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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El corazón de Cristo es "sagrado" porque desde el centro de su ser nos permite experimentar y reconocer que el amor del Cielo ha llegado a nuestra tierra.
Homilía ascj004a, predicada en 20110701, con 4 min. y 25 seg. 
Transcripción:
Una de las festividades más hermosas de nuestra liturgia católica es la que tenemos hoy. Se trata de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Tal vez como uno está acostumbrado a oír la frase ya hecha "Sagrado Corazón", no llega a reflexionar, no llega a caer en cuenta lo que está dicho ahí: Corazón, centro del propio ser; corazón, lugar de intimidad, de sinceridad y de verdad. Corazón, recinto donde se preparan los sueños, los propósitos y las decisiones. Corazón: Eco de la conciencia. Lugar de la verdad y del encuentro con Dios. Corazón, lugar también de los sentimientos más profundos. Todo eso está ahí, y estamos hablando del corazón de Jesús. Estamos hablando de alguna forma del centro de su propio misterio; porque finalmente es en el amor y es en el corazón donde debemos buscar la respuesta a las grandes preguntas sobre Cristo. ¿Por qué? ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Por qué tanta luz? ¿Por qué tanta paciencia? ¿Por qué tanto perdón? Todo hay que buscarlo en el Corazón de Jesús. Pero se le añade un adjetivo, se le llama sagrado. Es sagrado. Cada uno de nosotros tiene su propio corazón, no solamente en el sentido de ese músculo que envía la sangre al resto del cuerpo. Cada uno de nosotros, tiene corazón también en el sentido de ese espacio de intimidad, de sinceridad, de propósitos. Pero nuestros propósitos no siempre son buenos, no siempre son agradables a Dios, no siempre son limpios, no siempre llevan el sello de su luz, no siempre exhalan el delicioso aroma que se respira allí donde Dios está presente. Por eso, al llamar sagrado al Corazón de Jesús, estamos diciendo que el amor del cielo nos está visitando en la tierra. Y esta es la historia que nos cuenta la Escritura, porque la Biblia entera es una historia de amor. En el capítulo séptimo del libro del Deuteronomio, primera lectura del día de hoy, se cuenta precisamente eso: cómo Dios, por pura gracia, se ha enamorado de su pueblo. Y la primera carta de San Juan en el capítulo cuarto nos recuerda que ese amor, al llegar a nosotros, no quiere permanecer inactivo, sino que quiere seguir amando a través de nosotros como una especie de inundación saludable. El amor de Dios que nos visita quiere también, a través de nosotros, de nuestras palabras, de nuestras obras, llegar a muchos otros hermanos. Y por eso dice San Juan: "Si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amar a los hermanos". Finalmente, encontramos en el capítulo once de San Mateo una descripción que hace Cristo de su propio corazón, destacando ese aspecto de recinto de acogida y de santidad. Cristo es el manso. Cristo es el humilde de corazón. Cristo es aquel que tiene espacio: limpio, hermoso, perfumado, acogedor, espacio para cada uno de nosotros. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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