Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El común de la gente no pensaba muy distinto de los sumos sacerdotes: su ídolo común era el poder que primero se sirve a sí mismo.

Homilía aram008a, predicada en 20140413, con 23 min. y 29 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, con la celebración solemne de este domingo llamado Domingo de Ramos. Abrimos la Semana Santa. Hemos venido preparándonos por el camino de la Cuaresma para que nuestros ojos estén más limpios y puedan reconocer mejor el misterio del amor de Dios. Hemos hecho el camino de la Cuaresma. Hemos hecho el camino de la Cuaresma queriendo abrir nuestros oídos y nuestro corazón para que la Palabra de Dios entre con mayor provecho y pueda hacer su obra en nosotros. En efecto, hermanos, la Semana Santa no es simplemente un recuerdo. Nosotros los cristianos no miramos al pasado ni con nostalgia ni con pesar. Sabemos que el mismo amor del Calvario se hace presente en cada Eucaristía sobre el altar. Sabemos que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, y por eso, al recordar estos acontecimientos del pasado, nos estamos abriendo a la acción permanente del amor que no muere.

Para que esa sangre tan preciosa al derramarse, sea preciosa también en nuestra vida, dándonos esa voluntad del Señor de la que nos hemos apartado por nuestros pecados. La Iglesia lee la Pasión de Cristo dos veces al año. Lo acabamos de hacer. Hemos leído Completa la Pasión de Cristo según San Mateo. El próximo viernes, llamado con Justicia Viernes Santo, se escuchará de nuevo la Pasión de Cristo completa. Y en esa ocasión será según San Juan. Este año, pues, oímos a Mateo y a Juan. El año entrante, si Dios nos permite, escucharemos en el Domingo de Ramos la Pasión según San Marcos. Pero el Viernes Santo vuelve a ser el texto de San Juan. Y el año siguiente tendremos la pasión según San Lucas. Pero una vez más, como todos los años, el Viernes Santo se escucha la pasión según San Juan. ¿Para qué está esta lectura de la Pasión de Cristo en el Domingo de Ramos? Sobre todo para que entendamos qué significa proclamar a Cristo como Rey, porque parece que los contemporáneos de Cristo no llegaron a entender en qué consistía ese reinado de Él.

Y hay una frase, una sola, en la que quiero detenerme, que demuestra con mucha claridad cómo aquella gente no lograba entender el reinado de Cristo, ni cómo es aquello de que Él es el Mesías de Dios. Hacia la parte final del relato, cuando ya Cristo está crucificado, encontramos las siguientes palabras: Los que pasaban lo injuriaban, sacudían la cabeza y decían -¿No ibas a destruir el santuario y a reconstruirlo en tres días? Sálvate a ti mismo si eres el Hijo de Dios y bájate de la cruz-. Hay que destacar, hermanos, lo que dice este texto de Mateo. -Los que pasaban-, es decir, gente que seguramente iba entrando o iba saliendo de Jerusalén porque el monte llamado Gólgota quedaba a las afueras de lo que en ese momento era Jerusalén. O sea que los que pasaban eran los que entraban o salían de la ciudad y se encontraban con ese espectáculo terrible de varias personas crucificadas. Y entre esos crucificados en el centro, el profeta Jesús de Nazaret. Los que pasaban, eso quiere decir gente que mira ese horror de la cruz. Mira esa sangre. Y sigue derecho. Y por eso tenemos que preguntarnos, en primer lugar, si nosotros somos de los que pasan o de los que se quedan; si nosotros somos de aquellos que miramos de lado la cruz de Cristo y seguimos nuestros negocios, nuestros asuntos, o si en cambio tenemos tiempo para detenernos y para contemplar no solo ese dolor, sino sobre todo ese amor.

