Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ver y oír en el Corazón de Cristo.

Homilía ascj002a, predicada en 20020607, con 17 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Tanto y tanto se predica del corazón de Jesucristo, que a veces no sabe uno por dónde empezar.

El corazón es el lugar del amor. El corazón de Jesucristo es el lugar del amor de Cristo. El amor está relacionado con la sangre. Por eso, el rojo es el color del amor. Para expresar amor se regalan flores encendidas, encarnadas, rojas. ¿Si se lleva una cantidad de flores azules?, pues eso significa un florero para la mesa. Unas flores blancas pueden significar: ¿Y acaso aquí quién se murió?

En cambio, flores, -ojalá rosas rojas encendidas- indican el palpitar de la sangre. El mensaje que da el que regala rosas rojas es: "me aceleras el pulso, haces palpitar mi sangre". La sangre está unida al amor. El corazón de Cristo es el lugar de la sangre de Cristo. Eso es bellísimo.

El corazón de Cristo tiene dos colores. De acuerdo con lo del Evangelio y de acuerdo con las visiones de Margarita María Alacoque y Santa Faustina Kowalska: El color rojo y el color blanco; rojo que se vuelve blanco. El corazón de Cristo, es el lugar de la sangre de Cristo. Pero esta es una sangre muy particular; porque el libro del Apocalipsis nos da una visión, nos presenta una visión de los santos, de los bienaventurados, y llevaban túnicas blanquísimas. Y entonces el vidente preguntó: ¿Y esos... quiénes son, y de dónde han venido? Y le dijeron: "Estos, son los que han blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero".

El corazón de Cristo tiene dos colores. Eso no lo podemos olvidar mirando la imagen del Señor de la misericordia o mirando las imágenes del Corazón de Cristo. Su vestido mismo siempre se representa con rojo y con blanco. Son los colores del corazón: rojo que se vuelve blanco. Es tan linda esa expresión, porque: rojo que se vuelve blanco significa dolor que se vuelve gloria. Cruz que se vuelve resurrección. Padecer que se vuelve celebrar. Rojo que se vuelve blanco.

Significa que esa sangre que Cristo derramó por nosotros, esa sangre que nuestra violencia arrancó, hizo brotar de las venas de Cristo; esa sangre es donación que el mismo Cristo ofrece para perdón nuestro. De manera que la violencia nuestra quedó bañada en la sobreabundancia del amor divino Ese es el tema de los colores. ¿De qué color es el corazón? Rojo, no señor, no es solamente rojo. El corazón de Cristo tiene un color que se llama: rojo que se vuelve blanco.

El rojo expresa también la vida de los sacramentos y el blanco expresa muy bien la presencia del Espíritu, la obra de la gracia. Cuando Cristo estaba en un momento de intensísima unión, de oración con el Padre, nos dice la Escritura: Ese fue el episodio de la transfiguración. Que brillaba su rostro y que además sus ropas se pusieron blancas como nadie las podría blanquear. El blanco es el color del espíritu, es el color de la gloria, es el color de la santidad.

Rojo que se vuelve blanco significa entonces la vida de los sacramentos, y la vida de la gracia, la vida de la santidad. Ese es el corazón de Jesucristo. Y esto es lo que queríamos decir sobre los colores. Entonces ya sabe cuál es la respuesta. ¿Cuál es el color del corazón de Cristo? Es rojo que se vuelve blanco. Eso sí está bien dicho. No es rojo y blanco. Claro que en una bandera, pues toca representar así: rojo y blanco; pero es rojo que se vuelve blanco.

Otra manera mística de interpretar el rojo que se vuelve blanco es: lo que sucede entre la cruz y la Eucaristía. La cruz tiene todo el espanto de la sangre. La Eucaristía tiene todo el esplendor de la blancura, de la gracia, de la santidad. La Eucaristía es el mismo sacrificio de la Cruz, pero sin el escándalo horripilante de la crueldad. Crúor, de donde viene la palabra crudelis en latín, o sea, cruel. Cruor significa sangre en latín, crúor.

De manera que, cuando nosotros contemplamos a Cristo en el Calvario, o cuando adoramos a Cristo en la Eucaristía, es el mismo misterio, es el mismo misterio. ¿Pero cuál es la diferencia? Que en la Eucaristía, ya es rojo que se volvió blanco. Es decir, el espanto de la sangre. El espanto de la crueldad ha desaparecido y solo queda el esplendor del amor: rojo que se vuelve blanco. Es el paso que hay del Calvario al altar, de la Cruz a la Eucaristía.

