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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

DOMINGO DE RAMOS, CICLO A - Jesús en su Encarnación tomó nuestra naturaleza humana de las entrañas purísimas de Santa María y luego la entregó por nuestra salvación en el dolorosísimo sacrificio de la cruz.

Homilía aram013a, predicada en 20260329, con 5 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Con el Domingo de Ramos, mis hermanos, tiene su solemne comienzo la Semana Santa. Con razón la llamamos la Semana Mayor, porque los acontecimientos que vamos a recordar y que vamos a celebrar en esta semana son los mayores. Estamos hablando del amor mayor. Estamos hablando de la victoria mayor. Estamos hablando del mayor perdón, estamos hablando de la mayor sabiduría, de la mayor ternura. Sí. Esta es la Semana Mayor. Alegrémonos de llegar a este momento y pidamos al Señor desde ya, que aprovechemos cada una de las celebraciones de la Semana Mayor. Una característica que tiene el Domingo de Ramos es que se leen dos evangelios, un Evangelio al momento de la procesión con los ramos, y otro Evangelio cuando ya estamos en la Santa Misa propiamente. Y entonces se lee La Pasión de Cristo, de acuerdo con el evangelista de cada año, por ejemplo, este año que es ciclo A, pues es el evangelista Mateo, y ese era la Pasión de Cristo según San Mateo en el Domingo de Ramos, y luego el año entrante es el ciclo B y será la Pasión de Cristo según San Marcos. Luego Pasión de Cristo según San Lucas. Todo eso en el Domingo de Ramos. Porque el Viernes Santo siempre se lee La Pasión de Cristo según San Juan.

De manera que es un banquete, un banquete de sabiduría, un banquete de luz y de Gracia, el que nos espera en esta Semana Santa. Yo quiero destacar algo muy bello del texto que se lee en el ciclo A en este año en el que nos encontramos, el texto que se lee para la procesión del Domingo de Ramos. Recordemos que en esa procesión se hace memoria de la entrada gloriosa y al mismo tiempo humilde de Jesucristo en Jerusalén, y el pequeño detalle sobre el que quiero llamar tu atención es que Cristo nuestro Señor dice a sus discípulos: "Vayan y desaten una burrita, y si alguien les pregunta, respondan El Señor la necesita, pero la va a devolver enseguida". Este detalle tan pequeño tiene un mensaje alegórico absolutamente precioso y eso es lo que quiero destacar. No es mío, sino es de los Padres de la Iglesia. Lo que voy a comentar, porque observa, Cristo toma prestada esa burrita para unas horas mientras su entrada en Jerusalén y después la devuelve.

Pues algunos de los que han meditado sobre este detalle tan pequeño pero tan bello, dicen que así fue también la encarnación y el servicio mismo de Cristo, ¿En qué sentido? En que Cristo tomó por nosotros la naturaleza humana y la entregó por nosotros, así como entregó esa burrita, así como entregó a sus dueños ese animalito. Y la frase tal vez más bella que resume esto es lo que tomó por nosotros, o mejor, -lo que tomó de nosotros, lo entregó por nosotros-. Creo que ahora sí lo dije bien: -Lo que tomó de nosotros, lo entregó por nosotros-. ¿Eso qué significa? Pues piensa que en su encarnación, Él tomó nuestra naturaleza humana. Pero todo lo que tomó de nosotros, lo entregó por nosotros, porque solo tuvo esa naturaleza humana, y la tiene, por supuesto, para la eternidad, pero la tiene entregada a la Gloria del Padre y la tiene entregada a nuestra salvación.

Lo que tomó de nosotros. Esa, esa carne, esa sangre que él a través de la Santísima Virgen María recibió y su misma alma, su alma humana, porque su naturaleza humana era completa cuerpo humano, alma humana, todo eso que Él tomó, todo eso, todo eso, mis hermanos, todo eso lo ofreció por nosotros, ofreció su afecto, ofreció su ternura, ofreció su amor, ofreció su alma, ofreció su cuerpo, ofreció su sangre. Así como Él tomó esa burrita y luego la entregó. Así Él tomó nuestra naturaleza humana de las entrañas purísimas de María, según el designio de Dios, y la entregó. Esa naturaleza la entregó por nosotros en el dolorosísimo sacrificio de la cruz. Recibió de nosotros esta naturaleza humana y la entregó para nuestra salvación. Ese es Cristo, y esos son los misterios que celebramos en la Semana Santa.

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