Parece que aquella gente tenía mucha prisa, tenían muchas cosas que hacer y por eso no se detenían ante la cruz. Su breve tiempo apenas les alcanzaba para burlarse del que estaba ahí crucificado. Sabían que se trataba del profeta de Nazaret y apenas tenían unos instantes, y esos instantes eran para burlarse de la cruz. Pero es de mayor provecho para nosotros mirar el contenido de lo que decían, porque ahí es donde está, según me parece, el núcleo de la enseñanza de hoy. He aquí las palabras de aquellos hombres y mujeres: "Sálvate a ti mismo si eres el Hijo de Dios y bájate de la cruz". Esa frase está indicando cómo entendían éllos el ser Mesías, cómo entendían ellos el ser hijo de Dios y cómo entendían ellos la cruz. Es solo una frase, una frase muy breve, pero en esa frase está el resumen de todos los errores que se pueden cometer con respecto a Cristo. En esta simple frasecita está condensado todo lo que significa ¡no! entender el misterio de la cruz. Por eso tenemos que concentrarnos un momento en esta frase porque nosotros no somos de los que pasan distraídamente o burlonamente al lado de la cruz.

Hemos venido a este templo parroquial y hemos separado este tiempo para mirar con atención a Jesús, porque no queremos ser de los que tienen afán, no queremos ser de los que pasan. Queremos ser de aquellos que miran, leen y aprenden el amor de Dios escrito con caracteres de sangre sobre el cuerpo del Crucificado. Repito, cuales son los errores de éllos. Dicen: -Sálvate a ti mismo si eres hijo de Dios-. O sea que ellos entienden que ser hijo de Dios es ponerse uno en primer lugar a sí mismo, ser hijo de Dios, tener poder, ser el Mesías significa, en primer lugar, salvarse a sí mismo. Significa en primer lugar, velar por los propios intereses. Significa, en primer lugar, protegerse uno mismo. Significa entonces, dejar a los demás en segundo lugar y ponerse uno en primer lugar. Esa es la manera como ellos entienden ser Mesías. Ellos piensan que ser Mesías y piensan que tener poder y ser hijo de Dios es una manera de economizarse el camino del dolor. Es una manera de salirse uno con la suya. Es una manera de protegerse uno y los demás, pues los demás que resuelvan lo suyo como puedan.

Observa el parecido que hay entre esta frase que dicen aquellos caminantes que entraban o salían de Jerusalén. Observa el parecido de esa frase con la frase que utilizan los sumos sacerdotes cuando Judas llega con cierto arrepentimiento a devolver el dinero, Judas les dice: "Cometí un pecado entregando a la muerte a un inocente". Y los sumos sacerdotes le responden: -¿Qué nos interesa a nosotros? Eso es cosa tuya-. Judas, llevado por la desesperación, fue y se ahorcó. Observa el parecido entre la frase de los sumos sacerdotes y la frase que dice la gente que pasa junto al Crucificado. Los sumos sacerdotes dicen -¿Qué nos interesa a nosotros?; problema suyo hermano, problema suyo. Allá usted con sus problemas-. -Nosotros ya tenemos nuestro dinero, nosotros ya tenemos lo que nosotros queríamos-. Es la soberbia, es el egoísmo, es la dureza de alma que simplemente se concentra en el propio provecho, el propio beneficio. La actitud de estos sumos sacerdotes se resume en la frase: -Primero yo, primero nosotros, ya nosotros resolvimos nuestro problema, ya nosotros logramos lo que queríamos. Allá usted con su conciencia, allá usted con su problema, usted verá qué es lo que va a hacer-. Esa es la concepción que tienen los sumos sacerdotes.