Entonces: ¿el Corazón de Cristo tiene color de qué? Tiene color de cruz y tiene color de altar. Esa es otra bonita respuesta. Imagínese qué tan lindo que lo entrevisten a uno. Bueno, a ver, aquí para el noticiero: ¿cuál es el color del corazón de Cristo? Y usted responde: Tiene color de cruz y de altar o tiene color de rojo que se vuelve blanco, tiene color de sacramentos y de gracia, tiene color de dolor y de amor. ¡Es bien lindo!

Los colores nos ayudan a asomarnos al misterio del Corazón de Cristo. Pero hay que hablar no solo de los colores, sino también hablar de los sonidos. Pasemos a otro órgano de los sentidos. Ya hablamos de los ojos. Los ojos ven los colores. Ahora vamos con los sonidos. Los sonidos: ¿Qué sonidos puede tener el corazón?

Pues el corazón es el lugar de la oración. El corazón es el santuario. Cuando a uno lo quieren invitar a hacer oración de a de veras, como dicen en México, oración de a deveras. Esa oración, es oración de corazón. El corazón es el lugar de la oración.

Imaginémonos una persona que se hiciera amiga de Cristo, pero muy amiga, Amiga es íntima, íntima, de Jesucristo. De lo más lindo que he oído en estas últimas semanas, me dijo una señora que ha sufrido de todo: separación, pobreza, burla, violencia, muchas cosas. Es muy amiga de Jesucristo y me decía esta señora: "Yo me siento confidente de Cristo". Yo creo que Cristo me cuenta a mí sus cosas. Cosa tan linda. Me iba dando ya casi envidia. Yo la dejé que hablara, pues dije: esta señora, pues no tendrá mucha gente a quien contarle estas cosas. Pero ya me iba dando cierto grado de envidia, porque imagínese lo que dice: "Yo creo que Cristo me cuenta secretos a mí". "Yo soy confidente de Cristo. Ahí le cuento, para sus cuentas, Padre".

El corazón es el lugar de los secretos. El corazón es el lugar de la oración. De manera que si yo me acerco a Cristo con los ojos ¿qué veo? colores, no; los ojos son para los colores. ¿Y qué colores veo? Rojo que se vuelve blanco. Cruz y altar. Sacramentos y gracia. Eso es con los ojos; ¿y con los oídos?

Si yo me acerco como hizo San Juan. Ustedes se acuerdan de San Juan en la cena: ¿Qué hizo? Le puso el oído al corazón de Cristo. Oyó el corazón de Cristo. Eso es muy lindo. Oyó a Cristo en su corazón. ¿Qué se oye en el corazón de Cristo? Se oyen las oraciones de Cristo y los secretos de Cristo.

¿Usted qué opina de una persona que conozca las oraciones de Cristo y los secretos de Cristo? Eso tiene que ser una vida muy contemplativa, una vida muy santa. La señora me decía eso. Entre otras cosas, ella está trabajando en un proyecto sobre conversión, cómo ayudar a la gente en conversión: trabaja con sicarios, trabaja con mendigos y trabaja con presos; porque está convencida de que: "Cristo tiene poder para transformar todas las vidas".

Entonces un día, estaba muy feliz mi amiga y decía: "Estoy muy contenta porque mi amigo el sicario, vamos a llamarlo Rodolfo -Desde luego es un nombre inventado-. Mi amigo el sicario me dijo que había desistido de un negocio que tenía para mañana". "Un negocio era matar a una persona". Un triunfo del corazón de Cristo en Rodolfo el Sicario.

¿Con el oído que encontramos en el corazón de Cristo? Encontramos la oración de Cristo y encontramos ¿qué más? Los secretos de Cristo. Esas son las dos cosas que encontramos si nos acercamos con el oído. Con el oído, bueno; y si uno se acerca con el oído, porque esto toca ir de una vez haciendo la relación con el Inmaculado Corazón. Si uno acerca su oído al Corazón Inmaculado de la Virgen.

La Biblia no nos da ejemplos de personas que se hayan acercado al corazón de la Virgen, excepto dos sugerencias. Una, Juan: evidentemente tuvo una intimidad en Cristo muy grande con la Virgen, porque dice el evangelista que la recibió en su casa, es decir, pudo conocerla tal vez mucho mejor. Pero la persona que sí conoce el corazón de la Virgen, ¿quién es? el Niño Jesús.

