Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo, tu Defensor; el Espíritu Santo, tu Defensa

Homilía ap06012a, predicada en 20200517, con 29 min. y 22 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Mis muy queridos hermanos, se va acercando la fiesta de Pentecostés, la próxima semana, si Dios permite, tendremos la solemnidad de la Ascensión del Señor y ya la siguiente semana es Pentecostés. Por eso es bueno preparar el corazón. Si nuestro corazón tiene las puertas amplias, abiertas, es grande lo que Dios puede hacer en nosotros. Por eso hemos de estar dispuestos y la mejor disposición nos la da la misma Palabra de Dios.

Por ejemplo, está la reflexión sobre el Espíritu Santo y los hermosos nombres que tiene. Del Espíritu, se dice que es como el fuego, que es como agua fresca, que es como un viento impetuoso, que es una paloma, que es abogado, defensor, consolador; todas estas palabras que nos las da la Escritura, palabras que la Iglesia, por supuesto, ha hecho suyas, son las palabras que nos ayudan a anhelar la gracia del Espíritu Santo y al mismo tiempo disponer el corazón para que Él venga.

Hoy quiero quedarme con una de esas palabras, que es la que aparece al principio del hermoso texto del Evangelio de hoy, capítulo 14 de San Juan. Dice Jesús a sus discípulos: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor" , otro defensor. Y en esa palabra queremos centrar nuestra atención y nuestro corazón. El Espíritu Santo es otro defensor. Sí, es, otro defensor. Quiere decir que ya tenemos un primer defensor. Por supuesto, ese primer defensor es Cristo mismo. Cristo nuestro Defensor, que sin embargo, terminada su misión, vuelve a la gloria del cielo. Pero dice con un amor entrañable: -No los voy a dejar huérfanos, sino que les voy a enviar otro defensor-.

Primer defensor, Cristo. Segundo defensor, el Espíritu. ¿Y qué vamos a reflexionar hoy? Mis amados hermanos, hoy vamos a reflexionar ¿cómo nos defiende Cristo? y vamos a reflexionar ¿cómo nos defiende el Espíritu Santo?. Cuando una persona se siente sin defensa, se siente como huérfano, que fue la palabra que usó Cristo.

Efectivamente, lo natural en un niño pequeño, en una niñita pequeña, es que el papá, la mamá, sean los primeros en defenderlo. Lo normal, pues, con los niños pequeños es eso, que el papá, la mamá, los defienden y por eso cuando una persona está sin defensa es porque está como ese niño que lamentablemente ha perdido al papá y a la mamá, no tiene defensa. Este es un aspecto muy tierno del corazón de Jesús, precisamente en esta misma conversación de donde es tomada la lectura del evangelio de hoy, que es la conversación después de la Última Cena, Jesús trata a sus discípulos con la palabra más cariñosa que salió de su boca. Los llama: "hijitos" así, con diminutivo -hijitos-, mis niñitos.

Eso muestra hasta dónde en el corazón de Cristo podemos ver el corazón mismo de Papá Dios. Entonces ya entendemos la importancia de la palabra defensor. Cristo es defensor, pero para entender su defensa tenemos que saber de quién nos defiende y nos damos cuenta que nos defiende de multitud de males de los cuales yo voy a mencionar aquí tres.

Nos defiende de la acusación del demonio, nos defiende de nuestro pasado, ya vamos a ver por qué decimos esa palabra, y nos defiende de las angustias del futuro. Las tres grandes defensas de Cristo: nos defiende del diablo, nos defiende del pasado y nos defiende de las angustias del futuro. Luego, con el favor de Dios, vamos a hablar de cómo nos defiende el Espíritu Santo en nuestra época. Queremos basarnos estrictamente en el testimonio de las Sagradas Escrituras, porque toda Escritura ha sido dada para nuestra edificación.

Cristo nos defiende del diablo. Esto sucede de varias maneras, pero la que quiero destacar hoy es que lo propio del diablo es dividir: Diabolus, diabolos en griego significa: el que produce distancia, el que produce división; eso es lo que significa diablo. Otro nombre que sabemos que es propio del espíritu del mal es el nombre Satán y la palabra Satán o Satanás, aunque tiene un origen oscuro, como el mismo personaje, suele traducirse por acusador.

