Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Una catequesis sobre los siete sacramentos, a partir del pasaje de la evangelización del diácono Felipe.

Homilía ap06010a, predicada en 20170521, con 25 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, les invito a que volvamos sobre el texto de la primera lectura de hoy, que fue tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles. Es en el capítulo octavo de este libro en nuestra Biblia sabemos que después de los Evangelios, el primer libro que encontramos es el libro de los Hechos de los Apóstoles, que viene a contarnos todo lo que los discípulos de Cristo hicieron en los comienzos de la Iglesia, movidos por el poder del Espíritu Santo. Este libro de los Hechos de los Apóstoles al principio nos cuenta la ascensión de Cristo a los cielos. Luego, en el capítulo segundo, nos habla de Pentecostés, la gran fiesta que cada vez está más cerca, por cierto.

Luego, a partir del capítulo tercero, nos cuenta de la predicación y los milagros que hizo el apóstol San Pedro. En el capítulo sexto, nos habla de unos testigos, servidores que fueron escogidos por los apóstoles, que fueron los primeros diáconos. Entre ellos está un hombre llamado Esteban. Y luego hay otro hombre llamado Felipe, que es el que aparece en el texto de hoy. Felipe era un diácono. La palabra diácono quiere decir servidor, un servidor allá en Jerusalén. Pero este Felipe fue un hombre muy lleno del Espíritu Santo que estuvo predicando. estuvo evangelizando, también en una región llamada Samaria que sale varias veces en la Biblia. A veces se pronuncia Samaria o Samaría. En todo caso, es la misma región que queda un poquito al norte de Jerusalén.

De modo que a través de la predicación de Felipe se empieza a cumplir lo que Jesucristo dijo a los apóstoles el día de la ascensión. Les dijo: "Ustedes van a ser mis testigos primero en Jerusalén, luego en Samaria, después en Galilea, después en todo el mundo". O sea que a través de Felipe vemos que se están cumpliendo las palabras de Cristo. Porque Felipe está evangelizando y con mucho fruto en esa región de Samaria. Ese es el contexto de la primera lectura. Pero lo que nos llama la atención, especialmente hoy, es la manera como este diácono después de predicar lleva a la gente hacia el bautismo. Pero después de que ya han sido bautizados, llama a los apóstoles para que les impongan las manos. Y entonces la gente que ya había sido bautizada recibe la imposición de manos de los apóstoles y reciben con esa imposición una fuerza especial de Dios, una unción como un Pentecostés para ellos. Y esa fuerza que reciben es la que viene cómo a completar lo que habían recibido primero en el bautismo.

¿A qué se le parece a usted eso? Eso de que los apóstoles imponen las manos sobre los bautizados y los bautizados reciben la fuerza del Espíritu Santo. ¿Eso a qué se le parece a usted? ¿Se parece a qué? Por aquí lo están diciendo. ¿Se parece a qué? A la confirmación. O sea que la primera lectura de hoy nos está dando la base bíblica para el Sacramento de la ¿Qué? De la qué? De la Confirmación. Y esa es la ocasión que yo quisiera aprovechar para que valoremos nuestros sacramentos. Porque nuestros sacramentos son preciosos, nuestros sacramentos nos ponen en contacto con la vida, con el misterio, con la carne misma de Cristo. Este gran Papa de la antigüedad, llamado San León Magno decía: -Todo lo que era visible en Jesucristo ha pasado a los sacramentos-.

Nosotros sabemos que hay siete sacramentos y sabemos que esos sacramentos tienen una clasificación muy clara, porque los primeros tres sacramentos se llaman Sacramentos de iniciación. Iniciación es el, el comienzo. Es la manera cómo uno llega a ser plenamente cristiano. Y esos sacramentos son el bautismo, que fue lo que hizo Felipe. Luego la Confirmación. Y cuál será el otro sacramento que completa la iniciación cristiana? ¿Cuál es el otro? La Eucaristía. Entonces uno llega a ser cristiano a través de la predicación, el bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Luego tenemos dos sacramentos que de alguna manera representan la manera como el modo como uno puede servir a la comunidad.

Entonces hay dos sacramentos que son sacramentos de servicio a la comunidad. ¿Cuáles serán esos dos sacramentos que son para servir a toda la Iglesia, para servir a la comunidad? Uno de ellos es el Orden Sagrado. Este servidor de ustedes precisamente ha recibido el orden sagrado. Yo he recibido el diaconado y el presbiterado, que son como grados dentro del orden sagrado. El grado máximo que reciben algunos se llama el Episcopado. Entonces los diáconos, los presbíteros que solemos llamar sacerdotes, los obispos, hemos recibido un sacramento que se llama el sacramento del orden, el sacramento del orden sagrado.

