Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu Santo nos defiende en las luchas interiores y exteriores. En el combate espiritual, Él es nuestro aliado más fuerte y seguro.

Homilía ap06014a, predicada en 20260510, con 6 min. y 43 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Uno de los aspectos más hermosos del tiempo pascual. Este tiempo litúrgico en que nos encontramos es que tiene una dirección. Nosotros tenemos un punto de partida que es la Pascua misma de Cristo y es lo que celebrábamos en la Vigilia Pascual. Pero luego vamos recorriendo un camino y llevamos una dirección. Hay una meta que nos aguarda. Esa meta es Pentecostés, es la efusión del Espíritu Santo. Vamos caminando, vamos como peregrinos hacia esa efusión del Espíritu.

La palabra que utiliza el Evangelio de Juan para referirse al Espíritu Santo es la palabra "Paráclito". Literalmente Paráclito quiere decir aquel a quien tú llamas para que esté a tu lado. Por eso se suele interpretar como abogado, por ejemplo, o también en muchas traducciones como defensor, el Espíritu Santo es el que nos defiende y aunque sé que hay otras traducciones, quisiera quedarme con esa palabra. La siento muy cercana la palabra defensor. La razón por la que siento cercana la palabra defensor es porque creo que vivimos en tiempos de tantas amenazas, de tantas inseguridades, de tantas incertidumbres. Y todo ello, pues finalmente produce una sensación de, de inseguridad, una sensación de -necesito ayuda-, pues eso es lo que nos trae el Espíritu Santo.

Eso es lo que el Espíritu Santo viene a hacer en nosotros. Pero seamos un poco más precisos, ¿De qué necesitamos ser defendidos? ¿Cuál es la defensa que más necesita nuestro corazón? Bueno, podemos decir que necesitamos del Espíritu Santo, porque necesitamos ser defendidos interiormente y exteriormente. Muchas oraciones de la Iglesia hablan de esa defensa de los enemigos, tanto interiores como exteriores. Por ejemplo enemigos exteriores son aquellos que persiguen abiertamente la fe católica o aquellos que pretenden imponer leyes que son completamente contrarias a los derechos de la Iglesia o contrarias a la ley natural, que como bien nos enseñaba Santo Tomás, es reflejo del querer mismo de Dios, de la ley eterna de Dios.

Entonces, pues ciertamente ahí tenemos dificultades, esos son enemigos exteriores. Cuando nosotros pensamos que hay un país de Latinoamérica en donde no puedes llegar llevando una Biblia, eso es algo muy concreto y muy exterior. Es decir, si tú estás en el punto de inmigración y ven que tienes una Biblia, pues no te la van a dejar entrar, te la van a decomisar. Pero además, ya tú mismo entraste bajo sospecha, caíste bajo sospecha. No es seguro que te dejen ingresar. Eso es lo que queremos decir con la expresión enemigos exteriores, los que se oponen así a la fe. También podemos hablar de aquellos preceptos completamente inmorales, pero que se han vuelto ley.

Cuando nosotros pensamos lo que sucedió hace unas semanas en España, una muchacha de veinticinco años que dice que quiere matarse, que quiere aplicarse la eutanasia y está demostrado clínicamente, es una persona que tiene severos problemas mentales por muy diversas razones que no vamos a juzgar aquí. Tiene una situación mental realmente lamentable. Y en esas condiciones el Estado aplica su ley de eutanasia. Vamos con la eutanasia porque es legal. Los papás se oponen. No importa la oposición de los papás, se impone la muerte. Eso es tener enemigos exteriores. Pero el Espíritu Santo, además de ayudarnos en la lucha contra esos enemigos exteriores, esa lucha sucede a través del testimonio, la evangelización y el uso de los recursos apropiados según cada batalla.

Pues también nos defiende de los enemigos interiores; y a veces estos son mucho más ocultos, mucho más sutiles, mucho más peligrosos. Enemigos exteriores, por ejemplo, son nuestras malas inclinaciones, nuestra concupiscencia, ese respeto humano con el que callamos nuestra fe o la ocultamos porque no queremos ser descalificados. Eso funciona adentro de nosotros y tiene un efecto devastador cuando se trata de la fe y el Espíritu Santo nos ayuda en este combate espiritual, en ese combate interior. De hecho, San Pablo le da mayor peso a esta parte de los enemigos interiores o espirituales en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios, cuando dice que nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, es decir, no está tanto afuera, sino que es contra los espíritus de las tinieblas.

Y ahí entran también los maleficios y la brujería y todo tipo de insidia del enemigo. Si bien es triste y preocupante recordar que tenemos tantos enemigos, pues hay que decir dos cosas: Primero, que Cristo ya nos lo advirtió. Y segundo, que así como tenemos grandes enemigos, pues tenemos grandísimos aliados y el aliado más poderoso que tenemos es el Espíritu Santo de Dios, que venga sobre nosotros. Se va acercando Pentecostés, que venga, que venga el Espíritu Santo sobre nosotros y haga su obra preciosa en nuestras vidas.

Amén.

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