Por eso el libro del Apocalipsis dice: -que Dios nos rescató, del que nos acusaba día y noche en su presencia-. Entonces el diablo es, el que causa la división, y el diablo es el que causa la acusación. Y de eso nos rescata Cristo. ¿Qué tipo de acusación es la del diablo? Esto sucede de varias maneras. Por ejemplo, hay personas que sienten una especie de derrota permanente, agobiante en su corazón. Hoy yo elevo una oración por las personas que sufren de esa clase de pensamientos depresivos, autodestructivos, melancólicos, que tienen su origen último, no necesariamente origen próximo ni cercano, en el demonio.

¿Qué sucede con esas personas? Es como si sintieran: -Yo no merezco vivir-, o a veces sienten: -Yo no merezco que me pongan cuidado-, o a veces sienten: -Yo no merezco que esto me salga bien, o yo no merezco ser feliz, o yo no merezco que me tomen en cuenta- Es como una auto descalificación de la persona. Con mucha frecuencia esto sucede sobre la base de una historia personal en que aquel hombre o aquella mujer ha sentido que es un estorbo o que es un problema para el papá o para la mamá. Con mucha frecuencia, las personas que tienen esta sensación de haber sido un problema o de ser un problema para el papá, para la mamá, para la familia, empiezan a desarrollar y no dudo de que hay cierto ataque del demonio ahí, empiezan a desarrollar sentimientos de auto descalificación; con mucha facilidad en un ambiente sienten: -Yo aquí sobro, yo aquí no quepo, yo aquí no importo-. Y no se dan cuenta que hay un ataque que finalmente tiene su raíz. No necesariamente es el ataque inmediato, pero tiene su raíz en el enemigo.

Entonces el demonio quiere que nosotros nos auto descalifiquemos, que nosotros sintamos: -La pureza es para otros, la felicidad es para otros, un hogar feliz, yo no me lo merezco-. Ese tipo de auto descalificación hace un daño terrible y eso es parte de la acusación del demonio.

Otras veces, por aquello que entraña el nombre, diablo, él está produciendo esa clase de división que es destructiva. División destructiva significa que yo renuncio a la esperanza de que cambie la persona que yo quisiera que cambiara. Entonces la persona entra como en una especie de desesperación, pero hacia el otro. Entonces, -mi papá no va a cambiar, mi esposa no va a cambiar, mi hijo nunca me va a querer-. Ese tipo de división, muchas veces sirve de preámbulo para una gran cantidad de resentimientos, para una gran cantidad de odios y de afanes de venganza.

Lamentablemente, ese es el lenguaje que en el terreno de la sociedad y la política utiliza de manera muy constante el marxismo, de manera muy constante, porque la hipótesis del marxismo es la. . ., en su versión original es: -la clase burguesa nunca renunciará a sus privilegios, es imposible que haya cambio-. Es decir, la palabra que detesta el marxismo es la palabra -conversión-, no puede haber conversión. Y con mucha frecuencia el demonio quiere que nosotros hagamos esos juicios globales: -Todos los ricos son iguales, todos los de la derecha son iguales o todos los de la izquierda son iguales o todos los curas son iguales-. Esas generalizaciones hacen que haya en nosotros una especie de sentimiento perpetuo, de desprecio, o de odio, o de venganza, o de, o de resentimiento.

Por eso, mis hermanos, necesitamos ser ayudados para que Cristo nos dé la victoria sobre esos ataques del enemigo. Y ¿cómo nos ayuda Cristo? Mira: la ayuda principal del Señor Jesús está en este misterio. Está en el misterio bendito de la cruz. Por algo el demonio le tiene tanto fastidio a la cruz y tanto miedo a la cruz, por algo, ¿Por qué? ¿Por qué el demonio teme a la cruz y la detesta?. Porque aquí se ve cuánto vales, porque tú vales, sangre del, del Hijo único de Dios. Por eso nosotros nos lavamos en la bendita sangre del Cordero, como dice el Apocalipsis. Aquí es donde aprendemos cuánto valemos aquí en la bendita cruz de Cristo. Aquí es donde el demonio lo pierde todo, porque aquí es donde sé, que la conversión es posible. Aquí es donde sé que cualquier muro de odio puede ser derrotado. Así, Cristo nos defiende con esta bendita cruz.

