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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pentecostés es contagioso. * Cómo evangelizar. * Para quiénes es el Espíritu
Homilía ap06008a, predicada en 20140525, con 15 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, hemos tenido tres lecturas y creo que de cada una de ellas podemos tomar una enseñanza. La primera enseñanza es que Pentecostés es contagioso. Eso tiene que ver con la lectura de los Hechos de los Apóstoles y con aquel gran diácono, predicador y taumaturgo llamado Felipe. Pentecostés. Es contagioso. Segunda enseñanza, la tomamos de la segunda lectura. Se puede aprender a evangelizar; hay consejos prácticos o como se dice hoy, tips, que son útiles, que funcionan. La evangelización es misterio de amor, pero la evangelización es un misterio que se puede aprender a compartir. Entonces, Primera enseñanza, Pentecostés es contagioso. Segunda, se puede aprender a evangelizar. Y tercera. ¿Para quiénes es el Espíritu Santo? Revisemos esas tres enseñanzas que en el contexto de este bendito, maravilloso retiro que estamos culminando, son algo así como, como un mensaje que nos da el mismo Señor. Pentecostés es contagioso. En Jerusalén hay una efusión maravillosa. Los apóstoles empiezan a predicar, los milagros se multiplican, la alegría llega a la ciudad. Pero como una especie de diluvio, pero no un diluvio que mata, sino un diluvio que hace revivir, el Espíritu Santo es incontenible, no lo puede retener la ciudad de Jerusalén. De hecho, en el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles, Jesús les da un programa de vida a sus discípulos, un programa que todavía lo estamos cumpliendo. Casi dos mil años después. Ese programa se llama: "Seréis mis testigos; en Jerusalén, en Samaría, en Galilea y hasta los confines del mundo". Jesús sabía muy bien que el Espíritu, cuando llega sobre Jerusalén, va a llenar ese vaso y se va a desbordar, y va a llenar a Samaria y se va a desbordar de Samaria, y va a llegar a Galilea, y va a llegar a Antioquía de Siria, y luego va a llegar a Chipre y Antioquía de Pisidia, y luego va a llegar a Galacia y camino de Galacia va a llegar a Macedonia, a la ciudad de Filipos y por Filipos se va a desbordar en Europa, y va a llegar hasta, hasta lo que los romanos llamaban el extremo de la Tierra, el final de la Tierra. Y todavía conserva ese nombre. Finisterre, el final de la tierra. Hasta allá llegó el Evangelio. Y cuando luego se descubrieron estas tierras, ahí estaba listo el Espíritu para desbordarse. Y vino una generación de santos y una efusión de santidad impresionante en nuestra querida América. Y ahí tenemos a un Pedro Claver y ahí tenemos a un Toribio de Mogrovejo y ahí tenemos a una Rosa de Lima y a un Martín de Porres. Y más tarde, en la tierra de nuestro querido hermano, en el sacerdocio vamos a tener una Mariana de Jesús Paredes y una Santa Narcisa. Tiene su, su buen elenco de santidad. Pentecostés es contagioso. El espíritu es incontenible. No hay manera de detener ese diluvio. El camino de victoria ya está trazado y solo tenemos dos opciones: O nos unimos a ese camino de victoria y nos volvemos testigos de ese amor que vence o nos sustraemos a ese diluvio. Para desgracia nuestra; como decíamos hace poco en algún retiro, los seres humanos somos tan incomprensibles que si Dios un día decide llover, literalmente bendiciones, no faltará el que salga con paraguas. Pero si tú sales con paraguas, el que se lo pierde eres tú. Eres tú el que se pierde la alegría, eres tú el que se pierde la buena Nueva, porque el espíritu va a seguir caminando, va a seguir volando, va a seguir inundando. Pentecostés es contagioso. La pregunta para nuestros caminantes es muy sencilla: ¿Quieres ser parte de esa