No es un sacramento para que uno se enaltezca. El sacramento del orden es para que uno ¿Qué, qué tiene que hacer? Servir a los demás. Esto lo insiste muchísimo el Papa Francisco, varias veces, hablando a los obispos o hablándonos a nosotros los sacerdotes, nos hace ver éso, que nosotros no podemos dejarnos llevar por una especie de vanidad espiritual, como diciendo: -Yo soy aquel de la gran dignidad. . . - Eso no es lo que quiere Cristo. Porque Cristo fue el que se agachó para lavar los pies a los discípulos. Entonces el sacramento del orden es un sacramento de servicio. Pero ahora, si no me van a encontrar ustedes, cuál es el otro sacramento de servicio? O será que ¿Sí? El matrimonio. ¡¡El matrimonio es un sacramento de servicio!! ¿Cómo va a ser? Sí, señor. Si no se lo habían contado, yo se lo cuento.

El sacramento del matrimonio es un servicio, ¿Por qué? Porque resulta que, los papás y las mamás tienen una gran cantidad de tareas que no son fáciles. Mire, por ejemplo, esa mamá. Usted ve, mire, casi no puede atender a la misa. Élla en este momento tiene que prestar un servicio. Y si no presta ese servicio casi no se puede seguir la misa. Pero los papás y las mamás no solamente sirven alimentando, cuidando, curando, consolando, sino que los papás y las mamás tienen un servicio importantísimo que es el servicio de educar en la fe. Eso quiere decir que particularmente el papito y la mamita son los primeros que infunden la fe en los hijos, llevándolos a la misa, enseñándolos a orar, enseñándole las virtudes cristianas, leyendo la Palabra de Dios en la casa, ayudándoles a resolver sus primeras dudas.

De manera que el primer evangelizador en la casa de usted es usted, querido papá. Ese es un servicio. ¿Por qué decimos que es un servicio a la Iglesia? Porque si los papás y las mamás cumplen bien su tarea, entonces la Iglesia se regocija de tener buenos cristianos. En cambio, si el papá está ocupado emborrachándose, la mamá está ocupada viendo telenovelas y ninguno de los dos evangeliza a los hijos. Si ellos no prestan ese servicio, entonces los niños y las niñas y los jovencitos se llenan la cabeza únicamente de lo que les diga Internet, de lo que les diga la televisión, de lo que les diga ¡¡la calle!! y la calle no es una buena evangelizadora.

En la calle es difícil aprender el Evangelio, aunque algo bueno tendrá también. Entonces, el sacramento del matrimonio es un sacramento de servicio, sobre todo por la formación de nuevos y buenos cristianos. Ése es un servicio que prestan los papás y las mamás. Pero además, cuando uno ve a los papás, a las mamás, con ese amor, así uno no los conozca, ellos nos están dando un testimonio que nos hace bien a todos, porque dice el Apóstol San Pablo, que -El papá y la mamá, el esposo y la esposa son como una presencia viva, como una imagen viva de Cristo y de la Iglesia-. Por eso a mí me encanta siempre pedir cuando estoy así en una asamblea, pedirles a los papás y mamás si han venido juntos, pónganse de pie un momento, por favor. A ver, ¿Dónde están los papás y las mamás?

Pónganse de pie. Ya casi, lo están logrando. Mire que sí pudieron. Ahí están, papás y mamás. ¡Mire qué belleza! Entonces ustedes son evangelizadores. Ustedes son testimonio de que el amor, la fidelidad, el perdón es posible. Entonces los demás, que parece que somos muy poquitos, los que no somos papás ni mamás, les vamos a dar un aplauso a los papás y las mamás aquí presentes. Pueden sentarse. No tan largo el aplauso, porque entonces ya se llenan de vanidad y creen que ya han hecho mucho y resulta que apenas están empezando. Entonces, mire Los sacramentos de servicio. Al fin, ¿Cuántos son? Dos. Me gusta que esta señora está atenta. Es casi la única que está atenta. Pero, entonces son dos los sacramentos de servicio. El orden sacerdotal cierto. Y el matrimonio.