Segundo, Cristo nos defiende del pasado. ¿A qué nos referimos con esto? Hay personas que sienten que su pasado pesa de tal manera, que ya no van a poder cambiar, sienten que están condicionados, sienten que están destinados, sienten que pesa sobre ellos una especie de maldición o de sentencia: -Vengo de una familia disfuncional-. Como una sentencia, -no habrá nada que hacer-. Pues está Cristo, mis hermanos, para mostrarnos que el pasado no tiene la última palabra sobre ti, no tiene la última palabra. Un pasado de frustración, de vacío, de dolor, como el de la samaritana. Y sin embargo, Cristo, Cristo es el que traza una raya en tu vida, Cristo es el que traza una raya y dice: -el pasado pasó, ha pasado-. Así se llama. Cristo es el que marca un antes y un después.

Mirar, por favor, el testimonio impresionante del apóstol San Pablo en el capítulo primero de la primera carta a Timoteo. ¡Qué impresionante! -Yo- dice él: -Fui blasfemo y furioso perseguidor, actué por ignorancia, pero Dios mostró toda su compasión en mí-. ¿En quien lo mostró? ¿A través de qué lo mostró? A través de Cristo. Cristo. Cristo te libera de ese pasado: -No estoy condenado, no estoy aprisionado por mi pasado, mi pasado no es mi prisión, mi pasado es la escuela donde aprendí, mi pasado es donde sobre todo descubrí cuánto necesito del amor y de la gracia de mi Señor-. Así que hay que decir en voz alta y clara: -Nadie está condenado por su pasado, nadie, nadie.

Y es impresionante ver en el Nuevo Testamento cuántos de los personajes que nosotros hoy veneramos, amamos, invocamos, tuvieron un pasado terrible. Una de las grandes bellezas de la Biblia es que tiene tanta honestidad. Allí aparece el pasado de María Magdalena, allí aparece el pasado de Pedro, el que negó perjuró negando a Cristo, allí aparece el pasado de Mateo, explotador de su propio pueblo, como publicano que era, ahí aparece el pasado de Pablo, aparece el pasado de tanta gente; pero ahí aparece el poder de Jesús.

No estás condenado a tu pasado, ni al pasado de tu país, ni al pasado de tu familia. ¡No! estás condenado. Esas palabras tienen que calar en nosotros. Y ¿cómo nos libera Cristo de ese pasado? Con el ejemplo, todos los apóstoles de Cristo tenían su pasado y a todos ellos les dio su futuro. Entonces Cristo. . ., ¿Dónde está mi crucifijo? Cristo nos libera del demonio con el poder de la cruz. Cristo nos libera de mirar al pasado como una prisión, con el poder de su ejemplo y viendo a quiénes acogió Cristo, nos libera de la angustia del futuro. Ante todo con su Palabra. Fíjate la cruz, el ejemplo y la Palabra. Así nos libera Cristo con la cruz, del demonio, con el ejemplo, sabiendo cómo acoge a la gente, de nuestro pasado y con su palabra nos libera del futuro. ¿Cuáles palabras?

Ante todo, la primera que viene a nosotros es aquella que dice al final del Evangelio de Mateo: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" . Y luego hay tantos textos, especialmente en San Mateo "Mirad los lirios del campo no hilan ni tejen, y Salomón nunca se vistió con tanto esplendor. Mirad, las aves del cielo no tienen graneros, no siembran no cosechan, y Dios las alimenta a todas" . Dios ya está en mi futuro. Por eso dice una frase que me fascina: -El futuro es un lugar extraño donde ya está Dios-. Ya está Dios. Y por eso también el Salmo 139 dice: -Si emigro hasta el confín de la tierra, si voy hasta lo último del mar, ahí está tu derecha Señor, tú me sondeas y me conoces, me conoces cuando me siento o me levanto de lejos, penetras mis pensamientos-. Eso dice el salmo.

Entonces Cristo nos defiende, eso es indudable. Cuando empezamos estas transmisiones en directo, la primera transmisión, lo primero que transmitimos fue la llamada: coraza de San Patricio. Vuelva usted ya sabe que está este canal a su servicio. Fray Nelson se llama mi canal en YouTube. Vuelva usted al diecisiete de marzo y mire la coraza de San Patricio. La certeza que tiene un santo que pasó por tantas incertidumbres y por tanta soledad. Y sin embargo, él tiene la certeza de la protección de Cristo. Cristo delante de mí. Cristo a mis espaldas. Cristo a mi derecha. Cristo a mi izquierda. Él está defendido.