Ellos son gente que tiene poder, porque ellos son los que tienen que velar por el templo de Jerusalén. Y el templo es la institución más importante que tiene el judaísmo en este momento. Ellos son los poderosos y la manera como obran los poderosos es poniéndose en primer lugar. . . -Nosotros ya resolvimos lo nuestro. Nosotros ya tenemos lo que queríamos. Nosotros ya salimos adelante con nuestro plan. Usted, señor Iscariote ¡Púdrase, si quiere! Haga lo que le parezca. Allá usted. Ese no es problema nuestro-. Esa es la manera como ellos entienden el poder. Ellos entienden el poder como una manera de asegurar los propios intereses. Como una manera de ponerse en primer lugar. Y exactamente ese es el lenguaje que utiliza la gente. Aquella gente que ve a Cristo crucificado y que le dicen: -Sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, bájate de la cruz-. Ellos piensan lo mismo que los sumos sacerdotes. Esta gente seguramente no tiene el poder que tenían los sumos sacerdotes, pero se ve que piensan de la misma forma, es decir, tanto los grandes, ilustres e importantes sumos sacerdotes, como aquella gente quizás humilde que entra o que sale de Jerusalén, piensan de la misma forma, -cada quien resuelva lo suyo y los demás que se pudran, los demás que se apañen como puedan. Yo resuelvo lo mío y que los demás vean qué es lo que quieren y pueden hacer-.

Esa es la manera como ellos entienden el poder. Esa es la manera como ellos entienden el ser hijo de Dios. Esa es la manera como ellos entienden ser Mesías. Ser Mesías, ser poderosos, ser hijo de Dios significa que yo me pongo en primer lugar y yo resuelvo lo mío. También los sumos sacerdotes. Sigue diciendo el texto: "Los escribas y los ancianos decían en son de burla: A otros salvó, pero Él mismo no puede salvarse. ¿No es el rey de Israel?, que se baje de la cruz y creeremos en Él". Ah esto es lo que yo estaba diciendo, que la gente que pasaba junto a la cruz tenía la misma mentalidad de los sumos sacerdotes. Ahí está la prueba. Los sumos sacerdotes repiten la misma frasecita: -Que se salve a sí mismo y creeremos en Él-. Amigos, ¿Qué significa esa frase? "Que se salve a sí mismo y creeremos en Él". Eso quiere decir que ellos se sienten capaces de creer en uno que sea tan poderoso como para ponerse a sí mismo en primer lugar. Ese es el poder al que ellos admiran. Ese es el tipo de rey que éllos quieren. Ese es el Mesías que les puede convencer. El Mesías que mire en primer lugar por sus propios intereses. Un Mesías que sea vanidoso, soberbio, egoísta, un mesías que sea ostentoso.

Ése es el que si les convence, en ese sí podemos creer, en el que sea egoísta y que sea soberbio, que sea codicioso y ambicioso. En ese podemos creer. Como te das cuenta, hay un tremendo contraste entre la mentalidad que tienen tanto los sumos sacerdotes y la gente sencilla, por un lado, y la manera como Cristo entiende su misión, y el ser Mesías por otro lado. Mientras que la gente que pasaba entrando o saliendo de Jerusalén, lo mismo que los sumos sacerdotes que tenían tanto poder en aquella época. Lo que esa gente pensaba se resume en: -Creemos en un Mesías, si ese Mesías es poderoso, tan poderoso como para aplastar a los demás y para velar en primer lugar por sí mismo. Eso es lo que ellos piensan. Pero Cristo piensa de otra manera. Cristo piensa que ser poderoso significa ante todo poder servir y poder ayudar. Cristo piensa que ser Mesías, es decir, ser el ungido de Dios, significa estar para el servicio, para la ayuda, para la salvación de los demás. Cristo tiene exactamente la mente contraria a la de toda esta gente. Mientras que ellos piensan que el ser poderoso y el ser rey es para salvarse uno, Cristo piensa que el ser poderoso y el ser rey es para salvar a los otros, es para ayudar a los otros.

Son dos modos completamente diferentes de entender las cosas. Y por eso, hermanos, si queremos entrar en la Semana Santa, entendiendo, recibiendo el mensaje, acogiendo a Cristo, la pregunta que tenemos que hacernos es si queremos ese ídolo, el ídolo del poder que mira únicamente por sus propios intereses. O si estamos dispuestos a entender de una vez por todas que el poder es ante todo, capacidad de servicio. Cristo solo llama poder, verdadero poder a aquel que sabe ayudar, a aquel que sabe aportar un bien, a aquel que sabe traer una bondad a otros. Eso es lo que significa el poder para Cristo.