Esos son sacramentos de servicio. O sea que uno ¿Para qué se casa? Uno se casa para servir, para servir a Dios, para servir a la Iglesia, también para servir a la pareja. Porque el esposo ha de ayudar a la santificación de la esposa y élla a la santificación de él. Pero la santificación no quiere decir que se vuelva una carga insoportable, porque así te estoy ayudando a santificarte mi amor. ¡No! la santificación es dando buen ejemplo, acompañando, aconsejando, orando por la esposa, orando por el esposo. Esos son los sacramentos de servicio. O sea que llevamos cuántos sacramentos en total. ¿Usted que llevaba la cuenta? ¿Cuántos son? ¿Cuántos llevamos? Cinco. Muy bien. Tres sacramentos de la Iniciación, que son: El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Y luego tenemos dos sacramentos de servicio que son: Orden Sagrado, Matrimonio.

O sea que si una pareja no se casa pudiendo perfectamente casarse, le está quitando fuerza a la vida cristiana en la comunidad. Porque lo que están diciendo éllos es: -A nosotros no nos importa Cristo-. En el amor que nos tenemos estamos tomando decisiones importantísimas en nuestra vida sin contar con Cristo. No es buena idea. Realmente el matrimonio es un gran servicio, pero llevamos cinco en total y los sacramentos son ¿Cuantos? Siete, o sea que nos faltan dos. ¿Cómo se llamarán los otros dos sacramentos? Se llaman sacramentos de curación. Entonces, ¿Cuáles son los sacramentos de curación? Así como cuando una persona se cae por la calle, se raspa, necesita curarse.

Así también tenemos caídas. La caída en la vida espiritual. ¿Cómo se llama eso? Cuando uno cae. Eso se llama, ¿Qué?, ¿Se llama cómo? Usted era mi última esperanza. No respondió. Una caída en la vida espiritual ¿Cómo se llama en la vida de la gracia? ¡¡¡Pecado!!! Pecado se llama. Entonces uno necesita curarse del pecado. ¿Cuál es el sacramento que sirve para curarse del pecado? La confesión, que también se llama reconciliación, Sacramento de la Confesión, Sacramento de la Reconciliación. Ese sacramento es para curarse uno, porque cuando uno ha pecado, uno se ha producido una herida. Ésa herida le hace daño a uno. Por eso también en la confesión hay algo que se llama la penitencia. El origen de la penitencia es ayudar a reparar el daño que uno causó en otra persona.

Por ejemplo, tengo un buen amigo, pero lamentablemente yo le fallé a mi amigo. Él ha quedado dolido porque yo lo ofendí o le fallé. Debe ser parte del proceso de reconciliación que yo le pido perdón a Dios, pero yo tengo también que pedirle a mi amigo que me perdone, que me disculpe. Esos son sacramentos de curación. El sacramento de curación por excelencia es el sacramento de la confesión que, según la expresión de Santa Catalina de Siena, renueva el bautismo en nosotros. El bautismo no se repite, pero el bautismo se renueva a través de la confesión. Quiere decir que nos falta el último sacramento que se llama ¿Cómo? La unción de los enfermos es un sacramento muy especial, porque tiene una dimensión espiritual por supuesto, de sanación de las heridas de la vida, pero tiene también una dimensión corporal.

Hay personas que se han sanado con la unción de los enfermos, los sacramentos recuerden ustedes son contacto con la carne de Cristo y Cristo sana, Cristo salva. Cristo tiene poder transformante. O sea que el sacramento de la unción de los enfermos tiene una dimensión corporal, porque a veces la gente se sana, pero también y sobre todo tiene una dimensión espiritual, porque es la sanación de esas heridas profundas y consecuencias de nuestros pecados en esta vida. Resumen. O sea que esta homilía fue como una catequesis. Resumen: ¿Los sacramentos son? Siete. Hay tres de ellos que se llaman ¿Sacramentos de La. . . ? Iniciación. De los cuales el primero y puerta de todos los demás es el Bautismo. Después viene ¿La. . . ? Confirmación. Después viene ¿La. . . ? Eucaristía, esos son los tres de la Iniciación.

