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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Promesa de Dios es el Espíritu Santo, no hay don mayor por eso hemos de anhelarlo y pedirlo con frecuencia porque todo lo que es bello, bueno y que tiene la Iglesia viene de Él.
Homilía apen011a, predicada en 20200531, con 6 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Feliz domingo para todos. Y ¿qué domingo? Domingo de Pentecostés. La efusión del Espíritu Santo que hace que florezca la Pascua de Cristo en sus discípulos. Y así tiene oficialmente su comienzo la Iglesia. En cierto sentido, estamos celebrando cada Pentecostés, el cumpleaños de nuestra Iglesia Católica. Amados hermanos, hoy, entre tantas, tantas realidades tan bellas de Pentecostés, hoy quisiera que nos centráramos sobre todo en una palabra: cuando Cristo dijo a sus discípulos: -Quédense en Jerusalén, y oren- les dijo también: -Esperen la promesa del Padre-. Y a lo largo de los días de preparación para Pentecostés, en nuestra sencilla novena, hemos comentado varias veces la importancia que tiene ese singular, -La promesa del Padre-, porque Dios en su misericordia nos ha hecho muchas promesas y Él que es fiel, por supuesto, cumple su Palabra. Pero entre todo lo que Dios ha anunciado como bondad para nosotros, entre todos esos bienes hay un bien con B mayúscula. Y entre todas esas promesas hay una promesa con P mayúscula. Esa promesa. La Promesa del Padre, es el Espíritu Santo. Y ¿por qué insistimos en ese singular? Porque en todos los demás bienes Dios nos ha dado algo. Por ejemplo, nos promete que nos va a bendecir. Él prometió al pueblo elegido: "Les voy a dar esta tierra" . Él promete lo que va a dar. En cambio, cuando prometió el Espíritu Santo prometió darse. Por eso leemos en el profeta Joel: -Les daré de mi Espíritu-. Por eso no hay promesa mayor a la promesa del Espíritu Santo. Por eso no hay don mayor al don del Espíritu Santo, por eso no hay gracia mayor a la gracia del Espíritu Santo, porque es Dios mismo dándose a nosotros, Dios mismo, colmándonos de su presencia, de su alegría, de su bondad. Y por eso el don al que debemos aspirar es ante todo este don del Espíritu, lo cual concuerda con lo que nos dice el apóstol San Pablo en la primera Carta a los Corintios, al final del capítulo 12 y al comienzo del capítulo 13. Porque hablando sobre los regalos, que en griego se dice khárisma, regalo significa khárisma en griego. Hablando de los carismas, dice el apóstol San Pablo: -Aspiren a los carismas superiores- y el criterio para que un carisma sea superior, según san Pablo, es el bien que le hace a la Iglesia. Pero luego dice: -Aspiren a los carismas superiores y les voy a mostrar un camino mejor- Es decir, que ya los carismas, los regalos de Dios, son algo maravilloso dentro de ese conjunto de regalos, Pablo nos dice: -Busquen los regalos superiores, es decir, lo mejor de lo mejor-. Y después de que han hablado así dice: -Y les voy a mostrar un camino mejor todavía-. Es decir, que ese don del que nos va a hablar Pablo es mejor que lo mejor de lo mejor, es superlativamente mejor. Y ¿qué es ese camino? Es el camino del amor, el camino de la caridad, que es exactamente la obra del Espíritu, la obra propia del Espíritu en nosotros. Porque el mismo Pablo dijo en la Carta a los Romanos: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado" . Entonces no debemos tener duda. La promesa de Dios es el don del Espíritu Santo y no hay don mayor, y por eso debemos anhelarlo y pedirlo con frecuencia. Lo último que quiero comentarte, en esta ocasión y en este día tan hermoso, es que ese don está por todas partes en la vida de la Iglesia. Si tomas tu Biblia, si oras la Palabra, pregúntate: ¿Quién inspiró esta palabra? El Espíritu Santo. Así de sencillo. Si vas a los sacramentos, por ejemplo, a la Santísima Eucaristía, cuando tú recibes la Eucaristía, la pregunta es: ¿Quién hizo posible la Eucaristía? Recuerdas que en la Eucaristía hay un momento en el que el sacerdote con sus manos en esta posición, invoca la presencia del Espíritu Santo. Es fruto del Espíritu que tengamos Eucaristía, es fruto del Espíritu que tengamos sacerdotes y las obras de la Iglesia. ¿De dónde vienen? De la abundancia de caridad que le da, ¿quien?, el Espíritu. Lo vas a encontrar por todas partes. Y aquella, aquella maravillosa iniciativa, ese bendito impulso para unirnos todos los cristianos de donde viene, es el Espíritu de unidad. Todo lo que tiene vida en la Iglesia, todo lo que es bello en la Iglesia, todo lo que es bueno en la Iglesia, todo, todo viene de la promesa del Padre, todo viene del Espíritu Santo.

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