Hermanos, si entramos a la Semana Santa con la idea que tenían los sumos sacerdotes. Si en nuestro corazón ha echado raíces el ídolo de ese poder egoísta que únicamente busca asegurar y salvar lo propio, no vamos a entender nada de lo que va a suceder. Nos va a parecer ridículo que Cristo lave los pies a sus discípulos, nos va a parecer inútil o en todo caso, sin significado, que Él quiera morir en la cruz. Nos va a parecer tiempo perdido, el tiempo que Él está en el sepulcro. Y cuando llegue la Vigilia Pascual, lo único que vamos a ver es un espectáculo sin significado para nosotros. Si seguimos el camino de este ídolo que se adueñó del corazón de los sumos sacerdotes y de aquella gente que pasaba, no vamos a entender nada. Pero hay otro camino. Uno puede tomar el otro camino, que es el de Jesús. Y la frase es muy sencilla: -Poder significa capacidad de servicio. Y servicio significa llevar un bien a los demás para la Gloria de Dios Padre-. Ése es el camino de Cristo. Ese es el camino cristiano.

El que es verdaderamente poderoso es el que sabe servir y saber servir es traer bien, llevar un bien a los demás. Entonces, la conclusión que toca sacar de la Semana Santa es: ¿Cuál es el bien que yo puedo llevar a otras personas? Y en esto nadie puede excluirse. Si eres, por ejemplo, docente, si eres profesor, tienes que saber que tienes poder, porque puedes influir en la vida de esas personas que están ahí. Entonces como tienes poder, Cristo te dice que utilices tu poder para llevar un bien a esas personas. Eres médico, eres enfermero, eres agricultor, tienes obreros, tienes empleados en tu finca, en tu campo; si tienes poder, el poder es capacidad de servicio y el servicio significa llevar un bien a las personas que tienes cerca.

Entonces, la pregunta con la que tenemos que entrar a la Semana Santa es ¿Cuál es el bien que está saliendo de mí y que está llegando a las personas que tengo cerca? Si tengo empleados, si soy un político, si soy un sacerdote, si soy un médico, si tengo gente a mi cargo, si soy padre de familia, ¿Cuál es el bien que estoy llevando a estas personas? Porque tener poder significa tener oportunidad de servir, y servir significa llevar un bien en el nombre de Dios para las personas que tengo cerca. Así entendió Jesús su misión. Así entendió Jesús su tarea. Así entendió Jesús su manera de darle la Gloria a Dios y por eso permaneció en la cruz y por eso, por eso nosotros somos salvos. Conclusión Hermanos, resumen y conclusión: Frente a la cruz, el corazón humano revela su verdad. Si el ídolo del poder o del egoísmo o del propio provecho está en nosotros, la única frase que va a salir es la frase asquerosa que pronunciaron los sumos sacerdotes: -Quítate de esa cruz para que creamos en ti-. Es decir, muestra que eres tan poderoso y muestra que te pones en primer lugar a ti mismo para que sepamos que estamos hablando el mismo lenguaje.

Ésa es una posibilidad. Pero la otra posibilidad, la que nos presenta a Jesús con su humildad y con su silencio en la cruz. La otra posibilidad es: -Todos tenemos alguna forma de poder y se llama poder; la capacidad de servicio y se llama servicio llevar un bien a las otras personas, un bien en el nombre de Dios. Utiliza entonces tu inteligencia para ver cuál es el bien que tú le puedes llevar a otros, y utiliza tu voluntad ungida por la Gracia de Dios para transmitir ese bien a las demás personas. Si eso haces, la Semana Santa habrá dado fruto en ti. Si no haces eso, perdiste la Semana Santa del año 2014. Esperemos en el nombre de Cristo que estas palabras y las demás predicaciones que el Señor nos conceda en nuestros respectivos lugares de Semana Santa; que esto cale en nosotros para que nuestros corazones aprendan a vibrar en sintonía con Cristo para la Gloria de Dios Padre.

Amén.

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