Pero una vez que ya uno es cristiano, uno tiene que servir. Por eso le dicen a uno sirva para ¡¡algo!! No sé cómo. ¿Cómo sirve uno? Principalmente en la vida de los sacramentos, se sirve a través del sacramento del orden y a través del sacramento ¿Del. . . ? Matrimonio. ¿Por qué bajan la voz para decir matrimonio? ¿Sacramento de ¡¡¡Qué?!!! Matrimonio. Éso, sin pena. Diga con ganas. Claro, hay que defender el matrimonio. Hay que celebrar el matrimonio. Luego hay sacramentos de curación. Porque todos somos pecadores. Caemos, nos herimos, herimos a otras personas. Entonces ahí viene el sacramento de ¿La. . . ? Reconciliación y el sacramento de ¿La. . . ? Unción de los Enfermos. En esta parroquia nadie espera morirse porque no saben qué es la unción de los enfermos. Cuando me vuelvan a invitar, digo es la parroquia de los inmortales. No hay, nadie aquí. Nadie se muere. Nadie. Todos vamos para allá mis hermanos, uno tiene que pensar en eso. Terminamos esta breve homilía porque ha sido breve por supuesto. Terminamos con una pequeña aclaración muy hermosa sobre qué diferencia al Bautismo de la Confirmación.

Porque esa es una pregunta muy profunda que tiene una explicación muy bonita que yo aprendí que se la voy a compartir aquí para terminar la homilía. Evidentemente, el bautismo es aquel que lava en nosotros la acción del pecado, pecado original, pecado que viene de nuestros primeros padres y también pecados personales, si fuera el caso del bautismo de un adulto. Además, sabemos que el bautismo nos asocia a la Pascua de Cristo. Entonces uno se pregunta para qué existe la confirmación, si la Pascua es la perfecta victoria del Señor, ¿Para qué necesitamos la confirmación? La mejor respuesta que yo conozco es ésta.

Mirá: El bautismo es un regalo precioso que Dios te da, el regalo de su amor, el regalo efectivamente de la unión con Cristo en su Pascua. Dios te da un regalo. Ese regalo ya es tuyo porque Dios te lo ha dado, Dios te ha asociado a la Pascua de su Hijo. Pero, ¿Qué fue lo que sucedió cuando los apóstoles impusieron las manos sobre aquellos creyentes ya bautizados en Samaria? Lo que sucedió fue que éllos tuvieron una experiencia personal, consciente del amor que Dios les tiene. Es decir, que lo que trajo esa imposición de manos fue una comunión con el misterio de Pentecostés. Fíjate que estamos avanzando en el tiempo pascual. El tiempo pascual empezó con la Vigilia Pascual, hace ya unas cinco semanas y el tiempo pascual termina con Pentecostés.

O sea que ahí tenemos una pista litúrgica. El bautismo me asocia con la Pascua. La confirmación me asocia con Pentecostés. O sea que la vida cristiana toda está señalada por esos dos misterios. Ahí hay una pista. Pero ahora viene otra pista. Dios me ha dado un regalo, pero para leer, descubrir, valorar, disfrutar y utilizar ese regalo, yo necesito que Dios mismo me ayude a abrirlo, leerlo, descubrirlo y gozarme en Él. El regalo me lo da Dios en el bautismo. Pero los ojos para descubrir el regalo, para leer, el regalo para gozarme en el regalo de su amor; esos ojos me los da a través de la confirmación. O sea que Dios haciendo la comparación con un libro como lo tengo aquí, Dios en el bautismo me dio, me dio el libro, el libro de su amor que está todo entero en la Pascua y Dios en la confirmación me dio los ojos para leer el libro, para que yo pueda leer ese amor, para que yo pueda descubrirlo, para que yo pueda extasiarme, gozarme en ese amor, disfrutarlo.

Muy importante ese verbo, ¡¡¡Disfrutar tu vida cristiana, gozarte!!! ¡¡¡Soy de Cristo, el Espíritu del Señor obra en mí!!! Eso te lo da singularmente la Confirmación. O sea que la confirmación no es tanto como dicen algunas catequesis. En eso hay que mejorar la catequesis en la Iglesia Católica; no es tanto la confirmación que yo hago, es la confirmación que el Espíritu Santo hace en mí. ¿Cómo confirma Dios el regalo que ya me dio? Dándome ojos para leer su obra, para disfrutar su ternura, dándome paladar, para saborear la dulzura de su amor. O sea que Dios me da el banquete y luego Dios me da el paladar para disfrutar ese banquete. Dios en el bautismo me dio el libro y Dios en la confirmación me da los ojos para leer la obra de su ternura y su misericordia. En ese libro que es una comparación, una manera de hablar todo lo que Dios nos da en la Pascua de su Hijo.

Sigamos ahora, hermanos, tenemos un poquito más de conciencia de lo que significa ser cristianos. Sigamos esta Santa Misa dándole gracias a Dios por su inmensa piedad, por su inmensa ternura.

Amén.

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