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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Necesitamos la efusión y la ayuda del Espíritu Santo, quien nos da la verdadera victoria sobre el mundo que nos atrapa con las ventajas inmediatas del pecado.
Homilía ap06009a, predicada en 20170521, con 7 min. y 57 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Este es ya el sexto domingo de Pascua. El tiempo pascual va llegando poco a poco a su culminación y el culmen de la Pascua en la liturgia es Pentecostés. La Pascua ha empezado celebrando la resurrección de Cristo y en sí misma. Ésta es la fuente de toda nuestra alegría. Pero para que esa alegría llegue a ser plena, llegue a ser perfecta en nosotros. Para eso necesitamos la acción preciosa del Espíritu Santo, y eso es lo que nos va a ofrecer Pentecostés. Así que vamos orientándonos hacia Pentecostés. El día de hoy tenemos tres preguntas por resolver. O mejor, tres respuestas por agradecer. La primera, ¿Por qué necesitamos abogado? O como lo llama la Biblia "Paráclito". Segundo, ¿Por qué? Cristo dice: -Les voy a enviar otro Paráclito- Y tercero, ¿Por qué? El mismo Cristo dice: -El mundo no puede recibirlo- Primera pregunta: ¿Por qué necesitamos un abogado? Literalmente, la palabra abogado viene del latín "Advocatus", advocatus, es la traducción de la palabra griega "Parakletos", y en ambos casos, tanto en griego como en latín, la expresión significa: -Aquél a quien yo llamo para que esté a mi lado-. Por eso es el parakletos. Por eso es el vocatus, -el que yo llamo-. ¿Y por qué necesitamos llamarlo? Pues porque necesitamos ayuda. ¿Y por qué necesitamos ayuda? Porque estamos en un combate que es bastante, bastante fuerte. Hay un texto que hay que recordar con frecuencia. En su carta a los Efesios, capítulo 6, nos dice San Pablo: "Nuestro combate no es simplemente contra la carne y la sangre". Este no es un asunto solamente de fuerzas humanas. Este es un combate duro y es un combate duro porque intervienen esas potencias oscuras, esas potencias que finalmente son los demonios. No es que nosotros estemos viendo demonios detrás de cada tentación, sino que nos damos cuenta que la fuerza última de la tentación es algo que supera nuestras capacidades humanas. Y sería un gravísimo error creer que solo con la inteligencia humana y con la voluntad humana vamos a lograr la victoria. De ahí la importancia de pedir esa ayuda. Necesitamos una ayuda superior para preservar los tesoros que hemos recibido. Es verdad que Cristo ha hecho por nosotros obras maravillosas, pero también es verdad que esas obras necesitamos conservarlas y para eso se requiere la ayuda de este abogado. Segunda pregunta: ¿Por qué? Cristo dice: "Yo voy a rogar al Padre que les dé otro abogado" La respuesta la da el mismo Cristo en el capítulo 17 de San Juan, dice Cristo: "Mientras yo estaba con éllos, yo los cuidaba". Es decir, Cristo se refiere ahí a su propia presencia junto a los discípulos. Es decir, Cristo es el primer abogado, es el primer protector. Es el primer Paráclito. Pero luego necesitamos otro Paráclito, porque la misión de Cristo en esta tierra culmina en el sacrificio redentor de la cruz, y por eso necesitamos al Espíritu Santo. La tercera y última pregunta es, bueno, y ¿Por qué el mundo no puede recibir a ese abogado? Recordemos que la palabra mundo en el Evangelio de Juan tiene varios significados. A veces se refiere al conjunto de la humanidad, a veces se refiere a la creación. A veces se refiere al entramado de pecados y de complicidades en el pecado con que nosotros finalmente resistimos a la acción de Dios. Cuando leemos en el capítulo tercero de San Juan: "Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna". Ahí la palabra mundo hace referencia al conjunto de la humanidad. Porque Cristo se ofreció en sacrificio para la salvación de todos. Pero cuando nos damos cuenta que en este mundo muchas veces los pecados van teniendo como una especie de relación unos con otros. Es decir, el que soborna y el que es sobornado, el que seduce y el que quiere ser seducido, la que miente y el que quiere aprovecharse de esa mentira. Es decir, los pecados van formando como una especie de tejido, y ese tejido de conveniencias de nuestros pecados hace extremadamente difícil recibir el Evangelio. Porque el pecado termina produciendo ventajas. Eso se nota especialmente en esa palabra que hoy se utiliza tanto en los medios de comunicación, la palabra corrupción. Tú te das cuenta que la corrupción, corrupción política, por ejemplo, corrupción en las empresas, a veces corrupción en algunos sectores de la Iglesia, esa corrupción, pues tiene muchísima fuerza. ¿Y por qué es tan difícil salir de la corrupción? Porque hay muchísima gente que está untada, como decimos. Es decir, la corrupción va formando como una red y esa red va envolviendo a más y más personas. Y por supuesto, el que está velando por su propia conveniencia, el que está velando por el resultado inmediato de su complicidad en el pecado, pues no tiene interés en la victoria de Jesucristo, no le interesa lo que es propiamente verdadero o lo que es propiamente bueno, y la razón por la que no le interesa es porque está obteniendo ventajas o cree que va a obtener ventajas del pecado. Por eso el mundo no puede recibir al Paráclito, porque las ventajas inmediatas del pecado, así en el fondo nos destruya, terminan seduciéndonos, terminan convenciéndonos, terminan envolviéndonos a todos o a casi todos. Así que esas son las respuestas para el día de hoy. El mundo nos atrapa con las ventajas inmediatas del pecado y por eso necesitamos la ayuda. Por eso necesitamos un ayudador, necesitamos un Paráclito. Y ese Paráclito, cuando estaban los apóstoles, era en primer lugar Cristo. Pero Cristo tenía que culminar su misión con la efusión de su Sangre en la cruz. Y por eso es necesaria una nueva efusión que por la súplica de Cristo llega a nuestros corazones. Esa es la efusión de Pentecostés. Alabado sea el Señor por su compasión, por su sabiduría y por su poder.

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