inundación? ¿Quieres ser de aquellos como Felipe, el diácono predicador? ¿Quieres ser como Felipe, uno de esos testigos que es capaz de llenar una ciudad de alegría? Fíjate lo que dice el texto: "Todos a una seguían con gran atención lo que decía Felipe. De muchos poseídos salían malos espíritus, muchos lisiados y cojos quedaron curados. Hubo gran alegría en esa ciudad". Caminantes: ¿Queremos ser parte de esa gran alegría? ¿Queremos ser parte de esa inundación? Pentecostés es contagioso. Segunda enseñanza: Se puede aprender a evangelizar. De todas las charlas que hemos recibido me gustaron mucho las recomendaciones finales sobre los muchos errores que uno comete después de un retiro espiritual. Ahí nos dijeron todas las maneras de equivocarse. Pero después de que nos dijeron todas las maneras de equivocarse. Dios es tan bueno que después de ese regaño, fíjate que llegó la segunda lectura de hoy, tomada de la primera carta de Pedro, y nos consuela un poquito como diciendo: -no se queden solo con los regaños de Mario-. Miren como nos dice San Pedro que esto parece escrito para el décimo octavo Retiro de Emaús de la parroquia de San Tarcisio. ¿Con qué tenemos que salir nosotros a nuestras casas, calles, trabajos, comunidades? Con esto traduzcámoslo al modo de español que solemos utilizar en Latinoamérica. Sin el vosotros caminantes y todos los que están aquí: -Muestren con la santidad del corazón que Cristo es su Señor. Muéstrenlo estén siempre listos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida una explicación. Pero con mansedumbre y respeto, como quien tiene limpia la conciencia. De esa manera, los que critican y desprecian su proceder como cristianos quedarán confundidos. Más vale si es voluntad de Dios sufrir por hacer el bien que por hacer el mal-. Este es el manual del evangelizador: Una conciencia limpia. Una mente formada en la fe. Una conducta irreprochable. Un corazón que lleva el perfume de la santidad. Y una palabra caritativa para todo aquel que se acerque. Si usted quiere acordarse de su retiro de Emaús, vaya, por favor Primera Carta de Pedro, capítulo 3. Ahí está el manual del evangelizador. Si acaso se nos olvida cómo se evangeliza. Primera Carta de Pedro, capítulo 3. Ahí está la ruta del evangelizador pasamos a la tercera y última enseñanza. ¿Para quiénes es el Espíritu Santo? Esta pregunta puede parecer contradictoria después de que hemos hablado que el Espíritu Santo es una inundación, es un diluvio que no quiere detenerse. Pero hay una frase que, como nos han enseñado los biblistas que nos han predicado, hay una frase que no hay que dejar perder, porque a la Biblia nada le sobra. Todo en la Santísima Palabra de Dios tiene su significado y tiene su por qué. Y Jesús dice esto refiriéndose al Espíritu Santo, dice: "Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro defensor, el Paráclito, el Espíritu de la verdad. . . " Por lo pronto, eso significa que el Espíritu Santo es fruto de la oración de Jesucristo. Es un regalo que Papá Dios nos da en razón de los méritos y la potencia de la intercesión de Jesús de Nazaret. Pero ahora viene una frase; después de decir que el Paráclito es el Espíritu de la verdad que siempre está con nosotros, dice: " . . .a quien el mundo no puede recibir". Y esa frase sí que me ha puesto a pensar a mí. -El Espíritu Santo, a quien el mundo no puede recibir-. Esa frase, como tantas otras de San Juan, nos produce un profundo interrogante ¿Qué quiere decir eso de que el mundo no puede recibir al Espíritu Paráclito? Yo creo que tiene mucho que ver con el retiro que hemos vivido. Varias veces nos han advertido, mire, los que hicieron el retiro fueron ustedes, no Bogotá. Si trabajas en una empresa, quien hizo el retiro fuiste tú, no tu empresa. Eso ¿Qué