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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solo el Espíritu Santo nos da el auxilio y nos levanta, fortalece nuestra voluntad, nos saca del pecado y nos une a la Iglesia para así avanzar hacia la santidad.
Homilía apen012a, predicada en 20230528, con 4 min. y 43 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo de Pentecostés! Esta es la fiesta en que Dios cumple su promesa. Recuerda que cuando Cristo envió a sus apóstoles para que oraran y oraran, les dijo: "Oren hasta que el Padre cumpla su promesa". Y es hermoso pensar que el Espíritu Santo es la promesa de Dios Padre. ¿Por qué Dios prometió el Espíritu Santo? ¿Por qué este nombre tan hermoso? -La promesa del Padre-. ¿Por qué Dios, que no nos debe nada, quiso en cierto sentido, quedar en deuda con nosotros, prometiéndonos el Espíritu Santo? Sólo encuentro una explicación sin el Espíritu nosotros, que somos obras de Dios, no podíamos reflejarlo a Él. Es decir, la obra de la creación se hubiera arruinado, no hubiera alcanzado su meta, su propósito. Vamos a decirlo de esta otra manera: "Dios no quería dejarnos a medio hacer". Estábamos incompletos. A ver, nuestra naturaleza humana estaba completa. Teníamos cuerpo y alma. Teníamos inteligencia y voluntad. Sí, pero estábamos incompletos en el sentido de que para que esa inteligencia nuestra pudiera realmente adherirse a su verdad y para que esa voluntad nuestra pudiera apegarse a su amor, nuestras solas fuerzas no bastaban. Podríamos decir que nuestra vocación más profunda quedaba frustrada. Dios no quiso dejarnos a medio hacer. Quédate con esa frase. Dios no quiso dejarnos a medio hacer, porque esa frase te va a ayudar a entender cómo es un ser humano cuando no conoce la gracia del Espíritu Santo. Ese hombre o esa mujer se queda a medio hacer. ¿Y cómo es un hombre o una mujer cuando está a medio hacer? Yo te lo puedo describir. . . Tiene dentro de sí una necesidad, un hambre infinita, imposible de colmar. Pero esa persona que tiene esa hambre infinita no tiene cómo llenarla y entonces intenta llenarse de afectos humanos, intenta llenarse de dinero, intenta llenarse de placer, intenta llenarse de poder, pero es tan inútil eso, es tan frustrante eso, que tarde o temprano ese ser humano a medio hacer caerá en desesperación. Tarde o temprano ese ser humano sentirá que su vida es absurda, que no tiene propósito, que no hay caso. Ese es el ser humano a medio hacer. Pero Dios no quiso dejarte a medio hacer. El auxilio del Espíritu Santo levanta tu esperanza. Te da las luces suficientes. Fortalece tu voluntad. Limpia tu pecado. Te une a una comunidad imperfecta porque está en camino, como tú. Y esa comunidad se llama la Iglesia. Y en comunión con esa Iglesia, avanzas y avanzas y avanzas y llegas y llegas. Y esos son los santos. Los santos son los que llegaron, son los que no se quedaron a mitad de camino, los que no se quedaron a medio hacer. Ahora escoge qué quieres para ti. Dime, dime por favor, que de verdad, de verdad quieres llenarte del Espíritu Santo, que de verdad quieres llenarte de su amor; que de verdad quieres que Pentecostés se renueve en tu corazón; Dímelo, digámoslo juntos y vivamos de corazón la hermosa fiesta de Pentecostés para no quedarnos a medio hacer. El Señor te bendiga.

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