Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El tiempo pascual no termina, propiamente hablando, sino que alcance su culmen en Pentecostés.

Homilía ap06007a, predicada en 20140525, con 5 min. y 49 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Va llegando a su culminación el tiempo pascual y utilizo la palabra culminación, no la palabra final. Es la culminación, porque es como el que llega a una cima y lo que vamos a recibir en esa cima, en ese culmen, en esa cumbre, no es otra cosa sino la gracia preciosa del Espíritu Santo. Y esa gracia no quiere apartarse de nosotros. Esa bondad, esa unción ha de estar con nosotros, como dice el Evangelio de hoy. El Espíritu es el Paráclito, es el Abogado, es el Defensor. Y esa palabra, Paráclito o Paracleto, quiere decir el que está a tu lado para defenderte, para hablar a tu favor, para proteger lo que es valioso en ti y para ti. Ése es el Espíritu Santo y eso es lo que vamos a recibir.

Por eso el tiempo pascual en realidad no acaba, llega a su culmen. No acaba porque la gracia propia de la Pascua, que es el don mismo de Pentecostés, no quiere apartarse de ti. Es muy interesante ver la palabra defensor, palabra que Cristo utiliza para hacernos desear la gracia del Espíritu Santo. Dice Cristo Yo rogaré al Padre para que os dé otro defensor. Con lo cual está indicando ciertamente que el primer defensor es Él. Cristo es el que aboga por nosotros, es el que con la hermosura de sus llagas para siempre frescas, está impetrando la misericordia que tanto necesitamos. Pero necesitamos también el auxilio del Espíritu Santo.

Mientras vamos de camino en esta tierra, son tantos nuestros enemigos, que si no tenemos este defensor, si no tenemos este protector fácilmente sucumbiremos. ¿Cuáles son esos enemigos? Tradicionalmente, la iglesia menciona el demonio, el mundo y la carne. Cuando hablamos de carne hablamos de la seducción del placer, pero hablamos también de ese pegante que tiene una vida muelle, una vida cómoda, una vida indolente. Y hablamos también de esa especie de comodidad emocional y psicológica que se obtiene cuando uno se alía con otros y forma lo que en Colombia popularmente llamamos "roscas". Lo propio de la mentalidad carnal es dejar a un lado los intereses de la verdad y centrarse simplemente en los que son de mi cuerda, de mi equipo, de mi partido, de mi rosca.

Ése poner por encima de los intereses de la verdad, los intereses del propio grupo Y además, las tentaciones de la comodidad y del placer. Eso es lo propio de la carne. Pero viene el auxilio del Espíritu y de tal manera incendia nuestros corazones en el deseo de lo que es genuino, de lo que es santo y de lo que es verdadero. Que más allá de los intereses de la carne, recuperamos nuestra verdadera vocación. Y entonces se cumple en nosotros lo que dijo Jesucristo: "Sed perfectos, porque vuestro Padre Celestial es perfecto". El Espíritu también tiene que defendernos del mundo, y el mundo muchas veces es la falsedad, es la vanagloria, es el triunfo de la apariencia, es la imposición de la moda, es la tiranía del relativismo, es la dictadura del pensamiento único.

Todo eso es mundo. Cuando parece que quieren obligarnos a todos a que aceptemos los dictados de lo que está de moda, lo que se acepta en los países supuestamente desarrollados. Cuando eso se nos quiere imponer a través de la publicidad, a través de la ley, a través de tantos mecanismos de presión. Ciertamente necesitamos un defensor y ahí está el espíritu. Pero reconocemos también, y este es el último punto, que nuestra lucha, como dice San Pablo, no se limita a las fuerzas de la carne y de la sangre.

Reconocemos que el que está detrás de todo esto, el que desea verdaderamente nuestra ruina, es el espíritu malo, el ángel caído, el demonio y Satanás. Y por eso necesitamos que ese espíritu malo nos ataca, esté el espíritu bueno, el Espíritu óptimo, el Espíritu Santísimo, el Espíritu de Dios, defendiéndonos de todas las argucias y todas las trampas de las tinieblas. Preparémonos así a recibir la gracia, el auxilio, el poder del Espíritu que viene en nuestra ayuda a petición del Santísimo Señor Jesucristo.

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