Entonces Cristo es nuestro defensor, nos defiende del demonio, nos defiende del pasado y nos defiende de la angustia. Del demonio ante todo con su bendita cruz, del pasado, con el ejemplo que nos da, de cómo acoge a la gente y de las angustias del futuro con su palabra única, única palabra que nos inspira. Pero Cristo tenía que terminar su misión. Y entonces ¿qué, quedamos huérfanos? -No os dejaré huérfanos-, dice -Enviaré al Espíritu Santo-. Y ese es el otro defensor y el Espíritu Santo ¿Qué va a hacer?

El Espíritu Santo, va a actuar sobre las tres potencias de nuestra alma, según el esquema precioso que tiene San Agustín y del cual se valió también nuestra querida amiga Santa Catalina de Siena. Mira esto, dice San Agustín y enseña también Santa Catalina: -Hay tres potencias en tu alma inteligencia, voluntad y memoria-. Ese es el esquema de San Agustín, él habla de potencias. Otros hablarán de facultades como Santo Tomás. Pero hoy estamos con San Agustín y Santa Catalina.

Y ¿qué hace el Espíritu? El Espíritu defiende tu ser, defiende tu inteligencia, defiende tu voluntad y defiende tu memoria. ¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo y cómo defiende tu inteligencia? Eso se nota especialmente en las tentaciones de fe. Aquí tenemos una hostia, por supuesto, sin consagrar que la utilizaremos para la Santa Misa de hoy. Aquí está, una hostia sin consagrar. ¿Qué intenta el demonio para destruir tu fe? Trata de meterte gusanos en la cabeza para que tú digas: -Eso es pan, como cualquier pan-. Trata de meterte cucarachas en tu boca para que cuando hables escupas blasfemias.

Como por ejemplo, aquellos que dicen: que: -el pan ya consagrado este, por supuesto, no lo está; el pan ya consagrado es como una galleta, como una oblea-. Eso es lo que quiere el demonio, meterte esos gusanos y esas cucarachas. Porque si habitan gusanos en tu cabeza y cucarachas en tu boca, habitarán también serpientes en tu corazón. Qué es lo que quiere, sobre todo el demonio.

Pero ¿qué hace el espíritu? El espíritu te da una luz que es superior a toda luz. Te da una luz que es superior a todo conocimiento. Dice Santo Tomás de Aquino: -Perfección de la fe, perfección de la inteligencia, es la fe. No, la fe no riñe con la razón. Perfección de la razón es la inteligencia de la fe. Entonces, ¿qué pasa? Que el Espíritu Santo llegando a ti, te da una claridad sobre el objeto de la fe, que tú no dudas, ni de la Eucaristía ni de nada de lo que te predica la Santa Iglesia. Nada, nada.

Tu inteligencia es iluminada, especialmente a través de cuatro de los dones del Espíritu Santo. Es iluminada tu inteligencia ¿Cuáles son ellos? El don de Entendimiento, el don de ciencia, el don de consejo y el don de sabiduría. A través de esos cuatro dones, el Espíritu Santo de tal manera posee tu inteligencia que tienes, comprensión de las Escrituras, comprensión de la presencia de Dios en la historia y en el mundo natural, comprensión del actuar de Dios en la historia humana y en tu propia historia. Y sabes cómo aconsejar. El Espíritu Santo ilumina así, te defiende la inteligencia.

De manera que esas hordas de gusanos, cucarachas y serpientes que el demonio arroja contra ti, nada podrán, nada, porque tu fe no tiene grietas, porque tienes adentro tu Defensor, que es el Espíritu Santo.

Nada puede, nada puede el enemigo, el Espíritu Santo viene en ayuda de tu voluntad. Y hay cuatro dones del Espíritu Santo que fortalecen tu voluntad. Cuatro son ellos. Claro, yo sé que ya estás sumando, si eran cuatro los de la inteligencia y cuatro los de la voluntad, tiene que haber alguna repetición. ¡Claro que la hay!.

Los cuatro dones del Espíritu Santo que principalmente fortalecen, ungen, sanan, levantan, impulsan, orientan tu voluntad son los siguientes: El Espíritu Santo te cuida a través del don de piedad que te da una certeza dulce y profunda de tu condición de hijo, de Dios, de hija de Dios.