Porque hasta donde yo sé, las mamás cuando cargan a los niños, los acercan al corazón. Eso quiere decir que hay una metodología, método para conocer el corazón de la Virgen en tres lecciones: Primera lección, se necesita ser niño. Segunda lección, se necesita que lo carguen a uno. Y tercera lección: hay que no llorar, porque si uno llora, uno oye es el llanto de uno.Uno no oye lo que está en el corazón de la Virgen.

Entonces, si uno le hace caso a Cristo, que dijo: "hay que ser como niños, y si no volvéis a ser como niños, no entraréis al Reino de los cielos". Si uno le hace caso a Cristo, vuelve a ser como niño; entonces le pide a la Virgen que lo ayude, que lo levante, que lo cargue. Y si cuando está cargado no se limita a llorar: "¡Ay, mis problemas, mis dolores, mis enfermedades; nadie me quiere, todos me odian!". Como decía un niño: "nadie me quiere, todos me odian", decía el niño.

Si yo me dedico solo a quejarme, pues no voy a oír, ¿cierto? Para poder oír lo que hay en el corazón de la Virgen, es necesario pedirle a la Virgen que me cargue. pero necesito no dedicarme a quejarme, porque si yo me dedico a quejarme, entonces no voy a oír nada, sino mis propias quejas.

Cuando uno hace ese ejercicio ¿qué oye en el corazón de la Virgen? En el corazón de la Virgen, de acuerdo con el evangelista Lucas, ¿lo que se oye es? ¿lo que se oye qué es? Las palabras de Cristo, los misterios de Cristo. Porque el evangelista Lucas nos dice: "que María guardaba todas estas cosas en el corazón". De manera que si uno no se vive quejando y se deja cargar por la Virgen y oye como buen bebé: oye el Corazón Inmaculado de María, ¿y qué oye? Oye los misterios de Cristo, las palabras de Cristo.

Eso es muy hermoso. Bueno, así tenemos el tema del sonido, los sonidos. Si yo me acerco con mi oído atento al Corazón de Cristo, ¿QuÉ oigo? Las oraciones de Cristo y los secretos de Cristo. Y si me acerco como niño, no lloroso, ni quejetas, ni fastidioso, sino como niño juicioso, me acerco al corazón de la Virgen. ¿Entonces escucho? los misterios de Cristo. Y las palabras. Eso está muy bien. Usted ha aprendido muy bien la lección. Así conozco los misterios de Jesucristo.

¿Y qué clase de oraciones le voy a oír a Cristo? Eso es muy fácil de saber. Si voy al capítulo sexto de San Mateo y el capítulo diecisiete de San Juan, conozco los grandes modelos de oración que tuvo Jesucristo. Ambos corresponden a una oración íntima con el Padre: El Uno es el Padre nuestro, que gracias a Dios repetimos con frecuencia. Y el otro es la oración llamada sacerdotal de Jesucristo, capítulo diecisiete de San Juan.

Si usted quiere entonces acostumbrar el oído a las oraciones de Cristo, puede hacer eso. Y para conocer los secretos de Cristo, ¿Qué toca hacer? Pues conocer la Palabra, invocar al Espíritu Santo y otras muchas cosas que no vamos a decir en este momento.

Eso es lo que tiene que ver con los sonidos. Hemos hablado de los colores. El color del corazón de Cristo es: rojo que se vuelve blanco; y el sonido del corazón de Cristo es: las oraciones de Cristo y los secretos de Cristo. Eso tiene que ser una experiencia muy grande, muy grande. Por ejemplo, San Juan conocía los secretos de Cristo. San Juan supo cosas que los demás no sabían. ¿Por qué? Porque estaba más cerquita.

Cristo no es que esconda las cosas, sino que no se impone. Él no se impone. Si tú quieres acercarte más, pues oyes más. Él no es a gritos, y a gritos, y a gritos, como si nosotros fuéramos: "qué sé yo, vacas o qué sé yo". Él no nos va a tratar a los gritos. Él habla, él se expresa. Si te acercas más, oyes más; si acercas más el oído, oyes más.

No es que Cristo tenga una serie de gente seleccionada: "A ver usted, señor, usted, señora, y usted, señorita, ustedes van a ser mis preferidos". Y a ustedes sí les voy a hablar. Los demás vean. Nada, hermano. No es que Cristo tuviera sus preferidos, sino que en la medida en que nos acercamos más, oímos más.

El que se queda lejos, luego no se queje, no. Si usted se queda por allá lejos y no pone cuidado y no oye, luego: "¡Ay no! ¡Que Cristo me trata lejano! Yo no sé, yo creo que no me quiere". No, Señor, acerque más el oído y oye más. Tan sencillo como eso.

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