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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús se metió "en la boca del lobo" porque allí estábamos presos nosotros
Homilía aram014a, predicada en 20260329, con 8 min. y 19 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos. Cada año en el Domingo de Ramos escuchamos completa la Pasión de Cristo, según el evangelista que corresponda a ese año. Por ejemplo, en este año que lo llamamos el Ciclo A, acabamos de escuchar La Pasión de Cristo según San Mateo. El año entrante es el ciclo B y será San Marcos quien nos presente la Pasión del Señor. Luego, en el ciclo C San Lucas. Siempre en el Domingo de Ramos, escuchamos la pasión según uno de estos evangelistas, y volvemos a escuchar la pasión el Viernes Santo en la acción litúrgica que suele celebrarse hacia las tres de la tarde. Para el Viernes Santo siempre se toma la versión de San Juan. Todos los años. Hay tanto que meditar sobre la Pasión del Señor. Yo quiero que nos quedemos con una frase que se la dijeron como un insulto a Jesús, pero que en realidad contiene una verdad esplendorosa. Esa frase es: -A otros pudo salvar; no se puede salvar a sí mismo-. Con esas palabras se burlaban de Cristo y aumentaban su dolor. Pero en esas palabras se describe exactamente el Ser, y la misión de Jesús, salvando a otros, no se pudo salvar a sí mismo. Hace unos pocos días hubo conmoción en un hermano país en el Ecuador, porque un par de sacerdotes estaban en la playa junto con algunos monaguillos, algunos acólitos jovencitos y estos sacerdotes, dos de éllos viendo en peligro a aquellos jóvenes, pues se lanzaron al agua y lucharon por la vida de esos muchachos. Gracias a Dios, ellos, los jóvenes, se salvaron. Pero tristemente para la Iglesia, los dos sacerdotes murieron. Ellos salvaron a otros. No se salvaron a sí mismos. Ese es el misterio grande de la Semana Santa. Una vida que se entrega. Una vida que se da con tanta generosidad que, por decirlo de alguna manera, se olvida de sí misma. Y esto, mis hermanos, es también lo que encontramos en la entrada en Jerusalén. Hemos recordado simbólicamente esa entrada con la bendición de los ramos y con la proclamación del texto del Evangelio que cuenta precisamente esa entrada en Jerusalén. Y uno puede preguntarse, si en Jerusalén estaban todos los enemigos de Jesús. ¿A qué iba Jesús a Jerusalén? hablando en lenguaje colombiano; ¿Por qué se metía en problemas?, o con otra expresión que todos reconocemos: ¿Por qué se fue a meter en la boca del lobo? Y la respuesta más hermosa que conozco, la respuesta que me conmueve y que espero que también te conmueva a ti, es ésta: -Jesús se metió en la boca del lobo; porque en la boca del lobo estábamos nosotros. Se metió en la boca del lobo para sacarnos. Se metió en la boca del lobo para salvarnos. Y pagó con su vida. Pagó con su sangre ese sacrificio magnífico de amor-. Efectivamente, la ciudad de Jerusalén estaba secuestrada podemos decir. Si miramos quiénes eran los que mandaban en Jerusalén, todos eran ajenos al Reino de Dios y todos eran ajenos a las necesidades de los pequeños y los pobres. En Jerusalén, se supone que ejercía su reinado Herodes, un hombre supersticioso, lujurioso, cruel, vano y sobre todo, un impostor que no merecía el título de rey; y él reinaba ahí. En Jerusalén ejercían su poder los sumos sacerdotes, de los cuales dijo Jesús: "Ustedes no conocen las Escrituras, ustedes no saben nada del poder de Dios". Y ellos eran los que mandaban en el templo, y ellos eran los que tenían poder sobre el pueblo. ¿Ya me vas entendiendo por qué digo que Jesús entró a la boca del lobo porque ahí estaba el pueblo amado de Dios? ¿Quién más mandaba en Jerusalén? Tenían gran autoridad los escribas, que era la gente intelectual, la gente que tenía la autoridad académica. Pero ¿Qué dijo Jesús de los escribas? "Ni ustedes entran ni dejan entrar a otros". Así estaba Jerusalén, la ciudad de David, la Ciudad Santa, la ciudad que Dios eligió estaba en manos de esos prevaricadores. Estaba en manos de esos abusadores. Y también tenía potestad sobre Jerusalén, aunque no vivía ahí el procurador romano, llamado como sabemos Poncio Pilato. Se suponía que Poncio Pilato tenía que ser representante del derecho romano; todavía en las facultades de las universidades actuales. La gente que estudia leyes tiene que estudiar el derecho romano, que se supone que es como una especie de joya de imparcialidad. Pero ya ves ¿Para qué le sirvió el derecho romano a Pilatos? Solamente para protegerse él y para quitarse de encima lo que él pensaba que era un problema. Jerusalén, la ciudad de Dios, estaba en manos de impostores, abusadores y secuestradores. Y entró Jesús en Jerusalén para sacar de la boca del lobo a la humanidad cautiva, empezando por el pueblo elegido. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué llegó a ese extremo? Solo hay una respuesta. Una respuesta que no pierde actualidad. Por amor. Y eso es, mis hermanos, lo que vamos a vivir en la Semana Santa, sea en este templo o donde cada uno vaya a vivirlo. Eso es lo que vamos a encontrar Amor, amor destilado, amor purísimo, amor en su máxima expresión, amor capaz de rescatar a la presa más perdida de la boca, fiera del lobo. Que la Gloria sea para Jesucristo y que esta Semana Santa haga distinta nuestra vida. Amén.

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