significa? Es lo mismo que nos está diciendo la lectura de hoy. A veces nosotros creemos, o mejor, queremos o quisiéramos que el mundo cambiara, que por fin el mundo se volviera justo, que por fin el mundo fuera compasivo, que por fin el mundo fuera sensato. Porque el mundo, el mundo como tal, está repleto de insensatez. Y nosotros quisiéramos que el mundo empezara a ser sensato, que dejara de triunfar la mentira en tantos y tantos campos de la vida, que la injusticia que campea, que el crimen abominable del aborto que se repite y se extiende bajo capa de legalidad en tantos lugares, por fin empezara a retroceder. ¿Pero saben una cosa? Cuando nosotros estamos esperando a que el mundo se vuelva justo, razonable, compasivo, estamos esperando a que el mundo reciba el Espíritu Santo. Es decir, nosotros quisiéramos vivir en otro mundo, en un mundo que fuera sensato, justo, bien pensado, compasivo, lleno de pureza, sinceridad y verdad. Y Jesús nos da una advertencia que es perfecta para final de retiro. Nos dice Jesús. -El Espíritu de la verdad no lo puede recibir el mundo-. ¿Y eso qué quiere decir? Lo que nos han repetido varias veces. Siempre estaremos en contraste, siempre estaremos en contradicción, siempre seremos estorbo. Señal incómoda. Nos lo decía preciosamente el Padre Elías en su homilía de ayer. Siempre estaremos así. Y uno no quiere que le pase eso. Uno quisiera llegar a un mundo, tener algún día un mundo. Y hay gente que se ha puesto a imaginar ese mundo, incluso dentro de la Iglesia Católica hay un modo de secta que ha resurgido periódicamente y que estuvo bastante vigente y con bastante fuerza hasta hace unos años, incluso en nuestro país, aunque no con ese nombre. Se llama "milenarismo" y ¿Qué es el milenarismo? Es el suponer que después de muchas insensateces y muchos crímenes y muchos horrores, por fin el mundo va a entender la lógica a Dios. Y por fin, por fin, las familias van a ser respetuosas, los niños van a ser buena persona, los hombres no tendrán barriga, las mujeres no tendrán arrugas. Ese es el milenarismo. El milenarismo es suponer que todo eso va a suceder. Y Jesús nos está diciendo: -El mundo no puede recibir el Espíritu, no puede, no puede. . . No esperes a que pasen otros mil años. Hay gente que está esperando eso. Incluso gente con la mejor buena intención y gente que pone a la Virgen o mensajes de la Virgen por testigos de eso. Y dicen que después de todo esto, entonces vendrá la gran catástrofe. Pero el pequeño resto que quede será gente sensata, humilde. Las instituciones serán justas, todos serán compasivos, todos se sonreirán, nadie engañará a nadie y a nadie se le enfermará el colon. Pero hermanos, Jesús dice otra cosa. Jesús dice: -El mundo no puede recibir el Espíritu-. La razón teológica profunda de eso no es del caso para esta predicación. Pero lo importante es el dato que nos da Jesús, y eso significa que tenemos que salir como Él envió a los suyos, Como dijo Jesús en alguno de esos envíos: "Os envío como ovejas en medio de lobos". Ese es el realismo de la persona bendita de Jesucristo. -Os envío como ovejas en medio de lobos-. Entonces no esperemos a que el mundo cambie para ser nosotros distintos y santos, y jamás nos escudemos en lo que decía la canción: -. . .Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así. . . - Eso no sirve, eso no le sirve al cristiano. El cristiano es uno que no se deja hacer por el mundo. El mundo me hizo rebelde, ¡No! Usted se dejó hacer por el mundo porque, o usted se deja hacer por el mundo o usted se deja formar, reformar y transformar por Jesucristo. Porque hay un dato que es muy importante y es que ¡¡Jesucristo ha resucitado!! ¡¡¡En verdad resucitó!!! De pie, por favor.

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