Yo les quiero decir algo con mucha fe y con mucha esperanza. Mira, es tan grande el don de piedad que incluso aquellas personas que han sido rechazadas por el papá, o por la mamá o por ambos, si se llenan de este don de piedad, tendrán una sanación impresionante, pero impresionante. Eso fue lo que le pasó a Francisco de Asís cuando el papá, el papá de él, empezó a maltratarlo. Francisco al principio quedó golpeado y confundido, pero muy pronto se dio cuenta un momentico, -es que yo soy hijo de Dios- y cuando el papá quería simplemente desheredarlo, la respuesta de Francisco fue: -No me queda más papá que Dios y con eso tengo y me sobra-. Pero eso no pueden ser palabritas que se dicen. Tiene que haber primero una unción y esa unción del Espíritu hace que una persona tenga una transformación interior increíble. Es decir, el Espíritu te defiende y de verdad que sientes que ya no eres huérfano. Eso hace el don de piedad.

Pero hay otros dones, el don de fortaleza que brilla especialmente en los mártires. Es increíble el don de fortaleza. El don de temor de Dios que hace que vivas en amistad con Dios por físico, temor de ofenderlo porque lo amas tanto, amas tanto a Dios y te sientes tan amado, tan amada por Él que no quieres, no quieres ofenderlo.

Y el otro don es otra vez el don de sabiduría. Un día, si Dios permite, predicamos expresamente sobre el don de sabiduría. Entonces date cuenta cómo el Espíritu Santo defiende tu inteligencia y defiende tu voluntad. Pero el Espíritu Santo también defiende tu memoria. Y ¿sabes quién nos enseñó esto? Jesucristo. Y ¿sabes cómo lo enseñó? Dijo: "El Espíritu Santo les va a recordar. Todo lo que yo he enseñado" . Cuando te llegue un problema que lamentablemente, bueno, no debo decir de esa palabra, que está en el plan de Dios y todos tenemos dificultades, problemas, enfermedades, deficiencias, fallos vacíos, incoherencias cuando llegue un momento difícil a tu vida. ¿Qué es lo primero que tú recuerdas? Eso es clave, porque hay veces que uno tiene un problema y lo primero que uno recuerda es: -claro lo de siempre yo soy de malas-. Si eso es lo primero que tú recuerdas, eso te condiciona, eso te condiciona.

Entonces, ¿qué hace el espíritu? El Espíritu te recuerda la presencia de Dios, las palabras de Cristo, la ayuda que el mismo Señor te ha prestado en otras ocasiones. Y con ese recuerdo oportunissimo cuando ya ibas a resbalar y te ibas a caer, te sostiene el Espíritu. Es impresionante.

Entonces terminamos dos defensores Cristo y el Espíritu. Cristo nos defiende de tantas cosas y el Espíritu también. Pero hoy nos hemos centrado en que Cristo te defiende del ataque del demonio, de la prisión del pasado y de la estrangulación, de la asfixia que te trae la angustia. ¿Cómo te ayuda Cristo? del demonio te defiende por última vez. Esta cruz, hay que amar la Cruz, besarla, amarla. La Cruz Cruz bendita te defiende. Segundo, el Espíritu, ah no, estamos con Cristo.

Segundo, Cristo te defiende con su ejemplo, viendo quiénes recibió; ahí te defiende de tu pasado y con sus palabras inigualables te defiende de toda angustia. El Espíritu Santo defiende tu inteligencia, confirmándote en la fe. El Espíritu Santo defiende tu voluntad, sobre todo haciéndote sentir hijo de Dios, hija de Dios. Pero es que no son palabras. No sé cómo decírtelo. Es una certeza, es un gozo, es un gozo que se siente, que es como si tú sintieras: todo, todo valió la pena y todo va a salir bien. Y el Espíritu Santo te defiende en tu memoria, de modo que lo primero que recuerdes, en cualquier circunstancia, difícil, lo primero que recuerdes: -El poder de Dios, La acción de Dios. La Palabra de Dios-.

Continuemos nuestra celebración. Ya sabemos quién nos defiende. Estos días he estado oyendo unas. . ., una, no es una predicación, es una biografía de San Antonio, San Antonio Abad. Qué impresionante ver la defensa de Dios ahí. Pero eso lo comentamos otro día. Y así podríamos mencionar de cada santo que te sientas defendido, defendida por Cristo y por su Divino Espíritu.

Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM