegaban eran todos santos, rectos, justos? No, no lo eran. Pero Cristo no niega ese consuelo de su amor. Esa bondad suya no la niega a ellos, A todos ellos. Y esto precisamente lo reflejó con sus propias palabras cuando dijo: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré". "Venid, los que estáis cansados y agobiados". No dijo: "Cuando estéis limpios, y cuando seáis rectos, y cuando entendáis las cosas como son, entonces venid a mí". No; dijo: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados". Es decir, abrir así las puertas de su corazón es algo absolutamente sublime. Es un abajamiento sin límites de parte de Él, y es un enaltecimiento sin límites de la condición humana nuestra. La tercera característica del corazón del amor de Cristo es: que es un amor exigente. No es simplemente palmaditas en la espalda. No es simplemente para que te sientas bien. Es amor: Pero es amor que quiere que se complete la obra de Dios en nosotros. Como lo hemos dicho en otras ocasiones, el amor de Cristo no es para dejarme donde estoy. Por eso, esa frase que me encanta repetir: "Cristo me acepta como soy, pero no me deja donde estoy", me acepta. Claro que me acepta como soy, pero no me deja donde estoy. Cristo hace su obra en mí y me transforma; y por eso su amor es exigente, como el amor de un buen papá, como el amor de una buena mamá: una buena mamá, si ve al niño enfermo, no se limita solo a abrazarlo y abrazarlo. Quiere que se cure, quiere que se sane, quiere que se levante. Así es Cristo también con nosotros. ¡Feliz fiesta! ¡Feliz fiesta del amor de Dios!. ¡Feliz fiesta del Sagrado Corazón de Jesús!

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|