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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nexo profundo entre la Cruz, la Paz, la Misión y el Perdón: el vínculo que les conecta es el amor de Dios, manifiesto en Cristo y dado a la Iglesia en Pentecostés.

Homilía apen010a, predicada en 20170604, con 7 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. El Evangelio de hoy une cuatro realidades preciosas. La cruz, la paz, la misión y el perdón. El vínculo que conecta esas cuatro realidades es el amor de Dios manifestado en Jesucristo y dado a la Santa Iglesia a través de la efusión de Pentecostés. Las cuatro realidades: la Cruz, la Paz, la Misión, el Perdón.

La Cruz: Es Cristo el que se presenta y se presenta con sus llagas que ahora son llagas de victoria. La paz que está en su saludo y que viene a sosegar los miedos, las preguntas, las amenazas. La misión: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo". El perdón: "A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados". La predicación de la Iglesia, la vida de la Iglesia, tiene que mantener unidas estas cuatro realidades, como aparecen en el texto de hoy, que fue tomado del capítulo número 20 de San Juan. No debemos separar la cruz quedándonos solo con el sufrimiento. El cristiano no puede ser, no debe ser un especialista simplemente en sufrir.

Hay una secta que se ha difundido mucho en América Latina. Se llama: -Pare de sufrir-, pare de sufrir, una secta que tuvo su origen en Brasil. El evangelio que ellos prosperan, que ellos predican es el evangelio de la prosperidad. Todo te va a salir bien. No vas a tener problemas. Tendrás abundancia. Eso trae un gran, es un gran anzuelo y atrae mucha gente. Pero frente al falso evangelio del pare de sufrir, tampoco podemos proponer el falso evangelio del -sufra sin parar-. Que ese también existe ¡¡¡Aguanta, aguanta, aguanta otro poco!!! -Que ya no puedo. Si puedes, otro poco, otro poco- ¡¡¡Ya vendrá. Ya vendrá el cielo, ya vendrá!!! No, ni pare de sufrir ni sufra sin parar. ¿Qué es lo que tiene el cristiano?

Por eso no hay que desconectar las cuatro realidades. Es cruz, pero con paz. Paz, paz, ¿Por qué? Por lo que nos enseña San Pablo: "En la cruz estaba Dios Padre reconciliando al mundo consigo. La cruz para nosotros no es un espectáculo simple de dolor, es una muestra maravillosa de reconciliación". Como dice una hermosa poesía del tiempo de Cuaresma, bueno recordarla ahora: "Cristo, con sus brazos extendidos y clavados, está siempre dispuesto a abrazar a todos". La paz: Lo cual también significa que: -Mi cruz solo encontrará paz en la cruz de Él-. -Mis dolores solo encontrarán sentido en el dolor de Él-. -Mis llagas solo encontrarán sosiego en las llagas de Él-. No separar la cruz de la paz, pero tampoco separar la paz de la cruz. La paz de la cruz es doparse, huir.

Separar la paz de la cruz es necesariamente un acto de fantasía, de negación. El budismo, por ejemplo, separa la paz de la cruz. La teoría budista es que para evitar el sufrimiento hay que eliminar la necesidad. Para eliminar la necesidad, finalmente, hay que eliminar el ser. Esa es la teoría budista. Finalmente termina siendo una teoría de aniquilación del ser, de disolución del ser. Por eso la predicación budista más reciente en nuestros medios occidentales es. Que el yo es una ilusión. O sea que tanto problema que tú creías que tenías y resulta que ni siquiera existes. Así está fácil. Así está fácil resolver las cosas.

Entonces, atención! La cruz sin la paz es una tortura. Es un medio de explotación, de dominación. La paz sin la cruz es una huida o es una mentira un engaño, como es el caso de este budismo que se predica. Cuando entendemos ese balance precioso entre la paz y la cruz, también entendemos que ese es un mensaje que hay que llevar a los demás, porque en la cruz estaba Dios reconciliando al mundo consigo, ese mensaje de reconciliación y de paz hemos de llevarlo a otros. Esa es la misión. La Iglesia, que no es misionera, es una iglesia de élite, es una iglesia de club, es una iglesia de exclusivismo. Esa no es la Iglesia de Cristo.

La Iglesia, necesariamente, habiendo recibido un don que la rebasa, entiende el deber de compartir ese don. Ese don lo puede compartir porque se sabe reconciliada, ese es el perdón y porque anuncia el perdón. Tales son los frutos del Espíritu. Entonces, ¿Qué nos llevamos de este Pentecostés? Nos llevamos esas cuatro cosas, dichas en orden: -Que la cruz no es absurda porque está marcada por el amor-. -Que la paz no es huida porque está marcada por el Espíritu-. -Que la misión no es pura actividad nuestra, sino envío que comienza en el corazón de Dios y que el perdón no es negación del pasado, sino reconciliación que hace posible el futuro-. Que venga a nosotros la abundancia del Espíritu y nos dé el sentido de la cruz, la alegría de la paz, el impulso de la misión y la experiencia del perdón.

Amén.

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