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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los enemigos a vencer en la época del Señor y en la nuestra es el pecado y el príncipe de las tinieblas, entonces ¿Entendemos para qué viene Nuestro Señor y qué clase de victoria trae?
Homilía aram012a, predicada en 20230402, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
¡Un bendecido domingo para todos! Este es el Domingo de Ramos. En él recordamos la entrada solemne de Cristo en Jerusalén en medio de las aclamaciones del pueblo. Se trata de un gesto profético que realiza Cristo. En primer lugar, evocando la entrada del rey David en Jerusalén, después de vencer en una terrible guerra interna que tuvo que padecer este gran rey David. Y esa entrada de David que fue la recuperación de su trono, fue también el momento de afianzarse en el poder. Así que para la gente, ver a Cristo que entraba y saludarlo con las palabras que conocemos, "Hosanna al Hijo de David", significaba -Llegó el momento del rey. Llegó el momento del reinado del Mesías. Llegó el momento en el que todo va a cambiar-. y efectivamente todo iba a cambiar y todo cambió, pero no de la manera que la gente se imaginaba, porque detrás de ese entusiasmo de tantas personas había una cierta idea. Había la idea de un reinado a la manera de David, es decir, un reinado básicamente de seguridad, de prosperidad, de victoria sobre los otros pueblos. Es decir, en el tiempo de David, el enemigo o los enemigos eran los otros pueblos en aquella época, mil años antes de Cristo, esos otros pueblos eran conocidos con el nombre genérico de los filisteos, y entonces para ellos el reinado de David era la victoria sobre los filisteos, y se imaginaban que el reinado del Hijo, o sea el descendiente legítimo de David, Cristo, éllos se imaginaban que Cristo iba a ser lo mismo, es decir, iba a mostrar la supremacía del pueblo elegido por encima de los demás pueblos, en concreto por encima del pueblo romano, que es el pueblo que en aquella época estaba oprimiendo, tenía humillados a los judíos. Entonces la idea de aquella gente, en medio de sus aclamaciones, era algo así como. . . -volvieron los buenos tiempos, llegó ese tiempo maravilloso en que por fin van a ser vencidos nuestros enemigos-. Bueno, eso era lo que ellos se imaginaban, pero la realidad es que todo iba a cambiar y de un modo mucho más profundo y de un modo mucho más universal. Porque si el enemigo a vencer en la época de David eran los filisteos, el enemigo a vencer en la época de Cristo y en nuestra época, el enemigo a vencer es fundamentalmente el pecado, y es fundamentalmente detrás del pecado el príncipe de las tinieblas, el demonio mismo. O sea que Cristo entra en Jerusalén para que todo cambie, pero que todo cambie, no es que las cosas vuelvan a ser como fueron durante unos años del reinado de David, sino que todo cambie significa que sea vencido el verdadero enemigo, que sea vencido aquel que verdaderamente humilla y destruye la obra de Dios en nosotros, es decir, la victoria sobre el pecado. Esto no lo entendía aquella gente, esto no lo entendían ni siquiera los mismos apóstoles que tal vez en el secreto de su corazón habían esperado mucho esta hora de aclamación y de triunfo, porque seguramente pensaban que llegaba el momento de los buenos nombramientos. Es decir, ahora nos van a nombrar. -Ahora nos van a nombrar. Vamos a tener altos cargos-. Tú te acuerdas, por ejemplo, como Santiago y Juan estaban pensando que iban a tener altos cargos, Uno a la derecha, otro a la izquierda. Ellos no entendían. Pero la gran pregunta, y es la pregunta con la que yo quiero terminar esta breve reflexión es si nosotros -sí lo estamos entendiendo, si nosotros estamos entendiendo para qué viene Cristo, si nosotros estamos entendiendo qué clase de victoria es la de Cristo, qué clase de victoria es la que su amor quiere tener en nosotros, si nosotros estamos comprendiendo eso y si estamos dispuestos a vivir en plenitud esta Semana Santa, desde ese espíritu de fe y de acogida a Cristo como nuestro verdadero Rey-. Feliz y bendecida semana para todos ustedes. En el nombre de Cristo, el Señor. Amén.

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